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26 de septiembre de 2014

Vocabulario Fundamental. Infancia (24) 'Yo no soy bruja' / 'No estoy en venta', de Raúl de la Fuente

"Una noche mi padre me dijo que nos íbamos a Nigeria. Cuando llegamos una señora le dio dinero y él me dijo que esperara, que iba a comprar pan, pero se fue y me dejó allí. Tuve miedo"

"Juegan, corren, saltan, juegan, se suben a los columpios y hacen acrobacias en cada barandilla que encuentran a su paso. Como cualquier otro niño de su edad. Son los niños sorcier o niños brujos que residen en el hogar Don Bosco de las Misiones Salesianas de Togo y, aunque ahora sí pueden vivir tranquilos, hubo un tiempo en el que no se les permitió tener infancia. No se sabe con exactitud cuántos hay, pero existen y su número aumenta al mismo paso que aumenta la pobreza en el entorno en el que viven: tan solo en la región de Kara, en el norte del país, 773 menores fueron acusados de hacer brujería en el año 2013, según la dirección regional de Acción Social de dicho país. Son inculpados por sus familias y vecinos de todos los males que sufren: desde una enfermedad hasta la muerte, desde una mala cosecha hasta la pérdida de un empleo. Y son maltratados, marginados e incluso asesinados." 

El realizador navarro Raúl de la Fuente (premiado con el Goya 2013 al Mejor Cortometraje por 'Minerita') dirige dos cortometrajes para las Misiones Salesianas (iglesia humanista y militante) en Benín y Togo que denuncian dos terribles realidades que se viven en estos dos países africanos, el tráfico de niños y la persecución a los llamados 'niños brujos'. Si la pobreza y la desestructuración familiar son dos de las causas principales del tráfico de personas, la ignorancia, la superstición y la mezquindad humanas alimentan las absurdas creencias sobre los 'dit sorcier', los niños acusados de brujería (frecuentemente los más inteligentes o más estudiosos) por mediums o charlatanes animistas para expiar los males que aquejan a sus familias.

No estoy en venta

Más de 1,2 millones de niños en todo el mundo son víctimas del tráfico infantil. Padres con deudas que venden a sus hijos, familias engañadas con promesas o niños de la calle que caen en estas redes... En Benín, un niño puede ser vendido por 30 euros. La protección de la infancia y juventud es uno de nuestros objetivos prioritarios. Los Salesianos del Foyer Don Bosco Porto Novo son un referente nacional. No sólo atienden a estos menores y les preparan para reinsertarlos en la sociedad, también denuncian y se enfrentan activamente a este problema. Rachidi y Julius son dos ejemplos. Ambos fueron vendidos por sus familias para pagar deudas y hoy, han recuperado su autoestima y gritan al mundo: 'no estoy en venta'.



Yo no soy bruja

En Togo, un pequeño país del África subsahariana apretujado entre Ghana y Benin, conviven más de 40 etnias diferentes para las que el animismo es una parte fundamental de su cultura. Y allí la acusación de brujería está anclada en las tradiciones más ancestrales, como sucede en algunos otros países de África. El aumento de la pobreza es la causa primera y más directa por la que se incrementa este fenómeno. (...) 

El país, que vive de agricultura de subsistencia, se empobrece velozmente debido al cambio climático, a la deforestación y al uso de abonos químicos que disminuyen las tierras de cultivo. Si aumenta la pobreza, aumentan la enfermedades y la mortalidad por la falta de servicios sanitarios básicos, y la situación acaba degenerando en la creencia de que un espíritu maléfico está perjudicando a la familia, según explica el informe 'Menores acusados de brujería en la región de Kara', un documento con el que la orden religiosa pretende sensibilizar a la sociedad y a la comunidad internacional para que los agresores de estos pequeños no queden impunes. “Es muy fácil de entender: a más pobreza, más muertes; a más muertes, más culpables que buscar”, resume el misionero José Luis de la Fuente, director del hogar Don Bosco en Kara desde hace ocho años y coautor del estudio. 
Texto: 'La maldición de los niños brujo' El País 23.09.14

Estupor y Temblores (37) Corea del Norte, la tierra de los susurros



Corea del Norte se encuentra congelada en el tiempo desde 1930 y con una visión futurista oscura de la sociedad … como imaginado los años 70. “Tierra de los susurros” le invita a visitar sin duda el destino turístico más singular y aislada del mundo – no es criticar, sino para observar y escuchar. Aparte de reflejos habituales como Pyongyang o Arirang, este exclusivo documental de un hombre que lleva a áreas como Chongjin o Wonson, siendo prácticamente desconocidos incluso para Google o Wikipedia. Allí, el director intenta penetrar a través de la “mitología nacional” siempre presente y en lo posible, trata de conectar con la gente – cómo la camarera hipnotizada por los Tablet PC, o una guía de turismo con cautela fascinado por la cultura pop moderna.

