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9 de junio de 2011

Vocabulario Fundamental. Animales (6) Animales como nosotros

Del deambular de las barras se ha cansado tanto su mirada, que ya nada retiene. Es como si hubiera mil barras y detrás de mil barras ningún mundo hubiese. El suave andar de pasos flexibles y fuertes, que gira en el más pequeño círculo, es como una danza de fuerza en torno un centro en el que se yergue una gran voluntad dormida. Sólo a veces se abre mudo el velo de las pupilas. Entonces las penetra una imagen, recorre la tensa quietud de sus miembros y en el corazón su existencia acaba. 
Rainer Maria Rilke. La pantera (Nuevos poemas, París, 5 ó 6 de noviembre, 1902)

"La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por el modo en el que se trata a sus animales." Mahatma Gandhi


Primera parte - El amigo de los animales

Llevo viendo documentales de naturaleza (gracias principalmente a La2) y leyendo libros de animales desde pequeño. Recuerdo aquellos maravillosos libros (¿en qué traslado se perdieron...?) de la colección Vida íntima de los animales, llenos de grandes ilustraciones y valiosa información sobre las especies que pueblan los ecosistemas de todo el mundo, libros leídos y releídos durante años, fascinándome el alma por los asombros de la vida natural.

Eran los tiempos de una de las personas que más han contribuido a mi educación emocional, Félix Rodriguez de la Fuente y su primordial serie documental "El Hombre y la Tierra". Por eso, cuando a aquel proyecto de Juez Roy Bean alguien le preguntaba qué quería ser de mayor, él no decía "La ley al oeste del río Pecos" como es ahora, sino que invariablemente contestaba "naturalista, como Félix". Luego la cosa se torció y esto no pudo ser, pero la querencia por los animalitos, la admiración por su belleza y su conmovedora inocencia ya se me habían sedimentado dentro, para siempre, como puede comprobarse en este blog.


Todos los que crecimos con sus enseñanzas aún recordamos el día que nos enteramos de su muerte allá en Alaska. Al enterarme de la trágica noticia en aquella luminosa mañana de sábado (el día en que él y yo cumplíamos años), recordé algunas escenas de un episodio de la serie venezolana de El hombre y la Tierra, cuando su equipo y él trajeron al zoo de Madrid dos nutrias gigantes del Orinoco tras rescatarlas de ser vendidas por su piel.


En una de ellas, mientras Félix lanzaba una diatriba contra la odiosa costumbre de vestir abrigos hechos con pieles animales, los tres jugaban y jugaban, celebrando la alegría de estar vivos y entre amigos. Y saber que él ya no podría volver a hacerlo nunca más me provocó (aún lo hace) una infinita tristeza.






Quien haya tenido oportunidad de compartir algún periodo de su vida con algún animal como mascota, sabe lo que estos embajadores de buena voluntad de las naciones de seres que comparten con nosotros la vida en la Tierra nos ofrecen a cambio de nuestros cuidados. Amiguitos peludos que nos dan su afecto, que juegan con nosotros, que impregnan nuestros hogares de vida con los borbotones de la suya, que se intentan comunicar con nosotros, que manifiestan sus distintas personalidades, que nos reconcilian con la vida cuando nos venimos abajo, que nos ayudan cuando nuestros cuerpos se derrumban y cuando nuestros cerebros empiezan a agujerearse.

Pero claro, amar y respetar sólo a los perros, gatos, hurones, pájaros etc que son nuestras mascotas o aquellos animales que nos resultan monos como los cachorros, el oso panda, los delfines o los koalas es caer en el especismo, una discriminación moral en el tratamiento de los animales en función de que la especie animal nos resulte antropocéntricamente atractiva, aunque eso también puede decirse de los que nunca mataríamos un animal salvaje y sin embargo, aún comemos carne...

