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29 de octubre de 2022

Estupor y Temblores (82) Por qué las elecciones en Brasil te afectarán

Por qué las elecciones en Brasil te afectarán

Si tuviera consciencia climática, la población mundial pondría estos comicios en el centro de sus preocupaciones


El líder campesino de la Amazonia Erasmo Theofilo afirma que las elecciones presidenciales de 2022 son las más importantes de la historia de Brasil. Pero no pudo votar en la primera vuelta, el pasado 2 de octubre. Él, su mujer Natalha y sus cuatro hijos pequeños están, por quinta vez durante el Gobierno de Jair Bolsonaro, candidato a la reelección, escondidos para que los destructores de la Amazonia no los asesinen. A miles de kilómetros de su refugio, Ana Mirtes, desempleada, se despertó el día de las elecciones dispuesta a votar al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva. Pero desistió. Vive en São Paulo, la ciudad más rica de Brasil, pero si se gastaba el dinero en el autobús hasta el colegio electoral, su hijo de 10 años no comería ese día. Su familia forma parte de los 33 millones de brasileños que pasan hambre y tienen que escoger entre votar o comer. Entre el protector de la selva que no puede votar en unas elecciones decisivas para su vida y la mujer desempleada que tuvo que elegir entre comer y votar se dibuja la tragedia que vive Brasil en este momento.

Un partidario del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, durante un evento religioso en Brasilia este lunes. ERALDO PERES (AP)

Una tragedia con final incierto. Lula obtuvo seis millones de votos más que Bolsonaro en la primera vuelta, pero no fueron suficientes para derrotar al actual presidente. Dada la situación de catástrofe social y ambiental de Brasil, los 51 millones de votos que recibió Bolsonaro son sorprendentes. En las últimas semanas antes de la segunda vuelta, el ultraderechista sigue utilizando la maquinaria del Estado para su campaña sin que las instituciones que quedan puedan impedirlo.

São Paulo, donde vive Ana, es el mayor colegio electoral del país, decisivo para el resultado de las elecciones que afectan a la vida de los defensores de la Amazonia y de la propia selva, que con el actual presidente ha sufrido la deforestación más intensa de los últimos 15 años. El 19 de agosto de 2019, Ana y toda la población del centro económico de Brasil vio cómo “el día se convertía en noche” en la gigantesca metrópolis debido a la ceniza de los incendios de la Amazonia. Era una señal de que lo que ocurre en la selva repercute muy lejos y sigue reverberando en cadena. Las elecciones brasileñas también deben entenderse así: el resultado de las urnas no afectará solo a Brasil, sino al planeta. Si tuviera consciencia climática, la población mundial pondría estas elecciones en el centro de sus preocupaciones.

El Congreso y gran parte de los gobernadores elegidos en la primera vuelta han aumentado todavía más el riesgo mundial. Si la actual Cámara de los Diputados ya alberga un gran número de enemigos de la naturaleza, la configuración que acaba de ser elegida reúne a un número todavía mayor de depredadores de la selva. En el Senado, el número de partidarios de Bolsonaro ha aumentado significativamente. Entre ellos está Tereza Cristina, ministra de Agricultura de Bolsonaro explícitamente favorable a la agroindustria predatoria. Al frente de la cartera hizo honor a su apodo, “musa del veneno”, al aprobar más de 1.600 pesticidas, algunos comprobadamente cancerígenos.

La guerra contra la naturaleza, que tiene en Brasil uno de sus principales campos de batalla, será más dura en los próximos años. En el campo democrático, unido en un frente amplio contra Bolsonaro, existe el consenso de que la Amazonia y Brasil solo tienen una posibilidad: que gane Lula. Y, aun así, será muy difícil.

Sin embargo, si Bolsonaro es reelegido, es mejor que el mundo se prepare para presenciar el fin de la Amazonia y, con ella, cualquier posibilidad de que los niños que ya han nacido tengan una vida de calidad.


"La debilidad de Bolsonaro es su gobierno, de malos resultados, pero también su violencia verbal, y el hecho de que no es capaz de mostrar empatía con los brasileños que están sufriendo a causa del Covid-19, que han perdido a sus seres queridos, que han perdido sus trabajos. Abunda el sentimiento de que ni siquiera le importa lo que le pasa a la gente". Flávia Biroli, profesora de ciencias políticas en la Universidad de Brasilia.

Estupor y temblores. Eso es lo que el Juez Roy Bean siente con la sola posibilidad de que mañana salga reelegido el falaz Jair Bolsonaro, un fulano de claras tendencias psicopáticas, en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas (las más reñidas y polarizadas que se recuerdan) y en las que no sólo los brasileños, también el resto del mundo se juega mucho. La reelección de Bolsonaro, no sólo sería la reedición de un mandato peor incluso de lo esperado (por ejemplo, ahí están los centenares de miles de muertos por su infame gestión de la pandemia de Covid) sino que podría ser la puntilla para el ecosistema amazónico brasileño que durante su mandato ha sido llevado al borde del cataclismo ecológico.  

Y lo que ocurre en el Amazonas no se queda sólo en Brasil, donde el humo de las decenas de miles de incendios provocados por madereros, ganaderos y otros ladrones de terrenos públicos con la anuencia gubernamental, no solo ha cegado grandes ciudades como Sao Paulo o Río de Janeiro o declarado sequías bíblicas por todo el país sino que sobrealimenta la crisis climática que está zarandeando el mundo. Como escribía la gran Eliane Brum, enemiga declarada de Bolsonaro, en el artículo que abre este post, "
si tuviera consciencia climática, la población mundial pondría estos comicios en el centro de sus preocupaciones". 

Por si acaso, y al más puro estilo Trump, Bolsonaro ha vuelto a poner en duda la legitimidad de las elecciones presentando una denuncia en la Corte Suprema contra los magistrados del Tribunal Superior Electoral (TSE) por "intentar perjudicarle". Arenga a sus seguidores con retahílas de calamidades si gana Lula, apoyado en el poder de la triada "Bueyes, biblias y balas", o sea, el agronegocio de soja y ganado, los evangélicos y el Ejército, a los que hemos de sumar a grandes empresarios (que amenazan a sus plantilla si Lula gana), a los madereros, la minería legal y la ilegal (las dos igual de destructivas), los que matan a los indígenas, todos los que hacen negocio con la Amazonia. Todos estos poderes fácticos y sus millones de seguidores presionan para que Bolsonaro siga sometiendo al país a sus dictados personales y permitiendo la impunidad más absoluta para que ellos puedan seguir haciendo negocio. 

Bolsonaro ganó las elecciones presidenciales de octubre de 2018 con el 55% de los votos prometiendo regeneración política y mano dura y viéndose beneficiado del descrédito que sufrían los partidos tradicionales, del apoyo recibido por los evangélicos y del rechazo al Partido de los Trabajadores, embarrado entonces por los escándalos de corrupción.

