Ahora que la aceleración del cambio climático está arruinando el espejismo de una abundancia ilimitada es necesario aprender la lección de la mesura, de los límites, de los dones comunes
Aunque me esfuerzo no logro acordarme de la última vez que vi llover, o que oí la lluvia sin verla desde el interior protegido de mi casa. Durante años mi dormitorio tuvo un techo inclinado y una claraboya, y cuando llovía en mitad de la noche me despertaba en la oscuridad un rumor cercano que un poco antes había empezado a filtrarse en el sueño. Algunas veces el recuerdo de la lluvia nocturna tenía por la mañana la vaguedad de un sueño que se volvía real cuando al abrir la claraboya entraba en el dormitorio una corriente de aire fresco oliendo a tierra empapada. De todo esto hace mucho tiempo. La melancolía del soneto de Borges que acaba con una invocación piadosa de su padre ahora cobra para nosotros una exactitud de titular: “La lluvia es una cosa / que sin duda sucede en el pasado”. Del pasado vienen, como imágenes de postales, escenas de ciudades bajo la lluvia, de arboledas espesas en que al sonido copioso de las gotas se mezclaba el del viento o la brisa en las hojas. Algunas veces, sorprendido por la lluvia en una ciudad extranjera, he tenido la sensación de que en realidad había viajado a ella no para ver sus monumentos ni los cuadros de sus museos sino para contemplar la lluvia añorada, para empaparme de ella con los cinco sentidos, olerla y tocarla en mi cara alzada y en las palmas de mis manos, degustarla como una bebida vigorizadora. En mitad de las ruinas de los foros, las lluvias súbitas de la primavera romana. En las noches de verano de Nueva York, en las que el aire caliente adquiere un espesor de sauna, gotas de tormenta gruesas como uvas han estallado sobre el pavimento y sobre las copas de los árboles sacudidas por un vendaval que despejaba la atmósfera con los últimos coletazos de un huracán del Caribe.
Imagen: Fran Pulido
De joven quise irme a países donde hubiera una libertad que aquí no existía. Con el paso de los años he tenido el impulso hacia un exilio no político pero sí climático. Llegando a Portugal, casi antes de cruzar la frontera, el paisaje ya se va suavizando y reverdeciendo, y en el horizonte se adivina una brumosa anchura atlántica. He ido hacia el aeropuerto atravesando la aridez color de calavera de las periferias de Madrid y unas horas más tarde ya estaba respirando la brisa húmeda de la desembocadura del Tajo en Lisboa, que deja un olor a mar en la ropa tendida a secar en los balcones, y luego en los armarios en los que se la guarda. En el Retiro y en el Botánico de Madrid se nota mucho el esfuerzo por mantener regadas las plantas, la amenaza de una polvorienta sequedad que está siempre acechando. En el Botánico de Lisboa, más tupido todavía porque está en una ladera que complica y profundiza las perspectivas, a uno le parece que está sumergiéndose en los bosques sucesivos de varios continentes, en espesuras asiáticas de bambú, en manglares de Luisiana, bajo palmeras verticales de los mares del Sur.
Quizás a quienes nos criamos en tierras de secano se nos ha quedado una propensión genética a la añoranza de la lluvia, una respuesta de felicidad instantánea al sonido del agua, en un arroyo o en una acequia, agua que fluye generosa en una penumbra vegetal, o permanece inmóvil como un espejo al fondo de un pozo. Cada noche mi padre, después de echar el pienso a los animales y antes de subir a acostarse, se asomaba al corral a mirar el cielo, queriendo encontrar signos de una lluvia posible, que pocas veces llegaba cuando más falta hacía, ni con la abundancia necesaria. La falta de agua era uno de los rasgos de la injusticia invariable del mundo. Cuando caía mansa y copiosa, mi padre se la quedaba mirando extasiado, desde el cobertizo donde nos protegíamos de ella en la huerta: “Es lo mismo que si estuvieran cayendo billetes verdes”, decía siempre —aquellos billetes anchos y crujientes de mil pesetas, de entonces, con su verdor vegetal de una riqueza soñada—.
El agua era un prodigio imprevisible. Caía del cielo o brotaba del interior oscuro de la tierra, de la roca muy dura, como en un milagro bíblico, de pozos y manantiales que se regían por sus propias leyes secretas. El agua era una divinidad cruel que podía bendecir el esfuerzo del trabajo igual que podía aniquilarlo. Había fuentes muy celebradas por la limpidez y la pureza de sus aguas, en parajes arbolados, frescos en verano, donde la gente guardaba turno para llenar los cántaros. El agua para el riego y para el consumo y la higiene se administraba según técnicas transmitidas al menos desde los tiempos de la antigua Mesopotamia, perfeccionadas en la Andalucía musulmana, tan eficientes en su simplicidad como el diseño de los cántaros en los que se llevaba a las casas antes de la llegada del agua corriente, que en mi provincia atrasada solo se generalizó hacia finales de los años sesenta. Fue por entonces cuando yo vi por primera vez una piscina. Su azul lujoso de cloro me sorprendió tanto como la desenvoltura de la gente ociosa que nadaba ágilmente en ella y luego se tumbaba a tomar el sol, en vez de protegerse de él, como hacíamos nosotros. Ese azul de las piscinas pronto iba a sustituir al verde turbio de las albercas de las huertas, con sus espesores de ovas en las que se mimetizaban los lomos de las ranas y sobre los que volaban las libélulas con un zumbido de temblor en las alas.