23 de septiembre de 2014

Estupor y Temblores (36) La imagen perdida del genocidio camboyano




Desde hace años, busco una imagen: una fotografía tomada entre 1975 y 1979 en Camboya por los Jemeres Rojos. Una sola imagen no sirve como prueba de un genocidio, pero invita a la reflexión, permite reconstruir la historia. La he buscado en vano en los archivos y por todas partes. Ahora he llegado a la conclusión de que esa imagen debe faltar. Lo que ahora propongo no es una imagen, o la búsqueda de una imagen, sino más bien la imagen de una búsqueda: la búsqueda que permite el cine. Ciertas imágenes deben seguir faltando por siempre, y deben ser reemplazadas por otras: en este movimiento esta la vida, el combate, la pena y la belleza, la tristeza y los rostros perdidos, la comprensión de lo que fue, a veces la nobleza e incluso la valentía, pero nunca el olvido. Rithy Panh

"Además de una lección de historia es un ensayo sobre la capacidad del lenguaje cinematográfico para evocar la memoria personal desde la más radical, casi osada, propuesta estética. A un centímetro de la obra maestra."
Jordi Batlle Caminal: Diario La Vanguardia

Obviando los lugares comunes del documental de denuncia, el director camboyés Rithy Panh nos ofrece un acercamiento novedoso (como hizo Joshua Oppenheimer en 'The Act Of Killing' que ya publicamos en este blog) a otro de los abundantes genocidios perpetrados en el sudeste asiático en la segunda mitad del siglo XX, en este caso el producido en Camboya entre los años 1975 y 1979, que causó entre dos y tres millones de muertos.

La ideología psicópata de los khemer rouge de Pol Pot y sus terribles efectos contra su propia población (también de etnia khemer, por lo que se trataría, técnicamente, de un auto-genocidio de clase), es retratada por el director camboyano recurriendo a muñequitos y escenarios tallados en barro con los que representa la demencia maoísta khmer y que causan tanto horror y compasión como si fueran personas de carne y hueso.

En esta coproducción francesa-camboyana del año 2014, Rithy Pan compone un emotivo y doliente relato en primera persona de su tenebrosa infancia durante aquellos años, mientras se aferraba a la vida en los campos de exterminio. Sus estáticos aunque elocuentes muñequitos de arcilla exorcizan los traumas y recuerdos de aquella época terrible, demostrando que el arte puede mirar a los ojos de la tragedia sin recurrir a imágenes truculentas y sensacionalismos para mostrar los más oscuros abismos de la naturaleza humana. Imprescindible. 

VER EL DOCUMENTAL EN STREAMING



La memoria encontrada

11 de Abril de 2014

Quien teme es que algo debe. No falla. Pura sabiduría popular, que por norma general sabe perfectamente de lo que habla. El que en determinados países (mirémonos al espejo, deprisa) el concepto ''memoria histórica'' haga que la gente presuntamente civilizada saque al animal que hay en su interior es, por supuesto, muy indicativo. Algunos de los más distinguidos miembros de la distinguidísima clase dirigente se rasgan las vestiduras, vociferan cual energúmenos, esgrimen argumentos del todo irracionales y, si el espectador se fija, se dará cuenta cómo el sudor (frío... glacial) empapa su frente. Porque en realidad no están enfadados porque una panda de insensatos se haya empeñado en remover la mierda, en abrir cicatrices y en vaya-usté-a-saber-qué otras maldades más; en realidad temen que sus deudas (que por costumbre son muchas y muy gordas) les pasen factura.


Queda claro, pues, que nadie está a salvo de su pasado (ya sea a nivel individual o colectivo), pero más obvio se hace todavía constatar que hay sitios en los que el maldito fantasma es mucho más terrorífico que en otros. Lo recordamos hace poco, por ejemplo, junto a Joshua Oppenheimer (y junto a buena parte de su equipo no-acreditado) en la imprescindible 'The Act of Killing': la impunidad, la glorificación desviada y el hecho de vendarse los ojos hacen que el monstruo (así como su amenaza) crezca exponencialmente. 

Aquello sucedió en Indonesia, país donde el horror ha pervivido gracias en parte a la infinidad de máscaras que ha aprendido a ponerse. Desgraciadamente, y como ya se ha dicho, no es ésa una excepción, sino un destacado miembro del museo de los horrores. Camboya, por muy poco que se sepa sobre su historia (especialmente sobre historia más reciente), ni falta hace decir que es otro de sus más ilustres integrantes.

'La imagen perdida' es el inmejorable título del último trabajo de Rithy Panh, director de cine camboyano con especial interés por el documental, y obviamente marcado por el espeluznante pasado del país en el que se crió, o mejor dicho, en el que tuvo que sobrevivir. 

