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3 de septiembre de 2015

Estupor y Temblores (45) 'Cartel Land', de Matthew Heineman



En este blog ya hemos tratado con anterioridad algunos de los grandes problemas de la política y la sociedad mexicana en otras escabrosas entradas de nuestra etiqueta 'México lindo y querido'. Hoy publicamos 'Cartel Land', una premiada producción mexicano-estadounidense dirigida por Matthew Heineman en 2015 y producida por Kathryn Bigelow (la creadora de 'The Hurt Locker' aquí llamada 'En tierra hostil'), que nos muestra una inquietante visión de dos grupos de vigilantes en la frontera México-USA y su enemigo común, los criminales cárteles de la droga mexicanos. 

En el estado mexicano de Michoacán, el doctor José Mireles, un médico de una pequeña ciudad conocido como El Doctor, dirige a las Autodefensas, una revuelta ciudadana contra el violento cártel de la droga de los Caballeros Templarios. Mientras tanto, en el valle Altar de Arizona, Tim 'Nailer' Foley, un veterano de EE.UU., encabeza un grupo paramilitar, Arizona Border Recon, cuyo objetivo es evitar que la guerra de la droga de México -y de paso los inmigrantes ilegales- se filtren por la porosa frontera entre ambos países. 

El cineasta estadounidense se infiltra en el corazón de la oscuridad de la noche michoacana mientras Nailer, El Doctor y el cártel compiten por imponer su propia justicia donde las instituciones de ambos estados no lo han conseguido. 

Esta película provoca preguntas profundas sobre cómo la corrupción, la anarquía, la ruptura del orden y la dejación de funciones por parte de los estados parece no dejar a una sociedad civil desesperada más remedio que tomar las armas por sí misma para combatir la violencia que sufren con más violencia, para al menos no ser humillados, intimidados o asesinados sin ofrecer resistencia, como hasta ahora había estado ocurriendo. 

Cartel Land - Tierra de cárteles, los dos crímenes

Por Erick Estrada - Cinegarag

“No queremos convertirnos en los criminales que estamos persiguiendo”, dice el doctor Manuel Mireles, líder indiscutible de las Autodefensas en el estado de Michoacán, México, al comienzo de Tierra de cárteles, el durísimo documental que presenta Matthew Heineman, cine fotógrafo, documentalista, editor y guionista no de este sino de otros cuatro proyectos en los que ha participado.

Con una carrera tan aparentemente corta, sorprende un poco la calidad de las imágenes con que presenta primero a los miembros de un cártel (que suponemos son Caballeros Templarios) cocinando meta anfetaminas en pleno bosque michoacano, después a los primeros miembros de las Autodefensas y más tarde a los Arizona Border Recon, un grupo de vigilantes en el desierto de Arizona que de cazar inmigrantes ilegales pasaron a enfrentar a los miembros de los cárteles que circulan por la zona en la que habitan. Un desconcertante (por real) juego de espejos.

Ahí la sorpresa se desvanece. Ver la presentación de estos tres capítulos y la cercanía con que se habla con todos estos personajes denota un trabajo previo de investigación gigantesco, profundo, largo y a conciencia. Ello explica el enfoque triangular de este problema que hoy se ha vuelto internacional y, de paso, la calidad de esas imágenes que circulan por toda la película que a pesar de ello no glorifican un gramo de cualquier cosa que se atraviesa en la lente de Heineman. Nadie se salva, ni siquiera nosotros.

Dato extra: en el cuerpo de productores ejecutivos encontramos el nombre de Kathryn Bigelow y de nuevo los estándares suben. Resulta casi obvio que con su toque la tecnología al servicio del documental es de punta (recordemos las texturas hiper realistas en The Hurt Locker y comparemos con la inserción total de las cámaras en las acciones de esta película) y que ella misma fue un apoyo seguro y concreto para el enfoque casi objetivo del documental que quiere (o quiere hacernos creer que quiere) mostrar todos los lados posibles de los involucrados en el problema (Mireles es captado en todo momento lo que hace imposible perderse sus pecados), desde los miembros de los cárteles hasta los habitantes de un pueblo que en algún momento rechazarán la participación de las Autodefensas argumentando usurpación de las funciones del ejército y el Estado mexicano que, a pesar de ello (y la película lo subraya con una elegancia abrumadora) brillan por su ausencia y muestran una debilidad escandalosa.

Y sin embargo, la película no se ensaña en ello.

La problemática de la justicia por mano propia que cientos de veces ha empujado ejecuciones sin juicio y mucho menos defensa. La tambaleante tabla en la que surfean los derechos humanos cuando el Estado (monopolizador legítimo de la violencia) se vuelve flaco y deja los huecos para que otros otorguen la seguridad que él es incapaz de concretar. La reacción esquizofrénica de un ejército que obedece las órdenes de un Poder Ejecutivo que ni propone ni dibuja un plan. Todas las preguntas desfilan en esta autodescripción (porque la cámara de Heineman pareciera ser solamente un testigo) de lo que ocurrió (y ocurre) en Michoacán mientras, con una puntualidad escalofriante ciertos toques de genialidad intensifican el amargor de esta brutal narración: vemos por ejemplo el primer aniversario de las Autodefensas anotado aquí como el comienzo de su propio declive, celebración que se llevó a cabo el mismo día que Enrique Peña Nieto apareció (por encargo) en la portada de la revista Time con el encabezado “Saving Mexico” coincidencia que, aunque no se menciona en Tierra de cárteles hay que tener presente para captar ese amargor, esa brutalidad.

¿Brutal? Sí, gráficamente hay imágenes brutales, desgarradoras. En Tierra de cárteles hay momentos de tensión casi inhumana en el que las de por sí fantasmales fronteras descritas arriba se mudan de planeta, en las que la razón deja espacio a tormentas de sangre que apenas vislumbramos pero que se sabe existen y existieron -esos gritos detrás de las paredes en los interrogatorios que las Autodefensas llevan a cabo en sus cuarteles centrales-.

