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1 de septiembre de 2022

Vidas Conspicuas (26) In Memoriam, Mikhail Gorbachev


"A veces en política hay que elegir el lado correcto y perder" (
Joseph Galbraith)

"Gorbachev quiso salvar la URSS, pero no a cualquier precio. Que esa actitud facilitara el colapso definitivo dice mucho sobre lo que fue el proyecto soviético. Pero también dice mucho sobre quién fue Gorbachev" David Jiménez Torres 'El hombre que pudo matar'

Murió Mikhail Gorbachev tras una larga enfermedad renal y en el Juzgado no hemos podido por menos que sentir un nudo de tristeza por la desaparición de un estadista único y también de un hombre normal, un hombre bueno que hizo cosas extraordinarias en tiempos extraordinarios. Gorbachev gobernó la Unión Soviética desde 1985 hasta 1991, viviendo la época en la que los vientos de la libertad y la autodeterminación recorrían la Europa detrás del muro y en ese periodo trascendental intentó aplicar reformas económicas y políticas que cambiarían el esclerótico sistema político que regía en su país y el este de Europa. Y lo hizo inoculando dos conceptos revolucionarios, la perestroika (reconstrucción o reorganización) y la glásnost (apertura o transparencia), que intentaban reformar el sistema para que fuera más eficiente y humano, abriendo el sistema soviético a la democracia y el capitalismo. Pero estos cambios necesitaban de un tiempo que él no tuvo y serían otro de los factores que llevarían al fin de un decrépito y disfuncional régimen soviético que llevaba muchos años acusando signos de agotamiento. 

Siendo el máximo dirigente de la Unión Soviética Gorbachev renunció a usar la fuerza para aplastar esos movimientos democratizadores que a finales de los ochenta se produjeron en la Europa del Este, a diferencia de lo que, décadas antes, habían hecho algunos de sus predecesores (Kruschev en Hungría 1956 o Brézhnev en Checoslovaquia 1968) o como haría el régimen chino durante su mandato, masacrando a su propio pueblo en Tiananmen, en 1989. Él decretó la retirada de Afganistán, acabando con una guerra que duró diez años y tantas vidas rusas y afganas se había cobrado, liberó a los presos políticos, decretó la libertad de prensa, también de culto (la Iglesia Ortodoxa le debe mucho al respecto), con él se celebraron las primeras elecciones libres en la época soviética y firmó varios acuerdos con Estados Unidos para la eliminación de armas nucleares que frenarían la enloquecida carrera armamentista entre ambas superpotencias, otro de los factores que hizo caer la URSS. En su debe queda que tardara 19 días en dirigirse al pueblo tras el accidente de Chernobil..

El mito que existe en su país es que él quería demoler la U.R.S.S. cuando al contrario, él quería hacerla sobrevivir implantando un socialismo democrático con rostro humano (al estilo del checo Alexander Dubček en el 68) firmando un nuevo tratado entre las distintas repúblicas soviéticas, pero terminó fracasando y perdiendo el poder tras el intento de golpe de estado de agosto de 1991, mientras él se hallaba de vacaciones en Crimea. Tras el fracaso golpista por la determinación de resistencia del primer ministro Boris Yeltsin, éste le sustituyó en la presidencia del país y ya estaba al mando cuando la Unión Soviética se desmoronó el 25 de diciembre del mismo año, por el deseo de las repúblicas de conformar sus propios estados nacionales.

Gorbachev antepuso la libertad y el bienestar de los pueblos (no sólo del suyo) a la rigidez del credo 
ideólogico del partido. Creyó que salvaría el sistema introduciendo reformas, pero el comunismo soviético era un régimen totalitario y como tal, si introduces libertad y transparencia, o sea, la Verdad, acabas con él, pues el totalitarismo sólo sobrevive en la mentira y la represión.
Gracias a su legado en Europa no hubo una guerra (o varias) tras la convulsiones de aquellos años de cambios trascendentales y los rusos tuvieron una democracia por primera vez en la Historia, pero también sufrieron un caos económico y de suministros mientras Yeltsin permitía que las privatizaciones salvajes enriquecieran obscenamente a los oligarcas mientras se apoderaban del país. Pero a la Rusia democrática no le dio tiempo a estabilizarse pues en 1999 llegó Putin, que acabaría con todo. 

