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31 de octubre de 2022

Creación audiovisual en corto (48) Vocabulario Fundamental. Animales (62) Luchando por los animales 8 'Super Cow', de Dustin Brown

It’s really a great honor to have my music used in this beautiful, poignant, heartbreaking animation created by Dustin Brown for @Last Chance for Animals. Working for animal rights is my life’s work, and I’m always happy to contribute in any way that I can (Moby)

Creado por Dustin Brown para la organización animalista Last Chance For Animals y con el tema 'Why does my heart feel so bad?' del siempre comprometido Moby como banda sonora, publicamos el conmovedor corto de animación 'Super Cow', una mirada emocionada a la siempre oculta muerte de los seres vivos sintientes conocidos comúnmente como 'ganado'.

Cada ser, cada vida, importa y millones de ellas son inmoladas cada día en aras de nuestro desmedido consumo por la proteína animal, que además es una de las causas principales de la deforestación, el consumo de agua y la emisión de gases de efecto invernadero. 

Desde este blog queremos trasladar a nuestros seguidores, no muchos pero sí selectos, el consejo de intentar virar a una alimentación vegana o vegetariana como mejor forma, no sólo de protegerlos a ellos sino también nuestro planeta.
 

14 de febrero de 2022

Vocabulario Fundamental. Animales (60) Luchando por los animales 7 Los primates de Lwiro: el amor sana todas las heridas



“La riqueza del Congo es precisamente lo que le lleva al desastre: allí donde encuentran minerales llegan los conflictos y la inseguridad para sus habitantes” (...) “Yo vine al Congo para trabajar con una de las víctimas menos visibles de este paisaje de violencia: los animales” Itsaso Vélez del Burgo

República Democrática del Congo. Uno de los países más conflictivos y violentos del mundo, con décadas de guerra entre las tropas del gobierno y decenas de milicias rebeldes, que han sostenido y sostienen su actividad armada asesinando y robando a las personas y expoliando los recursos naturales del país, sobre todo en la región de Kivu, en el este. La "maldición de los recursos" 'at its worst'. 

Pero ellos no son el único peligro que acecha a la Naturaleza congoleña, pues hay que sumar la plaga de la deforestación (la legal y la ilegal), las muy contaminantes minerías de diamantes, oro y coltán y el furtivismo galopante 
llevado a cabo tanto por milicianos como por los pobladores humanos de la zona sobre las más representativas especies de la fauna que aún allí habita. 

Estos desdichados animales son capturados o asesinados, bien para ser devorados como 'bush-meat' (en un país donde ocho de cada 10 ciudadanos viven con menos de 1,25 dólares diarios..), como ingredientes de estúpidas medicinas tradicionales o esclavizados como en el infame tráfico de animales, sobre todo de las crías, para zoológicos y colecciones privadas de humanos de alma podrida. Recordemos que este tráfico con la vida es equiparable por volumen de negocio al tráfico de drogas y armas. En fin, un panorama desolador.

Sin embargo, en pleno corazón geográfico del conflicto congoleño, en la provincia de Kivu Sur y a cuatro kilómetros del Parque Nacional Kahuzi-Biega (uno de los últimos reductos para especies como el gorila oriental de llanura, y ahora también ocupado por refugiados de guerra), se encuentra, como un faro en la oscuridad, el Centro de Rehabilitación de Primates de Lwiro (Lwiro Primate Rehabilitation Centre). 

Allí, un grupo de personas de corazón descomunal, tan anónimas como imprescindibles, tan talentosas como valientes, entre las que se encuentran dos españolas, Itsaso Vélez del Burgo y Lorena Aguirre (directora de la ONG Coopera en RDC, quien lleva 14 años en el país e inició este proyecto), que dirigen el centro para intentan recuperar a 94 chimpancés incautados por las autoridades congoleñas, además de 104 primates de otras especies. 

Pero Itsaso y Lorena no están solas, trabajan codo a codo en su impagable esfuerzo con 46 empleados congoleños (rangers, veterinarios y cuidadores) entre quienes se halla Mama Zawadi, que es la protagonista de este magnífico corto documental dirigido por Pablo de la Chica y que hoy les ofrecemos (que también puede verse en RTVE) y que además acaba de ganar el Goya 2022 en su categoría. 

Mama, que como se muestra en el film ha vivido una existencia tan trágica como la de los animales a los que cuida, encuentra en el Centro y junto a ellos el único lugar en el mundo donde el amor incondicional puede curar las heridas de la violencia sufrida y salvar a humanos y simios de su terrible pasado. Esta gente es el Bien Absoluto, si pueden ayudarles en su labor el Juez Roy Bean les estará muy agradecido.

 

RTVE Play estrena 'Mama', el corto más conmovedor que opta a los Goya 2022

La historia de una víctima de violencia sexual que se convierte en "madre" de bebés chimpancés
Ganador del premio RTVE al Mejor Corto Iberoamericano en el Festival de Cine de Almería
Mama (2020) está nominado a Mejor Cortometraje Documental en los premios Goya 2022


En el corazón de la vibrante selva del Congo, entre la fauna salvaje, la guerrilla y las minas de diamantes, se encuentra una de las últimas trincheras seguras para los primates en extinción. Un pequeño territorio protegido del Parque Nacional Kahuzi-Biega cuyos habitantes, Mama Zawadi y sus chimpancés, parecen llevar una vida que transcurre ajena a la realidad que acecha fuera: cazadores furtivos, tala de árboles y uno de los contextos más violentos y peligrosos del mundo.