En poco tiempo desapareció aquella economía severa del agua, y también la reverencia hacia ella. La variedad de los cultivos de secano —cereal, olivar, viña— dio paso a extensiones de olivos de riego que exigían cantidades masivas de fertilizantes y pesticidas químicos. En los solares de las huertas abandonadas se construyeron chalets ilegales con piscinas y praderas de césped, que exigían mucha más agua que el cultivo perdido de las hortalizas y los frutales. Los acuíferos se fueron agotando, y se extinguió el caudal de aquellas fuentes célebres a las que la gente peregrinaba como a modestos santuarios paganos.
Nadie que haya conocido la dureza de la vida de antes quiere volver a ella. Pero hay una lección de entonces que sí es necesario aprender, ahora que la aceleración del cambio climático está arruinando en todas partes el espejismo de una abundancia ilimitada. Es la lección inmemorial de la mesura, de la conciencia de los límites, de la gratitud hacia los dones comunes, los esenciales, los que no se pueden recobrar si se pierden, ni quedar sometidas al capricho ni a la codicia, ni a la compraventa: el agua y el aire, las que durante demasiados años hemos dejado malbaratar y envenenar, por la rapacidad de unos cuantos y la negligencia de casi todos. Un vaso de agua, “un vidrio de agua fresca”, como dice Cervantes, es ya un lujo muy difícilmente accesible para una parte grande de la humanidad, y lo será más cada año tórrido que pase. Hasta en las llanuras fértiles del Po, en las que parece que no hay fronteras seguras entre el agua y la tierra, reina ahora la sequía. Ya nos cuesta imaginar una lluvia que ocurra en el presente, no en la memoria ni en los sueños. Hemos vivido el salto atolondrado de la penuria al despilfarro, y no sabemos si hay ya tiempo ni forma de alcanzar el término medio de la sensatez que haga habitable el porvenir.
En Praga, el laberinto de espejos es reflejo del alma de la ciudad: cada paso parece revelar medias verdades. Esta apariencia escurridiza se plasma en la obra de Milan Kundera. En su novela “La insoportable levedad del ser”, el escritor checo explora la búsqueda de la libertad. Nada mejor que la ciudad de Praga en el siglo XX para revelar las múltiples caras del alma humana.
InfoLibre 01.05.2020 Las civilizaciones se doblegan ante mí. Puedo arrasar imperios. Puedo detener la historia. Puedo sembrar el olvido. Viajo con el viento –como el polen o como tu voz– y nadie me manda. Al igual que los dioses, soy ubicuo. No me importa el tiempo, pero me muevo deprisa. Te aguardo en los pomos de las puertas, en los muebles que usas, en los libros que lees, en la ropa que llevas puesta, en el vaso del que bebes. No puedes verme. No puedes olerme. No puedes oírme. No esperes clemencia de mí. No pretendo nada, sólo ocurro. No pienso en nada, sólo existo. No odio a nadie, sólo destruyo. Ni las estrellas del cielo ni los granos de arena me aventajan en número. Soy uno. Somos muchos. Somos nadie.
Cuando Miguel Delibes conoció al amor de su vida, Ángeles de Castro, empezó a firmar sus primeras obras con el acrónimo MAX. En realidad, era una simple y romántica ecuación donde M era Miguel, A era Ángeles y X era la incógnita que el futuro podía deparar a la joven pareja. Décadas después la incógnita estaba totalmente despejada. Una exitosa y prolífica carrera literaria y una estirpe de 7 hijos, hasta que en 1974 la enfermedad se llevó a Ángeles y desequilibró para siempre la ecuación.
La "Señora de rojo sobre fondo gris" es una de las novelas más personales y descarnadas de Miguel Delibes donde, en un ejercicio de sinceridad, expuso toda la tristeza y vacío que le sumió la muerte de su esposa. La figura de Ángeles de Castro es el hilo conductor del documental que cuenta con el privilegio añadido de la participación del actor José Sacristán, amigo personal del escritor, y que pone en escena en estos momentos la adaptación teatral de la obra.
¿Cómo pudo un niño de un pueblo perdido de Colombia ganar el corazón de millones de personas, desde las más pobres hasta las más poderosas? ¿Cómo hizo para que sus obras cambiaran nuestra percepción de la realidad? La respuesta es la increíble historia de Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura 1982, autor de la aclamada y mundialmente conocida obra maestra "Cien años de soledad", que se crió en la pobreza y la violencia en el norte de Colombia y que, impulsado por el amor a la vida y una sensibilidad mágica y sensual, siguió un camino que lo llevó no sólo hacia una literatura pionera que afirma la vida, sino a la vanguardia de las luchas políticas de las décadas de 1970 y 80 a través de su periodismo militante y de su amistad con líderes políticos como Fidel Castro y Bill Clinton.
Un filme sobre el increíble poder de la imaginación, que sigue los hilos entretejidos de la vida y la obra de Gabriel García Márquez -'Gabo' para toda América Latina- con la tensión narrativa de una investigación.
El alegórico poema de Charles Bukowski escrito en 1992 'The man with the beautiful eyes' es interpretado en clave animada por el realizador Jonathan Hodgson en 2000. Cuatro niños amigos se ven atraídos hacia una casa cerrada con unos peces dorados en un estanque que sus padres les han pedido evitar. Un día ven aparecer, vociferante, un extraño hombre de hermosos ojos, puro en boca y botella de whisky en mano que daría un vuelco su percepción del mundo.
El documental es un retrato del escritor Antonio Muñoz Molina (Jaén, 1956), una de las grandes figuras de la literatura contemporánea en habla hispana. Aborda la trayectoria vital y literaria del autor de El invierno en Lisboa y El jinete polaco, ganador de premios tan prestigiosos como el Príncipe de Asturias de las Letras, el Nacional de Narrativa y el Premio Planeta y miembro de la Real Academia Española.