En esta y otras entradas sobre los animales y la condición animal hablaremos de lo que Félix nos inculcó desde nuestra infancia a muchos españoles, la admiración por estos seres fascinantes pero sobre todo el reconocimiento de su derecho a la vida y a la dignidad, vamos a hablar del RESPETO que todos merecen, respeto por los animales que nos alimentan, por los que se desloman trabajando para nosotros (una media de 20 caballos mueren reventados cada año en la Feria del Rocío que se celebra estos días), por los que desde los laboratorios nos descubren los secretos de nuestro cerebro y de las enfermedades que nos azotan, por los que pasean, como la pantera de Rilke, su triste figura prisionera por algunos lamentables zoos, aquariums y circos que aún existen, por los que sobreviven en los menguantes reductos de vida salvaje de campos, bosques y océanos que aún existen, mientras mantienen el equilibrio ecológico y biológico de los distintos ecosistemas planetarios, indispensables para nuestra vida en la Tierra. Vamos con ello.


Segunda parte - Comer animales


Quien esto escribe es de Segovia y ser de allá y no crecer acostumbrado a las viandas de la región, el cordero o cochinillo asado, el chuletón de buey, el picadillo, chorizo y otros deliciosos embutidos, es pura entelequia, aparte de ganar muchos puntos para ser arrojado al pilón más cercano. Así pues, desde el reconocimiento de nuestro (decreciente) ánimo carnívoro les ofrecemos algunos datos de interés sobre la crianza y el sacrificio de algunos de ellos, porque a lo mejor podemos hacer algo.


De gallinas

Comenzamos analizando un alimento que la crisis ha colocado en el best seller de nuestra dieta. El pollo. Y los huevos. En la pollería de mi barrio la pechuga de pollo normal cuesta 5,25 euros/kilo. La pechuga de pollo de granja está a 8,50 euros/kilo. Para una pechuga de aprox. 300 gr (una cena o comida de una pareja), la de pollo criado en las lamentables condiciones "normales" cuesta, 1,5 euros. La de pollo de granja, criado en semilibertad y bastante más sabroso, sale a 2,55 euros. Media docena de huevos de gallina son 90 céntimos, los de corral 1,30 euros. Sabemos que la crisis golpea fuerte a mucha gente pero sinceramente creemos que la diferencia de precios es perfectamente asumible por muchos. Cuatro euros al mes, a cambio de una vida digna para esos gallináceos que luego ponemos en el horno. Y que tengan oportunidad para que se muevan, para que se relacionen entre ellos y creen su rudimentaria sociedad, que haya un gallo que maneje el cotarro, que haya algún otro que se lo quiera disputar, que las gallinas pongan sus nutritivos huevos cuando se lo pida su naturaleza y no con su ciclo biológico retorcido para transformarlas en esclavizadas máquinas productoras de huevos. 

Visto lo que les importa a los gobiernos europeos que la crianza y sacrificio de animales para consumo humano se lleven a cabo con las buenas praxis que marcan las directivas europeas, al final son las pequeñas decisiones personales las que marcan la diferencia.



... y cerdos

Hace unas semanas estuvo en España el escritor norteamericano Jonathan Safron Foer, el autor de "Todo está iluminado". Venía a presentar su ensayo "Comer animales", que se gestó cuando tras tener su primer hijo y plantearse cómo iba a alimentarle, empezó a investigar sobre la industria ganadera de su país, y lo que averiguó le horrorizó. En su libro hace una descripción escalofriante de la suerte que corren los animales que acaban servidos en las mesas de nuestras casas y restaurantes, de ahí algunas de sus vehementes conclusiones:


"Me parece que está sencillamente mal comer o dar de comer a la familia cerdo criado en factorías agrícolas. Probablemente esté incluso mal sentarse silenciosamente junto a amigos que comen cerdo criado en factorías agrícolas, por difícil que sea decir algo. Los cerdos claramente tienen una mente rica e igual de claramente son condenados a una vida lamentable en las factorías agrícolas. La analogía de mantener un perro en un armario es bastante acertada, aunque algo generosa."