Mama Zawadi y sus bebés chimpancé en Lwiro

Pablo de la Chica, el director de Mama (2020), el corto documental que aspira al Goya 2022, era consciente de que tenía casi todo en contra cuando decidió adentrarse en la profundidad de aquellas tierras, en las que, además, acababa de estallar un nuevo brote de Ébola. Pero hay historias que necesitan ser contadas, como la de Mama Zawadi di Balanza, una mujer que reconvirtió las heridas de su pasado en un amor sanador por aquella especie en extinción.

El cuerpo de las mujeres, un campo de batalla

Víctima de tres agresiones sexuales, la primera cuando tan solo era niña, Zawadi es una de miles de mujeres que cada año sufren violaciones en la República Democrática del Congo. De la Chica conoció su historia a través de Lorena Aguirre e Itsaso Vélez, las dos mujeres al frente del Centro de Rehabilitación de Primates de Lwiro (CRPL).

“Al llegar a Lwiro, Mama Zawadi nos estaba esperando para abrir su corazón y narrarnos su historia de lucha y resiliencia, en uno de los lugares más oscuros del mundo”, explica el director del corto. “Allí, entre tanta oscuridad y maldad humana, encontré en Mama Zawadi y sus bebés chimpancés una historia de lucha por buscar su lugar en el mundo, una historia real de luz y amor y, sobre todo, una historia que el mundo debe conocer”.



El amor como terapia

Al igual que muchos de los chimpancés que llegaban al santuario, hace cuatro años, Mama Zawadi llegó para superar su dolor y reconvertir sus experiencias traumáticas en superación. La conexión entre Zawadi y aquellos bebés de primate fue muy profunda. “No hay mejor terapia que el amor”, dice la psicóloga Aguirre en el documental. Mama es una conmovedora historia que viaja de la oscuridad a la luz, para revelar con delicadeza el poder curativo del amor entre los seres humanos y los animales con los que compartimos el 98,8 % de nuestro ADN.

La Republica Democrática del Congo, en la que De la Chica estuvo rodando Mamá durante 24 días, es el país más importante para frenar la extinción del chimpancé, pero el grave conflicto que vive el país desde hace décadas, junto al tráfico ilegal y la perdida de áreas verdes, hace casi imposible su conservación. La segunda guerra de RDC acabó en 2003, pero las heridas del conflicto siguen abiertas. A día de hoy, las organizaciones internacionales estiman que hay decenas de grupos rebeldes que luchan por el control, el uso y el acceso a los recursos naturales del país.
Cinco Continentes - Las secuelas de las violencias sexuales en RDC - Escuchar ahora (11min.)

“El santuario de Lwiro se sitúa en uno de los lugares más peligrosos del mundo, hay más de 100 grupos rebeldes activos, eso significa que cada noche hacen incursiones en poblaciones civiles, violan, roban, matan..”, cuenta en el corto Lorena que junto a sus compañeras está acostumbrada a lidiar con el ruido de tiroteos por la noche, procedentes de los enfrentamientos entre los grupos rebeldes y el ejército.

Frente a las cazas furtivas, la salvaje destrucción de las áreas verdes y el conflicto armado, el santuario se erige como un oasis que transita la vida con otro pulso. Los pocos ejemplares que son rescatados son entregados al centro de Lwiro. Allí llegaron hace algunos años chimpancés como Kalima, Busakara, Musa, Nishuli… decenas de bebés a los que Mama Zawadi da nombre y acoge como a sus hijos. Los acuna en su pecho, les prepara el biberón y les colma de amor. Un cariño que viaja en las dos direcciones y que consigue que, aunque permanezcan imborrables, las heridas puedan sanar. Kalima fue la primera chimpancé que cuidó Mama Zawadi


Mama (2020), disponible en RTVE Play, podría lograr el Goya al Mejor Corto Documental en los próximos premios Goya 2022, que se celebrará el 12 de febrero en Valencia. Se trata de la primera producción española que se incluye en la serie de documentales de The New Yorker y que ha ganado ya varios galardones.

Entre ellos, el de Mejor Cortometraje Documental del Festival de Cine Madrid Integra 7arte; el Premio RTVE al Mejor Cortometraje Iberoamericano en el Festival Internacional de Cine de Almería; la Mención de Honor en Bannabáfest; el Best International Documentary Short en el Galway Film Fleadh - Shorts; y el Premio del Jurado y del Público en el certamen de Cortos contra la Violencia de Género de Montaverner.

3 de junio de 2021

Vidas Conspicuas (21) David Attenborough, una vida extraordinaria en nuestro planeta




“It seems to me that the natural world is the greatest source of excitement; the greatest source of visual beauty, the greatest source of intellectual interest. It is the greatest source of so much in life that makes life worth living.” ("El mundo natural me parece la mayor fuente de emoción, la mayor fuente de belleza visual y la mayor fuente de interés intelectual. Es la mayor fuente de tanto en la vida que hace que valga la pena vivirla.") 

