Visita nuestra web. Todo más ordenadito, mejor.

3 de noviembre de 2014

Vocabulario Fundamental. Corrupción y Fraude (18) El pequeño Nicolás

Estos tiempos de esperpento y estupefacción diarios que se suceden en la España contemporánea nos están dando para conocer personajes representativos del más reaccionario estrato de la sociedad española, como este jovezno neoliberal que las hemerotecas ya recogían con quince tiernos añitos, empujando reporteros de CQC para Esperanza Aguirre, cuando comenzaba su doctorando en fraudes, imposturas y estafas. Y lo hacía en el mejor entorno para ello, en esa casta social neoliberal y codiciosa donde nadie puso nunca en duda su estrafalario currículum, nadie demostró un atisbo de inteligencia o sentido crítico para cuestionarle, el perfecto ecosistema donde poder medrar explotando, justamente, los defectos de sus admirados. Siendo como ellos, igual de postizo, de chupacámaras, de frívolo, de clasista, de embaucador, con un tren de vida desbocadoigual que los suyos, que ahora le niegan. Y con la misma impunidad. Porque un poco por esa simpatía despertada en muchos y otro poco por el recelo de los empresarios estafados a dar su nombre (y por consiguiente a denunciar), nos encontramos con que este individuo se encuentra en libertad a pesar de estar acusado de falsificar informes del CNI y hacerse pasar por miembro del mismo y del Gobierno.

De sus andanzas hemos podido ir conociendo por sus numerosas fotos con toda suerte de prebostes conservadores y los numerosos artículos, memes y disquisiciones sobre su abrupta aparición en la vida pública que se han sucedido desde su descubrimiento doblando la cerviz ante el rey hasta ser detenido por policías nacionales, a alguno de los cuales intentó sobornar prometiendo cargos de ministro en Guinea (!). Nos quedamos con las reinterpretaciones de Joaquín Reyes en El Intermedio y Raquel Martos en Infolibre de este penúltimo síntoma de putrefacción del sistema. Reír por no llorar. 


Muy fan de... Francisco Nicolás


Francisco Nicolás, criatura, solo faltabas tú en esta tragicomedia ibérica que no acaba nunca. Estoy dudando entre llamar a la Supernanny para que te de un repaso, o abrir una petición en Change.org para que te dediquen una rotonda. Que un pezqueñín con cara de recién pescao consiga que piquen el anzuelo ciertos peces gordos, tiene mérito. Muy fan.

Tus hazañas nicolasianas ponen en entredicho tu catadura moral y la salud de esa cabecita que hay debajo de tu melena. Pero hace lo propio con la perspicacia de los estafados por un trilero sub-21, la honradez de los que se ponían en tus manos para que les sacaras de algún lío, la integridad de los que se dejaban enredar a cambio de un enchufe y la listeza de los listillos que, con tal de pillar cacho, se fían del primer timador veinteañero que les hace ojitos y les susurra cantidades bonitas de dinero al oído.


A saber:

–Estafaste, presuntamente, a un empresario 25.000 euros por las gestiones para la venta de una finca en Toledo.

–Levantaste, presuntamente, 65.000 euros a otras “víctimas” con excusas variadas: 10.000 para organizar un desayuno informativo –se llevó a cabo, aunque presiento que no te dejaste toda la pasta en churros–; 54.000 de un préstamo que devolverías en breve con intereses; y lo mejor, 1.000 euros para comprar entradas pa' la final de la Champions, prometiéndole al que soltaba la tela una cita con Amancio Ortega.

–Contactaste con el abogado de la dinastía Pujol haciéndote pasar por un enviado del CNI y la Vicepresidencia del Gobierno y le exigiste la pela a cambio de gestiones para mejorar la situación judicial del exhonorable. El letrado no tragó, chico listo, o igual le enseñó una foto tuya a la férrea Ferrusola y le ordenó que te mandara a la merda.

–Miguel Bernard, secretario general de Manos Limpias, dice que le visitaste para convencerle de que convenía que no imputaran a la infanta Cristina… Ah, y le aseguraste que tenías el móvil de don Juan Carlos porque te lo había dado Carlos García Revenga, exsecretario personal de las infantas. Sublime.

–A una de tus “víctimas” le contaste que eras testaferro del rey Felipe VI y que éste quería comprar su empresa por 25 millones de euros. Me imagino a su majestad, que no gana para disgustos con la familia, recién levantado, leyendo en pijama su nombre junto a la palabra “testaferro”, con los pelos de punta como su homólogo Don King. Te digo yo que a Letizia, esa mañana, se le atragantaron los tres huevos de la dieta Perricone.

Que te hicieras pasar por asesor del Gobierno dice poco de los que tragaron con la idea de que un pipiolo a medio formar pudiera contribuir a tomar decisiones gubernamentales ¿o… dice mucho? ¿Acaso el nivel que presumen a los asesores de los que dirigen es así de bajo? ¿Será que hay más Franciscos Nicolases en esos puestos y por eso no chirría tu presunta presencia? Eso explicaría algunas decisiones de los que mandan…

A lo de hacerte pasar por agente de CNI, le veo más encaje con la realidad, porque para colar un espía el susodicho debe parecer todo menos eso. Una Mata Hari enseñando ombligo, con su diadema de pedrería cayendo sobre la frente y fumando en boquilla larga, cantaría la Traviata en estos días, pero un chavalito con cara de pasmadín, peinado de Nuevas Generaciones style y arregladito como pa ir a ligar a lo que fue Pachá, en sesión de tarde, es el despiste perfecto. Ni Mortadelo disfrazado de nazareno resultaría menos sospechoso.

En tu declaración ante la policía, ofreciste tal cantidad de nombres y datos, que los agentes pidieron al mismísimo CNI que aclarara si tenías que ver algo con la Inteligencia del país, a lo que los responsables respondieron en plan Anthony Blake: “El testimonio de este muchacho es fruto de su imaginación”.

Lo que no parece fantasía tuya es que, al menos en una ocasión, te trasladaste en un vehículo oficial del Ayuntamiento de Madrid. Fue durante aquella excursión a Ribadeo, donde se supone aparecería el rey. Te acompañaba un escolta del Ayuntamiento, que ha sido apartado de la unidad y están investigando si había otro más en aquel coche en el que disfrutabas haciéndote selfies desde el asiento de atrás, como una Miss Daisy 2.0.

Nos queda tanto por saber… por qué tenías placas de la policía, sirena oficial y acceso a lo inaccesible. Qué hay detrás del alquiler de ese chalet de lujo en el Viso donde te montabas tus business y tus fiestas. Habrá que dilucidar, en fin, si eres un impostor que va por libre o un síntoma de algo más preocupante…

A estas alturas, yo no sé si lo tuyo es para reír –leo en El Mundo que tu defensa más fuerte en este momento es una amiga tuya apodada La Pechotes– o para llorar –te detuvieron en casa de tu abuela nonagenaria–.Para reflexionar es, desde luego, y para mear y no echar gota, también.

Si a la sentencia: “tenemos los líderes que nos merecemos” sumamos ésta otra: “tenemos los impostores que nos merecemos”, el resultado es que hemos debido de ser muy malos en la vida anterior y nos merecemos este infierno. Dios mío, esto es un infierno. Veo jetas por todas partes