El prestigioso escritor reside desde hace muchos años entre Madrid y Nueva York. En España está su familia, su tierra, el lugar donde creció y que nunca abandonó; en Nueva York las ilusiones, el anonimato de sus calles y la vida pública sosegada. Allí ha trabajado en la Universidad de Nueva York como profesor de literatura y como director del Cervantes durante dos años . Es uno de los embajadores de nuestro idioma y nuestra literatura.
Rodado entre Madrid, Nueva York y Úbeda, el documental recoge tres extensas conversaciones entre Antonio Muñoz Molina y su esposa, la reputada escritora y articulista Elvira Lindo, su amigo y filólogo Pablo Valdivia, y su hijo y abogado de la propiedad intelectual, Antonio Muñoz Vico. El escritor repasa su infancia en Úbeda, su paso universitario por Madrid, sus veinte años en Granada, y su itinerante vida actual a medio camino entre la capital española y Nueva York. Cincuenta y seis minutos en los que Muñoz Molina nos explica los motores que impulsan sus proyectos, el proceso creativo y su predisposición a seguir investigando en géneros tan variados como la novela, la poesía y el ensayo. Por último, y no por ello menos importante, el documental realiza una aproximación al pensamiento político y social de un escritor comprometido y contestatario, siempre dispuesto a alzar la voz ante las múltiples injusticias que asolan nuestro día a día. Esta aproximación al universo personal y literario de un escritor indómito, fascinante y plagado de interesantes recovecos, ha sido el último trabajo del director Álvaro Giménez Sarmiento, después de los premiados 'Elena Asins - Génesis' (2014), 'Pulse' (2013), 'Luminaria' (2005) y 'Pernocta' (2004).
"Simplemente no soy de este mundo.
Yo habito con frenesí la Luna.
No tengo miedo de morir;
tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva…
No puedo pensar en cosas concretas;
no me interesan.
Yo no sé hablar como todos.
Mis palabras son extrañas
y vienen de lejos,
de donde no es,
de los encuentros con nadie…
¿Qué haré cuando me sumerja
en mis fantásticos sueños
y no pueda ascender?
Porque alguna vez
va a tener que suceder.
Me iré y no sabré volver.
Es más, no sabré siquiera
que hay un “saber volver”.
No lo querré acaso." Alejandra Pizarnik Documental dirigido y producido por Ernesto Ardito y Virna Molina en 2013 que narra la trayectoria vital y emocional de la gran poeta argentina Alejandra Pizarnik, desde su infancia a su suicidio en 1972. Imprescindible Pizarnik.
Con un lenguaje intimista y sensorial, el film narra la vida de la poeta argentina Alejandra Pizarnik, desde los principales conflictos que fueron dejando una profunda marca en su obra y bajo el contexto de ruptura vanguardista de los años 60’ y 70’. La puesta sumerge al espectador en el universo interno de Alejandra, para comprenderla desde su núcleo creativo y humano. Así, sus diarios personales, sus cartas, sus poemas, el relato de sus amigos y familiares; son la herramienta que arrojan pistas sobre el misterioso camino que la llevó a su autodestrucción. Hoy, luego de su muerte y tras ser censurada por la dictadura, fue redescubierta por las nuevas generaciones, quienes la convirtieron en un mito, siendo la poeta argentina más leída.
RTVE - Imprescindibles Juan Goytisolo, último escritor galardonado con el Premio Cervantes, es una de las grandes figuras de la literatura española. El documental traza el recorrido hacia el sur, primero en España y después en Marruecos, que ha marcado la biografía sentimental e intelectual del autor y las sucesivas rupturas y reconstrucciones que han convertido a Goytisolo en un "imprescindible" de la cultura española y universal.
En estos días que se celebran las efemérides del 70º aniversario del final de la segunda guerra mundial en Europa, hemos de recordar que tras la terrible guerra llegó la postguerra y ésta fue también una época muy conflictiva en los países en los que se había combatido (como refleja el magnífico libro 'Continente Salvaje', de Keith Lowe). Fue una época de represalias, delaciones y revanchismos en la que los ejércitos aliados (mayormente los soviéticos pero no sólo ellos) cometieron múltiples crímenes, violaciones y otros abusos de poder sobre la población civil en su ocupación del país que había comenzado la guerra más letal que había conocido la Humanidad. Y fue en su capital donde la periodista y fotógrafa Martha Hillers, de 33 años (una de las aproximadamente dos millones de mujeres alemanas que sufrieron esos abusos), decidió escribir 'Eine Frau in Berlin' (Una mujer en Berlin), la crónica de los días en los que las tropas rusas entraron en la ciudad y las mujeres alemanas tuvieron que luchar -y padecer- por su supervivencia. Probablemente esos apuntes íntimos que constituyeron su diario, escritos en un refugio antiaéreo a la luz de las velas, ayudaron a su autora a mantener un vestigio de cordura en un mundo de devastación y crisis de los valores morales. La autora describe la vida de las mujeres y ancianos que subsisten en su bloque de apartamentos ante la llegada de las tropas soviéticas, las violaciones a las que la mayoría de vecinas son sometidas y cómo en su desesperación ante las agresiones decide mantener relaciones con un oficial ruso a cambio de protección, aunque también esta protección también se tornará precaria. Publicado en 1959, el libro no fue bien recibido por el público de la época, probablemente porque el pueblo alemán no estuviera listo aún para revivir esa parte dolorosa de su historia. Después de haber sido acusada de dañar el honor de las mujeres alemanas y de propaganda anti- comunista, Marta Hillers rechazó cualquier posterior publicación de su diario y decidió permanecer en el anonimato. Fue sólo después de su muerte a los 90 años, junio de 2001, cuando pudo volver a ser publicado y encontrar el éxito que le corresponde por sus extraordinarios valores morales, históricos y literarios. Les ofrecemos también, en una nueva entrega de nuestro ciclo de cine europeo, la película homónima basada bastante fielmente en la novela y dirigida por el alemán Max Färberböck en el año 2008, para aproximarnos a aquella época azarosa y decisiva para el destino de Europa y a aquellas valientes mujeres que ayudaron a reconstruir un mundo en ruinas en el que simplemente decidieron resistir, decidieron seguir vivas.
