Visita nuestra web. Todo más ordenadito, mejor.

3 de octubre de 2013

Campanadas de la Historia (34) Veinte años de la batalla de Mogadiscio


Durante el octubre de 1993, soldados estadounidenses de élite de los Rangers y la Fuerza Delta fueron enviados a Mogadiscio, Somalia, como parte de una operación de paz de las Naciones Unidas: los cargamentos de alimentos enviados por la ONU eran sistemáticamente robados por las milicias de los señores de la guerra, que no dudaban en ametrallar a inocentes civiles para conseguirlos. Cuando uno de los soldados Rangers cayó de un helicóptero empezaron los problemas de verdad. Los rebeldes lograron impactar y derribar uno de los Black Hawk y poco después otro de los helicópteros que acudieron al rescate también fue abatido. Las imágenes de los tripulantes de los helicopteros linchados y arrastrados por las calles de Mogadiscio recorrieron el mundo e hicieron preguntarse a la opinión pública norteamericana qué hacían allí sus soldados. 

Con dos helicópteros derribados, la misión de entrada, captura y salida se convirtió en una misión de rescate a vida o muerte que acabaría con la peor derrota estadounidense desde Vietnam. Estos hechos, que años después inspirarían un libro y una película dirigida por Ridley Scott determinarían la retirada estadounidense del Cuerno de África y que la comunidad internacional no moviera un dedo cuando un año después comenzara el espantoso genocidio en Ruanda. Un artículo de El Mundo nos lleva al Mogadiscio actual para ver qué queda de aquellos hechos y luego un buen documental nos narra los terribles hechos sucedidos en aquella ciudad sin ley a principios de octubre, hace veinte años.



La batalla de Mogadiscio, 20 años después


"Súper 64 cayendo, Súper 64 cayendo. ¡Blackhawk derribado!". La voz telefónica del piloto estadounidense Mike Durand crepitó en la radio y después se hizo el silencio. Era el segundo helicóptero abatido en pocos minutos. En la base de los 'rangers' frente al aeropuerto de Mogadiscio el comandante William F. Garrison se echó las manos a la cabeza.

Ese momento crítico marcó el final de una rápida y calculada operación de captura y el comienzo de una sangrienta operación de rescate en pleno avispero somalí: el mercado de Bakara, centro de operaciones del señor de la guerra Mohamed Farah Aidid y, aún hoy, 20 años después, uno de los lugares más peligrosos y corruptos del planeta. EL Mundo ha visitado los lugares de la batalla de Mogadiscio y traza el recorrido que hizo el convoy desde las afueras hasta la zona de caída de los helicópteros.

Entre diciembre de 1992 y enero de 1993 una fuerza estadounidense desembarcó en las playas de Mogadiscio con el propósito de garantizar el reparto de ayuda humanitaria para una población somalí que agonizaba de hambre. Aquella misión, bautizada por Naciones Unidas como 'Restablecer la esperanza', pretendía poner algo de orden en el caos que había provocado la caída del dictador Siad Barre tres años antes. Ante el vacío de poder, los 'warlords' comenzaron una guerra civil para repartirse los despojos de un país que se hundía en la anarquía.

El más poderoso de todos ellos, el manipulador Mohamed Farah Aidid, cuyo hijo sirvió en los marines de EEUU, había llegado a disparar contra cientos de almas hambrientas en los centros de reparto de comida de Naciones Unidas. Bill Clinton decidió que ya era hora de detenerle. Y en esa operación EEUU sufrió su mayor derrota desde Vietnam. 18 soldados estadounidenses muertos, 71 heridos, uno capturado y unas imágenes que dieron la vuelta al mundo: la de los cadáveres de los pilotos del segundo helicóptero arrastrados y mutilados por la turba. Los milicianos somalíes, orgullosos de su victoria sobre el ejército más poderoso del mundo, siguen presumiendo de lo sucedido aquel día.

Una trampa mortal

Uno de los testigos de aquella matanza, el canadiense Paul Watson, el autor de aquellas fotografías, relata a El Mundo sus recuerdos de aquella batalla: "Creo que la operación militar estadounidense comenzó con buenas intenciones", asegura. "Facciones militantes estaban negando la ayuda humanitaria a gente que moría de hambre. EEUU y sus aliados podrían haber resuelto ese problema, pero el hambre ya había alcanzado un máximo antes de que las tropas extranjeras desembarcaran. Y entonces el reparto de alimentos se convirtió en un negocio para los señores de la guerra".

En la actualidad Bakara alterna zonas que son muñones de edificios agujereados con tiendas recién inauguradas. La ciudad intenta sobreponerse a 22 años de guerra y este barrio, el antiguo feudo de Al Qaeda en el cuerno de África, no es una excepción. Hay pocas calles asfaltadas y muchos hombres aún llevan un kalashnikov a la espalda como se llevan las llaves de casa en el bolsillo, pero ha recuperado cierto bullicio.