En nuestro país las cosas no son mucho mejores. A pesar de ser una de las estrellas de nuestra gastronomía, la realidad del cerdo es bastante más chunga que la bucólica imagen que tenemos de los cerdos criados con bellotas en dehesas extremeñas, la digamos aristocracia del cocho. En las grandes explotaciones ganaderas se les maltrata desde que nacen pero se supone que se les aturde antes de darles muerte. Sin embargo, hace un par de meses leímos en El País un artículo sobre las matanzas caseras de cerdos que se hacen por toda España:
De noviembre a febrero, miles de cerdos de engorde se sacrifican en España en las matanzas familiares. A cuchillo, como se hizo siempre, con el animal chillando y dando sacudidas hasta que se desangra del todo. Ese proceder está prohibido por ley desde hace ya casi dos décadas, pero algunos o no lo saben o miran para otro lado. Una directiva europea de 1993 permite seguir con esta tradición, fuera de los mataderos, pero siempre que al cerdo se le haya aturdido antes de clavarle el cuchillo. Eso no se hace prácticamente nunca. En ningún sitio. En el mismo sentido se reguló en España en 1995, y algunas regiones incluso redactaron normativa propia sobre bienestar animal que les proporcionó amables titulares y aplausos, pero que nunca han cumplido.
Parece que en Baleares y Extremadura se habló de repartir pistolas aturdidoras pero luego nunca más se supo. En el resto de España, nada, las matanzas caseras tradicionales (aunque han bajado en los últimos tiempos) ni se autorizan ni se prohiben, no hay denuncias y sí muchos silencios cómplices. En cuanto a cómo se desarrolla su vida en las grandes explotaciones ganaderas, les ofrecemos un video que fue grabado por Equanimal en granjas de Guadalajara y Valladolid, que muestra la terrible realidad de las condiciones en que nacen, crecen, paren y mueren estos animales y que puede herir sensibilidades e incomodar conciencias.



Equanimal. Investigación granjas de cerdos españolas


Porque además, según datos de la FAO, la producción de carne en el mundo emite un 18% de los gases de efecto invernadero -por encima del transporte, con un 13%- y, además, es en gran parte responsable de la deforestación (para pastos) y la escasez de agua que sufre el planeta (para producir una hamburguesa se consume la misma agua que una ducha de cuatro horas).


En cuanto a la pesca ya hemos tratado algunas veces (y no serán las últimas) en este blog el desolador panorama que plantea la pesca industrial hoy en día. En España nos comemos en cuatro meses nuestra cuota pesquera (es decir, durante ocho meses consumimos pescado procedente de otros mares más allá de nuestras costas. Tenemos una flota sobredimensionada (y unos armadores con excesivo poder) creada en los años en que se creía que el océano no se acababa nunca, que sigue escarbando las cada vez menos pesquerías productivas que quedan. 

En el 94% de los océanos se realizan actividades pesqueras y el 85% de los stocks están completamente explotados, sobreexplotados o agotados, según la FAO. Según Ricardo Aguilar, Director de Investigación de Oceana Europa:

“Menos del 1% de la superficie marina está protegido de manera efectiva. Además, no existe ni un solo stock en el mundo gestionado responsablemente, hasta el punto de que los stocks de algunos tiburones mediterráneos disminuyeron un 99% en el siglo XX respecto a las poblaciones originales. Se están expoliando los recursos pesqueros mundiales para el beneficio de unos pocos y los gobiernos no parecen dispuestos a ponerle freno”.

Sin embargo, se sigue permitiendo el vergonzante despilfarro como descartes de decenas de millones de seres marinos (entre un 70 y un 90% del total de capturas) que son arrojados, ya muertos, por la borda de los pesqueros al no ser esas especies con las que quieren llenar sus bodegas, decenas de miles las hectáreas de fondos marinos, fundamentales para la vida marina, destruidos con las perniciosas redes de arrastre. Y nadie de los que mandan se pone de acuerdo para parar este desastre.