"See the world. Then make it better." Sir David Attenborough


Amo con todo mi corazón a David Attenborough, sólo verle o escuchar su voz me conmueve por dentro. Él sustituyó la trágica pérdida de Félix Rodríguez de la Fuente en mi formación ecologista y animalista y ha sido a través de su presencia bonhómica, sus sempiternas camisas azules y su emocionada mirada al mundo natural que he ido construyendo mi propia educación sentimental profundamente conectada con la maravillosa y muy amenazada biodiversidad de nuestro planeta.

Sólo tuve una vez el placer de verle en persona y fue a finales de los noventa en una preciosa librería de Oxford. Él estaba rodeado por un grupo de personas con las que departía y circundado por la luz de una vidriera que le sumergía en una especie de aura de santidad. Yo, sobrecogido, no me atreví a acercarme a balbucearle mi admiración pero guardo ese momento (al menos así es como lo recuerdo) como uno de los highlights de mi vida. 

El pasado 8 de mayo, Sir David cumplió 95 magníficos años y a pesar de ello sigue activo, pletórico de vida y alma, sigue colaborando en documentales, en conferencias, en entrevistas, sigue aprendiendo y divulgando su inacabable sabiduría para seguir concienciando sobre la precariedad de la situación medioambiental en nuestro planeta. Pero llegará un día en el que se nos vaya y ese día lloraré como un niño y le echaré siempre de menos, pero me aferraré a seguir viéndoley oyéndole en su obra, en sus documentales, sus libros, sus conferencias, en su monumental legado, con su voz y su rostro iluminados por lo que más le emocionaba, el esplendor de la vida salvaje de nuestro mundo.

Pero por ahora sigue con nosotros y para celebrar estos 95 años de pura vida la BBC, la ejemplar cadena pública británica donde ha desarrollado casi toda su actividad profesional, ha publicado este video de 95 segundos, 95 momentazos Attenborough, que tenemos el placer de incluir en esta entrada-homenaje. 




A lo largo de los años David Attenborough ha ido construyendo (mayormente en la BBC pero no solo allí), un corpus de magistrales series documentales que a lo largo de cuatro décadas nos han mostrado las maravillas de la vida salvaje de nuestro planeta, al mismo tiempo que influenciando a sucesivas generaciones de documentalistas a entregarse a la bendita profesión de mostrar a la Humanidad la incomparable belleza de la Naturaleza. El efecto benéfico que su carrera profesional, que su inmenso legado, ha tenido en cómo millones de personas percibimos lo salvaje es incalculable. 

Durante todos estos años he podido ir viendo y coleccionando auténticas  obras maestras del cine documental que fueron escritos/dirigidos/presentados por Attenborough. Desde la seminal 'Life On Earth' (1979) a la que seguirían 'El planeta viviente' ('The Living Planet', 1984) y 'La vida a prueba' ('The trials of life', 1990) plasmada también en un magnífico libro, para componer la trilogía Life. 

A ellos siguieron, entre muchos otros, 'La vida secreta de las plantas' (The secret life of plants, 1994), 'La vida de las aves' (Life of birds, 1998), 'State of the planet' (2000), 'Planeta azul' (The blue planet, 2001), 'Life in the undergrowth' (2005), 'Planeta Tierra' ('Planet Earth', 2006), 'La vida a sangre fría' ('Life in cold blood', 2008), 'Galapagos' (2013), 'Africa' (2013), 'Planeta Tierra 2 ('Planet Earth 2', 2016) y 'Nuestro planeta' ('Our Planet', 2019). 

Mi intención es seguir publicando todas las que pueda en este blog (en la propia etiqueta que Sir David tiene), para ofrecer a todo el que quiera verlo este canon audiovisual fundamental que exhibe, con las más increíbles imágenes, el fascinante mundo natural de nuestro planeta, algo que en sí mismo debería ser patrimonio de la Humanidad.

Pero Attenborough no ha querido sólo mostrar los esplendores naturales de nuestro planeta sino también alertar de las consecuencias del impacto del ser humano sobre los ecosistemas salvajes y así lo ha ido reflejando también en su obra, reservando normalmente una parte final de los documentales para hablar de las amenazas que se cernían sobre ellos. 

Aunque siempre ha intentado dejar un mensaje positivo mostrando las oportunidades para revertir esas amenazas o al menos mitigarlas, la preocupación por la degradación de la Naturaleza se ha ido acentuando en sus trabajos de este siglo y más en la última década, según ese impacto, no sólo por efecto del cambio climático sino también por la depredación de los habitats y el tráfico de especies salvajes, se ha ido mostrando cada vez más dramático. 

Sin embargo, nunca había visto a Sir David tan abatido, tan triste, tan superado por la conciencia de la pérdida como en este extraordinario documental que hoy presentamos en nuestro blog, 'David Attenborough: A life in our planet' -David Attenborough: Una vida en nuestro planeta-, dirigido por Alastair Fothergill, Jonathan Hughes y Keith Scholey en 2020. 

