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3 de septiembre de 2015

Campanadas de la Historia (57) 'El Rey de Canfranc', el Schindler de los Pirineos


Para levantar un poco el ánimo de la amarga e inquietante realidad recurrimos a la vivificante historia del francés Albert Le Lay, quien como jefe de la aduana francesa en la estación de ferrocarril de Canfranc, en el Pirineo oscense, y en colaboraación con la resistencia francesa, salvó la vida de muchas personas que escapaban del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial, hasta que le descubrió la Gestapo. Protagonizó entonces una huida rocambolesca escapando a bordo de un barco. Cuando terminó la guerra, rechazó cargos y honores y expresó a su familia el deseo de mantener en silencio sus actividades de esos años. Uno de sus nietos, Víctor Fairén, rompió recientemente aquel pacto y ha contado la hazaña que llevó a cabo su abuelo, un héroe desconocido al que se bautizó en su época como 'el rey de Canfranc'. Ahora José Antonio Blanco y Manuel Priede nos cuentan la historia de este Schindler anónimo en esta película documental que hoy publicamos, de como un individuo valiente utilizó su determinación y talento para salvar a tantos semejantes anónimos. Campanadas de la Historia de solidaridad y humanismo, para recuperar un poco de fe en lo mejor de nuestra especie. 



P.D. La versión que publicamos ahora es la emitida por RTVE y TV3, habiendo sido recortada de su versión original de 80 minutos para dejarla en 53 minutos y aunque hemos buscadoel original, no lo hemos encontrado. Esto es una práctica habitual en nuestras televisiones públicas (que no decir de las privadas) que para cuadrar una escaleta uniforme publican documentales mutilados de 53 minutos máximo, que sumados a otros 7' de anuncios redondean una hora. Esto se hace al precio de dejar fuera muchas escenas que pueden importantes para entender y contextualizar los documentales. Así que desde este blog expresamos nuestro rechazo absoluto a estas sistemáticas podas de la realidad que tanto le gusta hacer a nuestra declinante televisión pública. Esto y lo de doblar los docus, dos lamentables costumbres que esperamos algún día desaparezcan.



'El Rey de Canfranc', el Schindler de los Pirineos

Texto - 09.10.2013 Esteban Ramón

Entre las muchas intrahistorias de la Segunda Guerra Mundial, la del francés Albert Le Lay es una de la más peculiares y emocionantes. Un personaje que parecería casi inverosímil en una ficción. Nacido bretón, hombre de acción inquieto, ocupó el puesto de Jefe de aduana francés en la Estación Internacional de Canfranc durante el período bélico. Y ayudó a que la frontera fuera un coladero de información y de refugiados del nazismo. El rey de Canfranc, documental dirigido por Manuel Priede y José Antonio Blanco, refleja en imágenes su historia. 

“Llega a Canfranc, que no conoce de nada, y se fascina por ese lugar por ese enclave, que es una estación inmensa”, explica José Antonio Blanco. “En la Segunda Guerra Mundial, la estación va a cobrar un papel importantísimo, ya que ese corredor central va a quedar libre, él va a ser el que maneje todo, y se convierte en una persona de confianza de la resistencia francesa: A través de él van a pasar documentos y van a pasar personas”.

El documental arranca con espectaculares planos de la estación. Situada en un angosto valle, la estación tiene 241 metros de longitud, el doble de lo habitual para facilitar el cambio de ancho de vías entre la península y Europa. “Los creadores somos amantes de la naturaleza, la montaña y los Pirineos. Y sobre todo de la estación: nos llama la atención la arquitectura, el enclave que tenía”.

Un hombre clave la resistencia francesa

La publicación en el años 2000 del hallazgo de unos papeles en la estación que revelaban que entre julio de 1942 y diciembre de 1943 pasaron 86 toneladas de oro nazi con destino a España y Portugal fue el detonante. En un artículo en el diario El país aparece el nombre de Albert le Lay y comenzaron a tirar del hilo.

“Su hija al principio era muy recelosa a contar la historia pero nos pone en contacto con su hijo, Víctor Fairén, catedrático de la UNED, que nos abre la puerta a toda la historia”. La historia es la participación de Albert Le Lay en la resistencia francesa y cómo arriesgo su vida y la de su familia permitiendo que Canfranc fuera un agujero para los nazis. Por la frontera escaparon celebridades como Josephine Baker o los pintores Max Ernst y Marc Chagall, además de refugiados que escapaban del horror desde Polonia.

Canfranc hacía frontera con la Francia colaboradora del régimen de Vichy, pero cuando el III Reich se hizo con el control de toda Francia, el riesgo para Albert Le Lay y su familia aumento. “Es una persona que se mueve en una cuerda floja, creo que es la persona ideal porque por una parte tiene que bregar con los alemanes, la Gestapo, sentir el aliento detrás de su nuca día y noche”, destaca el director. “Y por otra parte, puede pasar a toda esa gente. Su sangre fría se demuestra en su huida: dejó a una hija de señuelo, para que pareciera que no pasaba nada. Es una persona que a veces te puede confundir”.

Un héroe humilde

Su huida de Canfranc tiene rasgos de película de aventuras. Llego hasta Argel desde Algeciras, acosado por la policía. Cuando terminó la guerra, su figura fue reconocida en el nuevo orden. “Le dijeron que había sido una pieza fundamental, y que eligiera ministerio. «¿Qué es lo que quieres?» Volver a Canfranc, respondió él. Era una persona superhumilde”, dice Blanco.

El documental incluye una voz ficcionada de Le Lay como narrador, e intercala las imágenes de archivo con alguna recreación de época. “Eso ayuda a introducir al espectador, para que se lo pueda imaginar”. La ingente cantidad de anécdotas que han surgido de la investigación y las entrevistan no caben en el documental de 78 minutos. “Ese valle está blindado, hay búnkers, garitas, muros de contención para los aludes. En la Segunda Guerra Mundial se utilizó como paso de mercancías para todo tipo de materiales que venían de Portugal”, dice Blanco. “Fuimos el granero de los alemanes. Aquí construimos absolutamente todo: aparte de los alimentos, las máscara de gas de los campos de concentración se hacían en Segovia, las botas en Inca, las chaquetas en Madrid”. La estación, en desuso desde el accidente de 1970 que inutilizó un puente, queda como impresionante testimonio de un momento y época trascendentales del siglo XX.