Pero más brutal aún son las interrogantes que con toda la intención (y maña) del mundo el documental acomoda hacia su desenlace (que no conclusión): detectados en su narración el cruce de un machismo turbio y serpenteante en las acciones y reacciones de maleantes y vigilantes (que les autojustifica mucha de su violencia y dispara su prepotencia y brutalidad); la corrupción en la que nada el país (en mucho producto de una pésima distribución de la riqueza desde hace cientos de años); y en medio la infiltración del narco mexicano en política, economía y seguridad; mucho más brutal resulta ver la división de las Autodefensas michoacanas en busca de un beneficio más personal y el tácito abandono en el que cayó su líder Manuel Mireles quien, ahora encarcelado debe también preguntarse de qué lado están esos criminales a los que perseguía y en los que no quería que su gente se convirtiera: en el lado de los cárteles o en el lado del Estado mexicano que de la peor de las maneras encarceló a un líder que probablemente hacía demasiado ruido, un ruido que opacaba los discursos oficiales que niegan tanto la existencia de la pobreza como el tamaño del narcotráfico en México, dos cosas que las Autodefensas (ahora incorporadas a ese Estado) colocaron de nuevo en la mesa.

27 de mayo de 2015

Ciclo de cine clásico USA (24) 'Touch of evil', de Orson Welles

Lo anunciábamos al publicar el documental sobre Orson Welles y aquí está una de sus grandes obras maestras, 'Sed de mal' (Touch of evil, 1958), un film noir de deslumbrante reparto (con un Welles casi irreconocible creando un villano inolvidable y una fantasmagórica y hermosísima Marlene Dietrich) y una compleja trama sobre el poder y la corrupción. Atención a su expresionista atmósfera y al espectacular plano secuencia de apertura, un prodigio de dominio de la técnica y puesta en escena, y sin duda uno de los mejores comienzos de la historia del cine.

Sinopsis: Un agente de la policía de narcóticos (Heston) llega a la frontera mexicana con su esposa justo en el momento en que explota una bomba. Inmediatamente se hace cargo de la investigación contando con la colaboración de Quinlan (Welles), el jefe de la policía local, muy conocido en la zona por sus métodos expeditivos y poco ortodoxos. Una lucha feroz se desata entre los dos hombres, pues cada uno de ellos tiene pruebas contra el otro.


'Sed de mal', toque de genialidad

Existen varias versiones de cómo esta película terminó haciéndose realidad. (...) En realidad, Charlton Heston, que era una estrella emergente a mediados de los cincuenta, quería como compañero de reparto a Orson Welles, y se lo impuso a la Universal. Una vez convencidos, también les propuso que fuera él quien la dirigiera, propiciando su regreso a Estados Unidos, después de filmar tres películas en Europa. Welles cogió una mala novela de policías corruptos, escribió el guión en pocas semanas, y se propuso un regreso triunfal a Hollywood que nunca tuvo lugar, porque como dijera Jonathan Swift: “Cuando aparece un gran genio en el mundo se le puede reconocer por esta señal: todos los necios se conjuran contra él.”

De modo que Welles aceptó dirigir, escribir y co-protagonizar una película en la que Heston interpretaría a un improbable mexicano, y por la que sólo percibiría un salario como actor. Todo para regresar a la industria que él sabía era la única del mundo que le proporcionaría la posibilidad de hacer realidad su inconmensurable temperamento visual. Pero una vez terminada la película, la Universal la encontró indeciblemente desagradable y confusa, la mutiló de la forma más abyecta posible, y la estrenó como un producto de baja calidad, sin apenas promoción, y echando pestes de ella. Increíble, pero cierto. Y aún más increíble la reacción de los críticos americanos, pues lo más suave que dijeron de ella fue que era absurda, hasta llegar a basura pretenciosa. Así las cosas, no es de extrañar la decadencia salvaje del cine norteamericano. Pero, en cualquier caso, ningún crítico ha podido jamás hundir una gran película (del mismo modo que ningún crítico ha podido jamás “salvar” una mala película), y desde luego no pudieron con la que, en opinión de quien esto escribe, es el filme más grande que filmó Welles en Estados Unidos, a pesar de lo caro que le resultó ser profeta en su tierra.

Cuando uno revisa los filmes noir inmediatamente posteriores o anteriores a este, es algo así como situar a Bach entre grupos de música pop actuales. Al lado del genio de Welles, los logros de algunos directores de gran talento quedan completamente eclipsados. Los Wilder, Ray, Preminger, Garnett, Huston, Siodmak, LeRoy, Wellman, Walsh, Fuller, Kubrick y otros, quedan como meros artesanos, casi aprendices, al lado del coloso que dirige ‘Sed de mal’ (‘Touch of Evil’, 1958), y sólo grandes nombres como Fritz Lang, Howard Hawks o Jacques Tourneur pueden comparársele en su genio. En su inclinación apasionada a los caracteres grandiosos, en su desmesurado mundo barroco, Welles cambia el cine para siempre, y los directores de “filme noir” contemporáneos quedan anticuados cuando se observan las imágenes de esta película, que convierte al cine en algo mucho más formidable de lo que los directores “clásicos” pudieron siquiera soñar, y quizá por eso Welles fue sistemáticamente despreciado en su país. Es el problema de poseer un sentido visual y una personalidad tan extraordinarios.

Falstaff Quinlan

Lo cierto es que no resulta fácil escribir un comentario acerca de esta supuesta “basura”, porque siendo en cierta forma la cima del cine negro, también se aleja de sus constantes en ciertos pasajes para erigirse en cine de vanguardia absoluto, en una aventura abstracta, en expresionismo dinámico. Un brutal acontecimiento catalizador, la voladura de un coche en plena frontera entre México y Estados Unidos, es el disparador de una investigación a cargo del capitán norteamericano Quinlan (Welles), y de sus hombres, observados por el policía mexicano Vargas (Heston). La trama posterior, el modo en que Vargas descubre lo podrido que está el capitán Quinlan, el destapar sus prácticas, el salvar a su mujer Susie (nunca estuvo tan sensual Janet Leigh), todo eso es lo de menos. No es más que una excusa para que Welles exponga su visión, una vez más, del abuso de poder, de la soledad del hombre, de la violencia y la sordidez como nunca antes, y posiblemente después, se había visto en el cine norteamericano.