Una vida en nuestro planeta

"El mundo natural se desvanece. Hay pruebas por todas partes. Ha ocurrido durante mi ciclo vital. Lo he visto con mis propios ojos. Este documental es mi testimonio y mi visión sobre el futuro."

Este documental ha sido concebido, efectivamente, como su testamento vital y en él Sir David nos va desgranando algunos de los viajes y expediciones que a lo largo de su carrera profesional de más de 60 años ha realizado por todo el mundo, conociendo algunos de sus más increíbles parajes naturales y los fascinantes seres que los habitaban. Pero también mostrándonos cómo a lo largo de los 93 años (en aquel momento) de su ciclo vital el planeta Tierra ha ido sumando varios miles de millones de habitantes humanos (y miles de eficientes corporaciones empresariales de la depredación natural, añadimos) que han devorado todos los años millones de hectáreas de Naturaleza por todo el mundo a mayor gloria del capitalismo neoliberal. 

Attenborough muestra su amargura al relatar cómo esa sobrepoblación, el desaforado desarrollo económico y la contaminación por plásticos e ingentes cantidades de gases de efecto invernadero han ido creciendo exponencialmente a lo largo del tiempo de su vida, invadiendo los ecosistemas naturales, devorando lo salvaje, diezmando la asombrosa biodiversidad que aún alberga nuestro planeta, esos maravillosos seres y parajes silvestres que él había conocido en su esplendor y que ahora ve amenazados por el colapso y la extinción. Así, nos va dejando algunos mensajes desolados en el que muestra su aflicción por todas las vidas perdidas, por tanta belleza destruida...

Sir David recuerda con gran tristeza hechos cómo cuando volvió algunas décadas después a un arrecife de coral en el Pacífico en el que había realizado su primer buceo, al comienzo de su carrera. Ese lugar que le había maravillado con su exuberante vida marina, con el colorido y las formas de multitud de animales, algunos a los que ni siquiera conocía le recordó, años después, a un cementerio. Los corales se habían blanqueado y habían muerto por el efecto del calentamiento global, los peces y otros seres marinos habían desaparecido por la sobreepesca y la visión de ese hábitat desolado le ofreció a Sir David un terrible ejemplo de lo que estamos haciendo al mundo natural.

Esto debería importarnos por el simple hecho de la incomparable belleza de cada especie, de cada uno de los milagros evolutivos que habita nuestra biosfera y su importancia mayúscula en el mantenimiento del intrincado entramado del equilibrio natural y deberíamos tener la sensibilidad de apreciar esa belleza. Pero si no la tenemos debería importarnos aunque fuera egoístamente porque ese equilibrio sostiene la existencia misma de las civilizaciones humanas y si la Naturaleza colapsa también lo haremos nosotros. 

Las inquietantes ruinas de Prypiat, con la destruida central nuclear de Chernobyl al fondo, sirven a Attenborough para enmarcar la evidencia de algo que sabemos pero que decidimos situar en esa frontera difusa entre obviar o desatender: que el ser humano es capaz de construir paraísos con la fuerza de su intelecto y destruirlos con sus errores. Y que la Naturaleza nos sobrevivirá y prosperará cuando ya no estemos.

A lo largo del documental Attenborough nos abre su corazón: 

"Tengo 94 años. He tenido una vida extraordinaria. Sólo ahora me doy cuenta cómo de extraordinaria. He tenido la suerte de explorar los lugares silvestres de nuestro planeta. He viajado por todo el mundo. He contemplado a los seres vivos de cerca en todas sus variedades y maravillas. La verdad es que no podía imaginarme mi vida de otro modo. Siempre me ha apasionado explorar, correr aventuras, aprender más de la fauna y la flora. Y sigo aprendiendo, tanto como cuando era niño. Cuando era joven sentía que estaba en la Naturaleza experimentando el mundo natural salvaje pero era sólo una ilusión (...) La gran tragedia de nuestro tiempo ha estado ocurriendo a nuestro alrededor, apenas perceptible día a día, la pérdida de nuestras tierras salvajes, de su biodiversidad. Yo he sido testigo de este declive. (...) "La humanidad se encuentra en una encrucijada, el mundo natural está seriamente amenazado y las consecuencias pueden ser apocalípticas", advierte Attenborough que, sin embargo, dedica la última media hora de programa a dar cuenta de las soluciones que ya están aquí para detener la emergencia climática: desde la agricultura urbana a las energías renovables, desde las zonas de exclusión de pesca en los océanos a la drástica reducción del consumo de carne, desde los proyectos de renaturalización hasta el reaprovechamiento total de los recursos.


