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5 de mayo de 2022

El Crackómetro (54) ..Y nada más!!



Tras la última heroicidad vivida en el Bernabéu sólo nos queda seguir disfrutando del recuerdo de la increíble y tozudísima trayectoria en pos de la Decimocuarta de un club vitalmente empeñado en el más difícil todavía, en hacer Historia en cada partido. El chorreo de millones de cada año de Qatar, de Rusia, de EAU, hacia el 
PSG, el Chelsea y el Manchester City, derrotados por un club que sigue perteneciendo a sus socios, entre ellos un orgulloso Juez Roy Bean, en una temporada de Champions que ya, aunque se perdiera la final, es para el recuerdo. Un club hecho, como aquel legendario Halcón, del material con el que se forjan los sueños. Enhorabuena a todos los madridistas del mundo. Y nada más..!!

 

27 de mayo de 2015

Ciclo de cine clásico USA (24) 'Touch of evil', de Orson Welles

Lo anunciábamos al publicar el documental sobre Orson Welles y aquí está una de sus grandes obras maestras, 'Sed de mal' (Touch of evil, 1958), un film noir de deslumbrante reparto (con un Welles casi irreconocible creando un villano inolvidable y una fantasmagórica y hermosísima Marlene Dietrich) y una compleja trama sobre el poder y la corrupción. Atención a su expresionista atmósfera y al espectacular plano secuencia de apertura, un prodigio de dominio de la técnica y puesta en escena, y sin duda uno de los mejores comienzos de la historia del cine.

Sinopsis: Un agente de la policía de narcóticos (Heston) llega a la frontera mexicana con su esposa justo en el momento en que explota una bomba. Inmediatamente se hace cargo de la investigación contando con la colaboración de Quinlan (Welles), el jefe de la policía local, muy conocido en la zona por sus métodos expeditivos y poco ortodoxos. Una lucha feroz se desata entre los dos hombres, pues cada uno de ellos tiene pruebas contra el otro.


'Sed de mal', toque de genialidad

Existen varias versiones de cómo esta película terminó haciéndose realidad. (...) En realidad, Charlton Heston, que era una estrella emergente a mediados de los cincuenta, quería como compañero de reparto a Orson Welles, y se lo impuso a la Universal. Una vez convencidos, también les propuso que fuera él quien la dirigiera, propiciando su regreso a Estados Unidos, después de filmar tres películas en Europa. Welles cogió una mala novela de policías corruptos, escribió el guión en pocas semanas, y se propuso un regreso triunfal a Hollywood que nunca tuvo lugar, porque como dijera Jonathan Swift: “Cuando aparece un gran genio en el mundo se le puede reconocer por esta señal: todos los necios se conjuran contra él.”

De modo que Welles aceptó dirigir, escribir y co-protagonizar una película en la que Heston interpretaría a un improbable mexicano, y por la que sólo percibiría un salario como actor. Todo para regresar a la industria que él sabía era la única del mundo que le proporcionaría la posibilidad de hacer realidad su inconmensurable temperamento visual. Pero una vez terminada la película, la Universal la encontró indeciblemente desagradable y confusa, la mutiló de la forma más abyecta posible, y la estrenó como un producto de baja calidad, sin apenas promoción, y echando pestes de ella. Increíble, pero cierto. Y aún más increíble la reacción de los críticos americanos, pues lo más suave que dijeron de ella fue que era absurda, hasta llegar a basura pretenciosa. Así las cosas, no es de extrañar la decadencia salvaje del cine norteamericano. Pero, en cualquier caso, ningún crítico ha podido jamás hundir una gran película (del mismo modo que ningún crítico ha podido jamás “salvar” una mala película), y desde luego no pudieron con la que, en opinión de quien esto escribe, es el filme más grande que filmó Welles en Estados Unidos, a pesar de lo caro que le resultó ser profeta en su tierra.