Ciclo de cine europeo (34) Una mujer en Berlin', de Max Färberböck
Una mujer en Berlín, de Anónima
Texto: Letras Libras Luis Fernando Moreno Claros Enero 2006 Hasta hace apenas una década, en Alemania era un tabú cuestionar abiertamente la cruel y probablemente inútil destrucción de ciudades monumentales como Dresde o Colonia por la aviación aliada durante la Segunda Guerra Mundial. Oficialmente había que considerar semejantes acciones como males necesarios para liberar del nazismo a la propia Alemania y a Europa, y ello a despecho de los cientos de miles de víctimas civiles que perecieron en los bombardeos y de los cientos de miles que perdieron sus hogares; del mismo modo se justificarían también poco después las bombas atómicas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki: fueron necesarias para terminar la guerra con Japón. Hoy se cuestiona si no cabría hablar más bien en ambos casos de "crímenes de guerra".
Pero junto al tabú de los bombardeos aliados y sus nefastas consecuencias para bienes y personas subsiste otro tabú un tanto más difícil de vencer: el espinoso tema de las violaciones masivas de mujeres y niñas alemanas por los soldados del Ejército Rojo durante la denominada "liberación" de Prusia Oriental y la toma de Berlín, en el invierno y la primavera de 1945. Libros como El incendio, del alemán Jörg Friedrich, o Berlín. La caída: 1945, del británico Anthony Beevor (ambos en Editorial Crítica), recientes éxitos de ventas en toda Europa después de su enorme impacto en Alemania, deben su calurosa acogida a que se han atrevido a tratar abiertamente y con mirada histórica tanto el bombardeo de las ciudades alemanas como las proezas sexuales del Ejército Rojo en territorio alemán conquistado, tema este último en el que Beevor hace un necesario hincapié.
En efecto, en la detallada narración de los avances del ejército de Stalin hacia Berlín, el autor de La caída no omite la referencia al miedo cerval de los civiles y, sobre todo, de la población femenina frente a la llegada de los rusos. Aparte de asesinar a cualquier varón que les opusiera la más mínima resistencia, la violación de toda mujer o niña que tenía la desgracia de toparse con ellos era operación obligada para esos guerreros sedientos de algo más que de sangre. Escaso fue el número de mujeres que escapó a las ansias amatorias de los miembros del Ejército Rojo, borrachos como cubas en la mayoría de los casos: los alemanes, en su retirada, les dejaban alcohol a discreción a fin de retardar el avance de un ejército de beodos. Pero las consecuencias del exceso etílico las pagaban las "perras fascistas".
Beevor no olvida aclarar que el Ejército Rojo tenía una deuda pendiente con la Wehrmacht alemana; los soldados de Hitler incendiaron, saquearon, violaron y asesinaron a conciencia cuando invadieron Rusia, en 1941. Así que el desafuero soviético fue excusado por muchas personas como un lógico acto de venganza. Los comisarios políticos estalinistas explotaron la sed de revancha de los soldados e impartieron consignas de odio que embravecieran a sus tropas: "Matad alemanes, odiad Alemania y todo lo alemán, matad cerdos fascistas", etcétera. Así que, inflamados de odio, los alemanes y las alemanas carecían de valor para ellos: los superhombres se tornaron infrahumanos.
La crueldad de los rusos con los civiles y, principalmente, aquellas violaciones en masa fueron la razón de que los alemanes prefirieran ser vencidos por los americanos o los ingleses antes que caer en manos de los soviéticos. El ejército americano o el inglés —salvo en casos aislados— jamás cayó en semejantes desmanes. Los rusos, en general más primitivos, incultos y abotargados por la ideología estalinista, excesivamente limitados en su visión del mundo, empobrecidos mayoritariamente por el comunismo, reprimidos sexualmente en un Estado que despreciaba el erotismo, se comportaban en la rica y civilizada Alemania como bestias desatadas; en cambio, los soldados de los ejércitos americano y británico, educados en Estados de arraigada tradición democrática, en los que la vida humana —al menos teóricamente— se valoraba por encima de cualquier otro bien, se comportaban con mayor fiabilidad en lo que se refiere al respeto físico del enemigo vencido. Esta es la idea que hoy prevalece entre los más prestigiosos historiadores; pero claro, no hay que olvidar que los americanos e ingleses mataban desde el aire con sus innumerables racimos de bombas incendiarias. De ahí que, como puede leerse en Una mujer en Berlín, el libro objeto de esta reseña, muchas alemanas hubieran acuñado un cáustico lema: "Mejor un ruso en la barriga que un americano en la cabeza"; esto es, mejor pasar por el trauma de la violación y vivir con semejante deshonra que perecer entre las ruinas de la propia casa con toda la familia.
Este extraordinario testimonio, rescatado en Alemania por Hans Magnus Enzesberger para su serie de obras curiosasDie andere Bibliothek (La otra biblioteca), es el diario de una sobreviviente, de una mujer alemana, soltera, de 33 años, culta e inteligente, cosmopolita y curiosa, a la que el destino pilló en la capital del Reich mientras trabajaba en una editorial. Desde el 20 de abril hasta el 22 de junio de 1945 anotó casi a diario sus peripecias y las de sus conocidos y vecinos durante los días que siguieron a la conquista de Berlín por los rusos. El relato es muy fluido, de enorme intensidad y tensión dramática. Los primeros días, escondidos en el sótano, y luego, ya habitando en sus pisos destrozados, sin luz eléctrica ni agua corriente, un pequeño grupo de berlineses (quedaban aún vivos alrededor de cuatro millones de civiles, escondidos o dispersos entre las ruinas), compuesto por un puñado de atemorizados varones y una decena de mujeres de diversas edades, tiene que soportar la presencia de los vencedores rusos, pesados moscardones que contemplan a toda mujer como botín de guerra.