"El futuro de la vida en la Tierra depende de nuestra capacidad para tomar medidas. Muchas personas están haciendo lo que pueden, pero el verdadero éxito sólo puede venir si hay un cambio en nuestras sociedades, nuestra economía y en nuestra política. He sido afortunado en mi vida por ver algunos de los mayores espectáculos naturales que el mundo ofrece. Sin duda, tenemos la responsabilidad de dejar para las generaciones futuras un planeta que sea saludable, habitable para todas las especies." (...) "Los periódicos sólo hablan del virus, y está bien porque todos queremos saber", se lamenta Attenborough, que prosigue: "El problema es que el cambio climático ha desaparecido de los titulares porque se percibe como un futuro distante. La temperatura de la Tierra ha aumentado un grado desde que yo nací, y puede aumentar entre tres y cuatro grados este siglo si no cambiamos de rumbo. El cambio climático está ya aquí: los jóvenes hacen bien en recordárnoslo". 

Vamos terminando este homenaje y nuestra felicitación
por su 95 cumpleaños (perdona el retraso, David) con otra de sus frases: "'Una vida en nuestro planeta' es mi declaración como testigo y mi visión para el futuro. Es la historia de cómo hemos llegado a hacer esto, nuestro más grande error, y cómo, si actuamos ahora, aún podemos enmendarlo. Tenemos una oportunidad final de crear el perfecto hogar para nosotros mismos restaurando el maravilloso mundo que hemos heredado. Lo único que necesitamos es la voluntad para hacerlo." 

Aunque me temo que él sabe que la creación de ese hogar común para todos (y con ello la salvación de la biodiversidad planetaria y, por ende, la nuestra) es prácticamente imposible por la gran cantidad y enorme poder de los factores en contra, entre ellos unos horizontes temporales de actuación que son sistemáticamente sobrepasados sin cumplir las promesas que albergaban. 

Sin embargo Sir David intenta mantener el optimismo, porque debemos seguir intentándolo, porque existen las alternativas a que el colapso termine sucediendo, o al menos poder mitigar las consecuencias. La lucha por la conservación natural es la mayor y la más perdida de todas las causas perdidas pero precisamente por ello no hay que dejar nunca de luchar por ella, por saber que al menos nosotros hicimos lo que pudimos. 

En fin, 'Una vida en nuestro planeta' es el colofón a la carrera de un hombre que ha dedicado su vida a la difusión de la naturaleza y a su conservación para placer y maravilla de varias generaciones de espectadores, entre ellos este viejo y melancólico juez que intenta imponer la ley a este lado del río Pecos. Esperemos que lo disfruten y que junto a nosotros luchen hasta el final por esta bella causa y por todo lo que representa.
 

22 de mayo de 2021

Vocabulario Fundamental. Animales (58) Luchando por los animales 6 Al borde del abismo


El escarabajo verde - Al borde del abismo: Episodio 1

RTVE 30 abr 2021

Al borde del abismo es un evento paneuropeo sobre historia natural. Un programa de una hora, que se emite en dos partes y que quiere celebrar el duro trabajo, dedicación y compromiso de muchos seres humanos para salvar especies amenazadas europeas en tiempos de pandemia.

 

En esta segunda parte veréis como Suiza se esfuerza por oscurecer sus calles para crear pasillos para el vuelo de su colonia de murciélagos. Eslovenia quiere conservar un pequeño pez nativo en peligro por las transformaciones modernas de los ríos y la introducción de especies invasoras. Noruega protege a su escasa población de zorro ártico de la competencia de otro invasor: el zorro rojo. Barcelona ha tenido este verano la primera nidificación de tortuga boba de que se tiene constancia. Los veterinarios y biólogos del Centro para la Recuperación de Animales Marinos (CRAM) se han encargado de datar, medir y ayudar que estas primeras tortugas lleguen al mar sin incidentes. Un fenómeno creciente en todo el mediterráneo español. Y para acabar en Irlanda del Norte se está controlando la población de la voraz ardilla gris americana introducida a principios del siglo XX y ayudando a la autóctona ardilla roja gracias al cuidado de su depredador natural la marta.


18 de septiembre de 2017

Globalización, capitalismo y otros resortes de poder (65) 'Last days': los espantos tras el marfil



En 2014 la cineasta estadounidense Kathryn Bigelow (ganadora del Oscar por 'The Hurt Locker') dirigió 'Last days', un corto animado que en poco más de tres minutos se sumergía en el cómo y el por qué de las masacres de elefantes que llevan asolando enormes zonas salvajes africanas desde hace décadas, con más de 20.000 paquidermos asesinados cada año, una cadencia destructiva que compromete seriamente a la especie rumbo a la extinción en poco más de una década.


La inocente compra de una talla de marfil en un mercado asiático (u occidental) acciona el primer resorte en la brutal muerte de un ser vivo maravilloso en una cadena perversa de talleres ilegales, explotación humana, tráfico de armas con destino las múltiples guerras de la región y financiación directa de grupos terroristas africanos -como Al Shabaab, Boko Haram, los Janjaweed o el Lord's Resistance Army (LRA) del tristemente célebre Joseph Kony, entre otros- que operan en el Centro y Este de África.

Bigelow retrata con crudeza este círculo vicioso de crueldad y muerte alimentado por un furtivismo bien armado y motivado ante el que poco pueden hacer los apenas 2000 Rangers y voluntarios que intentan proteger los 355 parques nacionales africanos. De hecho, sólo en el Parque Virunga (del que el Juez Roy Bean es orgulloso donante y sobre el que ya publicamos un post hace un tiempo) de República Democrática del Congo en los últimos 15 años han sido asesinados 140 guardias.

