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6 de julio de 2015

El documental según Chris Marker (5) 'Sans Soleil'


Para nuestro quinto post sobre la obra de Chris Marker hoy publicamos una auténtica joya del cine documental, 'Sans Soleil' (Sin Sol), realizada por Marker en 1983 y q
uizás el más renombrado e importante film de ensayo del siglo XX. Se trata de un ensayo, de un montaje complejo y prodigioso que une partes de documentales y de ficción con comentarios filosóficos, con, lo que genera una atmósfera onírica y de ciencia-ficción hipnotizante. 

Tres niños en una carretera en Islandia, una tripulación somnolienta a bordo de un ferry, un emú en Île de France, un bello rostro de las islas Bijagos, un cementerio de gatos a las afuera de Tokio, vagabundos en Namidabashi, los habitantes de la Isla de Fogo, Cabo Verde, un carnaval en Bissau... Así inicia el relato una mujer desconocida que lee las cartas remitidas por un operador de cámara, Sandor Krasna, que a través del registro de las imágenes de sus viajes se interroga sobre la memoria y la función del recuerdo, "que no es lo contrario del olvido, sino su opuesto", para conformar, como Sei Shônagon, su particular lista de "cosas que hacen latir el corazón". 

 
Sans Soleil: Planeta Marker (Texto: Rebeldemule.org)

1. La memoria imposible, la memoria demente

En unas de las escasas fotografías de Chris Marker que existen, el esquivo cineasta francés se oculta detrás de una cámara que reposa sobre su hombro: su mano izquierda la ciñe con firmeza, un ojo en el visor y el otro cerrado como si ambas miradas —la orgánica y la mecánica— no pudieran ser al mismo tiempo. Casi podría decirse que Marker dirige su objetivo hacia nosotros —por una vez observadores observados— como si quisiera filmarnos mientras le observamos. Esta doble dirección de la mirada es fundamental para entender la inmensa obra total que es San soleil (1982). Para Marker —pensador, mundonauta, escritor: cineasta— resulta imposible observar el mundo sin que éste nos devuelva la mirada: «La ciudad entera es como una tira de cómic. Es el Planeta Manga. ¿Cómo no reconocer [referido a enormes viñetas de cómic reproducidas en muros y edificios de Tokio] estas caras gigantes con ojos que pesan sobre los lectores de cómics, imágenes mucho más grandes que ellos, mirando a los que las miran»; un mundo donde incluso la televisión nos observa: «Cuanto más se ve la televisión japonesa más se tiene la sensación de ser mirado por ella». En estas dos frases extraídas de Sans Soleil(1) se aprecia el diálogo —bidireccional por propia definición— que se establece entre el observador y la imagen que mira y es mirada, una imagen que, por tanto, hay que entender como entidad consciente y autónoma, reina absoluta del mundo que nos rodea.

Durante la modernidad, la imagen cinematográfica adquirió consciencia (de sí misma y de su propio aparato: la cámara como “religión del cine” de la que habló Renoir[2]) convirtiéndose así en una imagen plenamente intelectual en tanto que reflexiva, una imagen que consciente de su poder comienza a adquirir un marcado componente endógeno y autoreferencial. En la literatura y el cine fantásticos del siglo XX y comienzos del XXI se observa el motivo recurrente de la máquina inteligente que se rebela contra el hombre, su creador, pero ¿qué ocurriría si el verdadero peligro no fueran las máquinas sino las imágenes o, mejor dicho, nuestra absoluta dependencia de ellas? Perdidos en la hiperpoblada floresta icónica, las imágenes determinan no sólo nuestra vida presente sino también nuestros recuerdos, para muchos el tesoro más preciado... o como se nos dice en San soleil: «Recuerdo aquel mes de enero en Tokio o, más bien, recuerdo las imágenes que filmé del mes de enero en Tokio. Se han sustituido a sí mismas en mi memoria. Ellas son mi memoria». Y es precisamente la memoria el tema central sobre el que gira gran parte del cine moderno, traumatizado por una Segunda Guerra Mundial que en cierto modo había constatado la imposibilidad de la memoria al repetir —y amplificar— lo ocurrido en la Gran Guerra. Para Marker el olvido es ley de Historia: «Así es como avanza la Historia, taponando su memoria de la misma forma que uno tapona sus oídos».