Según este relato, los soldados soviéticos, ya saciados de sangre, después de intensos meses de desmanes y batallas, no se muestran especialmente agresivos con los cavernícolas civiles a su llegada a un Berlín despanzurrado, pero sí extraordinariamente lascivos en lo que respecta a las alemanas. Además del hambre y la muerte de sus allegados, las mujeres tienen que cargar también con la violación. El "aquí te pillo aquí te violo" —la expresión es de la autora— es algo a lo que se exponen casi en cuanto salen a la luz e incluso por las noches en los pisos de puertas débiles y mal atrancadas; de ahí que la mayor parte de ellas prefiera permanecer escondida en lúgubres nichos o elevadas buhardillas. Aunque hay otras formas de violación más sutiles y la brutalidad del principio va adoptando formas más llevaderas: al cabo de unos días los rusos toman "novias" y se "enamoran" de una mujer concreta a la que convierten en su amante obligada. Ésta gana el favor del enemigo y gracias a ello puede proteger a sus conocidos así como recibir alimentos. Si las elegidas no ceden, ponen en peligro a todos cuantos se refugian junto a ellas.
Finalmente, como la violación resulta ser una especie de plaga colectiva que sólo las afecta a ellas, las mujeres terminan por sobrellevar su desgracia con resignación. Ello las une y las solidariza entre sí y su unidad excluye a los derrotados varones alemanes, impotentes ante la vehemencia de los rusos. De manera que, en semejantes circunstancias, fue el "sexo débil" el que tuvo que transformarse en fuerte: "Una y otra vez voy notando en estos días cómo se transforma mi percepción de los hombres, la percepción que tenemos todas las mujeres en relación con los hombres. Nos dan pena, nos parecen tan pobres, tan débiles, el sexo debilucho".
La autora de Una mujer en Berlín tampoco escapa al destino femenino común. En cuanto llegan los rusos, varios soldados la someten en repetidas ocasiones a "eso" (así se refieren las mujeres a un asunto que al principio tratan con pudor y del que terminarán hablando abiertamente con todo el que pueda escucharlas). Como tiene algunas nociones de ruso —la despabilada joven había viajado también a Rusia por motivos de trabajo— también las aprovecha: así que con sus chapurreos hace de intermediaria entre los vecinos y los vencedores, evita alguno que otro abuso mortal y logra ganarse algo de respeto. También ella se busca un protector, uno que sea fuerte entre la horda y la defienda de las violaciones indiscriminadas. Así que, como tantas mujeres, terminará convertida en presa voluntaria y en botín exclusivo de algunos oficiales que la tratan con menos desprecio del habitual. "Cama por comida" y "cama por protección" fueron tratos comunes entre vencedores y vencidas. Y es que, a la larga, el hambre pesaría más que la humillación. Pero las mujeres terminan por hacer de la necesidad, virtud. Los antiguos principios, la moral, el pudor, todo lo han deshecho las bombas, unas situaciones extremas propiciadas por la muerte desquiciadora modifican y acuñan la nueva ética ocasional de las sobrevivientes.
Por lo demás, las mujeres sobreviven y olvidan; y, a su modo, algunas hasta se mofan y se aprovechan de los vencedores. La autora nos deja unas descripciones impagables de la necedad y la zafiedad de los rusos, simples bestias planas y aniñadas. De "hombría" carecen totalmente. Más bien parecen torpes chiquillos sueltos en una tienda de juguetes. Berlín entero es una cueva de Alí Babá que esconde tesoros sin cuento: mujeres, ropa, relojes... Estos últimos los lucen a pares o a docenas mientras se pavonean enseñándolos a todo el mundo e incluso se los roban entre sí. Poco a poco, después de que los oficiales o los soldados de mayor rango hayan dejado muy claros cuáles son sus respectivos "cotos de cama" —otra acertada expresión de la autora—, la protagonista comienza una vida algo más segura. Los días pasan y sus oficiales la mantienen, asegurando también la supervivencia de sus vecinos. Finalmente, después de casi un mes de incertidumbres y penalidades, la situación en el Berlín conquistado se hace menos peligrosa. Un atisbo de normalidad asoma entre las ruinas. Se llama a los cavernícolas a la limpieza de escombros, y las mujeres y chicas jóvenes pueden volver a salir a las calles con relativa seguridad. Hasta se establecen controles sanitarios para revisar y asesorar a las violadas. Y muchas de ellas hacen chistes respecto de las situaciones más traumáticas. Un acre humor negro alivia las consecuencias de la desgracia y da paso, en definitiva, a la excitación de los sobrevivientes, fruto de la vida que continúa y que, de manera consciente o inconsciente, pugnará por sepultar en lo más hondo de la memoria las negras nubes del pasado.
Precisamente este tipo de humor e ironía consiguen que unos hechos tan incómodos, una historia desagradable y tan triste como ésta atrape al lector y termine seduciéndolo: como siempre, será la fortaleza humana la que venza a la necedad, la valentía del individuo aislado la que quede por encima del colectivismo abstruso.