Porque para muchos rusos ultranacionalistas que ahora aplauden a Putin y a quienes eso de la democracia siempre les pareció como un concepto occidental, algo ajeno al espíritu de una nación rusa acostumbrada al "vivan las caenas", algo implantado casi a la fuerza en un país históricamente refractario a las libertades individuales, Gorbachev significa los años del desabastecimiento pero sobre todo y ante todo, es el hombre que perdió el imperio. Aunque no fuera eso lo que pasó. Pero en la psique colectiva rusa, con él la gran potencia imperial que había domeñado manu militari la Europa del Este, pasó de repartirse el mundo con los Estados Unidos a sentirse casi una potencia casi de segunda en la escena internacional y eso les transmitió una sensación de humillación que años después engendraría a Vladimir Putin. Como ocurrió en Alemania con el advenimiento de Adolf Hitler tras la humillación de la derrota en la I Guerra Mundial, el Tratado de Versalles y la crisis del 29.

Lamentablemente, la Rusia de hoy, la Rusia de Putin, no se parece en nada a la que pretendía Gorbachev, pues ambos representan una forma de entender el mundo en general y Rusia en particular, completamente contrapuesta. En los 22 años que Putin lleva en el poder la oposición política y la prensa libre han sido eliminadas, cualquier disidencia o crítica es castigada con el exilio, la cárcel o la muerte. Fuera de Rusia Putin ha intervenido militarmente en Chechenia, Georgia y Siria (también en otros países a través de mercenarios como los Wagner) se anexionó Crimea y ahora ha invadido Ucrania a sangre y fuego, causando decenas de miles de muertos y heridos y cometiendo incontables crímenes de guerra.

Gorbachev de hecho pidió la dimisión del tirano tras las denuncias de fraude masivo en las elecciones de diciembre de 2011, también por la ausencia de libertad de prensa y de separación de poderes en la Rusia actual. Parece lógico por ello que un tipo tan rencoroso como Putin no haya permitido que se celebre para él un funeral de estado, como sí hizo con Yeltsin. Pero miles de ciudadanos han visitado su cadáver expuesto y el premio Nobel de la Paz Dmitri Muratov (a quien el régimen ha cerrado su medio 'Novaya Gazeta', cofundado por Gorbachev en 1993) sostuvo una imagen del estadista durante el funeral en el cementerio Novodévichy de Moscú. 

La periodista Pilar Bonet, corresponsal durante 34 años en la URSS y Rusia y que le conocía personalmente, destacaba en RTVE su concepción global del mundo, en el sentido de que no puede haber seguridad en una parte del mundo si en otra hay inseguridad  y su deseo de reducción de la amenaza nuclear. También explicaba como a Gorbachev, cuya abuela era ucraniana, le gustaba cantar melancólicas canciones ucranias y cómo le afectó el conflicto con este país y sus críticas hacia Putin al respecto, aunque apoyó la anexión de Crimea en 2014 pero claro, cómo oponerse.. También la inmensa soledad que le dejó la muerte de su mujer, Raisa, de cuya pérdida jamás se recuperó y a cuyo lado reposará para siempre, su gran deseo. 
En fin, para acabar con nuestro homenaje a este hombre único les dejamos con dos documentales para completar nuestro recorrido a su vida, su obra y su legado. En el primero, 'Meeting Gorbachev' (2018), podemos ver su faceta más personal de la mano del gran Werner Herzog. Durante horas, ambos debaten sobre los sinuosos caminos de la historia que engarzan reflexionan sobre cuestiones inherentes al ser humano. En este encuentro, Herzog logra una atmósfera amistosa que propicia que el ex-mandatorio se sienta cómodo que la película sea un estudio de cómo los sucesos mundiales acaban dependiendo del carácter personal y las circunstancias. El segundo, 'The arrow of time' (aquí titulado 'Gorbachev y la paz nuclear'), dirigido por Leila Conners en 2017 y que ahonda en su obra durante su presidencia y su legado. 