Sans soleil es la vieja caja de recuerdos que guardamos debajo de la cama o en el último estante del armario, repleta de notas, apuntes e imágenes y que inesperadamente alguien descubre y curiosea con avidez. Ese alguien somos nosotros, espectadores, que levantamos su tapa para descubrir que está repleta de cicatrices. En La Jetée (1962), el Narrador-Marker dijo: «Nada diferencia los recuerdos de los momentos corrientes. Sólo más adelante reclaman su memoria. Por sus cicatrices»; veinte años después —como si ejecutáramos uno de los saltos temporales que sufre su protagonista— aquella frase adquiere pleno sentido en Sans soleil: «¿Quién ha dicho que el tiempo cura todas las heridas? Sería mejor decir que el tiempo cura todo menos las heridas. Con el tiempo, el dolor de la separación pierde sus límites reales. Con el tiempo, el cuerpo deseado pronto desaparecerá, y si el cuerpo que desea ha dejado ya de existir para el otro, entonces, lo que queda es una herida… sin cuerpo». Las cicatrices son lo único que queda de esas heridas sin cuerpo llamadas recuerdos y se convierten en imborrable constatación de la imposibilidad de la memoria, aquella a la que Marker denomina «la memoria imposible, la memoria demente».

2. Planeta Marker

Estamos demasiado acostumbrados a encontrar películas que no llegan a ser Cine; y no me refiero a la pérdida de apariencia “cinematográfica” sino a la perversión de lo que significa (o debería significar) hacer Cine. De uno u otro modo, todos los grandes cineastas se han hecho esta pregunta en alguna ocasión; y algunos de ellos han hallado la respuesta en forma de grandes películas. Sans soleil es una de ellas: diario poético, cuaderno de viajes, ensayo filosófico, experimento narrativo, documental de creación, revisitación cinematográfica del venerable y olvidado género epistolar… Sans Soleil es Cine de amplio vuelo, complejo y fértil, que no despliega sus secretos ni expone desvergonzadamente sus mecanismos narrativos o formales.


En ella, fondo y forma convergen en una batería de sugerencias, preguntas y reflexiones sobre el mundo, la Historia y la memoria tan sólo equiparable al armamento de un Godard en plena forma. Durante toda la proyección no me pude quitar de la cabeza que Godard tenía que haber visto y absorbido la película de Marker —y no porque a Godard, que exuda Cine, necesite referentes a estas alturas— y pensaba, por ejemplo, en la espléndida Elogio del amor (Éloge de l’amour. 2001). Jonathan Rosenbaum va más allá y establece una comparación directa: «Mientras la brillantez de Marker como pensador y cineasta ha sido en buena parte (e injustamente) eclipsada por la de Godard, cabe la posibilidad de que no haya un filme en toda la obra de Godard con tanto que decir sobre el estado del mundo, ni que con la inteligencia y belleza del discurso altamente original de Marker deje un sabor de boca tan profundo»(3).

La narración de Sans soleil reposa en unas cartas enviadas por el viajero y cameraman Sandor Krasna (cuyo nombre se nos oculta hasta los créditos finales) a una narradora (igualmente anónima) que las lee con hermosa voz y y nos hace partícipes de las reflexiones que le provocan; una voz que durante los créditos descubriremos que pertenece a Florence Delay, la protagonista de Procès de Jeanne d'Arc (Robert Bresson, 1962). Pero ¿es la narradora quien está recibiendo realmente las cartas, es decir, es un personaje interno o se limita a leerlas extradiegéticamente? ¿Es Marker, entonces, el receptor? Durante todo el metraje no se nos aclara que la narradora y Marker sean personas diferentes, de igual modo que tampoco sabemos quién es la persona que escribe y envía las cartas (ese “él” de la coletilla que usa constantemente la narradora «Él me escribió…») no sea el propio Marker.