Una mujer en Berlín no agradó en Alemania cuando se publicó por primera vez en 1957 (poco antes, en 1954, había aparecido en versión inglesa, y, enseguida, el libro fue traducido a varios idiomas más, entre ellos el español). Los hombres alemanes se sintieron incómodos, y también muchas mujeres. El relato aireaba aquello que era mejor mantener oculto, por pudor y vergüenza. Los varones habían hecho la guerra —su guerra— y todo el mundo había salido perdiendo, las mujeres de aquella manera. La credibilidad y el culto a la jactanciosa "virilidad" de los machos alemanes quedaban seriamente dañadas. Pero no sólo eso, al entender de muchos lectores, es la "virilidad" de todos los varones en general la que después del relato no levanta cabeza. Frente a los hombres, inconscientes y guerreros, se alza más poderoso el pragmatismo y hasta el sentido común de las mujeres: éstas demostraron poseer más capacidad de resistencia, ser quizás más "aptas para la vida" en circunstancias no convencionales. "Anónima" afirma en determinado momento: "Tengo la sensación de que estoy bien pertrechada para la vida". Esa sensación podían tenerla también la mayoría de las mujeres que supieron sobrevivir a aquella tragedia. Pero la opinión pública, hipócrita casi siempre, no se lo perdonaba a la autora, e incluso se le reprochó su "desvergüenza" y frivolidad al tratar del tema tabú. Lo mismo hicieron muchos hombres al regresar de la guerra y enfrentarse con sus hembras violadas: prefirieron ignorar los hechos y el sufrimiento de sus mujeres, no saber, no sentir, no pensar. Era mejor olvidar por el bien de todos,
y de repente aquel libro se empeñaba en recordar.
Hay que elogiar la estupenda traducción, que capta tan notablemente la cantidad de matices de un relato escueto e irónico, tan sencillo y natural como el abierto y sereno carácter de la valiente autora.
Estupendo documental programado en Imprescindibles, 'El Quinto Jinete' nos presenta al escritor Vicente Blasco Ibáñez en la época en la que escribiría una de sus obras más célebres, 'Los cuatro jinetes del Apocalipsis', inspirado por el ambiente social que había creado la Primera Guerra Mundial. El Quinto Jinete' es un documental dramatizado, producido por Buenpaso Films y TVE y dirigido por Rosana Pastor y Enrique Viciano para dar a conocer la dimensión internacional de Vicente Blasco Ibañez además de narrar los vínculos del escritor valenciano con la guerra mundial. El documental 'El Quinto Jinete' presenta al escritor Vicente Blasco Ibáñez En el centenario de la Primera Guerra Mundial, que el escritor retrató en 'Los cuatro jinetes del Apocalipsis'
Fue un escritor español de prestigio y fama internacional
Sus títulos fueron grandes superventas mundiales
Sus novelas se adaptaban al cine mudo en Hollywood
El pasado jueves 2 de octubre el Palau de Les Arts Reina Sofia acogió el estreno mundial de la película 'El Quinto Jinete'. Una visión de la I Guerra Mundial, por Vicente Blasco Ibáñez”. Esta proyección fue una de las actividades programadas por la Conselleria de Educación Cultura y Deporte para conmemorar la Primera Guerra Mundial y su relación con Vicente Blasco Ibañez.
Un autor internacional
El argumento de la película: mientras escuchamos a Blasco Ibáñez en su estudio de la rue Rennequin, París, cómo va escribiendo los artículos periodísticos a favor de los aliados, su estado de ánimo, las disputas con su editor, la visita que el Presidente de la República Francesa le facilita al frente del Marne y a Reims, la persecución que sufre por sus ideas, y cómo ello va orquestando la escritura de la novela, una realizadora de televisión, Clara Fuster, se ha propuesto desentrañar la madeja de opiniones, documentos e imágenes que envuelven al escritor de cara a un encargo para la conmemoración de la I Guerra Mundial.
Expertos en la obra de Blasco Ibáñez
Su productor, Robert Engels, le apremia. Para conseguir su cometido, tiene que documentarse, realizar entrevistas a personalidades y expertos muy diversos relacionados con las dos versiones cinematográficas de 1921 y 1962 que conocen la obra de Blasco Ibáñez (Paul Smith, Christopher Anderson, Pura Fernández, Kevin Brownlow, Patrick Stanbury, Aurora Bosch, Rafael Corbalán, Cécile Fourrel de Fretes, Rosa María Rodríguez Magda, Román Gubern, Joan Oleza, Facundo Tomás, Ramón Tamames, Josep Carles Laínez, Ramiro Reig) y grabar con su equipo en localizaciones muy diversas en Valencia, París, Londres, Los Ángeles y Nueva York.
Con el fondo de imágenes de la I y II Guerra Mundial, la abundancia de documentos y el apoyo de un final cut (herramienta de montaje), Clara Fuster, desde su casa de la Malvarrosa en Valencia, va dando forma a la historia que quiere contar, contrastando las opiniones que encuentra a su paso, y luchando por encontrar objetividad e imparcialidad en un escritor tan controvertido como apasionante.
Título original: Moebius Redux: A life in Pictures
Nacionalidad: Alemania y Canadá
Dirección: Hasko Baumann
Productora: Avanti Media GBR / Morag Loves Company LTD.
Duración: 52m
Año: 2007
Retrato del dibujante de cómics francés Jean Giraud, más conocido por su pseudónimo Moebius. La fama internacional le llegó gracias a una de sus obras más conocidas, la de “El Teniente Blueberry”, donde reinterpretó el western tradicional para llevarlo al cómic. Además, este genial artista ha participado en los diseños de multitud de películas como “Alien”, “Tron”, “Blade Runner”, “Masters del universo”, “Willow”, “Abyss” o “El quinto elemento”...