Cuando uno revisa los filmes noir inmediatamente posteriores o anteriores a este, es algo así como situar a Bach entre grupos de música pop actuales. Al lado del genio de Welles, los logros de algunos directores de gran talento quedan completamente eclipsados. Los Wilder, Ray, Preminger, Garnett, Huston, Siodmak, LeRoy, Wellman, Walsh, Fuller, Kubrick y otros, quedan como meros artesanos, casi aprendices, al lado del coloso que dirige ‘Sed de mal’ (‘Touch of Evil’, 1958), y sólo grandes nombres como Fritz Lang, Howard Hawks o Jacques Tourneur pueden comparársele en su genio. En su inclinación apasionada a los caracteres grandiosos, en su desmesurado mundo barroco, Welles cambia el cine para siempre, y los directores de “filme noir” contemporáneos quedan anticuados cuando se observan las imágenes de esta película, que convierte al cine en algo mucho más formidable de lo que los directores “clásicos” pudieron siquiera soñar, y quizá por eso Welles fue sistemáticamente despreciado en su país. Es el problema de poseer un sentido visual y una personalidad tan extraordinarios.

Falstaff Quinlan

Lo cierto es que no resulta fácil escribir un comentario acerca de esta supuesta “basura”, porque siendo en cierta forma la cima del cine negro, también se aleja de sus constantes en ciertos pasajes para erigirse en cine de vanguardia absoluto, en una aventura abstracta, en expresionismo dinámico. Un brutal acontecimiento catalizador, la voladura de un coche en plena frontera entre México y Estados Unidos, es el disparador de una investigación a cargo del capitán norteamericano Quinlan (Welles), y de sus hombres, observados por el policía mexicano Vargas (Heston). La trama posterior, el modo en que Vargas descubre lo podrido que está el capitán Quinlan, el destapar sus prácticas, el salvar a su mujer Susie (nunca estuvo tan sensual Janet Leigh), todo eso es lo de menos. No es más que una excusa para que Welles exponga su visión, una vez más, del abuso de poder, de la soledad del hombre, de la violencia y la sordidez como nunca antes, y posiblemente después, se había visto en el cine norteamericano.

Todo comienza, bien lo sabrán la mayoría de los lectores de esta página, con uno de los planos más famosos de la entera historia del cine. No es exactamente un plano secuencia, porque no toda la secuencia está resuelta con él, pero sí es una muy larga, de asombrosa dificultad técnica, con una grúa alucinante y docenas de extras alrededor de Heston y Leigh, orquestados como si de una sinfonía se tratase. Según Welles, esta clase de planos sólo son posibles en el cine norteamericano, gracias a los excelentes técnicos que trabajan allí. Esto es un poco cuestionable, pero lo que cabe duda es que el gran Rusell Metty (según John Baxter ninguneado por Kubrick en ‘Espartaco’, aunque ganara su único Oscar por esa película) está a la altura del Gregg Toland de ‘Ciudadano Kane’ (‘Citizen Kane’, 1941) en pericia técnica y en ambición estética. Metty, secundado por Welles, lleva hasta las últimas consecuencias los claroscuros del expresionismo alemán. Sus sombras y profundidades de campo es lo más lejos que se puede llegar sin caer en la parodia.

Con los personajes envueltos en sombras excepto en las escasas escenas diurnas al aire libre (en los interiores, aunque sea de día, todo son enormes contrastes de luz), Welles dirige a los actores con mano maestra, en un amanerado juego visual, pues los actores asemejan bailarines coreografiados por una sensibilidad experta. Al mismo tiempo, el uso de la cámara es increíblemente expresivo. Lo admirable es que tanto movimiento de cámara y tanto movimiento de actores no produce una confusión visual y sí una tremenda inquietud, que va enervando al espectador progresivamente, desquiciado por unos diálogos magistrales que se suceden con la velocidad de un tiroteo. La rivalidad natural entre Quinlan y Vargas desvela el profundo racismo del primero, para convertirse en una de las críticas más feroces contra la policía de esa frontera de que hay noticia. La política, los tejemanejes de los poderosos, el cinismo de la justicia, pero también el tesón y la perserverancia de los hombres honestos, que jamás se rinden.