Sin embargo, hace unos meses una esperanza para la especie, pues a finales del 2016 el gobierno chino de Xi Jinping
, ante la presión de gobiernos y conservacionistas, 
hizo el anuncio histórico de prohibir todas las actividades de procesamiento y venta de marfil a lo largo de 2017. 

El marfil es muy buscado en China, donde los objetos tallados (escenas budistas, tijeras o palitos) son muy apreciados por coleccionistas y consumidores. La cantidad de marfil disponible en las tiendas autorizadas legalmente a vender en China y su precio también disminuyeron, reflejando una caída de la demanda en el primer mercado mundial de marfil. 


La caída del crecimiento económico chino, la lucha contra la corrupción y la toma de conciencia de las consecuencias devastadoras de la caza furtiva son la causa de esta disminución. Según Iain Douglas-Hamilton fundador de Save the Elephants hasta ahora "pocos chinos relacionaban los productos de marfil con la muerte de los elefantes", pero las campañas mediáticas han favorecido esta toma de conciencia.

Si bien esto no pone fin a todo el tráfico ilegal, se trata de una medida en la buena dirección tomada por un país que hasta hace poco tenía el mayor mercado de marfil del mundo. De hecho, una estadística de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas en Sudáfrica determinó que el 70 por ciento del comercio mundial de marfil terminaba en China, el resto en Emiratos Árabes Unidos o Singapur. 

Esto está haciendo que las muertes de elefantes y sobre todo los precios del marfil estén cayendo con fuerza, aunque habrá que ver qué pasa con el mercado negro (en el que se sigue consiguiendo y procesando marfil) y con los millones de colmillos que los grandes comerciantes mantienen en almacenes, previendo que algún día llegaría esta prohibición.


El tráfico con especies animales en peligro es aún el cuarto sector en la economía delictiva del mundo (tras el tráfico de drogas, armas y personas), triste honor conseguido por lo peor de nosotros mismos, mediante la aniquilación millones de inapreciables vidas en aras de la crueldad, la codicia y la vanidad humanas.

11 de abril de 2017

Vocabulario Fundamental. Extinción (43) The Ivory Game: Elefantes, el ocaso del gigante



"No tengo palabras. Hoy el mundo es peor, más feo, más triste. Me muero de pena."  Fernando González Sitges, tras la muerte de Satao II

Camina lento, pausado, seguro y dueño de cada uno de sus pasos. Lo hace con elegancia, enfundado en su traje gris ante un entorno único. Todo parece idílico en la vida de Satao II, quien recibió su nombre del primer Satao, pero no lo es. A Satao II le espera la crueldad desmedida de los cazadores furtivos que irían detrás de sus joyas: su marfil.

No importa el precio que deban pagar, los cazadores están dispuestos a todo y el Servicio de Fauna de Kenia vuelve a toparse con el peor de los escenarios. La falta de escrúpulos de los cazadores ha dejado como saldo otro elefante muerto. 

Es Satao II, uno de los animales más emblemáticos de Kenia de la especie denominado 'tusker', que reciben este nombre cuando el tamaño de sus colmillos supera los 45,45 kilos por pieza. En el caso de este elefante, su peso era de 51 y 50,5 kilos y habitaba en el Área de Conservación de Tsavo, situada entre Nairobi y Mombasa, las dos ciudades más importantes de Kenia.

Ha muerto, asesinado a sangre fría. Los guardas le encontraron tendido en el suelo agonizando. Una flecha envenenada acababa de herirle de muerte. Le arrebataron la vida por sus colmillos, un botín de marfil que, ironías del destino, no tuvieron tiempo de llevarse.

Una historia tristemente repetida

Como si de una mala jugada del destino se tratase, a los dos Satao no solo los unió su nombre, sino también el triste final de su historia. Hace tres años, Satao, otro elefante de la misma especie corría la misma suerte y se convertía en el primer 'tusker' célebre asesinado en Kenia. Se calcula que tenía entre 45 y 46 años a su muerte, y había conseguido sobrevivir a las masacres de elefantes que se acentuaron durante la década de los ochenta, cuando manadas enteras eran aniquiladas ametrallándolas e incluso conduciéndolas a campos de minas. El Horror. 


Las estimaciones alegan que a principios de 1970 el número de elefantes en Tsavo alcanzaba los 45.000, mientras que en 1989 descendió hasta los 6.000. El último censo aéreo llevado a cabo en 2014 mostró cómo la población de elefantes poco a poco se iba incrementando hasta llegar a los 11.000 elefantes actuales.

Según los trabajadores del Área de Conservación de Tsavo, únicamente quedan 6 ejemplares de estas características en el parque, lo que complica cada vez más las posibilidades de repoblación, teniendo en consideración que el embarazo de un elefante es de cerca de 22 meses. 

"Se trata de un golpe devastador para la conservación de elefantes y para los genes de los supercolmillos", han dicho desde Africa Geographic, por lo que pide financiación para aumentar los recursos de los rangers de cara a propiciar la rápida reacción de sus equipos y la mejor preparación para luchar contra los incidentes furtivos. 