Todo comienza, bien lo sabrán la mayoría de los lectores de esta página, con uno de los planos más famosos de la entera historia del cine. No es exactamente un plano secuencia, porque no toda la secuencia está resuelta con él, pero sí es una muy larga, de asombrosa dificultad técnica, con una grúa alucinante y docenas de extras alrededor de Heston y Leigh, orquestados como si de una sinfonía se tratase. Según Welles, esta clase de planos sólo son posibles en el cine norteamericano, gracias a los excelentes técnicos que trabajan allí. Esto es un poco cuestionable, pero lo que cabe duda es que el gran Rusell Metty (según John Baxter ninguneado por Kubrick en ‘Espartaco’, aunque ganara su único Oscar por esa película) está a la altura del Gregg Toland de ‘Ciudadano Kane’ (‘Citizen Kane’, 1941) en pericia técnica y en ambición estética. Metty, secundado por Welles, lleva hasta las últimas consecuencias los claroscuros del expresionismo alemán. Sus sombras y profundidades de campo es lo más lejos que se puede llegar sin caer en la parodia.

Con los personajes envueltos en sombras excepto en las escasas escenas diurnas al aire libre (en los interiores, aunque sea de día, todo son enormes contrastes de luz), Welles dirige a los actores con mano maestra, en un amanerado juego visual, pues los actores asemejan bailarines coreografiados por una sensibilidad experta. Al mismo tiempo, el uso de la cámara es increíblemente expresivo. Lo admirable es que tanto movimiento de cámara y tanto movimiento de actores no produce una confusión visual y sí una tremenda inquietud, que va enervando al espectador progresivamente, desquiciado por unos diálogos magistrales que se suceden con la velocidad de un tiroteo. La rivalidad natural entre Quinlan y Vargas desvela el profundo racismo del primero, para convertirse en una de las críticas más feroces contra la policía de esa frontera de que hay noticia. La política, los tejemanejes de los poderosos, el cinismo de la justicia, pero también el tesón y la perserverancia de los hombres honestos, que jamás se rinden.


La presentación de Quinlan es absolutamente brutal, parecido a un Falstaff moderno (personaje shakesperiano favorito de Welles): pendenciero, vanidoso, compulsivo, hasta cruel, pero con el corazón roto. Llegaremos a odiar a Quinlan, mientras es imposible dejar de pasmarse con el fenomenal talento interpretativo del actor. Welles sólo contaba cuarenta y tres años cuando hizo esta película, pero quizá su escarpada carrera le envejeció más que la caracterización. A su lado Heston está muy bien, muy sólido y muy creíble, aunque jamás nos creemos que sea mexicano, y mucho menos cuando chapurrea español. El resto del reparto debería estudiarse en las escuelas de casting: Joseph Calleia, Akim Tamiroff, Joanna Moore, Ray Collins, Valentin de Vargas, Mort Mills... todos ellos configuran un collage de rostros salvajes, casi demenciales. La pura imagen de la corrupción y la infamia. Y el remate final es la aparición fantasmagórica de una enigmática Marlene Dietrich en un papel antológico, en el que se limita a mirar con sus ojos insondables, y a soltar nada más que un par de frases misteriosas sobre Quinlan, cual adivinadora de otro mundo.

Ya la mera utilización de la cámara para los coches en movimiento, convierte en antiguallas de arqueología las retroproyecciones que aún se seguirían utilizando durante algunos años. Y posiblemente nunca se utilizaron las grúas de un modo tan dramático (ni los contrapicados, ni los planos inclinados), exprimiendo así las últimas gotas dramáticas de cada secuencia. Claro que la grúa habría sido menos espectacular sin los escenarios diseñados por Robert Clatworthy y Alexander Golitzen, que hacen de la frontera y de cada calle un personaje más, en un barroquismo grandioso, bañado por las sombradas de Metty, vestido de la cadenciosa y delirante música del legendario Mancini, con los bailarines-actores haciéndolo vibrar, en un todo del que no se puede extraer ningún elemento sin que sufran los demás, y que hay que gozar vinculando continuamente sus hallazgos hasta la extenuación, en un obra maestra imperecedera del arte del siglo XX.

20 de mayo de 2015

Vocabulario Fundamental. Agua (14) Las crisis del agua

En Portada nos lleva a México, China, Brasil, Estados Unidos e Israel para conocer cómo gestionan algunas de las grandes megalópolis mundiales sus recursos hídricos en estos tiempos en los que el cambio climático (Sao Paulo, Los Angeles...) está poniendo en graves problemas el abastecimiento de agua potable para millones de personas. 

En Portada. "Las crisis del agua"

Este recurso imprescindible para la vida es uno de los bienes más maltratados
Abordamos los desafíos para garantizar, a corto plazo, el acceso al agua
Solo es 3% del agua que nos rodea es dulce y disponible para el consumo. 
A día de hoy, más de mil millones de personas no tienen acceso a agua potable

Solo es 3% del agua que nos rodea es dulce y disponible para el consumo. A día de hoy, más de mil millones de personas no tienen acceso a agua potable


Asia, el continente más poblado del planeta pasa sed. Sao Paulo, -sede de uno de los grandes centros financieros del mundo y la mayor ciudad de Brasil, el país con mayores reservas hídricas del mundo-, pasa sed. En muchos países de África la principal ocupación de las mujeres es la búsqueda diaria del agua. En Oriente Medio, comunidades como Israel y Palestina han hecho del agua un campo de batalla. En México se riega con aguas negras mal recicladas... Esta semana en En Portada analizamos los desafíos del planeta para garantizar, a corto plazo, su bien más preciado.

Coger y acarrear el agua tras largas caminatas forma parte de la cotidianeidad de los africanos, generalmente de las mujeres y niñas

La importancia de cuidar el elixir de la vida

El agua, partícula imprescindible para los seres vivos y para el desarrollo humano, es uno de los bienes más maltratados. Todo el mundo la necesita, pero casi nadie aplica las medidas básicas para cuidar y conservar el elixir de la vida. Vivimos rodeados de agua, pero menos de un 3% es dulce y disponible para el consumo. La concentración de la población mundial en grandes megalópolis y el cambio climático, con su influencia en los ciclos de lluvia y en la agricultura, obligarán a revisar, más pronto que tarde, las políticas del agua.

La voz de los expertos

Expertos como el Profesor Pedro Arrojo; Víctor Viñuales, Director Ejecutivo de Ecología y Desarrollo, o Josefina Maestu, Directora de la Oficina de Naciones Unidas de apoyo al Decenio “El agua, fuente de vida” 2005-2015, explican para En Portada los riesgos que corre un planeta que descuida su principal elemento. El profesor Arrojo, asegura que “la crisis del agua es triple: de sostenibilidad, de pobreza y de mala gobernanza por parte de los gobiernos”. Víctor Viñuales afirma que “la mala gestión del agua es un problema civilizatorio y la muestra del fracaso de quienes fuimos capaces de ir al planeta Marte pero no de proveer de agua a millones de seres humanos”.