La pregunta que da inicio a la aventura se expresa en pocas palabras, pero resulta a veces que el espacio más reducido encierra el contenido más concentrado; más denso. Al grano: Si una imagen vale más que mil palabras, ¿existe una imagen capaz de atestiguar todas las atrocidades sufridas por el pueblo camboyano? La respuesta está en el impasible muro de una imposibilidad inteligentemente aprovechada (como hacen siempre los mejores documentalistas), resultando así el -desesperante- proceso de búsqueda en el auténtico protagonista de la función. En esta ocasión, no importa tanto el ''qué'' sino el ''cómo''.

Mezclando de forma valiente el documental y el cine de animación más calculadamente rudimentario, el cineasta talla, a partir del barro que le vio crecer, una serie de figuras que, combinadas con un excelente trabajo de recopilación (pero sobre todo, de comprensión) de material de archivo, hacen que los millones de gritos que se oyeron entre 1975 y 1979 en los interminables arrozales de Camboya bajo la brutal dictadura de Pol Pot, se silencien en los altavoces de la sala... para que así puedan resonar con toda la fuerza de la Historia en nuestra cabeza. 

Más allá del aprovechamiento brillante de los documentos y del -sobresaliente- sentido narrativo, la arriesgada propuesta de Rithy Panh cautiva desde el primer al último fotograma por ser una lección maestra de Historia aplicada al cine.

No sólo es un contundente paseo por la macabra huella de los Jemeres Rojos (cuyo impacto en ningún caso se logra aquí con imágenes desagradables), sino que también es una lúcida y esperanzadora reflexión sobre cómo, hasta del terror, puede surgir la esperanza; sobre cómo el séptimo arte es también una de las más poderosas armas a la hora de conservar una memoria vitalmente necesaria, que ni los temores más culpables ni los gritos más estridentes de este planeta deberían ser capaces de acallar. No es por el gusto sádico de remover la mierda (que a día de hoy sigue habiéndola... y mucha), mucho menos por ver qué pasa cuando se abren las heridas mal cicatrizadas, es por la firme voluntad de que lo más sagrado (fruto quizás del mismísimo infierno, de acuerdo) no muera por obra y gracia de un olvido demasiado a menudo impuesto. Una imagen perdida a cambio de una memoria (re)encontrada. El trato no podía ser más atractivo.

Vocabulario Fundamental. Asesinato (11) 'Into the abyss', de Werner Herzog



"En el caso de Into the Abyss siempre estuvo claro que el epicentro de las cosas era el crimen, un crimen que está más allá de mi comprensión. Me pareció muy aterrador, ya que era tan extraordinariamente absurdo, totalmente nihilista. Es por eso que me intrigó, quería saber qué había detrás de él: ¿Quiénes son los autores? ¿Quiénes son los supervivientes? ¿Quiénes son los detectives de los homicidios? ¿Qué aspecto tenía la la escena del crimen?" Werner Herzog

"(...) paisajes de pobreza y desolación americanas tomados desde la ventanilla de un coche en marcha: gasolineras en ruinas, anuncios de iglesias apocalípticas junto a las carreteras, las redes de alambre espinoso de una prisión, viviendas en caravanas viejas rodeadas de basuras." Antonio Muñoz Molina

Hoy publicamos 'Into the abyss', un trabajo del documentalista y cineasta alemán Werner Herzog que reflexiona sobre la pena de muerte y la violencia en la sociedad estadounidense a través del caso de dos asesinos convictos, dos jóvenes blancos de clase baja, la llamada 'white trash'. En octubre de 2001 en una deprimida zona rural de Texas Michael Perry y Jason Burkett, tras una noche de drogas y alcohol, entraron en una zona residencial de clase alta y mataron a tres personas para robar un coche que guardaban en su casa, un Chevrolet Camaro rojo. Tras el asesinato, Perry y Burkett condujeron durante tres días con el coche de un lado a otro, en una alocada huida que terminó en un tiroteo con la policía, su detención y su posterior encarcelamiento y juicio. Perry fue condenado a la pena de muerte y Burkett a cadena perpetua, aunque ellos siempre mantuvieron su inocencia a pesar de las pruebas en su contra. 