Y ya sólo nos queda despedirnos. Que la tierra te sea leve, descansa en paz al lado de tu querida Raisa, Mikhail Serguéyevich Gorbachev.


Gorbachov, en privado (ARTE - Vitaly Manski, 2020)
 
 
   






Gorbachev y la paz nuclear 

Con acceso exclusivo a entrevistas con Mijail Gorbachov y varios asesores de política exterior de Estados Unidos, Rusia, Alemania y Francia, este documental ahonda en la historia del mapa nuclear. Gorbachov fue elegido Secretario General del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética en 1985. Sus políticas de apertura y la "perestroika" cambiaron el curso de la historia mundial, aunque su legado pueda ser ambiguo.

La estrategia de una guerra nuclear moderna consiste en apuntar las ojivas a objetivos prioritarios: almacenes de misiles y bases submarinas que transporten proyectiles. El siguiente objetivo serían los centros vitales de comunicaciones, radar e inteligencia; a continuación, los principales aeródromos y bases navales. En general, los analistas militares dan por hecho que en el momento que comience una guerra nuclear, será inevitable un intercambio a gran escala. La necesidad de una paz nuclear definitiva es más necesaria que nunca para no poner al mundo ante un conflicto devastador.

7 de febrero de 2019

Vocabulario Fundamental. Revolución (3) 'Lo and Behold', la revolución digital según Werner Herzog


Werner Herzog examina el pasado, presente y futuro en constante evolución de Internet en 'Lo and Behold: Reveries of the Connected World'. NetScout, líder mundial en ciberseguridad y servicios de protección en tiempo real, se subió a bordo como productor e introdujo en un nuevo mundo a Herzog, que llevó a cabo una serie de originales entrevistas con pioneros y profetas del ciberespacio como Elon Musk (cofundador de PayPal y Tesla), Bob Kahn (inventor de la IP o protocolo de internet) o el afamado pirata informático Kevin Mitnick. Estas provocadoras conversaciones revelan la forma en que el mundo digital ha transformado la manera en que funciona prácticamente todo en el mundo real, desde los negocios a la educación, los viajes espaciales, la asistencia médica o el cómo gestionamos nuestras relaciones personales.




Aviso: Para reproducir online este vídeo es necesario clicar sobre las letras azules, y te redirigirá al reproductor ok.ru

8 de agosto de 2015

Campanadas de la Historia (56) 'Red Army', la Guerra Fría sobre el hielo


“Quería utilizar la historia del equipo deportivo más importante de la Unión Soviética como una metáfora para hablar del auge y caída del régimen comunista. 'Red Army' es la historia de un hombre que soñaba con ser un héroe nacional del deporte y al final se vio condenado a luchar contra el propio sistema que le había creado. Un sistema muy duro y opresivo. Y para ello tuvo incluso que irse a Estados Unidos para poder seguir jugando y volver a triunfar. Y al final acabó regresando a una Rusia muy diferente”. Gabe Polsky

Este era el propósito de hacer 'Red Army', un documental producido por el alemán Werner Herzog y dirigido en 2014 por el estadounidense de origen ruso Gabe Polsky. En él se cuenta la historia del antológico equipo nacional de hockey sobre hielo de la Unión Soviética, que ejerció un dominio cuasi-absoluto a finales de los setenta y los años ochenta sobre otras selecciones (especialmente la estadounidense) y sus paralelismos con el auge y caída del régimen soviético. 