En la redacción de Vida y Tiempos creemos que la sociedad, a base de pequeñas decisiones individuales, debería cambiar su mentalidad respecto al consumo de carne y pescado, adoptar una postura ética respecto de los animales que criamos o pescamos para que sirvan de alimento a esta humanidad que crece desmesurada y todo lo depreda. Porque si esperamos que lo hagan los grandes partidos políticos vamos listos. Es necesaria una educación que enseñe a los niños la deslumbrante belleza natural que aún existe en el planeta y la necesidad de respetar a todos los seres vivos que lo comparten con nosotros, con más razón si nos alimentamos de ellos.



Si las personas que nos leen no quieren intentar los muy respetables y éticos caminos del vegetarianismo o el veganismo sí pueden intentar cambiar en lo que puedan su dieta y comer menos carne y pescado (al menos ese día menos de comer carne que pide Paul McCartney), sino de intentar ejercer un consumo responsable y sostenible, que minimice el sufrimiento de los animales, el agotamiento de los ecosistemas y el despilfarro de su carne.

Ya existen muchas webs de granjas o cooperativas que sirven carne y pescado de animales criados y muertos de forma digna y sostenible. Es cierto que son algo más caros (más en estos tiempos) pero es evidente que el ajuste de precio que puede hacer una explotación ganadera industrial que entiende a los animales como unidades productivas de carne que procesar a cascoporro, no es el que puede hacer una granja que críe y alimente a sus animales de forma natural, sin pesticidas ni transgénicos, que los cuide y respete hasta que les llega el momento del matarife.



Si existe el ánimo se pueden echar cuentas y, a pesar de nuestra crisis, pensar en la crisis alimentaria que ya se está fraguando, que cada uno vea si puede pagar realmente ese sobreprecio, pero sabiendo que estamos haciendo algo por esas almitas desdichadas que han ido a parar a los nutritivos cuerpos de los animales que nos alimentan. Los indios de las llanuras americanas, antes de salir a cazar rezaban, chamán mediante, a sus presas como prueba de respeto y agradecimiento a quienes iban a sacrificar su vida para alimentarles, y de paso tener buena caza. En esta bitácora no pedimos a nuestros lectores que dancen rituales pawnees antes de ir al super, al final es cuestión de adquirir e intentar respetar algunos pequeños compromisos personales, empezar a preguntarnos de dónde viene la carne que comemos y qué ha ocurrido para que llegue ahí.



Tercera parte - Animales como nosotros


Sufren, ríen, se angustian, colaboran entre ellos, se emocionan, necesitan y dan cariño, crean lazos afectivos, juegan y celebran la alegría de estar vivos, elaboran estrategias para su supervivencia en el mundo natural, se comunican con nosotros y con otros de su especie, tienen personalidades complejas que configuran en base a un código génetico adquirido y luego a golpes de traumas, entorno y aprendizaje (como nosotros) factores todos que van esculpiendo el carácter de un ser único. Les ofrecemos un buen texto sobre ello:


Animales y humanos, no tan diferentes

Omar Segura EFE

Las vacas disfrutan resolviendo problemas, los pájaros chinos no entienden el idioma de los estadounidenses, las ovejas pueden entablar profundas amistades, los perros y ratas rí­en, los chimpancés son solidarios. Según los últimos estudios, los animales se parecen a las personas mucho más de lo que imaginamos, en materia de sentimientos, lenguaje y relaciones.

Fieras civilizadas


Suele afirmarse que algunos animales parecen inteligentes y que muchas mascotas terminan pareciéndose a sus dueños, pero los indicios cientí­ficos van más allá y apuntan a que los animales de compañí­a ofrecen mucho más que compañí­a y que algunas fieras no son salvajes sino bastante civilizadas. Además, si conociéramos los sentimientos del ganado, muchos nos replantearí­amos nuestros hábitos de comer carnes y filetes. Muchos animales son capaces de desarrollar sentimientos complejos, de sufrir cambios de ánimo y humor, de sostener comunicaciones de distintos niveles e incluso tienen personalidades que los diferencian uno de otros. Es lo que sugieren una serie de recientes investigaciones y descubrimientos, que demuestran que llamar bestia o bruto a una persona a veces puede considerarse un elogio para el humano o en el peor de los casos un insulto para el animal... Antes de decir de alguien que "es un bicho", piénselo mejor.