Acceso a agua potable y saneamiento

El acceso universal al agua y su saneamiento, son dos de los grandes objetivos. Pero mientras el primero se va cumpliendo, aunque sea lentamente; el segundo, está lejos de alcanzarse. Y lo que está en juego es el futuro de millones de seres humanos, pendientes de un pacto con la naturaleza al que le falta la firma.


4 de marzo de 2015

Estupor y Temblores (42) Iguala, la noche más oscura de México

México vive tiempos sombríos. La violencia ha llenado de luto una nación donde cualquiera puede ser la próxima víctima. Un equipo de 'En Portada' ha viajado hasta allí y nos muestra un retrato doloroso del México más violento

La noche más oscura de México

En Portada viaja al Estado de Guerrero, el corazón de la violencia en México
Da voz a supervivientes y familiares de los 43 estudiantes de Ayotzinapa
Un equipo recorre los cerros de Iguala donde yacen cientos de desaparecidos

Que la narcopolítica se había incrustado en el corazón de las instituciones mexicanas, es un secreto a voces. Que las cifras de violencia son insostenibles, también. Que México se ha convertido en uno de los principales productores de heroína y que su principal mercado son los Estados Unidos, es un dato conocido. Que la revuelta ciudadana contra la violencia no es nueva, también. Sin embargo, ha sido la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Rural de Magisterio de Ayotzinapa, el acelerador que ha situado a México en un tiempo nuevo. Nada volverá a ser igual después de Ayotzinapa: los mexicanos se sienten inseguros y exigen respuestas propias de un Estado de derecho. Cómo acabar con la impunidad se ha convertido en el principal tema de conversación de México, un país con el orgullo herido y avergonzado de su imagen exterior.
Los cerros de Iguala son un inmenso cementerio. Espoleados por la repercusión de Ayotzinapa, familiares de miles de desaparecidos, 23.000 desde el 2007, reclaman al gobierno respuestas propias de un Estado de Derecho.

Flecos de la Revolución

En México hay 17 escuelas rurales de magisterio. Fueron uno de los logros de la Revolución y sus principios de justicia e igualdad. Por las aulas de las escuelas rurales, pasan los hijos de los campesinos que quieren ser maestros. Estudian en régimen de internado y reciben una educación crítica que irrita profundamente a las autoridades federales. Esa es la extracción social de los 43 estudiantes secuestrados: 43 semillas de maestros desaparecidos en la noche más triste de Iguala.

El 27 de enero, cuatro meses después de la desaparición de los estudiantes, la Procuraduría General de la República dio a conocer el resultado de su investigación: la “verdad histórica”, según sus palabras. De acuerdo con esta versión, los estudiantes fueron secuestrados por policías municipales a las órdenes de los Guerreros Unidos, -el principal grupo de narcotraficantes del Estado de Guerrero-, tras ser confundidos con integrantes de una banda rival. Después fueron eliminados y calcinados a alta temperatura, tan elevada que la investigación forense no ha podido determinar, -excepto en un caso-, que las cenizas recogidas en el basurero de Cocula, sean los restos de los desgraciados muchachos.

Pero ni las familias ni las organizaciones de derechos humanos, se dan por satisfechas. El Informe de la Fiscalía se ha hecho a partir de las declaraciones de los detenidos, pero no hay certeza científica del homicidio, dada la imposibilidad de extraer el ADN de las cenizas. Los padres se agarran a este hecho, como la última posibilidad de que los muchachos puedan seguir retenidos y con vida. Han decidido continuar con su lucha: son campesinos, pero no tienen nada que perder y su determinación es más fuerte que su pobreza.


23.000 despariciones forzadas


El número de desaparecidos en México crece de año en año: 23.000 desde el 2007. En la mayoría de los casos, se trata de desapariciones involuntarias o forzadas: de secuestros promovidos por criminales vinculados al narcotráfico, que se deshacen de sus víctimas y que han convertido al país en un inmenso cementerio. Tal y como recuerda Human Rights Watch en uno de sus informes -y con la excepción de las detenciones que ha habido tras la desaparición de los estudiantes-, en México no hay un solo criminal consignado por el delito de desaparición forzada.

Un emocionante retrato del México más dolorido

La guerra contra las drogas en México, de la que Felipe Calderón hizo el eje de su presidencia, ha sido un gran fracaso y lejos de combatir el crimen, ha disparado las cifras. En apenas una década se han producido más de 100.000 asesinatos. Según la OMS cuando la tasa es mayor de 10 asesinatos por cada 100.000 personas, se considera epidémica. En México es de 16,7 aunque en algunos estados como Guerrero ha llegado a superar el 60%. La guerra contra las drogas ha provocado en México un número de muertos superior a los soldados norteamericanos que fallecieron a lo largo de 10 años de guerra en Vietnam.


El equipo de En Portada ha visto de cerca el dolor, la extorsión y la muerte. Subir a los cerros de Iguala acompañando a los familiares de otros desaparecidos es una experiencia tan dramática como inolvidable. Entre la vegetación hay restos de ropa y enseres personales. Pertenecen a los desaparecidos, cuyos restos no están lejos. Los familiares y las llamadas policías comunitarias, formadas por vecinos voluntarios, han aprendido a localizar las fosas y las marcan, esperando que las autoridades desentierren a las víctimas. El drama de los 43 estudiantes ha espoleado el deseo de centenares de familias, que reivindican la detención de los culpables y enterrar con dignidad a sus seres queridos. De todo esto trata el próximo En Portada. Víctimas de la extorsión, familiares de desaparecidos y testimonios, como los de Elena Poniatowska, Javier Sicilia, Luis Hernández Navarro (Jefe de Opinión de “La Jornada”) ; Javier Hernández Valencia, (Alto Comisionado de la ONU) y otros muchos, nos ayudan a hacer el retrato preciso y doloroso del México más violento.

27 de noviembre de 2014

Estupor y Temblores (40) "México me dueles mucho, ¿qué cosechas sembrando cadáveres?"