El exmilitar ultraderechista y nostálgico de la dictadura brasileña ha asegurado que "solo Dios le sacará del poder", se mostraba entonces como un ferviente católico que defendía hasta la saciedad los valores tradicionales y la familia y acabó cosechando un 78% del voto evangélico. En mitad de una caótica situación política tras la destitución de Dilma Rouseff y el encarcelamiento de Lula da Silva, la victoria del ultraderechista fue transversal, conquistando incluso el voto de las mujeres, sector en el que ahora apenas cosecha apoyos.

En su contra estará el sindicalista Luiz Inácio Lula da Silva, que estuvo encarcelado 20 meses por acusaciones de corrupción que nunca reconoció, incluso cuando aceptarlas podría haberle librado de la prisión. Pero tras ese tiempo fue liberado 
y vio recuperados sus derechos políticos tras ser absuelto por el Tribunal Supremo, que revocó su condena alegando que el juez que analizó el caso, Sergio Moro, el después ministro de justicia de Bolsonaro, no contaba con la "competencia jurídica" requerida.

Lula ha insistido en sus mensajes hacia las clases trabajadoras prometiendo repetir las políticas sociales que sacaron de la pobreza a millones de brasileños y prometiendo que disminuirá la terrible desigualdad que vive la sociedad brasileña. 

Ahora, pese a los intentos del mandatario por recordar la estancia entre rejas de su adversario, las encuestas, aunque reñidas, apuntan a una victoria del líder del PT ante un Bolsonaro que ha perdido muchos apoyos y ha generado rabia e indignación entre distintos colectivos. Su gestión de la pandemia, marcada por su negacionismo y su insensibilidad ante las víctimas, así como su ferviente apoyo a la tenencia de armas o sus actitudes machistas, han sido algunos de los motivos.

El Brasil de Bolsonaro lleva pistola

"Un pueblo armado jamás será esclavizado". Esta frase, pronunciada por el líder brasileño sirve para entender sus esfuerzos en facilitar e incentivar el uso de armas en Brasil donde, desde que Bolsonaro llegó al poder, las licencias de armas como cazadores, tiradores o coleccionistas ha crecido un 500%.

Desde el comienzo de su mandato, Bolsonaro ha facilitado la compra de armas en Brasil, pero defiende que su discurso no incentiva a la violencia en mitad de una campaña en la que dos de sus seguidores han matado a simpatizantes de su principal adversario, Lula da Silva.

Comparte su apoyo al uso de armas de fuego con Donald Trump, que se refirió a él como el 'Trump tropical' mientras alababa el "gran trabajo" realizado por el líder brasileño, pero también ha llevado a cabo una estrategia que recuerda a la seguida por el expresidente de los EE.UU. en la carrera electoral librada (y perdida) contra Biden, que desembocó en el Asalto al Capitolio.


Mientras las encuestas seguían colocando como ganador a Lula, Bolsonaro se ha ido esforzando en desacreditar esas predicciones, así como en poner en cuestión el sistema electoral brasileño. Llegó a decir, incluso, que aceptaría los resultados de las urnas "siempre y cuando" las elecciones fueran "limpias y transparentes". Por ello, el temor a su reacción tras una posible derrota, ha ido creciendo.

En fin, publicamos varios análisis de estas elecciones, este primero de 9 minutos de la periodista brasileña Carol Pires en El País y los otros dos de RTVE, uno en En Portada y otro en Informe Semanal sobre estas elecciones y sobre en qué punto de su presente vive y qué futuro tiene el gigante sudamericano. Y contenemos el aliento ante lo que voten mañana los brasileños. 

Informe Semanal - Brasil, el país del eterno futuro

Un equipo de ‘Informe Semanal’ se ha desplazado a Sao Paulo para testar el ambiente a las puertas de una cita en las urnas, en las que Jair Bolsonaro busca la reelección y el expresidente Lula da Silva, su regreso por la puerta grande tras haber pasado por la cárcel.

Los simpatizantes de los dos principales aspirantes a la presidencia hacen un balance muy diferente de lo que ha sido la era Bolsonaro. María Eliza cree fervientemente que, con él “el país está cambiando y la corrupción se está terminando”. Para Lira, situada en el bando contrario, “el proyecto de Bolsonaro es genocida y fascista”.

Los retos son enormes. La Amazonía se destruye, el cambio climático no ha sido una prioridad estos últimos años. Sobra la comida, pero la gente pasa hambre. Es el complicado equilibrio de la supervivencia que también se traslada, con otro baremo, a otros escenarios. El agronegocio ha sido la gran apuesta, pero la riqueza se acumula en pocas manos. Mientras tanto, en las grandes ciudades, los centros industriales carecen de la fortaleza necesaria. Y así es cómo se ha llegado a este Brasil del siglo XXI que se aleja de la idea de aquellos que siempre han hablado de su eterno potencial.


En Portada - Brasil, buscando el rumbo

'En Portada' ha estado en Brasil para mostrar de primera mano cómo están las cosas en el país y cuál podría ser el rumbo que tome en los próximos cuatro años. El duelo está entre la continuidad de Bolsonaro y la apuesta por un expresidente, Lula da Silva, al que las encuestas sitúan como favorito.

Después de cuatro años de mandato del ultraderechista Jair Bolsonaro, los brasileños votan para elegir a su próximo presidente. ¿Qué cambios ha sufrido el país en este tiempo? ¿Hacia dónde se mueve el gigante de América Latina? Brasileños que han visto cómo les ha cambiado la vida se lo cuentan a 'En Portada'.

La gestión de la pandemia de la Covid, con más de 680.000 muertos, el segundo país con más fallecidos del mundo sólo por detrás de EEUU, también ha provocado críticas a un presidente negacionista. Incluso el Senado pidió que Bolsonaro fuera imputado por crímenes contra la humanidad. Una crisis sanitaria que ha provocado otra crisis, la económica, que ha llevado al país a tasas de hambre que no se veían desde hacía 30 años.

25 de junio de 2022

Estupor y Temblores (81) Catástrofe ecológica en la Sierra de la Culebra




La lluvia ya ha acabado con el crepitar de los árboles en la Sierra de la Culebra mientras escribo esto. Allí sólo queda un onmipresente olor a quemado, los restos aún humeantes de algunos árboles calcinados y un silencio de cementerio. La magnitud de la tragedia, 30.000 hectáreas de territorio del más alto valor ecológico (aún con demasiadas repoblaciones de pino, muy pirófito) calcinadas y destruida la vida salvaje que albergaban en sólo cinco días. Una auténtica tragedia que no deja de atormentar desde hace días al viejo Juez Roy Bean, que ha estado dos veces en la zona para intentar ver a sus amados lobos y guarda ese lugar en el corazón. 

No puedo dejar de llorar porque simplemente no puedo dejar de pensar en ese tumor ennegrecido brotado en el corazón de La Culebra, en esa maravilla natural convertida en un páramo de desolación, en los miles de animales que no habrán podido escapar de las llamas y en los miles que habrán sobrevivido pero han perdido su hogar y están abocados a una muerte cercana porque no podrán alimentarse.

Pero la destrucción trasciende lo meramente ecológico y paisajístico, pues el modo de vida de tantísimas personas de la zona cuyos propiedades y negocios dependía de los recursos naturales de la sierra. La apicultura y la ganadería, las setas y las licencias para su recogida en otoño llenaban arcas municipales y casas rurales, que también alojaban a los avistadores de lobos y del resto de la fauna local. Ahora todo eso se ha perdido.  