Herzog accede a las grabaciones del lugar de los crímenes y en sus entrevistas a los relacionados con el caso (los dos asesinos, sus familiares, los familiares de los muertos, el reverendo que va a escuchar a Perry antes de su ejecución, amigos, conocidos...) muestra los trastornos psicológicos evidentes en los múltiples damnificados por el mismo, retratando una sociedad perturbada por la miseria y la ignorancia, por la violencia explícita que permite el fácil acceso a toda clase de armas y la frustración de quienes quedan en los márgenes del sueño americano. Herzog, como europeo, intenta diseccionar esa cultura de muerte que es la de la pena capital, escrutándola desde todos los ángulos posibles. Los detalles de los crímenes ocurridos y el inminente asesinato a sangre fría institucionalmente ejecutado se añaden a la narración para dotarla de un dolor y una oscuridad que escalofrían e impregnan el ánimo de quien lo ve, hasta tiempo después de haberlo acabado. VER DOCUMENTAL ONLINE



Lecciones de abismo


Este hombre joven, Michael Perry, que parece todavía más joven de lo que es y que tiene un flequillo tieso sobre la frente y mira con la intensidad impúdica de un niño, será ejecutado exactamente dentro de diez días. Las dos paletas prominentes exageran su sonrisa y su risa fácil y le dan un aire de caricatura de dibujos animados. Su palidez malsana es la de quien desde hace mucho tiempo no conoce otra luz que los neones punitivos de una galería de condenados a muerte. Tiene veintiocho años, pero podría tener quince o dieciséis, dieciocho como máximo: como si se hubiera quedado en la edad que tenía cuando una noche de pastillas y alcohol fue con un cómplice a robar un coche deportivo rojo que a los dos les gustaba mucho en el garaje de una casa en una zona residencial de Tejas y acabó asesinando a tres personas: la dueña de la casa y del coche, su hijo de dieciséis años, un amigo de su hijo. Al cabo de menos de tres días de ir atolondradamente de un lado a otro en el reluciente coche rojo, y después de un tiroteo y de una huida insensata sobre el asfalto de una zona de descanso para camiones de gran tonelaje, Perry y su cómplice, Jason Burkett, fueron detenidos. En ningún momento hubo dudas sobre la culpabilidad de ninguno de los dos. Perry fue condenado a muerte. Burkett a cadena perpetua.

Perry es menudo, móvil, con una agitación de ardilla, más visible en el espacio hermético del locutorio donde responde a una entrevista, a través de una pantalla de plexiglás. Viste un mono de prisionero blanco y las paredes y los barrotes y la puerta con rejilla metálica del locutorio están pintadas de un blanco sucio de mugre y desconchones. Burkett es alto, serio, con una cabeza imponente, con ojos claros y lentos. Empezó a cumplir su condena con 19 años. Cuando recapacita que en el mejor de los casos podrá solicitar la libertad condicional dentro de cuarenta le cuesta hacer el cálculo de la edad que tendrá entonces. Cincuenta y nueve años, dice con incredulidad, mirando al vacío, abrumado por el peso de una duración inconcebible.


El interlocutor al que se dirigen permanece invisible para nosotros, aunque escuchamos su voz, que se expresa en un inglés muy correcto con acento alemán. Es la voz de Werner Herzog, que yo escuché en este mismo cine hace siete u ocho meses, en otro documental sobre las pinturas de la cueva de Chauvet, Cave of forgotten dreams. En él las linternas encendidas novelescamente sobre los cascos de espeleólogos alumbraban una oscuridad que se había mantenido intacta durante treinta mil años. El documental sobre Michael Perry y Jason Burkett y el torbellino de sangre que los dos desataron para robar un coche rojo se titula Into the abyss, y la negrura que explora es mucho más difícil de traspasar que la de una gruta prehistórica. La austeridad visual es máxima: una galería de personas que hablan mirando a la cámara o apartando los ojos de ella para romper en llanto o para quedarse ensimismadas; filmaciones de la policía tomadas en los lugares de los crímenes o en el lago en mitad de un bosque donde los asesinos arrojaron los cadáveres; paisajes de pobreza y desolación americanas tomados desde la ventanilla de un coche en marcha: gasolineras en ruinas, anuncios de iglesias apocalípticas junto a las carreteras, las redes de alambre espinoso de una prisión, viviendas en caravanas viejas rodeadas de basuras.

Herzog mira y escucha. Hace preguntas cortas y educadas. El impacto del crimen provoca ondulaciones concéntricas de sufrimiento que nunca se extinguen, ni siquiera cuando uno de los asesinos ha sido ejecutado. La hija y hermana de dos de las víctimas pone sus fotos encima de la mesa para hablar de ellas, y los muertos, al cabo de solo diez años, ya tienen un aire tristísimo de anacronismo, en la melena teñida de la madre, en su sonrisa contra un fondo azul eléctrico; también en el corte de pelo del adolescente que se quedó congelado para siempre en una moda ya obsoleta. Pero para esta mujer que pone delante de la cámara las fotografías de los suyos el tiempo tampoco parece que haya pasado. Aún se niega a tener un teléfono en casa. No quiere que haya un teléfono para que así no exista la posibilidad de otra llamada que corte en seco la vida para anunciar una desgracia.