Desde aquella funesta fecha del 26 de septiembre en la que en la ciudad mexicana de Iguala se cerraron las fauces del horror sobre decenas de estudiantes de magisterio de la Escuela Rural Normal de Ayotzinapa que allí se encontraban, hemos venido siguiendo con creciente desasosiego las noticias que desde el querido país azteca se han ido sucediendo. De las balaceras y las torturas de la primera noche a la desaparición de 43 de esos normalistas que fueron capturados por la policía municipal de Iguala y bajo órdenes de la siniestra pareja que gobernaba la ciudad, entregados a los sicarios del narco Guerreros Unidos que los desapareció. 

Desde entonces la indignación popular no ha hecho más que crecer, según se iban sucediendo los descubrimientos de fosas que no correspondían, las detenciones y confesiones de los sicarios y las terribles circunstancias y los posibles destinos de los estudiantes perdidos. Por todo el país se han realizados masivas manifestaciones clamando por el fracaso de los partidos tradicionales para atajar la corrupción, la violencia, la impunidad y la infiltración del narco y pidiendo la renuncia del Fiscal General de Guerrero y la del propio presidente del país, Peña Nieto.

No se dan por satisfechos con la versión oficial y a pesar de su grito "vivos se los llevaron, vivos los queremos" es esta la petición, mezcla de absurdo y esperanza, de un retorno en el que ya casi nadie confía pero que muestra en toda su crudeza el profundo malestar que embarga al país y que ha derivado en la mayor ola de protestas en años, culminada en la gran manifestación en el Zócalo de D.F. del pasado 20 de noviembre. 

Porque van a cumplirse dos meses y los familiares aún esperan los resultados de las pruebas de los forenses argentinos (que ya descartaron que los restos hallados en las primeras fosas comunes descubiertas sean de los normalistas), sobre los restos encontrados en bolsas en el río y que, según la versión oficial -y por ahora, más probable-, habrían sido arrojados por los sicarios tras asesinarlos y quemaron los cuerpos en una hoguera que oscureció la noche y el día en un barranco perdido de Iguala.



Un doliente artículo del escritor Jorge Volpi resume el sentir del pueblo mexicano y un documental nos lleva a sentir en nuestra piel esa maldición que es el levantón y que año tras año persigue a miles de mexicanos secuestrados -y a sus familias-, condenados a no estar no estar ni vivos ni muertos.


El desamparo de Ayotzinapa

La desaparición y asesinato de 43 estudiantes es la conclusión del desastre nacional generado por la guerra contra el narcotráfico en México. Nada es tan peligroso para un país como el descrédito de su clase política


Según la reconstrucción de los hechos realizada por la Procuraduría General de la República, el 26 de septiembre pasado María de los Ángeles Pineda, esposa del entonces alcalde de Iguala, José Luis Abarca, se disponía a presentar su informe de trabajo como presidenta de la vertiente local de la organización denominada Desarrollo Integral de la Familia (el área de Gobierno responsable de los programas sociales) en un mitin que previsiblemente sería aprovechado para acentuar las posibilidades de suceder a su marido en las elecciones de 2015 como candidata del Partido de la Revolución Democrática (PRD), del cual hacía unos meses se había convertido en consejera.

Ese mismo día, un grupo de estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa —una de las instituciones creadas por Lázaro Cárdenas en los años treinta para formar profesores rurales, caracterizadas desde entonces por su vena rebelde— había viajado hasta Iguala, la tercera ciudad más importante de Guerrero, a fin de cumplir con un ritual más o menos tolerado por las autoridades: el secuestro de taxis y autobuses para recorrer la zona en busca de “donativos”, acaso para financiar su viaje a la ciudad de México, donde —siniestra paradoja— habrían de sumarse al contingente que el 2 de octubre recordaría a los estudiantes asesinados por el Gobierno en 1968 en la plaza de las Tres Culturas.

La ley de la impenetrabilidad de la materia —la idea de que dos sólidos no pueden ocupar simultáneamente el mismo espacio— devino entonces en una de las mayores tragedias mexicanas de los últimos, de por sí trágicos, tiempos. Ofuscado porque la presencia de los jóvenes podría opacar la entronización de su esposa, el alcalde Abarca dio la instrucción a su jefe de seguridad pública de impedir a toda costa que se manifestaran en Iguala. El resultado: al cabo de un brutal enfrentamiento, tres normalistas fueron asesinados —a uno de ellos lo desollaron y a otro le arrancaron los ojos de las órbitas—, otros tres infortunados paseantes también murieron, entre ellos un futbolista del equipo de tercera división de Chilpancingo, y 43 jóvenes desaparecieron sin que hasta el momento se haya confirmado el hallazgo de sus cuerpos.

El acontecimiento resulta tan obsceno, tan gratuito, que a más de un mes de distancia aún suena irracional. Imposible. Siempre según la reconstrucción oficial de los hechos, la Policía Municipal de Iguala habría sido la responsable de esas primeras muertes, así como de detener a los otros 43 normalistas, a quienes habrían cargado en un camión de redilas y conducido hasta la vecina Cocula, a pocos kilómetros de distancia. Una vez en su poder, los policías de este municipio habrían acatado la orden de entregar a los muchachos a un grupo de narcotraficantes conocido como Guerreros Unidos, los cuales a su vez los habrían llevado por sinuosos senderos hasta lo alto de la sierra. Según el testimonio de tres de ellos, a continuación los jóvenes, hacinados y heridos, habrían sido quemados vivos en una pira que ardió a lo largo de 15 horas.

