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30 de enero de 2015

China, el Imperio del Centro (8) Hong Kong, paraguas por la democracia


El hombre del paraguas’. Intervención artística que evoca a la diosa de la democracia y la libertad de los estudiantes de Tiananmen


En Portada. "Hong Kong, paraguas por la democracia"

En Portada viaja a Hong Kong para analizar la movilización de los paraguas
Es el principal reto al que se enfrenta Pekín desde la matanza de Tiananmen

En Portada - 09.01.2015

Jóvenes tras la estela de Martin LeeLa última vez que estuve en Hong Kong fue solo unos meses antes de que se produjese su traspaso de soberanía del Reino Unido a la República Popular China. En mi regreso para realizar este En Portada he comprobado que si entonces tuve la sensación de estar en un territorio con más sabor chino que británico, lo sorprendente es que en esta ocasión lo he percibido más británico, o mejor más internacional, que chino. Como comentaban algunos expertos, se esperaba que con el retorno a China los hongkoneses aprendiesen, sobre todo los jóvenes, a amar a la madre patria, pero eso no ha sucedido y aunque se sienten chinos, añaden que son de Hong Kong.

En el bautizado como ’Muro de Lennon’ gente anónima dejó plasmados sus deseos y mensajes de apoyo

Fue en 1996 también cuando conocí a Martin Lee, fundador del Partido Democrático y “padre de la democracia de Hong Kong”, calificativo que él rechaza. Entonces, parecía que solo él y algunos más luchaban por las libertades en un Hong Kong más preocupado por las finanzas, la economía y los negocios. Hoy, Martin Lee sigue siendo una figura importante del movimiento pro democracia, pero ya no está solo y son los jóvenes los que ahora enarbolan la lucha.

Un movimiento nacido y crecido en casa

Nos hemos encontrado con unos jóvenes que quieren más democracia y libertades. Pero, frente a las "revoluciones de las plazas", el movimiento de los paraguas se centra en la desobediencia civil, en la no violencia y no busca acabar con el sistema ni la independencia de China. Nada que ver con las revueltas árabes o con el Maidán ucraniano. La injerencia extranjera no ha existido, es un, como ellos dicen, "home grown movement”, un movimiento nacido y crecido en casa, es decir en Hong Kong.

El centro financiero de Hong-Kong, convertido en improvisada galería de arte desobediente.

Una ocupación de dos días que se prolongó durante más de dos meses. Bien es cierto que cuando llegamos ya se veía claramente que había una división en la sociedad y también en el mismo movimiento entre los que defendían seguir ocupando las calles y los que mantenían que había que seguir la lucha por otros cauces. La falta de un liderazgo único es sin duda un punto de debilidad del movimiento. Los mayores, los profesores que idearon “Occupy Central” (Ocupa el Distrito Central) habían previsto una ocupación de solo un par de días y la desobediencia civil. Los jóvenes, sin embargo, pensaron en una ocupación más larga -al final fueron 79 días-. Y la verdad es que cuando estuvimos daba la impresión de que la ocupación moría día a día.

El movimiento pro-democracia tuvo un caracter pacífico, evocador de iconos del pacifismo como Lennon, Gandhi o Martin Luther King

El régimen comunista en Pekín y el ejecutivo de Hong Kong optaron por no hacer concesiones y esperar a que el cansancio hiciese mella en los propios manifestantes y que la población terminase exigiendo su desalojo por las molestias y atascos que provocaban. Y esa estrategia ha dado resultado, al menos de momento. Las calles volvieron a la normalidad y los estudiantes a las aulas a mediados de diciembre.

¿El final del movimiento de los paraguas?

El final de la ocupación no es el final del movimiento de los paraguas. Los mismos manifestantes ya advirtieron que volverán y que solo ha sido el comienzo. Pekín se encuentra ante un gran desafío, el mayor desde la masacre de Tiananmen. La represión violenta le puede acarrear consecuencias muy negativas a nivel internacional y no va a permitir una subversión en Hong Kong ni que el movimiento se pueda extender a otras partes de China. Pero la nueva generación de hongkoneses, los jóvenes, también han dejado claro que van a plantarle cara y que no le tienen miedo. Y las dos partes saben que se necesitan.