El viajero se centra especialmente en Tokio, pero también visita o rememora Islandia, Guinea-Bissau, París o San Francisco (rastreando las localizaciones de Vertigo [1958] de Hitchcock, otro filme construido sobre la memoria) y supuestamente cumple con la doble función de enviar las cartas a la narradora y proporcionar las imágenes que Marker incorpora a Sans soleil. Algunos intérpretes han señalado que la tensión dramática del filme sólo puede ser solventada con éxito si se asume que el viajero que actúa de remitente y el receptor-narrador son la misma persona, por ejemplo el propio Marker(4). De hecho, en determinados momentos la narración parece recaer en el cineasta francés aunque tampoco se revela de manera explícita. Como cuando Marker/Krasna visita a Hayao Yamaneko, otra persona real y videoartista que manipula imágenes para él con un sintetizador que llama “La zona” como homenaje a Stalker (1979) de Tarkovsky. O eso se nos hace creer pues Yamaneko, al igual que el viajero y la narradora, nunca aparece en imagen, tan sólo lo hacen las imágenes que modifica y su maquina.

Esta extraña y apasionante mezcla de personas reales que actúan como personajes de ficción y de viajes e imágenes de archivo que cumplen su función drámatica en la ficción es, no nos engañemos, tan compleja como parece y ha dado pie a las más diversas interpretaciones (tan exhaustivas como la realizada por Wolfgang Ball[5]); pero tan denso entramado parece fluir libremente y de maneral natural en manos de su superdotado creador, auténtico —y valga el tópico— demiurgo del Planeta Marker: «Desde luego nunca haré esa película. Por lo tanto, estoy coleccionando los emplazamientos, inventando la trama, incluyendo a mis criaturas favoritas. Hasta le he dado un título, el mismo que esas canciones de Mussorgsky: Sans soleil».

15 de marzo de 2014

Ciclo de cine europeo (29) 'Hiroshima, mon amour', de Alain Resnais - In Memoriam

El 1 de marzo murió en París Alain Resnais, uno de los grandes directores de cine franceses, uno de los ilustres de la "Nouvelle vague", la nueva ola (junto a François Truffaut y Jean-Luc Godard, entre otros) que revolucionó el concepto del montaje y la fotografía. Autor de algunas películas fundamentales de la historia del cine europeo (también de algunas propuestas fallidas), el trabajo de Resnais comienza tras la segunda guerra mundial y se extiende durante seis décadas, hasta su última película en 2009.

Ya desde sus primeros trabajos realizados anticipaba los recursos que desarrollaría en sus siguientes obras, como el uso de la narración en off, utilizando el cine como forma de experimentación sobre el amor, la historia, la memoria y las complejidad de las relaciones humanas. De primeros de los cincuenta es la premiada 'Las estatuas también mueren' ('Les statues meurent aussi', 1953), correalizada con Chris Marker, un ensayo fílmico sobre la interpretación colonialista de las obras de arte que ya les ofrecimos en este blog. Dos años después y también con Marker realizaría una de sus primeras obras maestras como fue 'Noche y niebla' (Nuit et brouillard', 1955) un film documental que repasa con ironía, crudeza y, paradójicamente, con una gran delicadeza, las políticas de exterminio sistemático puestas en marcha por el Tercer Reich, así como la responsabilidad colectiva de toda la sociedad alemana de la época. El título hace referencia al Decreto Nacht und Nebel del 7 de diciembre de 1941, firmado por el mariscal Wilhem Keitel y que dio comienzo a la persecución y aniquilación de judíos, disidentes, prisioneros de guerra y otros elementos indeseables para el régimen nazi. 


También sería al final de esa fecunda década, en 1959, cuando dirigiría 'Hiroshima, mon amour', una hermosísima reflexión entre el documental y la ficción sobre el amor, la guerra y los recuerdos. Su etapa posterior la conozco menos (recuerdo hace unos años dejar de ver 'Smoking/No smoking' porque me estaba pareciendo un rollo, aunque creo que la daré otra oportunidad..). Sería ya en 1980 cuando dirigiría la última de sus grandes obras 'Mi tío de América' (Mon oncle d'Amérique, 1980), que también intentaremos publicar en este ciclo. En fin, con un repaso de los chicos de Días de cine de su trayectoria como realizador y con estas tres grandes obras de su cine les dejamos. Descanse en paz Alain Resnais. 