Crumb es un documental de 1994 sobre el artista del cómic underground ilustrador y músico estadounidense Robert Crumb. Fue uno de los fundadores del cómic underground y es quizá la figura más destacada de dicho movimiento. Aunque es uno de los más conocidos autores de cómic, su carrera se ha desarrollado siempre al margen de la industria. Dirigido por Terry Zwigoff y producido por Lynn O'Donnell y David Lynch, el documental fue muy elogiado, recibiendo además el gran premio del jurado y el premio a la mejor fotografía en el Festival de Cine de Sundance. Fue lanzado en Estados Unidos el 28 de abril de 1995, habiéndose proyectado en festivales de cine el año previo.
Crumb comenzaría su carrera dibujando tarjetas de felicitación pero sería en 1967 cuando la reacción favorable que encontraron algunos dibujos suyos en diversos fanzines le hicieron decidirse a trasladarse a San Francisco en pleno auge de la psicodelia y el movimiento contracultural estadounidense. Allí editó el primer número de su fanzine Zap Comix, a comienzos de 1968. Dicha publicación se considera el acta de nacimiento del comic underground norteamericano. Utilizando el estilo de las tiras de prensa de comienzos del siglo XX, Crumb abordaba abiertamente en Zap Comix el sexo y la crítica política, lo cual resultó enormemente transgresivo en aquellos años, sobre todo teniendo en cuenta que el cómic en Estados Unidos había estado tradicionalmente orientado hacia el público juvenil. El éxito de su publicación atrajo a otros artistas interesados en la contracultura, y Crumb abrió las páginas de Zap Comix a otros talentosos autores independientes.
En las páginas de Zap Comix, del East Village Other, de Oz y de muchas otras publicaciones underground, Crumb creó en sus viñetas un estilo de mujer crumbiana muy peculiar y dominante, de poderosas piernas y anchas espaldas, así como personajes que se convirtieron en iconos de la contracultura, como Mr. Natural, el Gato Fritz, Flakey Foont, Shuman the Human o Angelfood McSpade, los cuales "sienten el asco de la gran ciudad, son los sujetos a reprimir o exterminar porque no participan del modo de vida norteamericano" y exhiben "la perturbadora idea de que hay que gozar de la vida y rechazar todas las imposiciones".
Este documental nos permite entrar en su vida y su universo creativo, en sus experiencias y relaciones con las mujeres, las obsesiones artísticas y eróticas que vertebran toda su obra, pero también nos presenta su entorno familiar (marcado por las educación represiva de sus padres y las enfermedades mentales que fueron desarrollando sus hermanos) particularmente a sus hermanos Maxon y Charles, su esposa y sus hijos, pues sus hermanas rehusaron a ser entrevistadas. Aunque Zwigoff tenía el consentimiento de los hermanos Crumb, algunos cuestionaron la capacidad de Charles, el hermano más trastornado y desubicado, para dar ese consentimiento. Al principio Robert Crumb no quería hacer la película, pero finalmente se puso de acuerdo. Hubo un rumor, creado accidentalmente por el crítico Roger Ebert, que Terry Zwigoff hizo cooperar a Crumb amenazando con dispararse. Ebert lo esclareció en los comentarios de una posterior reedición de la película de Criterion Collection. Ebert dice que "podría ser verdad que la vida de Zwigoff fue salvada, porque sí hizo la película". Durante los nueve años que llevó hacer el documental, Zwigoff dijo que "recibía un promedio de 200 dólares al mes de ingresos y vivía con un dolor de espalda tan intenso que pasé tres años con un arma cargada en la almohada al lado de mi cama, tratando de tener el valor de matarme". Al final sería el hermano de Robert, Charles, el que acabaría con su vida un año después de filmarse el documental.
Documental sobre Henry Darger (Abril de 1892; abril de 1973) escritor e ilustrador estadounidense de carácter reclusivo y anacoreta que vivió toda su vida como un desconocido y en situación de pobreza en Chicago trabajando en empleos de poco fuste que apenas le daban para sobrevivir. Sin embargo durante décadas dedicó la mayoría de su tiempo libre a crear un universo propio que reflejaría en revistas, una autobiografía y su obra magna, un manuscrito épico y fantástico de 15.143 páginas con el bizarro título "La historia de las niñas Vivian, en los Reinos de lo Irreal, de la tormenta de la guerra glandeco-angelinia provocada por la rebelión de los niños esclavos" (The Story of the Vivian Girls, in What is Known as the Realms of the Unreal, of the Glandeco-Angelinian War Storm Caused by the Child Slave Rebellion)", ilustrada por varios cientos de acuarelas y dibujos, algunos de gran formato.
Darger escribió y dibujó durante décadas y en absoluta soledad en su habitación una obra extraordinaria donde los niños, la guerra y las influencias religiosas eran fundamentales y que sólo fue descubierta cuando su casero y vecinos entraron en ella tras el ingreso de Darger en San Agustín, la institución católica donde había muerto su padre y donde semanas después también él moriría. Cuando acudieron a San Agustín a despedirse de él, le dijeron cuánto les había impresionado el mundo intramuros que había creado y la abrumadora obra artística en él guardada, Darger sólo pudo contestar "es demasiado tarde ahora".
Este premiado aunque poco conocido documental dirigido por Jessica Yu en 2004 usa entrevistas con los pocos amigos y vecinos de Darger y la narración de pasajes de su novela, junto con sus ilustraciones, para explorar las facetas tanto artística como psicológica del personaje. Fue un hombre ensimismado, con un gran talento -que ha sido apreciado por la cultura popular americana como unos de los ejemplos más sobresalientes de arte marginal- pero su difícil vida (marcada por la soledad, la pérdida y los problemas mentales) y sus deficiencias sociales hicieron que nunca pudiera ver ese talento reconocido. Y aún por reconocer, porque la propia desmesura de su obra hace que difícilmente podrá ser revisada en su totalidad. A él y a los genios desconocidos que desarrollan sus propias obsesiones siendo ignorados por la gran mayoría dedicamos esta entrada.