La presentación de Quinlan es absolutamente brutal, parecido a un Falstaff moderno (personaje shakesperiano favorito de Welles): pendenciero, vanidoso, compulsivo, hasta cruel, pero con el corazón roto. Llegaremos a odiar a Quinlan, mientras es imposible dejar de pasmarse con el fenomenal talento interpretativo del actor. Welles sólo contaba cuarenta y tres años cuando hizo esta película, pero quizá su escarpada carrera le envejeció más que la caracterización. A su lado Heston está muy bien, muy sólido y muy creíble, aunque jamás nos creemos que sea mexicano, y mucho menos cuando chapurrea español. El resto del reparto debería estudiarse en las escuelas de casting: Joseph Calleia, Akim Tamiroff, Joanna Moore, Ray Collins, Valentin de Vargas, Mort Mills... todos ellos configuran un collage de rostros salvajes, casi demenciales. La pura imagen de la corrupción y la infamia. Y el remate final es la aparición fantasmagórica de una enigmática Marlene Dietrich en un papel antológico, en el que se limita a mirar con sus ojos insondables, y a soltar nada más que un par de frases misteriosas sobre Quinlan, cual adivinadora de otro mundo.

Ya la mera utilización de la cámara para los coches en movimiento, convierte en antiguallas de arqueología las retroproyecciones que aún se seguirían utilizando durante algunos años. Y posiblemente nunca se utilizaron las grúas de un modo tan dramático (ni los contrapicados, ni los planos inclinados), exprimiendo así las últimas gotas dramáticas de cada secuencia. Claro que la grúa habría sido menos espectacular sin los escenarios diseñados por Robert Clatworthy y Alexander Golitzen, que hacen de la frontera y de cada calle un personaje más, en un barroquismo grandioso, bañado por las sombradas de Metty, vestido de la cadenciosa y delirante música del legendario Mancini, con los bailarines-actores haciéndolo vibrar, en un todo del que no se puede extraer ningún elemento sin que sufran los demás, y que hay que gozar vinculando continuamente sus hallazgos hasta la extenuación, en un obra maestra imperecedera del arte del siglo XX.

20 de mayo de 2015

Vocabulario Fundamental. Cerebro e Inteligencia (25) Orson Welles, el genio creador


El pasado 6 de mayo se cumplieron cien años del nacimiento del gran Orson Welles. Ya desde niño George Orson Welles destacó por su precocidad artística. Se cuenta que a los tres años apareció en una representación de Sansón y Dalila y que a los diez dirigió y protagonizó una versión teatral de 'El extraño caso del doctor Jekyll y Míster Hyde', una serie de leyendas que el propio Welles encargaba de difundir y adornar. Pero Welles transitó rápidamente de niño prodigio a configurarse como un artista multidisciplinar de gran inteligencia y versatilidad. 

Cuando Orson Welles llegó a Hollywood a comienzos de los años 40 confesó que el cine era el tren eléctrico más fabuloso con el que le habían dejado jugar en toda su vida. Por entonces, ese joven que apenas superaba el cuarto de siglo de vida era ya una celebridad en toda Norteamérica. Con veinte años había montado obras de Shakespeare en Nueva York y era, además, una voz habitual de los seriales dramáticos de la cadena de radio CBS. 

Una noche de 1938 su voz anunció en directo la invasión de los extraterrestres. Hubo oyentes que huyeron alarmados de las ciudades sin saber que se trataba, en realidad, de una dramatización de La guerra de los mundos, la obra de H. G. Wells. Tras el escándalo la RKO le ofreció un contrato para filmar dos películas. Nunca antes un novato había gozado de tanta libertad. El primero de aquellos dos títulos lo realizó en 1941 y fue Ciudadano Kane. A partir de ahí nació la leyenda.

Welles tuvo una irregular carrera en Hollywood, así como una importancia crucial en el cine independiente y en el teatro. Con una vida personal y sentimental agitada, antepuso siempre como prioridad su trabajo. Como actor Welles trabajó infatigablemente, interpretando muchas veces dos y tres películas por año. Algunas de sus actuaciones actorales, como en 'El tercer hombre' (1949) son memorables aunque ésta, una de sus películas más célebres sería dirigida por Carol Reed. Sus interpretaciones de Othello, Kane, Falstaff y otras en las que se dirigía a sí mismo, hacen ver que su talento como actor era tan grande como el de director y el que manifestó en otras muchas actividades de su vida.