Aunque los muyahidines de Al Shabab se retiraron hace un año de sus calles, decir que el ejército somalí y sus socios de la Unión Africana controlan este área es mucho decir. En realidad, como el resto de Mogadiscio, está en manos de caudillos locales, jefes de clanes y otros señores de la guerra. Un periodista blanco tiene que usar escolta armada, moverse rápido y no bajarse del coche en las zonas más peligrosas.

El día 3 de octubre, una fuerza compuesta por varios helicópteros y tropas de élite Delta y Rangers tenían previsto tomar al asalto un edificio en el que, según informes de inteligencia, se escondían los hombres más importantes de la milicia de Aidid. Según revela Howard E. Wasdin, veterano de Somalia y autor del libro 'Seal Team Six', Aidid recibió el chivatazo de su intento de detención por parte de la embajada italiana de Mogadiscio, la antigua metrópoli, que jugaba a dos bandas. Por un lado, ofrecía información al señor de la guerra, por otro, apoyaba la misión de la ONU y de EEUU. El libro de Mark Bowden, 'Blackhawk Derribado' (llevado al cine por Ridley Scott), reproduce minuto a minuto aquella operación fallida.

A diferencia de la película, que muestra un Mogadiscio en tonos ocres, lo que queda hoy de la ciudad destruida brilla con una claridad blanquecina y agujereada por millones de balas y obuses. Hasta allí acudieron varios equipos de Rangers y Delta para capturar a los comandantes del señor de la guerra. Ya sobre el edificio, se encontraron en una ratonera frente a una potencia de fuego que no esperaban.

Armados hasta los dientes, los estadounidenses fueron acosados por miles de milicianos armados envalentonados por el kat, la droga local, que a esa hora de la tarde ya les hacía el efecto deseado. Desde los tejados, disparaban a los Blackhawk y quemaban neumáticos para perjudicar la visibilidad de los artilleros. Dos granadas impactaron en dos helicópteros. Ahí comenzó el infierno. Los estadounidenses estaban en el punto que Aidid deseaba: aislados en medio de su territorio, a merced de sus hombres. Todo lo que puede hacer un hombre con un AK47 ya se hizo aquel día.

Una historia que se repite

Un gran cactus, casas agujereadas a ambos lados, como en todo el barrio, tanquetas de la ONU reventadas hace muchas primaveras y un paso angosto por el que a penas cabe una persona. Ahí está, entre la maleza y la basura, un trozo oxidado del rotor de cola, hélices que sobresalen, hierros torturados por el impacto y el tiempo. Son los restos del segundo helicóptero estadounidense caído en Mogadiscio el 3 de octubre de 1993. "Fue años más tarde cuando me di cuenta de la magnitud de la participación de Al Qaeda en la Batalla de Mogadiscio. Aquella victoria les envalentonó y les mostró el camino", recuerda Watson. "Los hombres de Bin Laden proporcionaron asesoramiento militar crucial a la facción de Aidid, que le permitió derrotar a los americanos", dice Watson. Los Rangers, que llamaban 'Mogadisney' a la ciudad por la facilidad que esperaban encontrarse en el combate, comenzaron a sumar bajas mientras caía la noche. Un gran convoy de fuerzas paquistaníes, malasias y estadounidenses entró a la mañana siguiente a sangre y fuego en el mercado y rescató lo que quedaba de aquellos soldados en la ratonera.

Para Estados Unidos aún quedaba lo peor, que el cuerpo del sargento Cleveland, arrastrado muerto por las calles de Mogadiscio, abriera los informativos de todo el mundo. El autor de aquella fotografía recuerda el momento: "Fue muy peligroso, llevaba tiempo en Somalia y fue bastante fácil que la gente me reconociera, porque tengo una sola mano y en Mogadiscio me apodaban 'Gamay', que significa 'manco' en somalí. Cuando buscamos el cadáver aquella mañana, mi contacto le dijo a la gente que 'Gamay' quería hacer unas fotos. Algunos reconocieron el apodo y me dejaron hacer varias fotos", afirma Watson, premio Pulitzer por aquellas imágenes. "No me arrepiento de fotografiar el cadáver del sargento Cleveland, pero ese momento me ha perseguido hasta hoy".

Esta misma semana, y en esa misma tradición sangrienta, los milicianos de Al Shabab, herederos de Aidid, han publicado la imagen de uno de los dos militares franceses muertos en una operación de rescate del espía Denis Allex. Este agente, secuestrado hace tres años a pocos metros del hotel en el que ahora se alojan los pocos blancos de vienen a Mogadiscio, también ha sido ejecutado. Fue en el kilómetro 4, la rotonda de entrada a la ciudad. Francia ya tiene su 'Blackhawk derribado' y hasta las fotos de la tragedia.

Bill Clinton ordenó la vuelta a casa poco después y la comunidad internacional dejó Somalia a su suerte otros 20 años de guerra en los que el país se ha desangrado entre el integrismo, la piratería y los señores de la guerra. Aquella derrota provocó que el Pentágono no moviera un dedo en el genocidio de Ruanda un año después, temeroso de que, de nuevo, soldados estadounidenses fueran vejados ante las cámaras. Las cicatrices de aquella batalla aún sangran en los muros de Bakara.

Documental - La verdadera historia de 'Blackhawk derribado'