Pero es que esto es lo que pasa cuando el PP tiene que gestionar alguna crisis ecológica, éste es el alcance de su incompetencia criminal. Tras hacer colapsar el Mar Menor, llega este Prestige 2.0, 20 años después de Emepunto Rajoy diciendo lo de los "hilillos de plastilina", en otra demostración, como aquella, de lo que le importa a la derecha el medio ambiente y, en este caso, también la España vaciada, salvo en periodo electoral. Lo siguiente ya está siendo Doñana. Enhorabuena a sus votantes.

Una encrucijada de biodiversidad carbonizada

La Sierra de la Culebra es, o mejor dicho era, una de las joyas naturales de nuestro país, perteneciente a la Red Natura 2000 y la Red de Espacios Naturales de la Junta de Castilla y León, Reserva de la Biosfera y el lugar con mayor densidad de lobos de Europa Occidental, lo que se ha convertido en el auténtico motor de desarrollo de la región, atrayendo a numerosos visitantes nacionales e internacionales. 

Según Javier Talegón, biólogo y fundador de la Asociación Llobu, que en la zona organiza jornadas de observación para intentar ver al gran cánido ibérico, desde el punto de vista medioambiental el incendio constituye una catástrofe "con mayúsculas y en negrita", al destruir en cinco días un espacio singular para la flora y fauna que constituía una "encrucijada de biodiversidad", con plantas y animales de ambientes tanto mediterráneos como atlánticos. 

Superficie quemada en la Sierra de la Culebra

Provincia de Zamora

Reserva Natural Sierra de la Culebra

Superficie quemada en el incendio


El incendio ha llegado en una época de reproducción y cría de multitud de especies que empeora aún más las consecuencias desde el punto de vista de la biodiversidad. En el territorio calcinado estaban asentadas entre 7 y 10 manadas de lobos, por lo que muy probablemente se hayan perdido las crías de tres o cuatro manadas, como apuntaba Talegón. Pero también estaban criando las poblaciones de zorros, ciervos, corzos, jabalíes, de tejones, varias especies de mustélidos, de numerosas especies de aves.. un auténtico espanto que no deja de angustiarme. 

Además, ha afectado a cerca de una veintena de municipios que se vieron desalojados durante el evento. En este mapa se puede observar la extensión del incendio en la Sierra de la Culebra, según la extensión cartografiada por el programa Copernicus de la Unión Europea, el mayor incendio forestal en España de, al menos, este siglo.


 

(Ir)responsabilidad política

Porque, y aquí viene lo más indignante, esta tragedia podría haberse evitado si no en todo sí en su mayor parte. Los técnicos hablaban de que, si se hubieran tomado las medidas que se pidieron a la Junta cuando el incendio surgió, se habrían quemado sólo entre 4.000 y 4.500 hectáreas. Son muchas, claro, pero la diferencia en el daño causado es evidente. Es por eso que cuando los políticos responsables se intentaron pasear por algunos de los pueblos afectados, fueron expulsados con insultos.

Este martes 21 de junio unas 8.000 personas se manifestaron en Zamora ante la Delegación Territorial de la de la Junta de Castilla y León. Los convocantes de la protesta reclamaron un cambio radical en la política de incendios forestales de la Junta y la asunción de responsabilidades políticas ante la flagrante negligencia demostrada en la gestión del incendio, sobre todo de la infausta pareja compuesta por el presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco y su Consejero de Medio Ambiente, Juan Carlos Suárez-Quiñones. Si fueran una película de Tarantino sería 'Malditos bastardos'.

En la manifestación se leyó un manifiesto en el que criticaba la ausencia de planificación antes del incendio (desde el 13 de junio Castilla y León había entrado en riesgo extremo de incendios, con más de 35º y se preveían temperaturas crecientes los próximos días) y la desastrosa actuación durante el mismo por parte del Gobierno de Mañueco. 

Se exigió la toma de responsabilidades políticas y la dimisión de Quiñones "
puesto que la negligencia en la gestión del incendio parece más que evidente, señala, ya que "el incendio no se podía evitar, pero en un escenario de riesgo alto por un año especialmente seco y en plena la ola de calor, la previsión del operativo no estuvo a la altura de los acontecimientos". 

Clamaron que el efectivo contra incendios no estuviera preparado (estaba al 25%, incluso con el incendio ya declarado) ni "acorde con el contexto climático y meteorológico en un mes de junio, en el que tradicionalmente se han desarrollado muchos de los peores incendios forestales en la provincia" y se suma a las reclamaciones de técnicos y agentes medioambientales, que siempre han abogado por una campaña sin discontinuidades, pero, como mínimo, preparada con todos sus efectivos el 1 de junio. 

Según afirmaban los convocantes (lo recoge, entre otros, El Diario.es) el día 15 de junio, cuando surgían los primeros focos relacionados con las altas temperaturas y las tormentas eléctricas - ese mismo día algunas organizaciones ya denunciaban el peligro y la carencia del operativo de extinción de incendios forestales de la Junta-, Suárez-Quiñones anunciaba, erre que erre, que los medios anti-incendios no estarían disponibles hasta el día 1 de julio.

Todavía el 16 de junio, continuaban, sabiendo la potencial gravedad del incendio-convertido ya en el peor de la historia reciente de Zamora-, Suárez-Quiñones no había asumido sus responsabilidades al frente de su Consejería, y en una "dejación de funciones imperdonable, mantuvo desactivado todo el operativo de extinción de incendios forestales de Castilla y León".

En este escenario de ausencia de medios humanos y materiales suficientes, se expuso a los vecinos, a los trabajadores de la Junta, a los bomberos, a los cuerpos y fuerzas de seguridad, y a otros colectivos de profesionales y voluntarios, a un riesgo mayúsculo asumido para enfrentarse a un fuego de dimensiones desconocidas y a correr un peligro que nunca debería haber existido. 

La escasez de recursos autonómicos se apreciaba al ver, sin embargo, decenas de vehículos de bomberos de otras comunidades y de la Unidad Militar de Emergencias, continuaba el manifiesto. 

Los convocantes hacían a la Junta responsable de "esta catástrofe socio-ambiental, que ha destruido 30.000 hectáreas, supone la puntilla para nuestra provincia y, en especial, la de unos pueblos ya afectados por el envejecimiento, la despoblación y el abandono institucional" que han pasado a formar parte de la "España calcinada", más allá de la vaciada, puesto que "miles de esperanzas, proyectos, recuerdos y formas de vida han quedado enterrados bajo las cenizas".

Efectivamente, "la debacle social y económica que va a suponer este incendio para nuestros pueblos es insondable: muchísimos millones de euros perdidos en forma de ganado, pastos, madera, castañas, setas, turismo, colmenas, caza, patrimonio cultural.… Incontables daños económicos que no van a poder ser resarcidos, pero también sentimientos, emociones y expectativas." 