Después de la ya citada 'Ciudadano Kane', firmaría en 1942 'The Magnificient Amberssons' (El quinto mandamiento), 'El extraño' (The stranger, 1945), 'The lady from Sanghai' y 'MacBeth' en 1947 y ya en los cincuenta y sesentas dirigiría 'Otello' (1952), 'Mr. Arkadin' (1955) y las magníficas 'Sed de mal' (1957) o 'Campanadas a Medianoche' (Chimes at midnight, 1965). Los más remarcable de los setenta (al menos lo único de esa década que hemos visto) sería 'F for Fake' (1973), que ya publicamos en este blog. Muchas de estas películas son obras maestras imperecedoras (e imperfectas), llenas de escenas memorables que continúan inspirando a los cineastas actuales. 

Polémico y discutido, Welles siguió trabajando hasta su muerte, el 10 de octubre de 1985. Dejó varios proyectos inacabados y una sensación general de que su gran talento merecía otra obra maestra. "Era el hombre con más talento que he conocido en mi vida", dijo de él Charlton Heston, el protagonista de Sed de mal. "Sin embargo eso no significa que fuera el mejor director, guionista o actor", añadía. Puede que sea cierto pero cada vez que se habla de Orson Welles no podemos dejar de exclamar lo mismo que uno de los personajes de Campanadas a medianoche: “Señor, señor… las cosas que hemos visto”.

Este documental ofrece imágenes de casi todos los trabajos realizados por el legendario director estadounidense, incluidas algunas de sus películas inacabadas como 'Al otro lado del viento', con John Huston. Cuenta con numerosas entrevistas a personalidades relevantes como Martin Scorsese, Steven Spielberg, Richard Linklater, y su amigo de toda la vida, el historiador de cine y director, Peter Bogdanovich. Imprescindible para cinéfilos. Lo único a lamentar tanto en este como en el resto de documentales que captamos desde la web de RTVE es que sean doblados, algo que nunca entenderemos y que siempre nos deja un lamento. 

A lo largo de nuestro ciclo de cine clásico USA publicaremos algunas de sus mejores películas, por supuesto 'Citizen Kane' pero también 'Sed de mal' (que será la primera), 'Campanadas a medianoche', 'La dama de Shanghai' o 'Macbeth' para seguir disfrutando del cine del genio de Winconsin. Ahora el docu y a disfrutar de la vida y obra del gran Orson Welles. 

30 de octubre de 2013

Vocabulario Fundamental. Corrupción y Fraude (12) Orson Welles, el hombre que invadió la Tierra

 
Se cumplen 75 años del colosal engaño radiofónico orquestado por el genial Orson Welles (gran amante de trucos, engaños y fakes, que ya ha ocupado otras veces este blog), cuando en la noche de Halloween del 30 de octubre de 1938 hizo creer a miles de estadounidenses que una invasión extraterrestre se estaba llevando a cabo. La adaptación que Welles hizo de la novela de H.G. Wells provocó desde las ondas una histeria colectiva que contagió al país durante horas. Un documental programado en Documentos TV nos revela qué ocurrió aquella noche histórica en la que el enorme talento de Orson Welles se mostraría al mundo demostrando el poder manipulador de los medios de comunicación y que su prestigiosa carrera como creador de ilusiones no había hecho más que empezar.
Welles con los actores y la orquesta

Documentos TV. "La guerra de los mundos"

RTVE.es / Documentos TV 22.10.2013

Eran las ocho de la tarde del 30 de octubre de 1938 cuando un joven Orson Welles entraba en el Estudio Uno, en el piso 20 de la Columbia Broadcasting en Nueva York, junto a diez actores y una orquesta de 27 instrumentos. Se disponían a interpretar la novela del británico H.G. Wells “La guerra de los mundos”. La radionovela seguiría el formato del boletín de informativo de última hora, con el que, desgraciadamente, los estadounidenses estaban muy familiarizados. 'La guerra de los mundos' de 1938

