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16 de diciembre de 2019

FronteraD / Mis 5W (1) Why?

1. Why (Por Qué)

"La categoría moral e intelectual de una persona puede medirse por cuánta verdad es capaz de soportar" Santiago Beruete

Llevo mucho tiempo queriendo escribir la presentación de este espacio que generosamente me ha cedido FronteraD en sus entrañas cibernéticas para hacerme un huequito en su vasto y erudito universo cultural. Desde que primero Alfonso y luego Emilio me invitaron hace más de un año a formar parte de su proyecto nunca pude ofrecerles más que vagas explicaciones sobre lo que estaba preparando para comenzar mi cooperación con ellos. Iba a los actos y reuniones fronteradenses para ir conociendo a las personas detrás de los textos, sintiéndome feliz sólo con compartir con ellos y ellas un mismo techo, con ir conociendo y charlando con tanta gente multitalentosa, el clásico pegarse para que se te pegue. Pero a cabo de algunas reuniones me di cuenta de que el tiempo pasaba y seguía sin inaugurar mi blog y por tanto seguía sin pertenecer de pleno derecho a esta conspicua casa común. Así que decidí dejar de acudir a las reuniones hasta que no pudiera hacerlo como miembro de pleno derecho, con mi blog activado y produciendo valor añadido para la causa. 

¿Preferiría no hacerlo?

Nunca he publicado nada para otros la tarea de presentarme de forma digna en un escenario de la enorme dimensión cultural de FronteraD, para crear algo que fuera diferencial, algo representativo de lo que yo puedo aportar, se me convirtió en una cumbre himaláyica, pensando cómo escalarla pero sin decidirme a hacerlo, mirando sus alturas desafiantes, resoplando, deslumbrándome con el sol reflejado en sus formidables neveroscalculando el esfuerzo necesario para una escalada sin sherpas que me ayuden, chequeando cuerdas y piolets, acumulando mapas y suministros, bloqueado en campo base por la enorme carga de trabajo autoimpuesta, intimidado por el miedo escénico y la presión de mi vacilante autoestima.

Con la mente centrifugando pensando qué contenidos incluir y qué no, qué enfoque dar, cuánto de mí debería haber en lo que publicara y cómo debería presentarlo, pero sin decidirme a trabajar en ello realmente. Sin focalizar ni ordenar mi pensamiento, en ese improductivo cavilar iba dejando pasar los días, las semanas, los meses, las estaciones, procrastinando lamentablemente el trabajo que debería ser más fácil para mí, presentar lo que hago, lo que soy, ante unas personas inteligentes que me habían invitado a hacerlo.


Esta nueva y desafiante tarea introductora que he ido construyendo a través de mis propias 5W (los grandes interrogantes del periodismo aplicados para autodefinir mi trabajo y mis circunstancias existenciales), se encontró con una formidable acumulación de trabajo en mi propio blog (1017 entradas en elaboración y subiendo..), lo que me ocasionó un descomunal atasco mental y emocional que hizo descarrilar mi creatividad, conduciéndome a un estado de perplejidad e inacción que no sabía cómo superar. Mis jornadas laborales pasaban fugaces aunque fuera sólo manejando las informaciones del día, intentando escapar del dolor y cuidando a mi familia felina, mientras la desidia minaba mi capacidad de trabajo y una nube negra como un mal presagio se iba condensando encima mío.