Pero eso, a los que mandan en la Junta, no les importa. En sus declaraciones de esos días, Fernández Mañueco seguía defendiendo a Quiñones con la frase "no sólo tiene mi cariño, sino mi respaldo" y defendía la labor del Gobierno autonómico alegando hubo medios suficientes y que las condiciones climatológicas hicieron imposible atajar antes el incendio. 

Por su parte, Suárez-Quiñones ha alegado que todo lo que se dice es por puro posicionamiento político y que se está jugando a sindicalismo político. Unos auténticos miserables. Su estrategia de recortar gastos en prevención de incendios le ha estallado en la cara después de que se hayan recuperado unas declaraciones en las que aseguraba que "mantener el operativo de incendios todo el año es absurdo y un despilfarro". Pero no contentos con eso, PP y Vox acaban de votar en las Cortes de Castilla y León en contra de mantener el operativo contra incendios durante todo el año. Así funciona esta gentuza. 

El portavoz del Grupo Parlamentario Socialista de Castilla y León, Luis Tudanca, pidió el día 21 el cese "fulminante" del consejero de Medio Ambiente, Juan Carlos Suárez-Quiñones, por su actuación en este incendio. Así lo señaló Tudanca durante la pregunta oral en el pleno de las Cortes, donde afeó al presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, que en el Gobierno autonómico "nadie tome decisiones", ni "nadie esté a los mandos".

Según argumentó Tudanca, nadie ha estado al volante cuando anuncian que “se cargan” el Diálogo Social e insultan a los sindicatos o empresarios. Tampoco hubo nadie al mando en la crisis de Siro o en el incendio de Zamora. Frente a ello, Mañueco sigue con su política “partidista” y habla de medios suficientes para controlar el incendio de Zamora y así “hasta la próxima desgracia”.

En este sentido, recordó que el Grupo Socialista lleva desde el año 2010 pidiendo que cambien el operativo porque el cambio climático ha llegado y los incendios no empiezan el 1 de julio, al tiempo que recordó que el PSOE presentó una Ley de Prevención de Incendios, consensuada con todos, y que "ustedes ridiculizaron".

Seis meses después de votar en contra de esa ley, se produjo el incendio de Navalacruz, en Ávila, el peor de la historia hasta el de la Sierra de la Culebra y el Gobierno de Mañueco paralizó la comisión de investigación, para que "nadie supiera de sus errores y su irresponsabilidad". Tudanca recordó, además, las declaraciones del consejero de Medio Ambiente en las que aseguraba que mantener el operativo todo el año sería "un despilfarro". "Lo que es un despilfarro es mantener a este consejero", concluyó. Efectivamente porque, además, según los primeros cálculos económicos el gasto de estos cinco días de infierno triplicará el coste de toda la campaña de verano de la Junta. 

Desde este humilde blog, al Juez Roy Bean le duele mucho Zamora y se une a las reclamaciones de La Plataforma por la Sierra de la Culebra, exigiendo el cese inmediato de Suárez-Quiñones además de más medios, más personal y mejores condiciones laborales, así como un operativo activo todo el año, un plan actualizado contra incendios, más empleo público dedicado a la conservación de la naturaleza, la Declaración de Zona Catastrófica y la restauración urgente y sensata de la zona. 

Pero también "la pertinente declaración de Zona Catastrófica para el conjunto de los municipios afectados” y el diseño e implementación de un plan de recuperación y resiliencia para la Sierra, basado en la restauración del ecosistema con la utilización de especies autóctonas, un plan que cuente con la participación de los colectivos y las personas afectadas, capaz de generar empleo verde, estable y digno."

Habrá que dejar a la Naturaleza en paz y dejar que se autoregenere, habrá que esperar mucho tiempo para ello pero ahora yo sólo puedo pensar en quién le devuelve su tierra a los pobladores humanos, quién le devuelve su vida a los animales muertos, quién les devuelve su hogar, quien me cura la herida que esta tragedia me ha dejado en el corazón, quién nos devuelve a todos la belleza salvaje de la Sierra de la Culebra. 

24 de febrero de 2022

Vocabulario Fundamental. Revolución (12) Estupor y Temblores (80) 'Winter On Fire': la revolución ucraniana comenzó así



Se consumó el criminal ataque, largamente anunciado, de Rusia sobre Ucrania y en Vida y Tiempos del Juez Roy Bean queremos recordar dónde nació la revolución ucraniana con 'Winter On Fire'. Este impactante documental dirigido por Evgeny Afineevsky en 2015 recoge la lucha que hubo durante 93 días en la Plaza Maidan, en el centro de Kiev, entre noviembre de 2013 y febrero de 2014, donde Ucrania empezaba a conquistar, con sangre y dolor, su libertad.


Winter on Fire: Ukraine’s Fight For Freedom, es un documental dirigido por Evgeny Afineevsky que tiene como temática los 93 días que duró el “Euromaidán” (21 de noviembre del 2013 hasta el 23 de febrero del 2014) y la revolución en contra del régimen del ex presidente ucraniano Víktor Yanukóvich.

El registro audiovisual disponible en Netflix muestra el estremecedor fenómeno que se originó en Kiev, donde un grupo de estudiantes comenzaron a protestar pacíficamente en contra de Yanukóvich, principalmente por no firmar el ingreso de Ucrania a la Unión Europea. Este hecho, que surgió como algo circunstancial motivó y dio origen a un movimiento social totalmente transversal incluyendo todos los sectores de la población ucraniana: médicos, profesores, obreros, ex militares, sacerdotes, niños, jóvenes, etc.

Afineevsky, nos hace parte y junto a él, podemos observar cómo un movimiento social pacífico se convirtió en una masacre brutal por parte de la policía a causa de las erradas decisiones políticas. Pese a la fuerte represión, la violencia y las amenazas, la ciudadanía tomó mayor fuerza e incluso luego de las primeras muertes de activistas siguieron exigiendo al gobierno escuchar la “voz del pueblo”.

El Fuego de la Lucha

Winter on Fire es un crudo registro, muy fiel a la realidad vivida en Ucrania, una ventana que sirve para visibilizar cómo la desigualdad de potestad entre los poderes del estado puede provocar un desastre político y social.

El documental se centra en demostrar que a partir de una manifestación pacífica el gobierno se vuelca sobre los participantes con tal violencia que resulta sobrecogedor e incluso escalofriante. Ante estos hechos la sociedad «despierta» en un movimiento importantísimo para ese país. Lucha que, por cierto, sigue sin tener fin. Esta cinta nos deja con dolor en el corazón y un nudo en la garganta por los caídos, por la respuesta violenta de las personas en el poder y la pérdida de amigos y familiares de los protagonistas que vemos en la pantalla.

Los francotiradores se ubican en los techos y disparan a los manifestantes, algunos tienen palos o piedras. Testigos aseguran que los tiradores son policías pero otros dicen que son terroristas a sueldo. Un hombre cae muerto por un disparo en la cabeza cuando intentaba auxiliar a su compañero en medio de los disturbios.

