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14 de julio de 2012

Vocabulario Fundamental. Animales (14) Los animales y su ausencia 3 Pitusquiño y yo


Este simpático caballerete es Pitusquiño. Nos encontramos este vencejito en nuestra misma calle a finales de junio del año pasado, apretado contra el muro de una casa en instintivo gesto de protección, con toda la pinta de haberse caído del nido o haber calculado mal sus fuerzas en su primer vuelo. Tenía el plumaje ya desarrollado pero le faltaba un hervor de energía en las alas por lo que recogimos su cuerpecillo frágil y palpitante, lo subimos a casa y decidimos cuidarle hasta que pudiera emprender su primer vuelo con garantías.

Estuvo en casa un par de semanas, mientras se fortalecía a base de croquetas de pienso de los gatos empapadas en agua, desdeñando el propio para pájaros insectívoros que le había comprado. Porque ese detalle fue el que dió a su periodo de entrenamiento un toque de suspense. En mi casa viven gatos, dos en ese momento. Y claro, lo fliparon un poco cuando lo vieron. Se le acercaban al principio con pasmo y curiosidad, pero tras entender mis advertencias de que con ese pequeño ser no se podía jugar, lo miraban con resignación y cierta indiferencia.

Le improvisamos su vivienda en una caja que normalmente tenía en mi mesa de trabajo o lo dejaba en el balcón para que se familiarizara con los sonidos de los otros vencejos sobre el cielo de Malasaña, chillando como niños, alegres de vivir y de volar, aunque por las noches era mejor evitar felinas tentaciones y las pasaba en una habitación cerrada.
Cuando lo llevaba a la plaza a entrenar las alas, al veterinario o cuando se convirtió en el primer vencejo en viajar en Metro en el comienzo de su liberación, se agarraba con determinación al cuello de mi camisa o la cinta de mi bolso-marsupio, mientras le acariciaba la cabeza y él respondía cerrando sus negros ojillos y así yo iba con mi lindo brochecito pajaril por la calle, más contento que nada.

Al final lo soltamos en el cielo lleno de pájaros del chalet de mis padres. La primera vez en la que lo eché al aire se enganchó en una rama y cayó al suelo pero en el segundo intento, tras remontar aleteando con algo de suspense la valla de la finca y realizar un quiebro en el aire, desapareció volando por la finca de al lado, comenzando su sempiterna vida de volador pluscuamperfecto

Recordemos que los vencejos mantienen un vuelo ininterrumpido (comen, duermen y copulan) durante nueve meses al año, anidando sólo en época de cría.

Me acuerdo de él a menudo
cuando los vencejos vuelven a sobrevolar algunas zonas de Madrid y siempre espero que ese lindo animalito pudiera salir adelante. Compartió su pequeña vida conmigo sólo dos semanas pero seguro que aparecerá en las filminas con los highlights de la vida del Juez Roy Bean, esas que dicen se nos cruzan por la mente cuando vamos a morir.