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25 de abril de 2014

Campanadas de la Historia (41) Cuarenta años de la Revolución de los Claveles

Claro que estaba algo asustado. Eran los momentos decisivos: cuando esperábamos a que Marcelo Caetano se rindiera ya, a eso de las cuatro de la tarde del 25 de abril. Por encima de nosotros volaba un helicóptero artillado que en cualquier momento podía hacer fuego y armarla. El dictador estaba encerrado en el cuartel general de la policía del Largo do Carmo, defendido por soldados fieles, y afuera, el pueblo, con nosotros, que quería entrar a tomarse la justicia por su mano

"Lo primero que valoran muchos supervivientes de aquellos tiempos finales del casi medio siglo, que se dice pronto, de régimen opresor es, sin duda, el descubrimiento de la libertad que no conocían. Pero quizás antes incluso que la libertad, lo que el golpe de Estado de los capitanes que lideraban Vasco Lourenço y Otelo Saraiva de Carvalho proporcionó a los portugueses fue la recuperación de la alegría. Una alegría de vivir que la dictadura, en su represión y oscurantismo, les tenía secuestrada." Diego Carcedo

El 25 de abril de 1974, un alzamiento militar incruento, sin sangre ni violencia, puso fin en Portugal al 'Estado novo', el régimen dictatorial fundado en 1932 por Antonio de Oliveira Salazar. Un movimiento descolonizador y rupturista que encabezó una revolución pacífica y democrática y que tuvo en una insubordinación de unos militares valientes su gesto iniciático, un gesto que abriría una brecha por la que entraría el pueblo portugués a borbotones -y que nos narra la Boca D'Or-. Después, un especial del canal HispanTv compara aquel momento histórico y el actual para ver lo conseguido entonces y lo que se ha perdido en estos últimos años de crisis y brutales recortes en nuestro país vecino.

"Señores míos, como todos saben, hay varias formas de Estado: el Estado social, el Estado corporativo, y el estado al que hemos llegado. Ahora, en esta noche solemne, vamos a acabar con el estado al que hemos llegado. Así que el que quiera venir conmigo, que sepa que nos vamos para Lisboa y terminamos con esto. Quien quiera venir, que salga fuera y forme. Y el que no, que se quede”. Ninguno de los 240 hombres que escuchan las palabras del capitán Fernando José Salgueiro Maia se queda.

Salgueiro Maia, 29 años, hijo de ferroviario, encabeza el pelotón compuesto por diez blindados, doce camiones, una ambulancia y el jeep en el que viaja, y desde su cuartel en Santarém llega hasta las puertas de la dictadura, en la lisboeta plaza de Terreiro do Paço. Allí le espera el general de Brigada Junqueira dos Reis con tiradores y sus blindados M47 muy superiores al obsoleto material de Salgueiro Maia, que avanza con bandera blanca para parlamentar. Junqueira dos Reis ordena al alférez Fernando Sottomayor que ordene a sus hombres abrir fuego. Sottomayor se niega y es detenido. Junqueira dos Reis se dirige al cabo José Alves Costa, en la torreta de un blindado, y le ordena pistola en mano que abra fuego. Alves Costa se niega. Salgueiro Maia calificará ese gesto, un cabo que se niega a obedecer a un general, 'la insubordinación más hermosa de la Revolución'. Junqueira dos Reis, impotente, rabioso, dispara al aire. Varios oficiales se acercan a Salgueiro Maia, hablan y se abrazan. La Revolución de los Claveles ha triunfado.

Signos de los tiempos: Fernando José Salgueiro Maia siguió su carrera militar fuera de foco, renunciando a nombramientos, ofertas del poder y prebendas. Murió de cáncer en 1992, enterrado en un modesto ataúd y bajo el epitafio 'Ao tenente coronel Salgueiro Maia, conquistador do sonho inconquistado, havia em ti o herói que nao se integra'. José Alves Costa, hijo de labradores, volvió a su pueblo de Balazar, en la provincia de Minho, trabajando en una fábrica de neumáticos. Se jubiló en 2011, el mismo año que el Gobierno portugués se rinde al FMI y empieza por recortar las pensiones.

Nota: en septiembre de 1974 se constituye en España la clandestina Unión Militar Democrática (UMD). Los comandantes Luis Otero y Julio Busquets viajan a Portugal para conocer cómo desde dentro del Ejército se puede organizar un movimiento democrático y derrocar una dictadura. En marzo de 1975 la UMD es desarticulada y a finales del mismo año varios de sus miembros son condenados a 47 años de cárcel y su expulsión del Ejército. Llegados los tiempos de amnistía, el general Gutiérrez Mellado se encargará de que sólo se les aplique una amnistía parcial, fijando 1986 como año de reingresó a las Fuerzas Armadas, demasiado tarde para la mayoría.

Texto: La Boca D'Or