Las reses dicen ¡Eureka!

Las vacas se lo pasan bien solucionando problemas, según aseguran algunos participantes de la Conferencia Internacional sobre el Sentimiento de los Animales, que organizó en Londres la organización CIWF Trust dedicada a hacer campañas en defensa de los animales de granja. Un grupo de expertos dirigido por Donald Broom, profesor de bienestar animal en la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, reunió a un conjunto de vacas en un corral especial, cerrado por una palanca que los animales debí­an apretar correctamente para salir a un campo lleno de alimentos. Los investigadores percibieron muestras de satisfacción en las vacas cada vez que lograban entender cómo funcionaba el mecanismo: tuvieron una respuesta entusiasta, su ritmo cardí­aco creció y aumentaron las posibilidades de que saltaran o galoparan hacia los alimentos, "como si dijeran, ¡Eureka!, he descubierto cómo resolver el problema", según explicó el doctor Broom.

Las ovejas se hacen amigas

"Los seres humanos le atribuimos emociones a un bebé, pero se las negamos a una oveja o a un chimpancé", ha señalado en la conferencia británica, la doctora Marian Dawkins, catedrática de la Universidad de Oxford. Para el académico Marc Bekoff, de la Universidad de Colorado, en EU, "los animales no son objetos insensibles ni hay que tratarlos como autómatas: probablemente sienten emociones como el miedo y la ira o pueden entablar amistades profundas como sucede con las ovejas". Según Bekoff, "lo que los animales sienten es muy importante, ya que tratan de negociar su supervivencia en un mundo dominado por los humanos y con frecuencia abusivo, en el que no son más que peones de nuestros esfuerzos incesantes y obsesivos por controlar sus vidas para nuestro beneficio, no el de ellos". 



Chimpancés altruistas

La famosa especialista en primates Jane Goodall ha dicho, en la conferencia londinense de la CIWF Trust, que hay que redefinir la forma en que vemos a los animales, tanto a los domésticos como a los salvajes. "Tenemos que entender que no somos los únicos seres en este planeta con mentes y personalidades", explica Goodall, quien ha pasado cuatro décadas y media estudiando a chimpancés en África y asegura que se parecen mucho a los seres humanos. "Ambos tienen la capacidad de cometer barbaries y también son capaces de un gran altruismo", ha explicado la experta, que ha visto a chimpancés ayudar a otros que tení­an miedo, habí­an quedado huérfanos o heridos, demostrando "un cuidado y una compasión que es indistinguible de la nuestra".

Aves orientales no entienden a las americanas

China ha importado una máquina de cantos de pájaros fabricada en Estados Unidos para asustar a las aves en el aeropuerto de Pekí­n, aunque estas no reconocieron el ruido y se negaron a marcharse. Según el diario Beijing Evening News, el equipo para la dispersión de pájaros habí­a grabado el canto de los pájaros estadounidenses y los sonidos de algunos enemigos naturales de los pájaros, pero "los pájaros locales no entendieron el idioma extranjero". Así­ que expertos chinos han decidido "traducir" el canto de seis aves estadounidenses al de sus homólogas chinas, y están grabando los cantos de pájaros que son comunes en Pekí­n.


Humor de perros... y de ratas

Muchos animales pueden tener sus propias formas de reí­rse, según un informe publicado en la revista cientí­fica Science por el profesor Jaak Panksepp, quien asegura que algunas especies emiten sonidos que se asemejan a la risa humana. 

Este profesor de la Bowling Green State University de Ohio, en Estados Unidos, explica que los circuitos neurológicos para la risa existen en partes "antiguas" de nuestro cerebro, cuya estructura general compartimos con muchos animales. Por ejemplo, los jóvenes chimpancés emiten fuertes jadeos y chillidos mientras juegan a perseguirse unos a otros, y al jugar las ratas producen sonidos que se asocian con sensaciones emotivas de carácter positivo. Cuando se les hace cosquillas, las ratas se muestran socialmente ligadas a los humanos y rápidamente condicionadas a buscar esas cosquillas, explica el neurólogo. Además sugiere que los chillidos podrí­an provocarlos los circuitos nerviosos del cerebro que liberan el neurotransmisor dopamina, los cuales también se "encienden" en el cerebro humano durante situaciones divertidas.