Los objetos resisten al tiempo con igual contumacia que los recuerdos. El detective que investigó los crímenes y detuvo a Perry y a Burkett señala en un depósito de la policía el Camaro rojo que lleva diez años aparcado allí, entre otros coches relacionados con delitos, coches viejos y estropeados por la intemperie, con cristales o faros rotos, con abollones, con agujeros de balas que se han ido oxidando. El coche rojo ya es una ruina. Lo tuvieron que cambiar de sitio porque un árbol que había echado raíz en una grieta del asfalto estaba creciendo en su interior, entre el desorden de las esquirlas de vidrio y los restos de botellas y recipientes de comida basura que nadie retiró después del tiroteo.

Nadie puede inventar estas cosas. Hay zonas de experiencia en las que la ficción no sabe o no puede aventurarse. No hay película de terror que dé más miedo que esas imágenes rodadas por la policía en el lugar del crimen con una tosquedad de vídeo doméstico, mal iluminado, con movimientos bruscos de cámara: en un salón de distinguido mal gusto todas las lámparas están encendidas y los anuncios y las imágenes de una película se suceden delante de un sofá en el que no hay nadie; el movimiento torpe de la cámara capta la sangre que salpica el dintel de una puerta, la pared, las molduras del techo, como cuando estalla una cafetera o una olla a presión mal cerrada; sobre el mostrador de mármol de una cocina hay una bandeja con pegotes de masa de galletas que alguien estaba a punto de poner en el horno cuando sonó el timbre de la puerta; junto a la bandeja está abierto un libro de recetas; en el suelo de cemento del garaje hay una zapatilla deportiva y un rastro de sangre; junto a cada pista la policía ha puesto pequeñas etiquetas numeradas.

La sala de las ejecuciones por inyección letal es un cuarto de dimensiones mezquinas con las paredes pintadas de verde eléctrico. La camilla sobre la que se tiende al reo tiene dos extensiones laterales para poner los brazos. Atado por varias filas de correas el condenado extiende los brazos como en una crucifixión horizontal. La cortina verde se descorre y los testigos pueden ver la ejecución tan de cerca como si se celebrara en una salita familiar. El formulario en el que se certifica la muerte es una fotocopia de baja calidad. Cuando Michael Perry estaba a punto de perder el conocimiento la hija y hermana de dos de sus víctimas lo miraba a los ojos a través del cristal y vio que por la mejilla se le deslizaba una sola lágrima.

20 de septiembre de 2014

Campanadas de la Historia (47) Napoleón en Rusia: el desastre de La Grande Armée


Aunque hace tiempo ya la abordamos en un post sobre el General Invierno que ha ayudado a Rusia a destruir a quienes han osado invadirla, en esta nueva entrega de Campanadas de la Historia viajamos a 1812 de la mano de un magnífico documental del canal Arte France realizado por Fabrice Hourlier. En él podremos conocer mejor una las debacles militares de la Historia, la terrible epopeya vivida por La Grande Armée, el enorme ejército (el más grande de la Historia hasta entonces) que, comandado por Napoleón Bonaparte, invadió la Rusia del zar Alejandro I en junio de aquel año teniendo que retirarse ignominiosamente meses después, en un dramático periplo que costaría la vida a centenares de miles de personas y animales.

Napoleón en Rusia 1 La batalla del río Moskova




Napoleón en Rusia 2 La batalla del Berezina

Ciclo de cine de animación (26) 'Ruin', de Wes Ball





Ruin es un un cortometraje digital independiente creado por el realizador Wes Ball en 2012 desde su empresa OddBall Animation. Este corto de animación por ordenador en 3D son ocho minutos de persecución, acción y robots, todo ello ambientado en un mundo post-apocaliptico, en una ciudad derruida y reclamada por la naturaleza. Pura adrenalina. 



19 de septiembre de 2014

Un mundo mejor es posible (33) En Portada y el alma de Berik

Una vez más, los magníficos periodistas que hacen posible En Portada, un programa fundamental de nuestra televisión pública, demuestran por qué el periodismo de investigación y denuncia que practican está imbricado con descubrirnos las realidades que han sucedido y suceden en el mundo, a veces implicándose personalmente en ellas. Una de esas historias les condujo hace unos meses a investigar las consecuencias de las pruebas atómicas de la antigua Unión Soviética (la actual Kazajistán) en las personas que vivían cercanos a los campos de pruebas, en reportaje 'Hijos de la guerra atómica', uno de los más premiados de los últimos años. El eje de ese reportaje fue Berik Syzdikov, un joven con el rostro deformado por bultos cancerígenos seguramente provocados por aquellas pruebas. Sin embargo, una vez terminado aquel trabajo e impactados por la historia de Berik, José Antonio Guardiola (director del programa), el realizador Miguel Ángel Viñas y Carlos Franganillo (en aquel momento corresponsal de TVE en Rusia) usaron el dinero de varios premios recibidos para traer a Berik a Madrid y que pudiera ser sometido a una operación quirúrgica que al menos paliara los terribles efectos que en su rostro dejó aquella radiación fatal.