Días de cine - Alain Resnais


Hiroshima, mon amour (Alain Resnais, 1959)

Después de rodar una película en Hiroshima, una joven actriz francesa pasa su última noche en un hotel, en compañía de un japonés. Son dos desconocidos, pero lo que podría ser la fugaz aventura de una noche se convierte en un intenso idilio que hace que ella rememore un amor imposible vivido en Nevers (Francia) unos años antes. La relación amorosa se convierte entonces en un proceso introspectivo a través del cual la mujer reconstruye su pasado y revela sus sentimientos más íntimos a su compañero. 

15 de septiembre de 2013

El documental según Chris Marker (3) Las estatuas también mueren









Las estatuas también mueren

"Cuando los hombres están muertos, entran en la historia. Cuando las estatuas están muertas, entran en el arte. Esta botánica de la muerte, es lo que nosotros llamamos la cultura." Así comienza este controvertido documental que cuestiona las diferencias entre el arte africano y el arte occidental, pero sobre todo la relación de Occidente con ese arte. Un ensayo sobre la escultura africana permite a Chris Marker y Alain Resnais denunciar el colonialismo francés, el racismo y el declive de un arte que, por culpa de la demanda de los coleccionistas europeos, se convirtió en una artesanía sometida a exigencias comerciales. 


29 de marzo de 2013

El documental según Chris Marker (2) Recuerdos del porvenir





Segundo post dedicado a las creaciones del realizador audiovisual francés Chris Marker, en este caso al documental 'Recuerdos del porvenir' (Le souvenir d'un avenir, 2001), elaborado por Marker con imágenes de la fotógrafa Denise Bellon quien, en otras cosas, pudo fotografiar la primera exposición surrelista de la historia. Para presentarlo, un texto hallado en el blog Mon Oncle que lo analiza y contextualiza dentro de la obra de Marker.







El porvenir de Chris Marker
 
1 agosto 2012 por Ricardo Aldarondo
Entre la amplia y, sobre todo, multiforme obra de Chris Marker, se puede acudir a Recuerdos del porvenir (Le souvenir d’un avenir, 2001), por ejemplo, para rendirle el homenaje privado, tras su muerte el pasado domingo a los 91 años. Tras ese precioso e intrigante título se esconde otra película realizada con la misma estructura que su célebre La jetée (1962): un montaje de fotografías con una voz en off que, más que narrar o describir al modo de un documental, elabora un ensayo lleno de hallazgos. Las fotografías, magníficas todas ellas, pertenecen a una artista, Denis Bellon, que las realizó entre 1937 y 1956. Marker rebusca entre más de 2.500 fotos y elabora con ellas una narración que no es biográfica, en principio, sino como una consecuencia: la vida y las inquietudes de Bellon acaban aflorando a retazos y se revelan en su obra organizada por Marker.

La película revela muy bien la insólita capacidad de Chris Marker para relacionar ideas, la base del montaje cinematográfico, aunque lo haga con fotografías. A pesar de que el origen sea el contrario, parece que Marker encuentra una imagen perfecta para cada una de sus ideas. La primera de ellas es extraordinaria: cómo esas fotos de los años 30, recogen la herencia de la guerra pasada (la Gran Guerra que iba a acabar con todas las guerras), pero también predicen de alguna forma la Segunda Guerra Mundial. Marker elabora un acercamiento tan somero como preciso a algunos de los grandes acontecimientos del siglo por medio de pequeñas ideas que nada tienen que ver con el repaso histórico-enciclopédico. Y parece que Denise Bellon siempre estaba en el lugar adecuado para documentar esas ideas del porvenir de Marker. Aunque en realidad fuera al revés, claro.

Desde una exposición de los surrealistas en París, hasta la expo universal de 1937 en la que estuvieron frente a frente los pabellones de Alemania y Rusia que Marker ‘descubre’ en la lejanía de una foto de la Torre Eiffel, el Frente Popular, la Ocupación, los juegos olímpicos de Helsinki…todo está conectado en las fotos de Bellon ‘leídas’ por Marker. 

