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19 de febrero de 2013

Ciclo de cine europeo (20) 'Primos', de Daniel Sánchez Arévalo


Una crítica de Carlos Boyero introduce la película "Primos", dirigida por el realizador madrileño Daniel Sánchez Arévalo en 2011 (autor de Azuloscurocasinegro), una película sobre las rupturas sentimentales, sobre las vacaciones de verano y las fiestas de pueblo, sobre la soledad, sobre las borracheras y el alcanzar la madurez, sobre la confusión amorosa y sobre todo, por la amistad. Sostenida por la gran labor actoral de todos sus intérpretes, sobre todo el trío protagonista compuesto por Quim Gutiérrez, Raúl Arévalo y Adrián Lastra, tres magníficos componentes de la nueva hornada de jóvenes actores de nuestro país. Disfruten de esta entrañable comedia coral, sencilla, sin altas pretensiones ni el humor más sofisticado pero que nos muestra con autenticidad paisajes costumbristas y emocionales que todos hemos vivido. También éste, estupendo cine europeo. 


Luz, excentricidad, gracia y ternura 


Primos arranca con una larga secuencia en la que un señor vestido de novio larga un monólogo cargado de estupor, interrogantes, confesiones íntimas, patetismo y desolación. Al retroceder la cámara descubrimos que ese impúdico e involuntariamente jocoso discurso tiene numeroso público y en estado de perplejidad. Son los invitados a esa boda frustrada. A la novia le ha entrado el vértigo, las dudas o el acojone que pueden rondar a tan trascendente decisión, no se ha presentado en el altar, ha salido corriendo hacia no se sabe dónde. Hay alivio provisional para el desdichado. Están sus indescriptibles primos y la necesidad de ponerse en movimiento. Hacia un pueblo que la memoria identifica con la adolescencia, con algún remoto esplendor en la hierba.

Durante un tiempo razonable esta insólita película hace que te plantees cosas como: ¿esto va en serio o en broma? ¿Estoy ante una comedia, un esperpento, una caricatura o un drama? ¿Me interesan estos personajes o paso de ellos? No hay referencias ni en lo que ves ni en lo que escuchas. Es un mundo raro y un estilo autónomo. Tuve idénticas sensaciones con las películas anteriores de Daniel Sánchez Arévalo. A los diez minutos de la poética y excéntrica Azuloscurocasinegro estaba seducido, alternando sonrisas y ternura hacia esa gente tan perdida y tan creíble, hacia un sentido del humor tan afilado en medio de situaciones tristes. Ese universo seguía siendo reconocible en Gordos, pero la temática era demasiado sombría, asfixiante, desconcertante, obsesiva. Mostraba el reverso más negro de una inteligencia peligrosa y una sensibilidad torturada.

Superado el tratamiento de choque que siempre me aplican las imágenes y los diálogos iniciales de este director, descubro que lo estoy pasando muy bien con Primos, que nada es fatuo ni efectista, que lo que hacen, sienten, anhelan, sufren y expresan esos tipos tan excesivos que no paran de hablar de todo lo que pasa por su cabeza y su corazón (ellas hablan menos pero escuchan mejor, son más adultas y más lúcidas que estos niños tan grandes y confusos), es muy cercano al volcán de dudas, contradicciones, realidades y sueños que habitan en casi todos nosotros, que todo está expresado con mucha gracia, sentido de la paradoja y de la comicidad, luz, vitalismo, energía, aunque esté hablando de incertidumbres, soledad, pérdidas y fracaso, que el creador además de entender a sus locos, sensatos, alternativamente entrañables y compadecibles personajes, les quiere mucho. Y esa simpatía hacia los perdidos también es contagiosa.

Creo que me gusta todo en esta comedia osada, extraña, eficaz y conmovedora. Incluidos actores y actrices que relaciono con las fatigosas y cutres series televisivas. Y, cómo no, me enamora la naturalidad y la hermosura de Inma Cuesta. Sí, la de Águila roja.