En Portada. "El alma de Berik"

José Antonio Guardiola 16.09.2014


Berik es un tipo que estrecha la mano con fuerza. No rehúye el abrazo, al contrario, lo busca. Berik es un tipo anegado de mala suerte en su vida. Aparentemente alegre, pero azotado por una fuerte marejada interior.

El origen del reportaje

El rodaje de El alma de Berik fue una experiencia que nos descosió como periodistas. La involucración con el personaje y su drama, vivida día a día en nuestra propia ciudad, en nuestra propia casa, desbordó los límites que habitualmente nos marcamos en nuestra profesión. No hay arrepentimiento. Sólo reconocimiento de que en este caso nos dejamos impactar más que en otras ocasiones por la tragedia de nuestros “personajes”.

Todo comienza hace casi dos años. Por razones diferentes, Carlos Franganillo y Miguel Ángel Viñas entienden que la vida de Berik debe reflejarse en un reportaje de En Portada. Así lo hicimos y se tituló Hijos de la guerra atómica. Un gran trabajo que mereció la medalla de oro del festival de Nueva York. Lo estrenamos el 19 de septiembre de 2013. Apenas unos días después de su estreno, llama a la redacción el cirujano Christian Weigand. Su propuesta es clara: si lográis traer a Berik a España yo le opero. Suena fácil, pero a partir de ese momento todo son complicaciones.

Preguntas, cuentas y golpes de suerte

Primera pregunta: ¿Y eso cuánto cuesta? Segunda: ¿Querrá venir Berik? Tercera: ¿Sus tumores serán operables? ¿Le curaremos o simplemente mejoraremos su aspecto? 

-Guardiola: ¿Carlos? Creo que tenemos presupuesto. Nos acaban de dar un premio justo de 5.000 euros. Y hubo una quinta, y una sexta… Y todas las preguntas que nos hacíamos nos devolvían a la primera. Cuánto cuesta. Hicimos un cálculo y determinamos que no saldría por menos de 5.000 euros aprovechándonos de la desinteresada colaboración de Weigand y la clínica en la que opera, la Ruber de Madrid. Ahí surgió el primer golpe de suerte. Durante esos días nos concedieron el premio Defensa de Televisión por el reportaje AMENAZAcyber. Dotación económica: 5.000 euros.

-Franganillo: Fenomenal. Pues si te parece, llamo a Berik y le comento que existe la posibilidad de llevarle a España para operarle…

Berik llega a Madrid en los primeros días de abril. En apenas una mañana se le realizan todas las pruebas preoperatorias, un escáner cerebral, un historial genético… Por fin tiene un diagnóstico claro: neorofibromatosis. A bote pronto y en pocas palabras: Su enfermedad no tiene cura, sólo se puede aspirar a mejorar su aspecto, a reducir el tamaño de esos tumores que le tienen recluido en su casa de Semey.

Complicaciones, presupuestos que se disparan y ¿un final feliz?

Según pasan las semanas, todo se complica. Los riesgos se disparan, las seguridades se derrumban, las dudas nos arrinconan y nos llevan a pensar que el esfuerzo no habrá servido de nada y habrá que devolver a Berik a su Kazajistán tal como llegó a España… El presupuesto se desborda. Franganillo decide destinar al proyecto parte de la dotación de su Salvador de Madariaga. Y es en ese preciso instante en el que surge la figura casi providencial del padre Ángel. 

El presidente de Mensajeros de la Paz acude una tarde de mayo al apartamento del barrio madrileño de Legazpi que hemos alquilado para Berik y su madre. Le estrecha la mano, conversan. Berik decide dedicarle su canción favorita. Se encariñan. “Guardiola –concluye el padre Ángel-, a Berik no le devolvemos así a su país. Le operamos aquí como sea”. Y así fue y de eso trata nuestro reportaje.

Tuve muchas conversaciones con mi ya amigo Berik. Y en casi todas ellas me recordaba cuánto le irritaba que los niños de su barrio se rieran de su desgracia. “Si al menos me pudiera quitar estos bultos y poner gafas de sol…” Hasta aquí quiero escribir, quien quiera saber si Berik utiliza hoy gafas de sol que vea El alma de Berik.


Cómo se hizo 'El alma de Berik'

16 de septiembre de 2014

Vocabulario Fundamental. Comida (19) Otra agricultura es posible










¿Qué tienen en común millones de trabajadores sin tierra en Brasil, unos microbiólogos en Francia, la mayor plantación orgánica en Ucrania y las granjas experimentales en la India? Su lucha: mejor calidad de la tierra y acceso a semillas. Sus metas: autosuficiencia agrícola y mejor uso de los recursos limitados. 