Y no sólo ese tipo de acontecimientos históricos: Marker descubre que Bellon hizo la única foto existente de la bañera de la casa de Henri Langlois llena de latas de películas; así comenzó el primer archivo de preservación del cine del creador de la Cinemateque Française, inicio y modelo de todas las filmotecas del mundo. Todo fluye, todo está conectado en esta memoria futurista de Chris Marker. (...)
 

23 de febrero de 2013

El documental según Chris Marker (1) 'La Jetée'


“Me hubiera gustado vivir una época más pacífica para dedicarme a filmar lo que realmente prefiero, chicas y gatos” 

"Recuerdo aquel mes de enero en Tokio o, más bien, recuerdo las imágenes que filmé del mes de enero en Tokio. Se han sustituido a sí mismas en mi memoria. Ellas son mi memoria" Sans Soleil 

"Nada diferencia los recuerdos de los momentos corrientes. Sólo más adelante reclaman su memoria. Por sus cicatrices." La Jetée 

Hoy comenzamos un ciclo de documentales donde abordaremos la conspicua obra del videoartista francés Chris Marker, el creador del documental subjetivo, tan influyente para muchos creadores audiovisuales como poco conocido por el público masivo, calificado por el presidente del Festival de Cannes Gilles Jacob como "espíritu curioso, cineasta infatigable, poeta enamorado de los gatos, camarógrafo, personaje discreto, inmenso talento".

Marker, nacido el 29 de julio de 1921 y muerto 91 años después, el 29 de julio de 2012, influido e influyendo a la nouvelle vague francesa, miembro del núcleo duro de la rive gauche junto a Alain Resnais y Agnés Varda, fue un tipo poco accesible que cada vez que alguien le solicitaba una fotografía suya para ilustrar un reportaje, un libro o una entrevista, Marker enviaba si es que lo hacía, una foto de uno de sus gatos. Marker fue autor de una extensa y compleja obra de video-creación de enorme densidad poética y narrativa, algo hermética pero llena de sugerencias, plena de reflexiones sobre la condición y las sociedades humanas.

Aunque, como decía, quizás le hubiera gustado más filmar chicas y gatos, su espíritu inquieto y analítico le llevó siempre a estar en los lugares en los que se creaba la historia (de Chile a Yugoslavia, de EE.UU a Vietnam, de Cuba a Rumanía, de China a Brasil, de Japón a Guinea Bissau), con la cámara siempre cargada, dispuesta a registrar ese gran archivo visual de su tiempo que luego cobraría forma pensante en la sala de montaje, entre fundidos y encadenados, con rótulos caseros y texturas más o menos sucias y profesionales. Parece evidente su influencia en realizadores experimentales actuales que ya han pasado por este blog como el español Elías León Siminiani. 

"Mientras la brillantez de Marker como pensador y cineasta ha sido en buena parte (e injustamente) eclipsada por la de Godard, cabe la posibilidad de que no haya un filme en toda la obra de Godard con tanto que decir sobre el estado del mundo, ni que con la inteligencia y belleza del discurso altamente original de Marker deje un sabor de boca tan profundo" Jonathan Rosenbaum

Así pues comenzamos un miniciclo con algunas de sus mejores obras con El embarcadero (La Jetée', 1962), su única incursión en la (ciencia) ficción, una creación sobre experimentos científicos y viajes en el tiempo en un mundo post-apocalíptico que serviría de inspiración entre otros a Terry Gilliam para hacer 'Doce Monos'. En fin, un honor para nuestra web poder mostrar algunas de las obras magnas del gran Chris Marker. Para degustar una y cien veces. Puro talento europeo. 

La Jetée (1962) 

Tras una apocalíptica guerra nuclear, el mundo ha quedado devastado. Un grupo de científicos del bando vencedor llega a la conclusión de que el único modo de salvar a la humanidad es recurriendo a los viajes a través del tiempo: o bien mandar a una persona al pasado para pedir ayuda, o al futuro para buscar una solución a la situación presente. El elegido para realizar el viaje a través del tiempo es un prisionero. Historia de corte experimental sobre el poder de la memoria, contada exclusivamente a través de fotos fijas, en la que un hombre trata de reconstruir el recuerdo de su amada, en tiempos de la Tercera Guerra Mundial. Un singular film de ciencia-ficción francés, que inspiró la conocida película americana "12 Monos".