Tras permanecer escondidos durante semanas, Abarca y Pineda —escabrosa versión mexicana de Lady Macbeth— han sido capturados, lo mismo que Ángel Casarrubias, alias El Machomo, el líder de Guerreros Unidos. La pregunta, sin embargo, se mantiene en el aire como un ominoso resumen de la catástrofe que aqueja al país desde que, hace ocho años, el presidente Felipe Calderón declarase intempestivamente la llamada guerra contra el narco. ¿Por qué alguien querría asesinar a estos 43 jóvenes? Aunque las declaraciones de los tres sicarios detenidos apuntan a que fueron salvajemente ejecutados, sus padres insisten en que no se darán por vencidos hasta que se identifiquen los cuerpos con absoluta certeza. Más que eso: el lema “vivos se los llevaron, vivos los queremos” se ha convertido en el símbolo del movimiento nacional que reclama conocer la verdad y en el mantra que resume la impotencia y la rabia frente a miles de casos semejantes.¿Por qué alguien, incluso un narcotraficante o un político corrupto, querría asesinar así, sin el menor resabio de humanidad, a 43 estudiantes de Magisterio? Esta pregunta, tan ardua y dolorosa, mantiene a México en vilo desde hace semanas. Ahora sabemos que, además de un rico empresario en el negocio de joyas, el alcalde, José Luis Abarca, era un destacado miembro de Guerreros Unidos y tal vez su “jefe de plaza”. Que su mujer, María de los Ángeles Pineda, era la responsable económica del cártel. Que dos hermanos de ella, antiguos lugartenientes del cártel de los Beltrán Leyva, fueron asesinados por su jefe acusados de traición. Que, tras ser elegido candidato del PRD a la alcaldía —por intervención del exalcalde Lázaro Mazón y con la anuencia de todos los sectores de la izquierda mexicana—, Abarca asesinó a sangre fría a uno de sus enemigos políticos.

Si el caso de los normalistas de Ayotzinapa ha despertado tanta indignación se debe a que, en medio del sinfín de muertes horrendas que hemos presenciado en estos años de pólvora, encarna la suma de todos nuestros temores. Mientras que dolorosamente los 72 migrantes hallados en Tamaulipas no dejaban de ser extranjeros o los narcotraficantes ejecutados en Tlatlaya no dejaban de ser narcos, aquí nos encontramos frente a 43 estudiantes. 43 jóvenes de familias sumidas en una pobreza ancestral. 43 jóvenes que, más allá de su ideología radical, representan a todos esos mexicanos que sólo aspiran a una vida mejor. Y porque Abarca y Pineda no eran simples políticos corrompidos por el narco, como los que abundan a lo largo y ancho del territorio nacional, sino narcotraficantes convertidos en políticos. Criminales ungidos y tolerados por el conjunto de nuestra clase política.

Así, mientras los políticos de las distintas fuerzas no han hecho otra cosa más que tratar de exculparse o de exhibir la complicidad con los delincuentes de sus rivales, el resto del país se halla sumido en el más acerbo desamparo. Dado que todos los partidos, desde Acción Nacional, que inició la guerra contra el narco, hasta Morena, que continúa solapando a Lázaro Mazón, el protector de Abarca, y desde el Gobierno del Partido Revolucionario Institucional, que tanto ha tardado en reaccionar para resolver el caso, hasta el PRD, que postuló al alcalde y al exgobernador Rubén Aguirre, tienen responsabilidad en lo ocurrido, los ciudadanos de pronto no tienen a quién recurrir, en quién confiar. La ineficiencia de nuestro sistema de justicia —donde el 90% de los delitos se mantienen impunes— hace que la llaga se revele supurante. Ayotzinapa es, por desgracia, la conclusión última del desastre nacional generado por la guerra contra el narco. Nadie duda que antes de 2007 había tráfico de drogas o rachas de inocultable violencia, pero la abrupta intervención estatal en un sistema caótico destruyó por completo los delicadísimos equilibrios que mantenían a México en paz. La fragmentación constante de los cárteles y su imbricación cada vez más profunda en distintos sectores de la población auspició el surgimiento de una sociedad criminal en la cual las autoridades y los criminales empezaron a no diferenciarse. La degradación social dio lugar a una ríspida degradación moral y la vida dejó de tener valor frente a la menor ganancia inmediata.

Si de por sí en lugares como México las autoridades resultan tan poco confiables, Ayotzinapa deja la sensación de que ninguna será ya capaz de protegernos. Nada resulta tan peligroso para un país como el descrédito absoluto de su clase política. Y más si ese país, con sus innegables avances en áreas específicas, continúa arrastrando enormes problemas de desigualdad o mantiene gravísimos déficits en su Estado de derecho. Ayotzinapa, y la tristeza, la vergüenza y la cólera que ha generado por doquier, es el angustioso llamado de auxilio de una población harta de convivir a diario con la corrupción y con la muerte. 


Documental 'Ni Vivos Ni Muertos'

Dirección: Luis Ramírez Guzmán
Guión y Sonido: Federico Mastrogiovanni
Música: Stefano Bollani
Produce: Coconut Films
País de producción: México
Año: 2014
Duración: 120 min

Durante los últimos ocho años en México, se han registrado más de ventisiete mil desaparecidos. En muchos de los casos se testimonia la participación, por acción u omisión, por parte del Estado, lo que transforma una desaparición o un secuestro en una desaparición forzada. Alan Calderón, de 21 años de edad, desapareció en la ciudad de Cuernavaca en diciembre de 2011. A lso dos días logró llamar a sus padres desde un ministerio público de la ciudad de Chipalcingo, Guerrero. Desde entonces se volvieron a perder sus huellas para siempre. Su caso tiene las principales características de este creciente fenómeno: la aparente arbitrariedad, la participación de corporaciones del orden público, la imposibilidad de conocer su paradero. Siguiendo los pasos de la historia de Alan Cerón, los autores reconstruyeron el caso de Rosendo Padilla, desaparecido en Guerrero por el ejercito en 1974, simbolo de las desapariciones dorzadas en la época de la llamada "Guerra Sucia". Su caso es el único en el que el Estado mexicano ha sido condenado por la Corte Interamericana de los Derechos Humanos. A través de entrevistas con miembros de asociaciones de familiares de personas desparecidas, abogados, periodistas y analistas, el documental es un interesante recorrido al interior de este fenómeno que durante el sexenio pasado y en los primeros años del actual se ha vuelto una de las páginas más obscuras de la historia de México. En la desparición forzada nada es casual. Es un esquema racional y sistematico del horror.

9 de septiembre de 2014

Vocabulario Fundamental. Droga (19) Narco-cultura en México


Narco Cultura

Nacionalidad: USA / Director: Shaul Schwarz / Año: 2013

Sinopsis: Para los mexicanos y latinos de América no hay música más popular actualmente que los ‘narcocorridos’. Estas sanguinarias y explícitas odas a las hazañas de narcotraficantes y señores de la droga de México glorifican abiertamente la violencia, las drogas y el dinero. Al igual que el ‘gangsta rap’ en la década de 1990, el movimiento ‘narco’ amenaza ya con entrar a formar parte de la cultura dominante.

