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15 de julio de 2014

El Crackómetro (33) Deutschland über alles


Terminó la Copa del Mundo de Brasil y la Alemania de Joachim Löw resultó justa campeona, no tanto por el partido de anoche en la que una rocosa pero poco inspirada Argentina se lo puso difícil, sino porque es indudablemente la selección que más y mejor fútbol ha desplegado, la que más poderío ha mostrado tanto en la fase de grupos como en la fase final del torneo. Ha sido la selección máxima goleadora y con menos goles encajados y sobre todo le dio un baño memorable al Brasil de Scolari, junto a España, los grandes derrotados de este Mundial. Ha sido liderada por grandes jugadores como Lahm, Neuer, Thomas Müller, Bastian Schweinsteiger y Toni Kroos, para el Juez Roy Bean (y el índice estadístico Castrol, con una media de 9,79 sobre 10) el mejor del torneo, quien la ha manejado con temple y sabiduría desde el centro del campo a pesar de su único fallo notable, la cesión hacia atrás en la final que afortunadamente -para el esperamos próximo jugador madridista- no supo aprovechar Higuaín. 

En el otro lado de la final estaba la Argentina de Sabella, que sólo se había mostrado superioridad contra rivales menores, una superioridad basada en la contundencia de su zaga, el incansable bregar y la verticalidad de Di María, el liderazgo de Mascherano desde el mediocentro y los chispazos de genio de Messi en los primeros partidos, pero que ha mostrado sus costuras tras perder a Di María y diluirse Messi, una sombra de sí mismo. En la final los argentinos jugaron con coraje y determinación y aunque tuvieron algunas opciones claras de gol estas fueron marradas por Higuaín (otra vez fallando en los partidos decisivos), Palacio y sobre todo Messi, ganador de un Balón de Oro absurdo que nadie, ni él mismo, entendió, un premio político producto de una FIFA prepotente y corrupta a quien no le importa mostrar sus miserias.

Cuatro años después de Sudáfrica los alemanes actualizaron el modelo de toque de la España con verticalidad y potencia germana, Götze hizo de Iniesta con un gol de crack y se proclamaron vencedores de un torneo con muchos goles, muchas prórrogas y momentos inolvidables como el batacazo español, el 16º gol de Klose, la confirmación de James Rodríguez como crack mundial, el mordisco de Luis Suárez y sobre todo el 1-7 en la semifinal de Brasil contra Alemania.

La selección brasileña que se suponía iba a ser protagonista hasta el final comenzó a cantar el himno a capella y a llorar, pero con el paso de los partidos se fueron quedando sin voz y sin fútbol, pero no sin lágrimas, que volverían como un torrente tras el encuentro con los alemanes, una hecatombe que hizo tambalear el orgullo de la pentacampeona. Esta derrota rompió la tregua que implícitamente se había instalado en el país mientras durara el campeonato, devolviendo a millones de brasileños indignados a los muchos y grandes problemas que sufre el país, las manifestaciones y disturbios, la corrupción desmadrada, las deforestaciones masivas, las reclamaciones de numerosos pueblos indígenas, las penurias económicas y las sangrantes desigualdades. La dura y tozuda realidad que, después de la fiesta, siempre vuelve.