Militares retirados se unen a los ciudadanos que llevan mes y medio protestando en la plaza Maidan de Kiev en Ucrania, sitio que durante la revolución se convierte en el centro de operaciones, conspiraciones, entrenamientos, arengas y marchas. En ese lugar los civiles aprenden técnicas de combate y construyen trincheras en el invierno de final de año llenando las bolsas plásticas con nieve. No saben cuándo va a terminar todo, lo único que tienen claro es: “Estamos dispuestos a dar nuestra vida por la libertad”, según aseguran en entrevistas para televisión.

Cuando terminaron las protestas en febrero del 2014, luego de una navidad en medio del frio, se dio a conocer por varios medios de comunicación que habían muerto 126 ciudadanos en 91 días de caos sin parar, pues incluso en las noches habían enfrentamientos con la policía. El gobierno siempre ha asegurado que la cifra es mucho menor, pero ante el mundo son los únicos culpables de esos asesinatos.

El congreso mientras moría gente en la calle, aprobaba leyes para prohibir las reuniones, protestas y movilizaciones así fueran pacíficas. Incluso usar cascos o llevar bufandas se convirtió en delito de cárcel.

La Pasión de la lucha por una vida mejor

Pero Winter On Fire en todo su monumental esfuerzo técnico con más de 28 camarógrafos y muchas horas de grabación, algunas con teléfono celular, es más que un documental. Es un manifiesto de la resistencia y una prueba verdadera de que el pueblo gobierna cuando tiene la conciencia y el valor de reclamar sus derechos.

Esta obra es la inspiración del cambio doloroso pero necesario en un país polarizado y encadenado por la política, como pasa ahora con naciones del tercer mundo. La producción registra los siniestros y macabros métodos de un gobierno déspota aplicados al pueblo para seguir en el poder y muestra cómo ese pueblo se rebela porque está cansado del padecimiento, la injusticia y la corrupción que ha sufrido por años.

Al ver cada secuencia de Winter On Fire se siente el humo y el olor de las llantas incendiadas y los gases lacrimógenos en las calles de Kiev. Se puede percibir la adrenalina de los disparos pasando cerca y la inspiración del cambio que muchos esperaban para su territorio. Esta historia real es una mezcla de sentimientos que van desde la rabia, tristeza, esperanza y triunfo. Pero igual es una película con un manual que no conviene ser mostrado ni aplicado en otros países así que tenga ciudado.

Por eso si usted se atreve a buscar algo diferente en cuanto a un documental simplemente hay que ver Winter On Fire porque es inolvidable y peligrosamente inspirador.

Estupor y Temblores (79) "Soy un ocupante ruso"

“Soy un ocupante ruso, esta es mi profesión... ¡Tengan miedo!”

En un día como hoy, con las tropas de un dictador invadiendo a sangre y fuego una democracia soberana, y a la espera de un gran post que estamos preparando sobre Putin y su chunga Rusia no podemos por menos que recordar este video espeluznante (
obra del diseñador gráfico ruso Evgeny Zhurov) que fue publicado en 2015 y compartido por el entonces viceprimer ministro Dimitri Rogozin. 

La grabación, pura propaganda militarista, estaba dirigida al entonces presidente estadounidense, Barack Obama, y hacía un recorrido por una particular historia de Rusia venciendo a todos sus enemigos, señalaba las bondades de la actuación de su país en los territorios que ocupó (exponiendo el supuesto declive que experimentaron las regiones tras la marcha rusa) y justificaba su actuación en Ucrania, finalizando con un aviso: 

"No necesito su hipócrita libertad. No necesito su democracia podrida. Todo lo que ustedes llaman los valores occidentales son ajenos para mí. Tengo otros intereses. Cortésmente, les advierto por última vez. ¡No se metan conmigo! Construyo la paz, amo la paz, pero lucho mejor que cualquier otra persona en este mundo".

Así que el Juez Roy Bean no tiene nada más que decir que ¡¡Slava, Ukraini!!
 

14 de noviembre de 2021

Estupor y Temblores (77) Bataclan: las sombras de la masacre

Bataclan: las sombras de la masacre (ARTE - Francis Gillery 2021)

En vísperas del juicio por los atentados del 13 de noviembre de 2015, este documental (coescrito con el presidente de la comisión de investigación parlamentaria, Georges Fenech) profundiza en la s disfunciones que marcaron una noche trágica, que dejó 131 muertos. ¿Cómo es posible que pudiera suceder una masacre de tal magnitud en el corazón de París?

¿Por qué no se evitaron los ataques si el entonces primer ministro Manuel Valls, el ministro del Interior Bernard Cazeneuve, el exjuez antiterrorista Marc Trévidic y los servicios de información temían que pudieran cometerse? ¿Por qué la policía tardó tanto en intervenir en el Bataclan? Esta investigación pone de manifiesto tanto el fracaso de la cooperación entre los servicios de inteligencia europeos como un protocolo de intervención inadecuado para nuevas formas de terrorismo.



13 de noviembre de 2015: los atentados de París (ARTE - Joël Calmettes 2021)


Los ataques yihadistas del 13 de noviembre de 2015 en París dejaron 130 muertos, más de seiscientos heridos y miles de personas traumatizadas. Con testimonios de víctimas de terrorismo e investigadores, este documental arroja luz sobre la construcción y la transmisión de la memoria colectiva de los atentados.

11 de septiembre de 2021

Estupor y Temblores (76) 11S (2001.2021): 20 años de guerra contra el terrorismo


Un reportaje de ARTE.tv de la sección 'El revés de los mapas' nos lleva a recorrer las dos décadas transcurridas entre estos dos momentos, cuando el mundo se dio cuenta de que aquel avión estrellado contra la torre Norte del World Trade Center 
el 11 de Septiembre de 2001 no era una casualidad hasta la retirada del último soldado estadounidense de Afganistán el 30 de agosto de 2021. En estos 20 años la así llamada guerra contra el terrorismo o war on terror ha dilapidado miles de billones de dólares, han muerto o han sido heridas centenares de miles de personas y no se ha logrado el gran objetivo de acabar con al-Qaeda. Además, la amenaza yihadista se ha extendido y se ha multiplicado por otros grupos como Daesh y Boko Haram, extendido por numerosos países de África y Asia y ha golpeado también Europa.


20 de mayo de 2021

Estupor y Temblores (75) Covid-19: La India se ahoga


"El viernes recibimos 6.000 peticiones de oxígeno en nuestro teléfono de asistencia, pero solamente teníamos 1.000 bombonas" Taha Mateen (Mercy Mission)

Hoy nos desplazamos al subcontinente indio para abordar la situación límite que se vive en ese país en los últimos meses, con una segunda ola de covid-19 que está dejando miles de muertos y decenas de miles de contagiados diarios y sus hospitales colapsados y literalmente sin oxígeno. Ello está provocando auténticos dramas cuando tanto en los hospitales privados como públicos la gente esté muriendo no sólo en las habitaciones sino también en ambulancias, pasillos, o en coches particulares en los que llegan y permanecen ante la inexistencia de plazas disponibles en los centros sanitarios.