El fotoperiodista israelí Shaul Schwarz realiza un impactante retrato de la violencia del narcotráfico en México, que además de acabar con miles de vidas cada año en Ciudad Juárez y en otras ciudades del país, es protagonista de la música de los narcocorridos y de la cultura de la frontera a ambos lados del Río Grande. Con las actuaciones de algunos de los artistas más populares del ‘narcocorrido’, como El Komander y Buknas de Culiacán, el filme transporta a los espectadores al escenario de la subcultura de la música más explosivo y violento de América. Una cultura que ensalza las ¿hazañas? de los narcotraficantes, y en la que los señores de la droga son admirados como héroes del pueblo.


El documental, que estuvo nominado al premios al mejor documental en el festival de Sundance, se centra en las figuras de Emilio Soto, un forense de la policía de Ciudad Juárez , que convive a diario con la violencia e investiga los asesinatos cometidos por los traficantes, jugándose la vida (varios de sus compañeros son asesinados cada año); y Edgar Quintero, un cantante de narcocorridos que vive tranquilamente en El Paso y que simboliza cómo, para un número cada vez mayor de mexicanos y latinos de EEUU y el resto de Hispanoamérica, los narcos se han convertido en figuras icónicas, en modelos de fama y éxito, representando la única manera de salir del gueto..

8 de marzo de 2014

Vocabulario Fundamental. Mujeres (9) La violencia contra las mujeres 2 Contra el feminicidio

En el Día Internacional de la Mujer publicamos dos documentales que denuncian la violencia contra la mujer y los feminicidios que se suceden en nuestras sociedades contemporáneas. 
"La maleta de Marta", del austriaco Günter Schwaiger narra la historia de una mujer andaluza maltratada a la que su ex-marido trató de matar y que, tras la salida de la cárcel de éste, vive en paradero desconocido. 

"Silencio en Juárez" es un documental del Canal Discovery que muestra la lacra de los centenares de mujeres asesinadas y desaparecidas en Ciudad Juárez (en el estado mexicano de Chihuahua) desde los años noventa. Estos hechos terribles se han podido suceder en el tiempo por la impunidad de la que han disfrutado los asesinos y los encubrimientos llevados a cabo por policías corruptos y niveles más altos de las autoridades. En este sentido es de señalar cómo en el documental la propia Procuradora General de Justicia Patricia González Rodríguez niega las cifras o intenta enmascarar las cifras achacándolas a la violencia intrafamiliar.

"La maleta de Marta" es un documental que narra simultáneamente dos historias reales: la del sufrimiento y lucha de Marta, una mujer andaluza maltratada, y la de algunos hombres que han sido agresores y siguen un programa de rehabilitación en Salzburgo, ciudad natal del director. Está rodada entre España y Austria, los dos países en los que vive el director, como ejemplo claro y evidente de la universalidad del problema. La brutal agresión que sufre Marta, atropellada por su ex-marido y apuñalada repetidamente es el punto de partida del drama de esta mujer que, tras la puesta en libertad de su marido, vive en paradero desconocido. Al mismo tiempo, el testimonio de un maltratador permite adentrarse en la mentalidad de esta clase de hombres. 



Silencio en Juárez

Impactante documental que muestra la serie de terribles asesinatos de mujeres ocurridos en la décadas de los 90s en ciudad Juárez chihuahua y que aún perduran hasta la actualidad, donde a pesar de la detención y encarcelamiento de presuntos culpables -chivos expiatorios- por parte de nuestras "honorables autoridades" los crímenes; tortura, secuestro y asesinato masivo de mujeres no ha cesado. Más de 400 mujeres han sido asesinadas y más de 1,000 se mantienen desaparecidas. En el año 1993 comienzan a aparecer en Ciudad Juárez, México, los primeros restos de mujeres asesinadas con sus cuerpos torturados y sexualmente violentados. Sus características son muy parecidas: jóvenes de piel morena, pobres, y en su gran mayoría empleadas de las maquiladoras y estudiantes. “Silencio en Juárez” no sólo les da voz a estas víctimas, sino que también presenta las diferentes hipótesis detrás de estos feminicidios, que aún permanecen sin resolverse.

28 de enero de 2013

Vocabulario Fundamental. Periodismo y Periodistas (17) La maleta mexicana






Este documental cuenta la historia de tres periodistas, tres fotógrafos que viajaron a España durante la Guerra Civil para retratar lo que aquí ocurría. Sus imágenes desaparecieron en París en 1939, más de 4.000 fotografías que no se recuperaron hasta 2007 en Ciudad de México.

'La maleta mexicana' contenía más de 4.200 negativos fotográficos tomados durante la Guerra Civil española por tres amigos, exiliados de Alemania, Polonia y Hungría. Se encontraron en París y viajaron hasta España retratar con sus cámaras los que aquí ocurría: Robert Capa, David Seymour y Gerda Taro.

La maleta en sí nunca existió. Se trata de tres cajas de cartón, parecidas a las de bombones, que contienen negativos. Es una metáfora de viajes y tesoros perdidos, una historia de descubrimiento de imágenes nuevas y también conocidas que desenmarañan historias inciertas.

Varias teorías sobre cómo los negativos realizaron el largo viaje de Europa a México son exploradas a la vez que se descubre cuál fue la participación de México en la Guerra Civil española. Es una historia única, y sin embargo, se refleja en muchas otras historias de supervivencia y recuperación, de memoria y pérdida, de viajes y exilio. La historia que comienza en París, se traslada a Madrid, Barcelona, Marsella, regresa a París y de allí cruza el Atlántico hasta el puerto de Veracruz en su camino hasta la Ciudad de México, para llegar finalmente a Nueva York. Un viaje que se prolonga setenta años.

 


Informe Semanal - Historias de 'La maleta mexicana'



Nuestra siguiente historia empezó en una maleta. La encontraron en Mexico, en 1995. Dentro habia 4.500 fotografias de la guerra civil española que hicieron fotoperiodistas como Robert Capa o Gerda Taro. Eran niños, jovenes y adultos que miraban al objetivo de la cámara reflejando el miedo, la incertidumbre o la tristeza de aquellos años dificiles en España. Hasta aqui esta historia tendría poco de novedad... pero hace unos meses, el Museo Nacional de Cataluña y el Periódico de Cataluña se propusieron el reto de encontrar aquellos rostros de la guerra y juntarlos en una exposición. A pesar de haber pasado 75 años, decenas de personas han podido recuperar algunos instantes de su pasado o reconocer en las fotos a sus familiares. Informe Semanal ha sido testigo de ese reencuentro con la historia.