Bloqueado psicológicamente, desmoralizado, no sólo no comenzaba mi bitácora en FronteraD sino que mi propio blog languidecía de inactividad y mi web, donde todo el contenido del blog es ordenado, lucía -aún luce- desactualizada, sin haber incluido en ella los posts publicados en los últimos meses. Inmerso en un prolongado estado carencial que me ha llevado seriamente a sopesar reconocer mi fracaso, mi incapacidad para crear nada más dirigido a otros y simplemente dejarlo, limitándome al goce concupiscente en la adquisición de mis dosis diarias de nuevo conocimiento o intentando afianzar el anteriormente aprendido, pero sin trabajarlo en la creación de nuevos contenidos para que alguien, en alguna otra parte, pueda participar de ello. Yo mismo me iba enredando en mis propias excusas, incumpliendo todas las fechas límite que me he iba marcando, enfangándome en una rasputitsa de autocompasión y de angustia producida por la sobrexposición a los desastres del mundo, emocionalmente exhausto, mirando mi desesperanzado reflejo en la pantalla del ordenador.

En uno de los documentales clásicos sobre el cambio climático antropogénico 'The Age Of Stupid' ('La era de la estupidez' - Franny Armstrong y John Battsek, 2009) el ya finado actor Pete Postlewaite (el padre de la película 'En el nombre del padre') interpretaba al único habitante de una inmensa plataforma flotante en el Mar del Norte, alejada de un arruinado mundo postapocalíptico en el año 2055. En sus enormes almacenes y potentes servidores electrónicos estaban guardados todas las artes y saberes de la Humanidad, junto a ejemplares disecados de cada especie animal que había habitado el planeta, una suerte de arca-reservorio natural e intelectual del Antropoceno, un gigantesco archivo documental con todos los acontecimientos climáticos y civilizatorios pretéritos provocados y desoídos por la raza humana que anunciaban, a comienzos del siglo XXI, el cercano colapso del planeta apenas unas décadas después.

Su melancólico personaje contemplaba imágenes catastróficas de un mundo a principios del siglo XXI en el que el cambio climático llevaba ya tiempo manifestándose virulentamente por todo el planeta y se planteaba la obvia cuestión de por qué no se hizo nada para evitarlo cuando aún se estaba a tiempo. Algo así me siento yo en este mi diario devenir compilador que dura ya algo más de una década, en la desolación que se me va filtrando en el espíritu mientras me hago más consciente no sólo de la de las cada vez más dañinas y ya irreversibles manifestaciones de la crisis climática global sobre los ecosistemas de todo el planeta, también de las otras inenarrables devastaciones diarias sobre las que están construidas las civilizaciones humanas y de que esta gran extinción, en la que estamos y hemos provocado, la sexta, la que acaba con 150 especies al día, la que puede hacer desaparecer un millón de especies de flora y fauna en las próximas décadas por causa de la codicia y la estupidez humanas, está en marcha y parece que eso a poca gente realmente le importa. Todo ello acabará con nosotros y nos maldecirá y condenará como especie, como la más inteligente y a la vez la más dañina y estúpida que ha pisado este planeta, lo puto peor de la evolución. La economía y los memes resistirán un tiempo, pero antes, sin darnos cuenta, habremos perdido el alma.

Mis cosas

Cuando siendo niño le decía a mi madre que a los cuarenta quería dejar de trabajar y dedicarme a mis cosas, en aquellos momentos ese difuso concepto se refería a tener una vida adulta cómoda, sin aprietos económicos ni lujos aparatosos, con una linda casa en la que hubiera animales, muchos libros y se escuchara alta la música, con el tiempo suficiente para seguir leyendo y releyendo, para seguir viendo cine y documentales, valiosísimo tiempo para seguir aprendiendo, exponiendo mi espíritu a ese conocimiento adquirido y por adquirir, una vida en la que amara y desamara a otras personas según fueran sucediéndose mis circunstancias sentimentales, eso ya se vería, pero el aprendizaje era innegociable y sobre esa premisa esperaba construir mi vida. 

Entonces no podía imaginar que en ese futuro no sólo tendría a mi disposición ese tiempo imaginado, sino también ordenadores y algo como Internet y sus buscadores, itunes, Spotify y sus infinitas posibilidades. Algunas décadas después este sueño se ha convertido en realidad, pero el precio que pago cada día por ello es otra cosa, ya se sabe lo que tienen las plegarias atendidas.