'Solutions locales pour un désordre global' es un documental del año 2010 dirigido por el francesa Coline Serreau que explora las distintas alternativas que la agroecología o agricultura orgánica ofrece para reformular el modelo agrícola mundial y solucionar sus enormes carencias y servidumbres a grandes corporaciones como la archivillana Monsanto. Para realizar este documental, Serreau necesitó tres años para recorrer varios países como India, Brasil, Francia y Ucrania para retratar a hombres y mujeres comprometidos con el entorno natural donde desarrollan ideas tan sencillas como sostenibles y rentables que podrían solucionar los desórdenes agrícolas mundiales. 

Globalización, capitalismo y otros resortes de poder (39) 'Raposa Serra do Sol, la lucha decisiva', de Cipó Company

Premio al mejor documental en el Festival de Cine Solidario de Granada / Premio al mejor mediometraje en la III Mostra Amazónica de Cine Etnográfico Realizado por CIPO Company, y con el apoyo de la ONG Pueblos Hermanos, cuenta la lucha de los indígenas de Raposa Serra do Sol frente a los latifundistas arroceros que invadieron sus tierras. Los pueblos indígenas de Amazonia luchan por defender su territorio y su forma de vida, ante la presión del agronegocio.



Raposa Serra do Sol: la lucha decisiva de los pueblos indígenas de Brasil

En Brasil, dos modelos de desarrollo luchan por ganar una crucial batalla: el de los pueblos indígenas y el de las corporaciones del agronegocio. Raposa Serra do Sol se ha convertido en el emblema de esta lucha para los pueblos indígenas del país.

Diagonal Movimientos - Marta Caravantes Redondo / Madrid 02/10/08 

Raposa Serra do Sol –situada en la Amazonia brasileña al nordeste del Estado de Roraima– es una tierra de agua y abundancia, demarcada y homologada por el Gobierno de Lula en 2005. Allí viven más de 19.000 indígenas de los pueblos macuxi, wapixana, taurepang, patamona e ingarikó. A pesar de la prohibición de entrar en tierra indígena, en 1992 se detectaron por primera vez las invasiones de los latifundistas arroceros. En sólo 13 años las plantaciones crecieron siete veces hasta alcanzar las 14.000 hectáreas.

Violencia y miedo

El pasado mes de abril, el presidente Lula envió a la Policía Federal a expulsar a los arroceros. Los latifundistas respondieron con violencia. Diez indígenas fueron heridos. “Comenzaron a dispararnos, tiraron bombas y empezamos a retroceder. Fui herido en la pierna, en la espalda y también en la cabeza”, nos comenta un joven macuxi. Santinha da Silva estaba también con sus tres hijos el día de la agresión. “No voy a decir que no tengo miedo”, afirma, “pero voy a enfrentarlos. Si ellos quieren matarme, que me quiten la vida, pero dejando la tierra para mis hijos”. 

Días después de las agresiones, una decisión de la justicia brasileña provocó el estupor en las organizaciones indígenas. El Tribunal Superior Federal no sólo decidió cancelar la operación policial del presidente Lula para expulsar a los latifundistas, sino que admitió un recurso que, de prosperar, permitirá a los arroceros continuar en tierra indígena, creando un peligroso precedente. Ningún arrocero ha pagado las multas por deterioro ambiental y tampoco hay nadie en prisión por las agresiones a los indígenas. “Ya fueron presas algunas de esas personas, pero por períodos muy cortos, ya que disponen de recursos y mucha influencia política que consigue convertir los procesos en disputas jurídicas interminables”, afirma Paulo Santille, coordinador de Identificación y Delimitación de las Tierras Indígenas de la FundaciónNacional del Indio (FUNAI). Se puede hablar de “una guerra declarada contra los pueblos indígenas por parte de los sectores que tienen intereses económicos en sus tierras”, asegura Rosane Lacerda, profesora de derecho de la Universidad de Brasilia.

Marcados como el ganado

Durante cinco siglos los pueblos indígenas de Raposa Serra do Sol han sufrido reiteradas invasiones en sus tierras: conquistadores portugueses, ganaderos, garimpeiros (buscadores de oro) y latifundistas. Todos utilizaron a los indios como peones e, incluso, los ganaderos llegaron a marcar a los indios igual que a las reses. Orlando Pérez da Silva, tuxaua (jefe indígena) de la aldea de Uiramutá, confirma con su relato de vida la trágica historia. “Llegaron los no indios e invadieron nuestras tierras. Empezaron a contratarnos en sus fazendas. Cuando un indio reclamaba su salario, le dabanuna paliza y le echaban”. Orlando vivió seis años como esclavo. “Vivíamos totalmente esclavizados. Para comprar una hamaca teníamos que trabajar un mes entero”.