La creación de este equipo invencible promovía la idea del dominio geopolítico soviético y supuso un arma propagandística formidable que los norteamericanos no sabían cómo contrarrestar. 
 
El auténtico ideólogo y creador del estilo del equipo fue su entrenador Anatoli Tarasov, un visionario que pasaba largos periodos de concentración (hasta once meses conviviendo juntos) para fortalecer el compañerismo y la solidaridad, utilizando los principios del ballet, el ajedrez e incluso la literatura para llevar a sus jugadores a un nivel creativo realmente asombroso, entretejiendo el juego con continuos apoyos y pases combinativos, logrando un eficaz, demoledor -y artístico- juego en equipo que sus contrarios no sabían anular. Pero fue cuando Tarasov fue destituido y sustituido por por un entrenador de rígidas ideas, afín al régimen y a la KGB, con el que nunca congeniaron cuando empezó la decadencia del equipo. 

Aquellos fabulosos cinco jugadores fueron protagonistas de la historia social, cultural y política de su país y al igual que la URSS, tras pasar por una época de grandeza, llegaron al declive, para finalmente tenerse que adaptar a los grandes cambios que trajo la Rusia de la época. Hay una profunda amargura en los testimonios de aquellos artistas del patín y del stick al recordar las maniobras que ejerció con ellos el KGB, aunque varios acabarían desertando para poder acceder a las promesas de mejor vida y mucho dinero de los equipos profesionales norteamericanos. 

Es el ex-capitán del equipo, Slava Fetisov, tan cínico como sincero, el eje principal sobre el que descansa esta historia (facilitando también el acceso a sus excompañeros y logrando abrir sus corazones al límite para contar su historia con toda la sinceridad posible), evocando una trayectoria personal fuera de lo común: primero adulado como un héroe nacional, luego condenado como enemigo político al emigrar a Estados Unidos buscando la gloria y el dinero del profesionalismo norteamericano y finalmente siendo asimilado de nuevo por la actual Rusia de Putin, que busca recuperar el esplendor de aquellos días de gloria en los que sus equipos nacionales y el propio país ruso atemorizaban a sus rivales. 
 
Una apasionante historia que Gabe Polsky nos cuenta con una gran cantidad de imágenes de archivo y en la que predomina el suspense y la diversión. Según sus propias palabras: “Era muy difícil juntar todas esas imágenes de archivo de manera divertida, amena, pero también profunda, para poder enseñar el alma del pueblo ruso. El reto de esta película era cómo entretejer ese fondo tan complicado de ideas tan grandes como el patriotismo, la política, el deporte, la amistad, la traición… de manera interesante, para involucrar al público del principio hasta el final, como en el juego”

Los chicos de Días de Cine introducen este documental 'deportivo' que es casi un thriller y cuyo trasfondo es la propaganda con la que el poder absoluto intenta disfrazar sus carencias, vender sus mentiras, acorralar al rebelde, manipular la opinión pública, chantajear a los jugadores que idolatran las masas, negarles su acceso a la tierra de promisión o fomentar la traición entre ellos. Pero ante todo representa un apasionante y entretenido fresco del mejor y más influyente hockey sobre hielo de la historia de ese deporte y de varias décadas de historia de Rusia, contado todo de una forma amena, sorprendente y muy divertida. Apasionante 'Red Army'. 


Red Army (Gabe Polsky, 2014)

 
Días de Cine - Red Army
 

12 de mayo de 2015

Creación audiovisual en corto (30) 'Plastic bag', de Ramin Bahrani

Plastic Bag (Bolsa de plástico) es un cortometraje del año 2009 dirigido por el estadounidense Ramin Bahrani (suponemos inspirado en la famosa escena de la bolsa mecida por el viento de 'American Beauty'), narrado por el alemán Werner Herzog y con banda sonora de los islandeses Sigur Ros, que nos cuenta la épica historia de una bolsa de plástico (ese elemento tan característico de las actuales civilizaciones humanas) improntada de su Creadora, su primera usuaria, a la que buscará hasta su destino final. Y es precisamente ese final, que a nuestro juicio debería haber sido algo menos lírico y más ecologista, lo que menos nos gusta del corto. Pero es una muestra de buen cine con pocos pero valiosos recursos, inspiración, talento, trabajo y una cámara.