En la caída libre de la Gran Depresión, con las amenazas diarias de Hitler desde el otro lado del Atlántico, la credibilidad de la radio se había convertido en un salvavidas para el 80% de los hogares. Y Welles pensó que su radionovela, contada como una de las cientos de noticias fatídicas que las ondas radiofónicas transmitían cada día, funcionaría. Era la noche de Halloween, una noche tradicionalmente dada a gastar bromas. Sin embargo, ni el mismo Welles pudo imaginar nunca que esa emisión iba a suponer uno de los mayores acontecimientos de la histeria de masas en la historia de los Estados Unidos.

El documental

Orson Welles en la rueda de prensa posterior a la emisión de "La guerra de los mundos"


"La guerra de los mundos" reconstruye con actores los testimonios que se recogieron aquella angustiosa noche en la emisora CBS, en las redacciones de los periódicos o en las comisarías. Suicidios, accidentes, colas kilométricas en las autopistas... tenían lugar mientras, bajo la magnífica dirección de Orson Welles, los alienígenas atacaban a los ciudadanos de Nueva Jersey y se desataba la angustia contenida de toda una nación.

Tras la emisión de la "Guerra de los mundos", Orson Welles se vio obligado a convocar una rueda de prensa. "No tengo ningún interés en explicar al público los motivos para radiar la novela-dijo, ni mucho menos para disculparme por haberles entusiasmado. Si han existido situaciones de pánico colectivo es solamente porque sé contar historias en la radio".“El realismo me atrapó, me lo tragué todo, según lo iban emitiendo” escribía un vecino de Massachusetts unos días después. “Creo que la reacción puso de manifiesto la estupidez de las masas”, opinaba otro ciudadano que había vivido en directo la trágica genialidad del desde entonces insigne Welles.

20 de julio de 2013

Vocabulario Fundamental. Corrupción y Fraude (10) 'F for Fake', de Orson Welles


Ya en nuestro primer post sobre los fraudes abordábamos el fraude financiero (con el caso de Bernard Madoff on fire), el fraude en la guerra (en ese caso, la guerra de Irak, puro fraude desde el comienzo, además de otras cosas), en el fútbol (con el por entonces presidente del Real Madrid Ramón Calderón) y también en el arte, donde hablábamos de Henricus Antonious van Meegeren o Elmyr D'Hory. Este último es uno de los protagonistas del documental "F de Fraude" ("F for Fake", 1973) del genialoide cineasta Orson Welles, un apabullante ejercicio metacinematográfico sobre el fraude propio (aquella memorable ficción radiofónica "La guerra de los mundos" que aterró Estados Unidos en 1938) y ajeno, un laberinto que combina documental, ficción y apariencia de ambas. Muy recomendable. 

"Obra maestra (...) el maestro mezcla ficción y realidad para soltar un discurso sobre las falsificaciones y el arte que sigue siendo igual de válido que cuando se montó (nunca mejor dicho, la edición de la película sigue siendo impresionante)." Toni García: Diario El País

'F for Fake'

Texto: Miquel (FilmAffinity)

Obra singular, escrita, protagonizada y dirigida por Orson Wlles. Se rodó en Ibiza (España), EEUU, Toussaint y otras localidades de Francia. La acción principal, la del narrador, se desarrolla en 1973, en localidades de Francia, Irlanda, España y EEUU. La narración contiene una lúcida reflexión sobre los límites, imprecisos y complejos, que separan la verdad de la mentira, la realidad de la ficción. Tras el elogio a la magia, se explican fraudes célebres por su trascendencia, autoría o ambigüedad. Se refiere a Elmyr de Hory, pintor especialmente dotado para la imitación de grandes maestros, como Modigliani, Matisse, Van Dongen y Picasso; a Clifford Irving, autor de la falsa biografía de Howard Hughes; a las falsedades que jalonaron la vida de Howard Hughes; al programa radiofónico, de 1938, sobre el falso ataque alienígena a la tierra; y a otros fraudes.