Personalidad de las mascotas

El doctor Sam Gosling, de la Universidad de Texas, en Estados Unidos, asegura que los perros presentan grandes diferencias en personalidad y para demostrarlo, ha diseñado una prueba que evalúa el carácter canino, del cual se desprende que los dueños y sus mascotas suelen tener personalidades similares. El estudio agrupa a los perros en cuatro categorí­as: niveles de energí­a, afección-agresión, ansiedad-calma e inteligencia-estupidez. Cada rasgo comprende extremos positivos y negativos. Gosling ha encontrado diferencias de personalidad de una raza a otra, y, también entre perros de una misma raza.
Este experto le preguntó a los dueños de perros que clasificaran a sus mascotas dentro de los cuatro rasgos de personalidad y después le pidió a extraños que hicieran lo mismo con estos perros. Los niveles de ansiedad-calma los ha medido al estudiar la reacción de los perros al ver a su dueño alejarse con otro can, y para medir su inteligencia se utilizó su habilidad para recuperar una galleta debajo de una taza. Estos rasgos fueron adaptados de modelos empleados en Psicologí­a para evaluar la personalidad humana.

El mundo emocional de los animales de granja






Última parte - Cazar animales


"Cuando hace muchos años viajé por primera vez a África, a Zimbabwe, lo hice como muchos de mis compatriotas, con un rifle en las manos. Yo era un cazador obstinado, el objetivo de mi viaje era un leopardo, el trofeo más envidiado de los Cinco Grandes (león, elefante, búfalo, rinoceronte y leopardo).Pero cuando por fin localicé a "mi" presa y apunté, quedé tan fascinado por su belleza que me fue imposible disparar. Ya más sosegado, dejé el rifle a un lado, cogí la cámara y empecé a hacer fotos. Como si de una muestra de agradecimiento se tratara, un par de leopardos permaneció durante horas frente a mi cámara. En vez de salir huyendo, decidieron "posar" para mí. Me quedé observando y fotografiando aquellas hermosas criaturas sin el menor deseo de retomar el arma, sin ansia de trofeos. Me prometí no volver a disparar un rifle y me convertí en un cazador de imágenes. Jamás me he arrepentido de aquella decisión: fue mi nacimiento como fotógrafo. Descubrí que observar la vida salvaje es mucho más interesante que aniquilarla." Sergey Gorshkov


El ruso Sergey Gorshkov es ahora fotógrafo de National Geographic y firma un espectacular reportaje sobre los leopardos del Delta del Okavango en Botswana en el último número de la revista del borde amarillo. De él recogemos su relato sobre el día en que se dió cuenta del trágico error que suponía su anterior vida como asesino de animales por ser bastante representativa de la evidente diferencia de estado mental que supone mirar la belleza de la vida natural con los ojos fascinados de un observador con una cámara fotográfica que hacerlo con la mente inyectada en muerte de quien mira a través de la mira telescópica de un rifle de caza.Siempre he pensado que algo no debe funcionar bien en la cabeza de quien ante la majestuosa estampa de un ciervo (o una familia de perdices intentando hacer su vida tranquilamente en el campo) lo único que se le ocurre es meterle una bala en el corazón. Cazadores, esos amantes de la Naturaleza.

Sobre el absurdo que es la caza deportiva hoy en día (a diferenciar de la caza de supervivencia que aún realizan algunos grupos indígenas), les ofrecemos un fragmento del programa de Cuatro 21 días cazando, donde la reportera Adela Úcar comprueba en su propio espíritu qué es eso tan vil de matar por matar. Aunque se lo podía haber supuesto antes de hacerlo. Con ella nos despedimos.

21 dias: De caza