El gobierno de la India encabezado por Narendra Modi comenzó con un negacionismo similar al de Trump y Bolsonaro (o Boris Johnson hasta que sufrió el Covid en propias carnes), que intentó no hacer mucho más que confiar en una ficticia "inmunidad de rebaño" que sólo retrasó la explosión de la enfermedad. Las bajas cifras de contagios y muertes en los primeros meses de la pandemia instalaron en la mente de gobierno y población
 una falsa sensación de normalidad que hizo que se relajaran las restricciones. 

Hoy, el subcontinente lleva días superando el récord mundial de contagios un día tras otro (se han superado los 350.000 diaros) y las autoridades sanitarias han declarado que el pico de contagios se ha previsto para finales de este mes de mayo.

Como explica Paloma Almoguera en El País, el segundo país más poblado del mundo "transitó sin muchos sobresaltos durante la primavera pasada, sufrió una primera ola que se desarrolló durante el verano y alcanzó su pico en septiembre, y llegó a un nuevo mínimo a mediados de febrero. Cuando algunas autoridades y científicos del país daban lo peor de la crisis sanitaria por controlado, una nueva onda comenzó a crecer, primero a un ritmo suave y luego de forma desbocada."

India es un país clave para el futuro del desarrollo de la pandemia no sólo por la movilidad de su inmensa población sino porque la ya célebre doble mutación de la "variante india", más contagiosa, hace temer que su virulencia sobrepase la eficacia de algunas vacunas. De hecho esa variante ya ha sido detectada no sólo en naciones vecinas como Nepal, Singapur o Corea del Sur sino también en destinos tan lejanos como el Reino Unido. 

Esto coincide con que en otras naciones asiáticas que meses atrás parecían haber manejado de forma modélica la pandemia como Vietnam, Corea del Sur o Taiwan están registrando preocupantes repuntes en los contagios que les ha obligado a imponer de nuevo directrices más restrictivas con limitaciones al movimiento de la población. Esto también es debido a que las vacunaciones aún van por detrás de lo anticipado, bien por falta de interés entre la población o bien por escasez de medicamentos y problemas de abastecimiento.

Focalizando ahora en la problemática en India, un país productor de vacunas pero incapaz de vacunar a su población, consecuencia de, según escribe Lluís Bassets en El País, "un Gobierno populista y ultraliberal, que debilita la asistencia sanitaria y carece de voluntad y de medios para combatir la corrupción y el mercado negro que parasitan el sistema de salud, los suministros de oxígeno y de respiradores, la provisión de camas, e incluso las cremaciones rituales de los cadáveres". 

Un país con unas muy particulares condiciones de vida, con una tremenda densidad de población y un gran porcentaje de economía irregular que se realiza en gran parte en las calles, que complicaron desde el principio las medidas de alejamiento social. 

Un país cuyas incineraciones oficiales se han visto desbordadas y han sido sustituidas por masivas cremaciones exteriores que están contaminando el aire de las grandes ciudades y devastando los bosques en busca de una madera que cada vez escasea más.

Fervor religioso, aglomeraciones y pandemia.. ¿qué podría salir mal?

A ello se le añaden las también muy particulares actividades culturales de la multitud de creencias religiosas que se profesan en el país. Una de ellas, la festividad del Kumbh Mela o de la Jarra Sagrada es uno de los eventos religiosos hindúes que congregan el mayor número de personas en el mundo y en su celebración promete la salvación a sus devotos, quienes se han de sumergir o bañar en las aguas de ríos sagrados de ese país. 

Este año la celebración se llevó a cabo en el río Ganges a su paso por la norteña ciudad de Haridwar y fue tan multitudinaria como de costumbre. Según el Washington Post, 
alentados por "el dirigente del estado donde celebró el Kumbh Mela y miembro del gobernante partido nacionalista hindú Bharatiya Janata, Tirath Singh Rawat, llamó a todos los devotos del país para que asistieran a esta celebración diciendo que “nadie será detenido en nombre del covid-19. (...) Estamos seguros de que la fe en Dios superará el miedo al virus".. 

De esta forma tan absurda, miles de los asistentes al Kumbh Mela contrajeron la enfermedad y la llevaron a sus hogares, en una tormenta perfecta de superstición, estupidez e incompetencia que aportó lo suyo para la dramática contingencia que vive ese país hoy por hoy.

En fin, una catástrofe de dimensiones bíblicas en la que profundizamos con dos breves documentales de ARTE.tv y un artículo en 5W. El primero de los documentales, del año pasado, vemos cómo mientras el gobierno indio intentaba la misión imposible de confinar a 1.300 millones de habitantes la epidemia se expandía rápidamente. Pero en los suburbios, donde viven hacinados los más pobres, el riesgo no eran sólo los contagios, sino la hambruna provocada por el paro forzado. En Sangam Vihar, un barrio marginal en Nueva Delhi, las restricciones parecían muy difíciles de implementar...

En el segundo, de este mismo año, nos muestra un país en alerta máxima, megaurbes como Bombay y Nueva Delhi confinadas y con un toque de queda y restricciones en todo el territorio. Ante el miedo a otro bloqueo generalizado, miles de personas migran de las principales ciudades al campo. 

Con todo ello les dejamos. Cuídense ahí fuera, el virus sigue acechando. 

India, el confinamiento imposible (Mathilde Cusin y Mandakini Gahlot, 2020)

 India, miedo a la doble mutante del COVID-19 (Antoine Védeilhé, 2021)

La India se ahoga

5W - 3 de mayo de 2021 Shilpi Singh Nueva Delhi, India

El futuro de la pandemia se decide en la India. Y la India necesita ayuda de forma urgente.

Cuando el virus puso de rodillas a Occidente en 2020, la India contuvo el aliento. Cuando los hospitales se desbordaron en Bérgamo, Madrid o Nueva York, la India tembló. El segundo país más poblado del mundo (casi 1.400 millones de personas, solo por detrás de China) presentaba las condiciones idóneas para que el virus se propagara y matara: densidad de población, grandes aglomeraciones, medidas higiénicas inadecuadas y un sistema de salud que no merece ese nombre.

Pero el Gobierno reaccionó rápido y, de forma casi preventiva, ordenó un confinamiento nacional que en general funcionó, aunque centenares de miles de personas que se quedaron sin trabajo en las ciudades volvieron a sus casas en las zonas rurales. Los casos fueron aumentando —no puede ser de otra manera en un país de esa magnitud—, pero la hecatombe no llegó. Se hicieron muchas cábalas sobre por qué no sucedió. Y se cayó en el triunfalismo. 

Después de semanas y meses de discursos políticos irresponsables, de festivales religiosos congregando a millones de personas, de mítines y campañas electorales, de desafiar la lógica sanitaria, de relajación social, la India, mi país, se ahoga en esta segunda ola de la pandemia. Se ahoga literalmente: las redes sociales están llenas de mensajes de ciudadanos desesperados pidiendo oxígeno. La India superó el 1 de mayo por primera vez los 400.000 contagios en un solo día, después de diez días consecutivos registrando más de 300.000 al día, casi la mitad de los casos diarios del mundo. Los hospitales están colapsados y no hay camas de uci. Escasean los medicamentos. Las autoridades tuvieron tiempo para preparar al país para esta segunda ola, pero no lo hicieron. 