La película combina fragmentos documentales y fragmentos de ficción, en un relato que contiene una interesantísima exploración de la combinación de verdad y mentira, certezas e incertidumbres, que se da en la vida, la realidad social, los relatos y biografías e, incluso, en el arte. La expresión más elevada de la acción humana, el arte, se apoya legitimamente en la ficción para provocar goce espiritual y emoción estética. La falsedad de la pintura se basa en el uso de pigmentos de escaso grosor, que producen imágenes que evocan realidades (perspectiva, profundidad, movimiento) que no están en el cuadro. 

Los actores dramáticos crean la ilusión de unos personajes que no están en el escenario. En el mundo nada es sencillo, ni siquiera el fraude. El autor exalta el valor de la ficción, acepta la complejidad de la verdad y rechaza el fraude basado en afanes de lucro ilegítimo. El mayor mérito de Elmyr de Hory, presunto falsificador, consistió en quebrar la creencia en la infalibilidad de los expertos en arte, dictadores de la autoría de grandes pintores. El mayor mérito del arte consiste en que "es una mentira que nos hace descubrir la verdad".

La música, de Michel Legrand, refuerza el relato con melodías coloristas, brillantes y variadas. La fotografía adopta el formato documentalista con filmaciones de los actores y del narrador. Éste, mientras pasea por un parque otoñal, sirve imágenes de singular belleza, que evocan una atmósfera grata, pero ambigua. El guión tiene la complejidad y la riqueza de la reflexión que se propone. Los interrogantes, las preguntas y las dudas, golpean con fuerza el ánimo del espectador. Los actores tienen intervenciones acertadas, pero breves frente a la omnipresencia de Welles, actor y narrador. Su intervención, pausada, es magnífica. La dirección, en plenas facultades, exhibe maestría, inteligencia y originalidad.

La película plantea un tema trascendente, similar en parte al de "Rashomon", de Kurosawa. No apta para mentalidades simples, afectas a verdades absolutas y opuestas a la complejidad y relatividad de las cosas.


9 de abril de 2009

Welles y Boyero, entre las sombras de Viena


En 1949, en una Viena aún con los recuerdos y los escombros de la guerra, una lámpara se mueve y una luz invade una sombra, de donde surge el gepeto inteligente y burlón de Orson Welles. Ese plano maestro para presentar un fantasma y su posterior persecución entre las penumbras de una ciudad en posguerra aparecen en mi recuerdo al leer el magnífico artículo El arte de los espías de Carlos Boyero, sobre tres piezas maestras del cine en general y del cine de espías en particular, a saber, Encadenados, de Hitchcock, Operación Cicerón del gran Joseph Leo Mankiewicz y la que ha sido considerada mejor película del cine británico, El tercer hombre, de Carol Reed. Así que nada, les dejamos con el gran Carlos Boyero rindiendo homenaje a la inolvidable El tercer hombre, y después, la célebre escena de la noria en el Prater. Cine del bueno.

(...) El protagonista de "El tercer hombre" sólo aparece en la parte final aunque su seductora y demoniaca personalidad anda flotando desde las primeras secuencias. Se llama Harry Lime, es amoral y cínico, trafica con penicilina adulterada en la ruinosa Viena de la posguerra, admira la sanguinaria Italia del Renacimiento porque la existencia de los Borgia no impidió que convivieran con artistas como Miguel Ángel y Leonardo mientras que Suiza en infinitos años de paz lo único que había logrado inventar era el reloj de cuco, ha hecho trabajos sucios para los aliados y para los soviéticos, se burla de conceptos tan banales como lo correcto y lo incorrecto, sabe que una mujer a la que enamoró perdurablemente y el fiel amigo de la adolescencia, dos perdedores honrados, siempre tendrán serias dudas, a pesar de las evidencias, sobre su monstruosa naturaleza.

"El tercer hombre" posee el aroma de los misterios indescifrables. También el clima de las pesadillas. Graham Greene escribió la novela y Carol Reed firma la película, pero todo en ella lleva el aroma del mejor Welles, aunque aparentemente él se limite a meterse en la piel y en el espíritu de uno de los cabrones más fascinantes de la historia del cine.(...)