7 de septiembre de 2012

Ciclo de cine clásico USA (8) 'Grupo salvaje', de Sam Peckinpah

Tras Pat Garrett y Billy the Kid, les ofrecemos -en rigurosa v.o.s.- otra de las grandes películas de Sam Peckinpah, nada menos que el Director's Cut de Grupo salvaje (The wild bunch, 1969). Como andamos con bastante trabajo, subcontratamos un buen análisis de la película del blog El lamento de Portnoy. Disfruten Grupo salvaje, uno de los mejores westerns de la Historia, una película mítica, una película cojonuda.



VER LA PELÍCULA EN VK

Grupo Salvaje, de Sam Peckinpah

El western, como ocurre con las películas de samurais, tiene sus propias normas: Más que un género, el western se desarrolla en un territorio narrativo en el que el la individualidad de cada hombre es determinante y las armas que acarrea y su habilidad para usarlas condicionan su capacidad de supervivencia. No me equivoco hablando de “el hombre”, el western es un espacio brutal y misógino en el que la ausencia de ley y estructuras sociales consolidadas invita a reflexionar sobre el comportamiento moral y ético no del ser humano, sino, con todos los errores que la intervención anecdótica de la mujer y la falta del punto de vista femenino en el relato fronterizo implica, del hombre.

Grupo salvaje (The Wild Bunch) dirigida por Sam Peckinpah en 1969, es su obra maestra y un western modélico en este sentido. Una banda de ladrones acosados por una cuadrilla de cazarrecompensas, que están financiados por la compañía del ferrocarril víctima frecuentes de los robos de la banda y dirigidos por un miembro de la banda de ladrones que, apresado, traiciona a sus antiguos compañeros por una promesa de libertad. Deciden cruzar la frontera con México para librarse de la persecución y allí se ponen al servicio de un ambiguo general, Mapache, donde pondrán a prueba, a cambio de una sustanciosa paga, de sus habilidades como asaltantes robando al ejército de los EEUU, antes de descubrir que los cazarrecompensas les seguirán hasta el fin del mundo. No me gustan las sinopsis porque lo que podamos explicar desvinculado de las imágenes es, en el fondo, meramente circunstancial. Lo importante en Grupo Salvaje es la riqueza de matices que la narración encierra:

El cansancio; Peckinpah, especialista en western crepuscular, caracteriza a sus actores llevándolos a un cansancio infinito que se refleja en las arrugas de sus ojos, en la tristeza de sus miradas.

La amistad; que es abordada desde distintas perspectivas. La homoerótica de Dutch hacia Pike, la fraternal entre los hermanos Gorch, la profunda y rota, llena de remordimiento y resentimiento entre Thorton y Pike. En esta situación sólo el personaje de Ángel queda desamparado.

La traición; relacionada de una forma tan íntima en la película con la amistad que resultan inseparables. La necesidad de unidad queda reflejada en una de las frases célebres de la película:

We're not gonna get rid of anybody. We're gonna stick together, just like it used to be. When you side with a man, you stay with him. And if you can't do that, you're like some animal, you're finished. We're finished. All of us.

Abandonar a un compañero nos sitúa al nivel de los animales. Estas palabras que Pike pronuncia después de perder a varios compañeros en el atraco que inicia la película, sacrificar a uno de ellos que cabalgaba malherido a su lado y de olvidarse dentro del banco a uno de sus hombres, refleja el remordimiento del líder cuyos planes fracasan y al mismo tiempo introduce otro de los matices significativos de la película.


La doble moral: La intención de Pike de mantener unido al grupo, de darle una consistencia ética, que le situaría por encima de los animales, contrasta con su condición de delincuentes y asesinos. No hay en la película un personaje positivo, por lo que la identificación que el espectador realiza sobre los protagonistas de Grupo Salvaje, sutilmente condicionado por la dirección de Peckinpah, no es sobre unos despiadados asesinos, sino sobre unos vengadores idealistas.

En Grupo Salvaje hay un cuerpo central narrativo enmarcado por dos sublimes escenas de acción que abren y cierran el filme en el que Peckinpah demuestra su maestría en el arte del montaje, creando una escuela que, al contrario de lo que pueda parecer, no se recrea en la violencia. Peckinpah intenta captar con múltiples miradas la simultaneidad de diversas acciones dentro de otra acción general. Un tiroteo durante un atraco a un banco, una incursión en el corazón del ejército enemigo para recuperar a un compañero, se convierten gracias al montaje de Peckinpah que consigue que el tiempo se detenga en el interior de la vorágine, en escenas clásicas en la historia del cine.


Quizás no se pueda entender completamente el mensaje de Peckinpah sin fijarse en el entorno que rodea a la historia principal. El western es, por lo general, un género que se desarrolla en grandes espacios abiertos sin apenas presencia humana. Peckinpah atraviesa esos espacios con elipsis que conducen de unos lugares habitados a otros. No es el escenario lo que Peckinpah busca mostrarnos sino las personas que habitan en medio de esos desiertos. La desesperación por la ausencia de justicia empuja a los hombres a montar en sus caballos y partir en busca de un orden que se encuentra al otro lado de sus armas. Dicen en Aguas Verdes, el único lugar en el que la banda consigue relajarse de la persecución:
Todos soñamos con volver a la niñez. Aun los peores de nosotros. Quizá sobre todo los peores.




Ese deseo imposible de volver a la niñez contrasta con los actos que los forajidos perpetran ante la mirada indefensa de los niños. Pues en todo lugar en el que los hombres luchan hay niños observando o sufriendo la violencia:




Incluso al fondo de la acción:



Los niños observan:




Grupo Salvaje se inicia con los forajidos avanzando hacia la ciudad por las vías del tren donde unos niños (todos los niños posibles) que están jugando les observan:


Los niños tienen metidos a dos escorpiones en un cerco de madera que encierra a un hormiguero. Las hormigas atacan a los escorpiones y al final los niños prenden fuego al cerco de madera, matando a hormigas y a escorpiones.

Una de las escenas del combate final es significativa. No hay futuro, peores que animales.