La obra que comentamos esta semana, épica en dimensiones y contenido, no se escribió para ser leída. No se encuentra en las vitrinas de ninguna librería del mundo, dado que nunca fue ni será publicada, y no resulta descabellado suponer que, entre los pocos individuos que la habrán tenido entre las manos, ninguno la haya leído en su totalidad. Este mundo de ficción debía haber muerto junto con su artífice, que fue a su vez creador y protagonista, y en lugar de eso, acabó convirtiéndose en ejemplo de post-modernidad.
La inusual obra se titula “La historia de las muchachas Vivian, en lo que se conoce como los reinos de lo irreal, de la tormenta de la guerra glandeco-angelinia provocada por la rebelión de los niños esclavos (The Story of the Vivian Girls, in What is Known as the Realms of the Unreal, of the Glandeco-Angelinian War Storm Caused by the Child Slave Rebellion), y fue escrita por Henry Darger (1892-1973), solitario, profundamente creyente, y conserje de profesión (trabajaría en un hospital católico casi toda su vida). Compuso esta monumental obra de más de 15000 páginas a lo largo de 4 décadas, y a pesar de su grandiosa extensión, aseguran los que sí han tenido acceso a los volúmenes que están perfectamente organizadas en partes y subdivididas en múltiples capítulos de gran complejidad y detalle.
La historia de las jovencitas Vivian se ambienta en Abbieannia, reino católico situado en un planeta alrededor del cual orbita la tierra. En ese mundo, los niñosson sometidos a esclavitud y obligados a realizar trabajos forzados; mas, bajo la égida de las Vivian Girls y con la ayuda de unas criaturas llamadas blengins, se rebelarán contra sus opresores los glandelinios (adultos con toga y birrete que se dedican a la explotación y al maltrato infantil). La rebelión llevará a una cruenta guerra entre los dos bandos, un enfrentamiento que algo tiene de guerra santa, puesto que los infantes luchan en la esperanza de que venza el cristianismo. Y no sólo eso, sino que serán sometidos a terrible torturas, persecuciones, masacres y crudelísimos martirios que emulan aquellos de los santos paleocristianos: regueros de figuras evisceradas, crucifixiones y ahorcamientos pueblan las páginas de The Story of the Vivian Girls . Eso sí, sin medias tintas: en esta guerra los niños también luchan, disparan y cercenan.
Pero Darger no se limitó a describir este mundo mediante la palabra, sino que lo recreó en imágenes fantásticas. A través de collages y de dibujos a lápiz, carboncillo y acuarela sobre papel de estraza, inspirados en recortes extraídos de revistas, anuncios publicitarios e imágenes religiosas, Darger puso cara a las niñas Vivian, a los soldados de ambos bandos, a sus generales y oficiales, a los niños salvajemente torturados, dio forma a jardines, ríos y campos de batalla. En definitiva, trazó físicamente el mundo de Abbieannia. El documental “The realms of the unreal”, dirigido por Jessica Yu en 2004, ofrece fragmentos de su obra escrita, de su producción pictórica, testimonios de sus vecinos, de su autobiografía (The History of my Life). Un hombre silencioso que revolvía en la basura en busca de material gráfico (revistas, periódicos, tebeos): “nadie sabía que hacía arte con eso”, declara una vecina, como si eso elevase su estatus ante el público y ante la ciudadanía. “En misa siempre se sentaba en la primera fila”, “Se sentaba en el último banco para no ser molestado por nadie”, “Se sentaba en el medio”, testimonian aquellos que lo veían ir a misa cada día.
Personalmente me resulta extraño escribir sobre un libro que no podré leer jamás, hurgar en la vida de Darger y sus criaturas, aunque la curiosidad siempre puede más que el escrúpulo, me temo. Sólo espero tener acceso algún día al volumen editado por Bonesteel que, aunque únicamente recoja fragmentos, porporciona acceso de primera mano al material original, y no a las elaboraciones póstumas de segunda, tercera y cuarta generación.
Dudo incluso sobre cómo referirme aella: es una obra, “una cosa hecha o producida por un agente”, como lo es un acueducto, una clepsidra, el motor de una batidora, los engranajes de un reloj, una alfombra persa; pero también es la biografía de Darger (no en vano se incluyó en la historia como el General Darger, defensor de la causa de los niños), un desvarío, una fantasía mastodóntica, un diario inventado, una reinterpretación del mundo. Y es también un algo del que desconozco el nombre, un invento venido del país de Cucaña, de Mu, de Lemuria, de la luna o del fondo del mar.
Muchos académicos tratan a Darger y su trabajo como la obra de un discapacitado psíquico (“mentally ill”), cuya producción se inscribiría en la llamada “outsider art”, también conocido como art brut o art naïve, dependiendo del analista en cuestión; maravilloso contrasentido este, por cierto, que siendo un outsider, la propia creación se pueda encasillar en una etiqueta que acomuna1. The Story of the Vivian Girls, in What is Known as the Realms of the Unreal, of the Glandeco-Angelinian War Storm Caused by the Child Slave Rebellion: uno de los pocos ejemplos en los que el título casi supera a la historia en extensión.
Algunas notas editoriales y bibliográficas
Bonesteel, Michael (ed.). Henry Darger: Art and Selected Writings. New York: Rizzoli, 2000.
MacGregor, John M. Henry Darger: In the Realms of the Unreal. New York: Delano Greenridge Editions, 2002.
Morrison, C. L. The Old Man in the Polka-Dotted Dress: Looking for Henry Darger. New York: Farrar Straus and Giroux, 2005.