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23 de abril de 2016

Globalización, capitalismo y otros resortes de poder (52) La Naturaleza como negocio: especular con la vida

Dos interesantes documentales que fueron programados hace unos meses en 'La Noche Temática' nos acercan a la comercialización de la Naturaleza, a ese poner en valor la vida y el medio ambiente tan de moda entre el neoliberalismo. Recordemos que en nuestro sistema económico basado en el crecimiento del PIB un bosque sano y biodiverso no es valioso porque no computa en el PIB, pero sí si es convertido en madera, edificios, hoteles o campos de golf. 'Banking Nature' (Denis Delestrac y Sandrine Feydel, 2014) y 'Gambling on extinction' (Jakob Kneser, 2015) nos muestran cómo el capitalismo está convirtiendo en un negocio la protección (o no, según beneficie más) de grandes zonas de nuestro planeta, comerciando con muchas especies emblemáticas y otras igual no tanto, pero igual de esenciales, tanto por su valor intrínseco como maravillosos seres vivos como para el equilibrio de los ecosistemas naturales que, no lo olvidemos, sustentan la vida en el planeta Tierra, incluido por supuesto el género humano. 


El mercado de la Naturaleza

¿Cuánto cuesta la playa que visitas cada año, el bosque por el que paseas? ¿Cuál es el valor económico de una planta? ¿De un mamífero? ¿De un insecto? Economistas, banqueros y fondos de inversión se muestran cada vez más interesados en la crisis medioambiental, aseguran que pueden salvar el planeta si le ponen precio a la naturaleza. Bosques y especies en peligro de extinción son tratados ahora como productos financieros. En África la caza y el tráfico ilegal de marfil de elefante y cuerno de rinoceronte ha alcanzado unas dimensiones sin precedentes. Nos enfrentamos a la mayor extinción masiva desde la era de los dinosaurios. 

Bancarizar la Naturaleza

La protección de nuestro planeta se ha convertido en un gran negocio para compañías como Goldman Sachs y Merrill Lynch que compran grandes extensiones de tierra, llenas de especies en peligro de extinción para ser vendidas como “bonos”. Nuevos mercados financieros han surgido especializándose en este comercio. En países como Estados Unidos el mercado de especies amenazadas ya ha empezado. A unos 150 km al este de Los Angeles vive una mosca, probablemente la mosca más cara del mundo, “la mosca amante de las flores de las arenas de Delhi”, la mosca es una especie escasa en un territorio reducido, lo cual la convierte en una excelente inversión financiera. En Estados Unidos la protección de las especies está en manos de estos nuevos banqueros. Empresas, inmobiliarias, constructoras de carreteras, cualquiera cuya actividad ponga en peligro la fauna salvaje tiene que pagar a estos bancos. Son bancos de mitigación que han descubierto que salvar la naturaleza es rentable.

Compañías cuyas acciones destruyen el medio ambiente están ahora obligadas a pagar por ello comprando estos “bonos verdes”. Eso es lo que ocurre en Borneo donde las plantaciones de aceite de palma han sustituido al bosque primario. Borneo es la tercera isla más grande del mundo. Sus bosques tienen casi 150 millones de años de antigüedad y hace un siglo cubrían toda la isla. En la actualidad sólo queda una tercera parte de este bosque en el que viven los orangutanes. Malua Biobank es una reserva forestal en el Borneo Malayo. El estado la cedió a un fondo de inversión que creó el mayor banco de mitigación del mundo. La peculiaridad de este proyecto es que intenta dar un enfoque comercial y no benéfico a la conservación de la naturaleza. Pero, ¿obligar a quienes destruyen el bosque primario a pagar por esa destrucción salvará a los orangutanes?

Muchos economistas respetados como Pavan Sukhdev, creen que la mejor manera de proteger la naturaleza es ponerle un precio: “Usamos la naturaleza porque es valiosa, pero perdemos la naturaleza porque es gratis”. Pero otros temen que este mercado de la naturaleza podría llevar a las empresas a tener un interés financiero en la extinción de las especies. Según van desapareciendo las especies amenazadas, su valor se incrementa. Ya se han emitido decenas de miles de millones de bonos con el objetivo, afirman, de que las finanzas trabajen para salvar el medio ambiente. ¿Qué garantía hay de que las así llamadas “finanzas verdes” sean beneficiosas para el planeta? Muchos bancos se han comprometido a proteger especies sólo durante 50 años, justo el tiempo suficiente para obtener beneficios.

El marfil de elefante y el cuerno de rinoceronte se han convertido en productos lucrativos. En la actualidad, un negocio de 20 millones de dólares al año, el más lucrativo después de las drogas y las armas. Y está en manos de poderosas, conectadas y fuertemente armadas organizaciones criminales internacionales. También los grupos terroristas utilizan cada vez más el contrabando de animales salvajes para financiar sus actividades. Las cifras son espeluznantes: 30.000 elefantes morirán este año; cada 15 minutos se mata a un elefante; África Central ha perdido el 65% de su población de elefantes en la última década. Hace un siglo había 10 millones de elefantes en toda África. En 1989 el número se redujo a 600.000. Hoy en día, quedan cerca de 470.000 elefantes en estado salvaje. Si la caza ilegal continúa a este ritmo, los elefantes en libertad podrían dejar de existir en menos de 15 años. Los elefantes de la selva están al borde de la extinción. Más de la mitad de todas las cargas de marfil incautadas en Kenia el año pasado iban destinadas a China, que se ha convertido en su principal destino.

Un escenario similar es el que está viviendo la población de rinoceronte de Sudáfrica. Hasta 2007 fueron cazados menos de 50 rinocerontes al año. El año pasado más de 1.000. Vietnam se ha convertido en el centro neurálgico del tráfico ilegal internacional de cuerno de rinoceronte. Se presenta como una cura milagrosa para enfermedades mortales y también como signo de ostentación. Está aumentando tanto la demanda como los precios. Como el número de animales disminuye los precios suben. Para los expertos, la extinción ya no es una consecuencia de la caza ilegal. Se ha convertido en su propósito.




Invertir en la extinción

El marfil de elefante y el cuerno de rinoceronte se han convertido en productos lucrativos. En la actualidad, un negocio de 20 millones de dólares al año, el más lucrativo después de las drogas y las armas y está en manos de poderosas, conectadas y fuertemente armadas organizaciones criminales internacionales. Las cifras son espeluznantes, África Central ha perdido el 65% de su población de elefantes en la última década. Un escenario similar es el que está viviendo la población de rinoceronte de Sudáfrica. Hasta 2007 fueron cazados menos de 50 rinocerontes al año. El año pasado más de 1.000. Como el número de animales disminuye los precios suben. Para los expertos, la extinción ya no es una consecuencia de la caza ilegal. Se ha convertido en su propósito.