Se calcula que en todo el continente sólo quedan entre 25 y 30 'super-tusker' y otros 15 que podrían transformarse en lo que en su día fueron Satao y Satao II, otro triste pellejo pergaminoso, reseco bajo el sol africano. 

Furtivismo despiadado

La caza furtiva, lejos de desaparecer, está muy presente en cada uno de los parques naturales que se encuentran en el continente africano. Elefantes, rinocerontes, felinos y otras especies menos majestuosas que no están incluidas dentro de los big five -grupo que engloba a leones, elefantes, búfalos, leopardos y rinocerontes-, son piezas codiciadas por las mafias, generalmente asiáticas, que buscan su lucro a través del comercio clandestino de los cuernos de los animales, sus colmillos o de sus pieles.


Las mafias se aprovechan de la miseria de las poblaciones cercanas a los parques para que sean ellos quien se la jueguen contra los rangers aunque para trofeos mayores como los paquidermos o los rinocerontes se suelen servir de equipos profesionales, comandos bien armados y equipados que causan muchas bajas entre los defensores de los parques, aparte de hacer lamentablemente bien su trabajo.

La cifra de elefantes africanos cazados por su marfil es extremadamente alta. Según un estudio publicado a finales de 2016 en la actualidad ya sólo quedan 350.000 elefantes africanos; por lo que, si seguimos a este ritmo, esta especie puede haber desaparecido de la faz de la Tierra en tan sólo 15 años.

Kenia ha demostrado en más de una ocasión su rechazo a los cazadores furtivos realizando quemas de toneladas de marfil incautadas así como armas de fuego. El 30 de abril del año pasado se incineraron 105 toneladas de marfil como mensaje hacia las mafias. Nunca antes se había quemado tal cantidad de 'oro blanco', como se conoce al marfil, que cada año mueve a lo largo del continente cientos de millones de euros. Según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), más de 20.000 elefantes africanos son sacrificados cada año por su marfil.

Las cifras hablan por sí solas: la caza furtiva es la causa de la desaparición del 80% de la población del elefante de selva de África central; solo en 2013 se abatieron 20.000 ejemplares, y eso que ya se habían puesto en marcha medidas proteccionistas, porque hasta entonces eran muchos más los que caían. En Tsavo, entre 1970 y 1990, 6.000 ejemplares como Satao y Satao II perdieron la vida. Un balance demoledor.


Estos animales (a cuya espantosa 'domesticación' dedicamos una entrada hace tiempo) aparecieron en la Tierra hace 50 millones de años, mucho antes de que los seres humanos surgieran como especie y se distribuyeron por todas las latitudes hasta el límite mismo de los hielos perpetuos. Un éxito evolutivo que se debe, más que ningún otro factor, a sus extraordinarios lazos familiares. Debido su gran inteligencia emocional (que hace que se ayuden los unos a los otros cuando están en peligro, entiendan la muerte y velen los cuerpos de los que han perdido) matar a uno de ellos significa un gran dolor para toda la manada, con el añadido de que normalmente son asesinados los elefantes más adultos, los que poseen el conocimiento ancestral de las rutas hacia los mejores pastos o fuentes de agua.

El infame negocio del marfil

Detrás de este baño interminable de sangre hay una razón muy clara: los miles de dólares que puede llegar a alcanzar el kilo del marfil en el mercado negro. Hay que tener en cuenta que la pareja de colmillos de un ejemplar adulto de elefante africano puede superar los cien kilos. La multiplicación es sencilla. 

Pero esta caza furtiva no se lleva a cabo por principiantes ni al azar, saben muy bien lo que hacen. Alrededor del comercio de marfil se han desarrollado redes criminales altamente especializadas, que cuentan con los últimos avances en tecnología, como equipos de visión nocturna o medios aéreos como drones. El camino que sigue el marfil después de ser arrebatado hasta llegar al sudeste asiático es casi siempre el mismo. Las piezas se transportan a través de países africanos con escasa vigilancia aduanera, hasta que alcanzan algún puerto del Índico, como Mozambique. Allí se camuflan en contenedores de carga para viajar a Vietnam, Laos y Myanmar, donde pueden cruzar sin dificultad la frontera terrestre hacia China continental.

Pero también pueden llegar directamente al puerto de Hong Kong, el epicentro mundial del mercado de esta materia prima. En la antigua colonia británica, el marfil ilegal se confunde fácilmente con el legal, que es el que se obtuvo en bruto antes de 1990, año en el que se prohibió oficialmente.

En los escaparates de sus lujosas tiendas de artesanía, los incisivos aparecen reducidos a minuciosas filigranas por las que se pagarán precios astronómicos. La delicadeza de estas tallas contrasta con la terrible brutalidad que esconden y que ha dejado tras de sí un reguero de cientos de miles de cadáveres.

El documentalista madrileño Fernando González Sitges publicaba en 2010 el premiado documental 'Elefantes, el ocaso de los gigantes' en el que plasmaba el declive poblacional extremo de este inteligentes y sensibles animales.