Tras superar a Brasil, la India es el segundo país con más casos del mundo, solo por detrás de Estados Unidos. Solo en la semana entre el 18 y el 25 de abril, registró 2,24 millones de casos y 16.257 muertes. A finales de abril se rozaban los 18 millones de contagios y más de 200.000 muertos desde el inicio de la pandemia, aunque cada vez más voces cuestionan esos datos: la catástrofe es incalculable. 

Un familiar de una persona fallecida por covid-19 se desmaya durante la ceremonia de cremación en Jammu, en el noroeste de la India, el 25 de abril. Channi Anand/AP

Lucha por el oxígeno

En las grandes urbes de la India, las familias luchan para conseguir camas en hospitales, botellas de oxígeno, medicinas como el Tamiflu (un antigripal) o inyecciones del polémico Remdesivir para algún pariente, amigo o conocido. Las redes sociales y los grupos de Whatsapp están inundados de peticiones de ayuda. 

“La tía de mi colega de trabajo se encontraba muy mal y no se pudo encontrar cama para ella en ningún hospital”, explica Harish Mehta, un trabajador informático de Gurgaon, en las afueras de Nueva Delhi. “El médico recomendó entonces que al menos comprara un tanque de oxígeno y que convirtiera la casa en una uci casera. Él buscó en muchas páginas web, llamó a muchos números, pero el suministro del oxígeno era muy limitado. Al final encontró un agente que le cobró 150.000 rupias (unos 1.700 euros) por un tanque de entre 16 y 20 litros. No tuvo otra opción. Su tía, igualmente, no sobrevivió”.

Nos ha tocado a todos. Mi familia no es una excepción. Mi cuñado, su esposa y mi suegra llevaban más de una semana con fiebre alta y síntomas obvios de covid-19, pero no hubo forma de hacerles un test. Mi marido, Paramjeet Singh, llamó a más de diez centros y no hubo manera. En muchos lugares, según le dijeron, la mitad del personal estaba de baja por coronavirus. 

Así lo explica mi marido: “Al final, a mi hermano, que es diabético y paciente cardiaco, se le infectaron los pulmones y pasamos por un infierno durante dos días para conseguirle cama en un hospital. Lo intentamos en 40 ó 50 hospitales, y lo digo sin exagerar. La mayoría de los hospitales no tiene camas, y ninguno tiene oxígeno”.

La situación en las grandes urbes es tal que muchos, para conseguir una cama con oxígeno, tienen que viajar a otras ciudades. Mi marido ya se había preparado para llevar a su hermano a Chandigarh, a cinco horas de Nueva Delhi, cuando por suerte logró una cama en un hospital público cercano. Pero no todos tienen la misma suerte. Debido a la falta de recursos en ciudades como Delhi, los hospitales de Agra, la ciudad que aloja el famoso Taj Mahal, y de otras localidades cercanas a la capital se están llenando. 

¿Qué se puede ver en las calles? Hay cremaciones al aire libre a toda velocidad, algunas en aparcamientos o en lugares improvisados. Ante las farmacias hay largas colas de gente desesperada buscando medicamentos. Hay que recorrer varias farmacias con la receta médica para encontrar lo que se busca, y el tiempo de espera en cada una es fácilmente de media hora. El volumen de pedidos a los repartidores a domicilio ha subido tanto que estos servicios, habituales en la India, también se han desbordado: no solo los de medicinas, sino también los de suministros básicos. Esto obliga a personas infectadas a salir a la calle, alimentando así un círculo vicioso.

La escasez ha fomentado el mercado negro. Las familias desesperadas están dispuestas a pagar precios desorbitados por productos básicos normalmente disponibles a precios muy bajos. Por una botella de oxígeno, que costaba unos 90 euros, se cobra ahora entre 550 y 1.600 euros, según la zona. Una dosis de Remdesivir, que antes estaba disponible por unos 50 euros, ahora puede llegar a costar 1.600 euros en el mercado negro. Los precios de otros medicamentos y de los servicios de ambulancia privados también se han disparado.

Un paciente respira, en el interior de su vehículo, con la ayuda de oxígeno suministrado desde un templo sij en Nueva Delhi el 24 de abril de 2021. Ante la escasez de oxígeno, este lugar ha comenzado a ofrecer sesiones respiratorias con tanques compartidos a pacientes de covid-19 que se encuentran a la espera de una cama en un hospital. Altaf Qadri/AP

Médicos y variantes

El personal sanitario trabaja entre 16 y 22 horas diarias casi sin descanso, bajo la presión de decenas de personas que buscan auxilio para sus seres queridos. 

“Esta es la peor semana que he vivido desde que trabajo en el ámbito sanitario. El personal hospitalario en todo el país está luchando para tratar al máximo número de pacientes posible, con las ucis llenas de personas ahogadas y las salas de urgencias inundadas. Hay escasez de personal formado, de suministros y de oxígeno”, escribió Anil Vinayak, el jefe de operaciones de una de las mayores cadenas de hospitales privados en la India, Fortis Healthcare, en un mensaje desgarrador que publicó en su cuenta de LinkedIn. 

¿Y qué pasa con la variante llamada “doble mutante” aparecida en la India? ¿Es la culpable de lo que está pasando? En el ámbito científico y sanitario del país hay bastante consenso en que es un factor fundamental. “Es muy agresiva. Dos mil veces peor”, dice usando una hipérbole la directora regional de negocios del conglomerado Apollo Spectra Hospitals, Sarika Kwatra. El doctor Narayanaswamy, de otra gran cadena hospitalaria, Columbia Asia, explica en un vídeo oficial que la variante B.1.617 es más común en las zonas urbanas de estados como Maharashtra, Gujarat y Delhi. Es la variante “más virulenta y contagiosa” y que “puede afectar a gente mayor y a jóvenes igual”, según él. Pero también hay científicos extranjeros que aseguran que los datos disponibles aún no son concluyentes para afirmar que esta variante sea decisiva en la severidad de esta segunda ola. Hay confusión. Una confusión que a todos nos resulta familiar.

Los hospitales, en todo caso, se están llenando de pacientes de todas las edades, particularmente de entre 30 y 50 años, y con necesidad de oxígeno. “La situación en los hospitales es muy mala. Los pacientes no encuentran cama de uci, ni médico, ni medicamentos, ni oxígeno. Es una situación muy comprometida para los trabajadores sanitarios”, dice Kwatra.

Pacientes afectados por la covid-19 reciben tratamiento en la sala de emergencias del hospital Holy Family de Nueva Delhi el 29 de abril de 2021. Danish Siddiqui/Reuters

El Gobierno indio, bajo la mira

¿Por qué esta segunda ola es tan virulenta? Hay muchas causas al margen de la aparición de una variante. De hecho, quizá lo más difícil sea identificar lo contrario: medidas oficiales, actitudes públicas o factores externos que no contribuyan a la propagación del virus. 