El único país con nombre de árbol extinguido

Beto Ricardo, coordinador del Instituto Socioambiental de Brasil (ISA), considera al Gobierno de Lula como un “Gobierno desarrollista” inmerso en un clima de “cierta euforia económica”. “La presión sobre losindígenas es múltiple –sostiene– no sólo por parte del agronegocio, sino también por obras públicas como carreteras, hidroeléctricas, diques…”. Para el coordinador del ISA, “las tierras indígenas no sobrevivirán si no hay un reordenamiento ecológico y económico del país y de la Amazonia”. Como metáfora de lo que sucede, comenta que “Brasil es el únicopaís con nombre de un árbol extinguido”. Beto Ricardo se refiere al pau Brasil, de cuya madera se extraía una tinta roja muy apreciada por la aristocracia europea.

Problema del mundo entero

La presión sobre las tierras indígenas del agronegocio se ha intensificado a partir de la producción de los agrocombustibles y de la necesidad de producir piensos para alimentar la cabaña ganadera mundial. Una de las organizaciones que se dedica a coordinar la lucha indígena es la Comisión de Organizaciones Indígenas de la Amazonia Brasileña, presidida por el indio sateré-maué, Gecinaldo Barbosa, para quien “la ministra de Medio Ambiente [Marina Silva, que dimitió el pasado mes de mayo] fue sacrificada por el agronegocio. Ese poder está ganando fuerzas y cercando al presidente Lula”. Para Barbosa, el problema trasciende las fronteras de Brasil: “Amazonia es de Brasil, pero el problema es del mundo entero; el problema es de quien defiende la vida”.

La propuesta indígena

En Brasil hay 604 tierras indígenas, habitadas por 215 pueblos distintos que hablan 180 idiomas e innumerables dialectos. En ellas viven 600.000indígenas. En su cosmogonía no existen las fronteras, ni la burocracia, ni la pertenencia de la tierra a ninguna persona. Ahora luchan por adaptarse a la nueva realidad para poder defender su tierra y su modelo de desarrollo, pero sin perder su identidad. Piensan que tienen mucho que aportar en un momento que la naturaleza se “está rebelandocontra el mundo”. Gecinaldo Barbosa asegura: “vamos a resistir hasta el final de nuestras vidas. Como pueblos indígenas vamos a defender la naturaleza porque tenemos esa concepción de la vida, esa cosmogonía del mundo para el futuro de la humanidad”. La ONG Pueblos Hermanos (www.puebloshermanos. org.es) y la empresa audiovisual CIPÓ(www.cipocompany.com) han lanzado una campaña de concienciación.

15 de septiembre de 2014

Globalización, capitalismo y otros resortes de poder (38) 'Four horsemen', de Ross Ashcroft


De la web de Bizzentte importamos los tres documentales de la miniserie documental británica 'Four horsemen' (dirigida en 2012 por Ross Ashcroft y traducida por 'Los cuatro jinetes del nuevo Apocalipsis'), en la que mediante testimonios de hasta 23 pensadores y ensayistas internacionales como Noam Chomsky, Herman Daly, Joseph Stiglitz o Max Keiser se analiza cómo está configurado el sistema capitalista neoliberal anglosajón (y por extensión, el resto del mundo) que nos afligebasado en la deuda y el consumismo desbocados, la explotación de los recursos naturales y la especulación inmobiliaria y financiera

A medida que la economía mundial continúa en caída libre, un mayor número de voces críticas intentan dar con la solución al problema. Veintitrés pensadores de todo el mundo se han juntado en esta serie documental para romper su silencio y explicar cómo el mundo está concebido en realidad. Sus puntos de vista trascienden en los principales medios de comunicación y describen en términos sencillos lo que es necesario abordar en nuestras universidades, en los gobiernos y en las estructuras corporativas, si no queremos enfrentarnos a un futuro todavía más sombrío. 

Sin embargo, no incidiremos en lo mismo de siempre, no daremos la paliza a los banqueros, no criticaremos a los políticos ni buscaremos teorías conspirativas. Examinaremos los sistemas bajo los que hemos decidido vivir y sugeriremos fórmulas que podemos cambiar. Un interesante debate sobre las medidas que habría que tomar para la llegada de un nuevo orden económico mundial, un sistema que permitiría mejorar sustancialmente la calidad de vida en todos los países..



Capítulo 1



Capítulo 2



Capítulo 3


Vocabulario Fundamental. Arquitectura y Vivienda (5) ¡Se acabó la fiesta!




"Se acabó la fiesta" es un documental de 2011 que analiza a través de entrevistas tanto a arquitectos (Emilio Tuñón, Luis Moreno Mansilla, Blanca Lleó, Richard Rogers), críticos (Llátzer Moix, Félix de Azúa) y editores (el Croquis) lo que ha sido la arquitectura española durante los últimos 20 años y reflexiona acerca de lo que debería ser a partir de ahora.