Prohibición de la comercialización 

Los países y las organizaciones ecologistas han acordado poner fin al comercio interno de marfil, a pesar de que la resolución casi se frustró por las objeciones de naciones como Japón y Sudáfrica. En septiembre de 2016 y tras tres días de movimientos políticos, desacuerdos y ruptura de negociaciones, los delegados en el congreso de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en Hawái acordaron un texto que pedía a los países que acabaran con el comercio interno de marfil "con urgencia".

La moción no tiene capacidad legal, pero los ecologistas esperan que anime a los países a vetar la venta de marfil dentro de sus fronteras para ayudar a frenar la descontrolada caza furtiva de elefantes. El comercio internacional del marfil lleva prohibido desde 1989 pero en muchos países, como Estados Unidos, Reino Unido y China, el comercio interno sigue estando permitido para las antigüedades.



'The Ivory Game', el juego de la extinción

Nuestro segundo documental sobre este tema es tan duro como necesario. Cada año, y como ya hemos ido explicando, miles de elefantes son asesinados a causa del tráfico de marfil y este film está dedicado a entender el panorama actual del tráfico de marfil, sus causas y consecuencias.

Dirigido por Kief Davidson y Richard Ladkani en 2016, 'The Ivory Game' denuncia la situación de esta especie con la tensión típica de un thriller de suspense, siguiendo la línea de 'Virunga' (otra producción de DiCaprio que exponía la matanza de gorilas en el Congo y que ya publicamos en nuestro blog). En el film se expone cómo los cazadores furtivos -y los legales- de elefantes en África están acabando con la especie y cómo desde China el comercio de marfil está impulsando gran parte de su demanda. Es la pescadilla que se muerde la cola: cuantos menos elefantes hay, más sube el precio del marfil y más beneficioso es para los cazadores matar uno. 

En este documental (producido por el siempre comprometido Leonardo diCaprio) la investigación se extiende por varios países, desde los que reciben el marfil ilegal, hasta los que los compran para hacer joyas, adornos o incluso para ingerirlo en remedios caseros. Los autores de este reportaje estuvieron 16 meses investigando para documentar el tráfico de marfil, visitando áreas de conservación donde habitan y son cazados los elefantes y realizando entrevistas encubiertas mientras se infiltran en el comercio ilegal de marfil para después denunciar esta triste realidad.

El valiente elenco de personajes que han hecho posible este film además de mostrar al espectador la realidad que está viviendo esta especie se plantean un interrogante "¿Vamos a permitir que el mamífero más grande de la Tierra se extinga?". La respuesta es clara, NO.


¿Llega una esperanza para los elefantes?

Sin embargo puede estar llegando cambios positivos para el futuro de esta especies y de otras como los rinocerontes. A finales del año pasado China, el mayor mercado mundial de marfil, anunció la prohibición del comercio interno y el procesamiento del llamado 'oro blanco'. De acuerdo con la nueva normativa, una primera hornada de fábricas y tiendas dedicadas al marfil tenían que cerrar y hacer entrega de sus licencias antes del 31 de marzo de 2017, una medida que debe extenderse a todo el sector a finales de año. Con esta decisión se espera poner coto a la caza furtiva de estos amenazados paquidermos en África y Asia.

Grupos conservacionistas y activistas medioambientales de todo el mundo calificaron la decisión de "histórica", ya que supone todo un cambio para el futuro de estos animales. No en vano, el marfil africano es considerado como un símbolo de estatus en el país asiático. La medida adoptada supondrá el cierre de 34 empresas dedicadas a trabajar este producto y de otras 143 especializadas en su comercialización.

La decisión se produce después de años de creciente presión internacional y doméstica para poner fin a este comercio y da esperanzas a los defensores de los animales de que se pueda evitar la extinción de varias de las poblaciones de elefantes amenazadas en África. A principios de 2016 China ya había prohibido la importación de todo el marfil o productos elaborados con marfil adquirido antes de 1975.

La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES, en inglés), que entró en vigor en 1975, prohibió el comercio de marfil en 1989. Al igual que otros países, hasta ahora China permitía la reventa de marfil adquirido antes de esa prohibición, y también posee unas reservas adquiridas en 2008 con la aprobación de CITES, que pudieron salir a la venta con esa certificación.

Tras esta necesaria regulación parecen empezar a llegar las buenas noticias: según un informe publicado por Save the Elephants , el precio del marfil se ha reducido de forma exponencial en los últimos tres años. En 2014 la media del precio de los colmillos era de 2100 dólares, en 2015 alcanzó los 1100 dólares y en este año han caído a poco más de 700 dólares. Esta disminución se atribuye a una combinación de factores incluyendo una recesión económica, una más efectiva lucha contra la corrupción, los compromisos del gobierno para poner fin al comercio del marfil y una mayor conciencia entre los consumidores sobre el impacto que éste está teniendo en los elefantes.

Todavía hay un largo camino por recorrer para poner fin a la matanza de elefantes por el marfil de sus colmillos, pero ahora al menos nace una mayor esperanza para la especie, para la supervivencia de estos animales maravillosos que ocupan su propio espacio, tan grande como ellos, en el corazón del Juez Roy Bean.