A partir de septiembre de 2020, el Gobierno indio, capitaneado por el primer ministro, Narendra Modi, relajó las restricciones y, sobre todo, adoptó un discurso triunfalista. Modi es el líder del derechista Bharatiya Janata Party (BJP), un partido hinduista que ha enterrado políticamente al histórico Partido del Congreso de la dinastía Nehru-Gandhi, lastrado por la corrupción y la ineptitud. Las buenas perspectivas del país tras la primera ola y la aparición de la primera vacuna india (Covaxin, de la empresa Bharat Biotech) hicieron que las proclamas nacionalistas se impusieran en el seno del Gobierno. Y eso envió un mensaje de falsa inmunidad muy peligroso para la sociedad. 

“Un país que alberga un 18% de la población global ha salvado a la humanidad de un gran desastre al contener el coronavirus de forma efectiva”, dijo Modi cuando la segunda ola llegaba a Europa. 

Los hoteles y restaurantes empezaron a abrirse a partir de octubre de 2020, y en los meses sucesivos se dejaron de pedir test como prerrequisito para viajar dentro del país y alojarse en hoteles en la mayoría de estados. La India empezó a celebrar las fiestas religiosas con su habitual fervor, particularmente las hindúes, algo favorecido por el Gobierno, acusado de castigar a otras minorías como la musulmana. La estampa más clara de este clima de euforia fue la celebración en abril del Kumbh Mela, una de las fiestas hindúes más importantes y también una de las mayores aglomeraciones religiosas del mundo. Millones de devotos hindúes acudieron al río Ganges para sus abluciones sagradas. Aunque de forma algo más contenida, Holi, el festival de los colores, también se celebró a finales de marzo. 

Aunque son los casos más llamativos, sería un reduccionismo achacar la transmisión del virus tan solo a los eventos religiosos. La relajación fue general. El Gobierno habló pronto de “brotes verdes” en la economía y de una recuperación en forma de V. Los mercados, las oficinas, el metro y los autobuses se fueron llenando poco a poco. Era como volver a 2019.

“Todo ha pasado tan de repente…”, dice Amardeep Singh, dueño de tres restaurantes en la ciudad sureña de Bangalore. “En la primera ola se controló bien la pandemia y la gente dio por hecho que lo peor había pasado. Todo esto nos ha pillado por sorpresa. No había nada que recordara la existencia de la covid-19. Había encuentros sociales por todos lados, se había acabado el miedo. Actividades comerciales, clubs, fiestas… todo había vuelto a ser normal, como en tiempos precovid”. 

Muchos ciudadanos culpan a las autoridades de este clima que ha facilitado la explosión de casos en la segunda ola. “El Gobierno debería ser más responsable”, dice Mahima Arora, una joven residente de Nueva Delhi que muestra su preocupación por el “colapso total” del sistema sanitario. “No hay camas, la gente va corriendo de un hospital al otro. Se están muriendo por falta de recursos. Cada día nos enteramos de una o dos muertes de personas que conocíamos”.

Modi recibió severas críticas en 2020 cuando anunció el confinamiento nacional, tanto por el impacto en la economía como por el éxodo de trabajadores de la ciudad al campo. Esta vez parece escarmentado y no quiere repetir el movimiento: “El confinamiento total será el último recurso”, dijo. Ni siquiera la alarma que ha causado la nueva variante o la aceleración de los contagios ha hecho que su Gobierno dé su brazo a torcer. Estados como Maharashtra (oeste) y Karnataka (sur) han decretado restricciones en grandes urbes como Bombay o Bangalore, pero el Gobierno central se niega a cerrar el país.

Miles de devotos congregados en las orillas del río Ganges durante el Kumbh Mela, una de las fiestas hindúes más importantes, el 11 de abril de 2021. Danish Siddiqui/Reuters

“Los casos se están multiplicando día tras día, y nosotros no tenemos los recursos para tratar a una población tan grande. Creo que el Gobierno debe imponer un confinamiento estricto en el país, pero por motivos políticos no lo está haciendo”, dice Mahima.

Como siempre, hay cálculos electorales de por medio. En abril se celebraron elecciones en cuatro estados indios en los que hay cerca de 186 millones de votantes. Pese a la emergencia sanitaria ya imposible de ignorar, las campañas electorales se llevaron a cabo con normalidad y con mítines multitudinarios, y los comicios tuvieron lugar. Modi y su BJP se han volcado sobre todo en las elecciones de Bengala Occidental, un estado clave en el que querían desplazar a la gobernadora, Mamata Banarjee, del All India Trinamool Congress. Esas elecciones, además, se han celebrado por fases, y eso ha dado más oportunidades a que el virus se propague. 

Mientras, los episodios traumáticos se suceden. El 24 de abril se supo que 25 personas habían muerto en el hospital Jaipur Golden de Nueva Delhi por falta de oxígeno. Dos días después se reabrió un hospital con 500 camas que se había cerrado en febrero de este año. En Maharashtra, una fuga en el tanque de oxígeno del hospital interrumpió el suministro a los pacientes. Murieron 22 personas. La televisión mostró imágenes de familiares llorando en los pasillos del centro y personal sanitario intentando reanimar de forma desesperada a los enfermos. 

El Gobierno, sin embargo, no acepta las críticas: ya ha ordenado que se eliminen algunos mensajes en diferentes redes sociales que denuncian la falta de recursos y la gestión de esta crisis. 

La fábrica del mundo

La emergencia ha hecho que el Gobierno prohíba que el Serum Institute of India, que produce 2,4 millones de dosis diarias de la vacuna AstraZeneca, detenga sus exportaciones, que tenían como destino, sobre todo, países africanos. Pese a este movimiento, a la existencia de la vacuna india y al acuerdo que las autoridades han logrado para fabricar también la vacuna rusa Sputnik, no hay suficientes dosis. La India es el mayor fabricante de vacunas del mundo, pero no podrá vacunar a su población este año. Hay cálculos que apuntan a que solo un 30% de los indios estará vacunado a finales de 2021. Además del peligro epidemiológico en el Sur de Asia, esto supone que otros países sin recursos tendrán menos acceso a vacunas.

Un hombre recibe la vacuna Covishield contra la covid-19 en un centro de atención primaria en Srinagar, Cachemira, el 28 de abril de 2021. Dar Yasin/AP

De momento, el Gobierno ha decidido extender la vacunación a personas mayores de 18 años (antes estaba restringida a los mayores de 45 años), pero, al igual que otros líderes regionales, el jefe del Gobierno de la región de Delhi, Arvind Kejriwal, ya ha dicho que el proceso va a retrasarse por falta de dosis. Los problemas en los pagos de las autoridades por las dosis será otro de los obstáculos en la carrera hacia la inmunización del país. 

Los pronósticos epidemiológicos dicen que el pico aún no ha llegado. Angustiada, la India se aferra a sus virtudes: su músculo industrial, su sector tecnológico y su fuerza humana serán fundamentales para intentar dar un vuelco a la situación, pero ahora mismo necesita ayuda para seguir adelante. 

La India contuvo el aliento cuando el coronavirus se desató en Occidente. Ahora el mundo contiene el aliento, porque la India sufre, y lo que pase en la India será decisivo en la historia de la pandemia.