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31 de octubre de 2018

Música para camaleones (111) Charlie Fink - Firecracker

Firecracker



Been told you no good That a job that you hate Belongs in a special part of hell. It was a feeling I knew More than I wanted to Working in a Manchester Business Hotel. Rushing your plate To room 108 On new year's eve 2005. I gave two short knocks And you opened up, Not so standard business-hotel type. But sometimes your future is waiting for you Behind a hotel room door. I had spent 20 years not living my life And that wasn't my life anymore. I saw your guitar case, Asked if you play. You said, "No, it's where I keep my machine gun." I used to tour with a banjo But ever since I switched Nobody ever asks for a refund. You stand for the tree, Lean in to see. Hey, where you goin', Do you smoke? I couldn't believe, This was happening to me When you pulled out a joint from your coat. But sometimes your future is offered to you Rolled up in a cigarette. I had spent 20 years not living my life Rght till that moment we met. And it was like a firecracker, Watched from a prison yard. Sitting in that hotel bedroom, Listening to you play guitar. Oh it was like a firecracker. Oh it was like a firecracker.

Firecracker Pt.2

29 de octubre de 2018

Estupor y Temblores (63) Bolsonaro, o el horror


Ganó Bolsonaro las presidenciales de Brasil y un escalofrío nos recorre el espinazo. Su elección confirma las encuestas previas y también que la realidad siempre puede ir a peor, a mucho peor. Por la geopolítica del mundo campa el populismo neofascista encumbrando como gobernantes a auténticos despojos morales cada vez en más países, cada vez más poderosos. Desde los Estados Unidos de Trump, la China de Xi Jinping, la Rusia de Putin, la Turquía de Erdogan, la Italia del ministro Salvini, la Hungría de Viktor Orban o las Filipinas del demente Duterte, entre otros (en Francia Marine Le Pen y en España Pablo Casado andan amenazando), el fascismo de nuevo cuño se extiende por todas partes. De los países de Oriente Medio ni hablamos. Y ahora, ay, el gigante latinoamericano Brasil y el infame Jair Bolsonaro.


Racista, homófobo, machista, (todo en grado sumo), nostálgico de la dictadura militar que atormentó el país entre 1964 y 1985, a la que sólo reprocha haber torturado mucho pero asesinado poco, este apóstol del odio ha sabido capitalizar el hartazgo de los brasileños con la mala situación de la economía, la inseguridad y las corruptelas del PT, que gobernó 13 de los últimos 15 años.

Con el apoyo del cada vez más poderoso movimiento evangelista y a través de una campaña mayormente digital basada en la calumnia y desinformación ha hecho creer a casi 58 millones de brasileños que él podrá acabar con la delincuencia y la corrupción sistémicas que arrastra el país desde hace décadas, así como salir de la crisis con un paquete de reformas de corte neoliberal.

De primeras Bolsonaro ya ha prometido reducir la edad penal a los 16 años (aunque en principio propuso 12), incrementar la lucha contra los ecologistas y el movimiento indígena, ampliar la superficie cultivable de la Amazonia (es decir, destruirla a mayor ritmo) para mayor beneficio del agronegocio, ha nombrado al ultraliberal Paulo Guedes como superministro económico para privatizar todas las empresas estatales (Petrobras y Banco de Brasil incluidas), ha prometido proteger a los policías que maten con y sin razón, tipificar como terrorismo las protestas de sindicatos agrarios, abandonar el Acuerdo de París Contra el Cambio Climático (como Donald Trump), ha expresado su deseo de militarizar la enseñanza para lo que ha nombrado a un general como nuevo Ministro de Educación, además de tratar prohibir la enseñanza de ideas progresistas como la igualdad de género o el feminismo. Y con todo ello ha llegado una auténtica fractura social que ha partido el país en dos. Y lo que queda.  

En fin, llegan malos tiempos para Brasil, malos tiempos para la Amazonia, malos tiempos para todos. En 1941 el escritor austríaco Stefan Zweig huía a Brasil escapando del nazismo que se extendía por Europa. Al año siguiente acabaría suicidándose con su mujer en Petrópolis, pensando que el fascismo se extendería por el mundo. Hoy su predicción está más cerca que nunca de cumplirse, hoy no sabría donde huir. 

 

7 de octubre de 2018

Vocabulario Fundamental. Corrupción y Fraude (34) La fábrica rusa de mentiras

Fábrica de mentiras

El reportaje relata cómo el Kremlin vio en el espacio digital una decisiva arma de guerra para atacar a sus enemigos y cómo profesionales de la información se juegan sus vidas para desmontar estas mentiras. El nuevo telón de acero digital lanza una sistemática y premeditada campaña de desinformación contra Estados Unidos y Europa, para sembrar la discordia y la desconfianza en las democracias occidentales. Periodistas y activistas rusos luchan a diario contra la desinformación, mientras arriesgan sus vidas por criticar las tácticas del Kremlin.

Un supuesto soldado estadounidense disparando al Corán, entradas falsas en blogs contra Hillary Clinton, vídeos de inmigrantes que llaman al odio en Europa… Son algunos de los contenidos de esa campaña de desinformación. "Para Vladimir Putin es muy importante mostrar que en la UE, y especialmente en los países más importantes como Alemania, la situación es muy mala, que Europa está en crisis", señala Roman Dobrokhotov, editor de la revista de investigación digital Insider. "Nuestra labor consiste en explicar que la mayoría de las noticias que la gente ve en la televisión rusa son, en realidad, una especie de Hollywood ruso. Es todo falso de principio a fin".

Como él, otros jóvenes periodistas y activistas desmontan a diario la desinformación que difunde la conocida "fábrica de troles". Un ejército de expertos en técnicas de infiltración en las redes sociales, dirigido por el Kremlin y que genera cada día infinidad de noticias falsas contra intereses occidentales.