3 de noviembre de 2014

Vidas Conspicuas (8) Herzog en la Antártida: encuentros en el fin del mundo

Volvemos con otro de los personalísimos documentales de Werner Herzog con 'Encounters at the end of the world' realizado en el año 2007 cuando viajó a la comunidad antártica de la base McMurdo Station, sede de la Oficina Central de la National Science Foundation y hogar de cientos de personas durante el verano austral (Octubre-Febrero). En el curso de este viaje Herzog examina la naturaleza humana y la relación con la Naturaleza de quienes que por distintas razones han ido a parar allí. Alternando espectaculares localizaciones y tomas submarinas, Herzog conversa con los físicos, biólogos de la base pero también con cocineros, camioneros y otros outsiders que comparten con él experiencias vitales, reflexiones profundas o surrealistas de quienes han elegido formar parte de un lugar y una sociedad humana tan remotos como uno nunca hubiera podido imaginar. VER DOCUMENTAL ONLINE EN VK


23 de septiembre de 2014

Vocabulario Fundamental. Asesinato (11) 'Into the abyss', de Werner Herzog



"En el caso de Into the Abyss siempre estuvo claro que el epicentro de las cosas era el crimen, un crimen que está más allá de mi comprensión. Me pareció muy aterrador, ya que era tan extraordinariamente absurdo, totalmente nihilista. Es por eso que me intrigó, quería saber qué había detrás de él: ¿Quiénes son los autores? ¿Quiénes son los supervivientes? ¿Quiénes son los detectives de los homicidios? ¿Qué aspecto tenía la la escena del crimen?" Werner Herzog

"(...) paisajes de pobreza y desolación americanas tomados desde la ventanilla de un coche en marcha: gasolineras en ruinas, anuncios de iglesias apocalípticas junto a las carreteras, las redes de alambre espinoso de una prisión, viviendas en caravanas viejas rodeadas de basuras." Antonio Muñoz Molina

Hoy publicamos 'Into the abyss', un trabajo del documentalista y cineasta alemán Werner Herzog que reflexiona sobre la pena de muerte y la violencia en la sociedad estadounidense a través del caso de dos asesinos convictos, dos jóvenes blancos de clase baja, la llamada 'white trash'. En octubre de 2001 en una deprimida zona rural de Texas Michael Perry y Jason Burkett, tras una noche de drogas y alcohol, entraron en una zona residencial de clase alta y mataron a tres personas para robar un coche que guardaban en su casa, un Chevrolet Camaro rojo. Tras el asesinato, Perry y Burkett condujeron durante tres días con el coche de un lado a otro, en una alocada huida que terminó en un tiroteo con la policía, su detención y su posterior encarcelamiento y juicio. Perry fue condenado a la pena de muerte y Burkett a cadena perpetua, aunque ellos siempre mantuvieron su inocencia a pesar de las pruebas en su contra. 

Herzog accede a las grabaciones del lugar de los crímenes y en sus entrevistas a los relacionados con el caso (los dos asesinos, sus familiares, los familiares de los muertos, el reverendo que va a escuchar a Perry antes de su ejecución, amigos, conocidos...) muestra los trastornos psicológicos evidentes en los múltiples damnificados por el mismo, retratando una sociedad perturbada por la miseria y la ignorancia, por la violencia explícita que permite el fácil acceso a toda clase de armas y la frustración de quienes quedan en los márgenes del sueño americano. Herzog, como europeo, intenta diseccionar esa cultura de muerte que es la de la pena capital, escrutándola desde todos los ángulos posibles. Los detalles de los crímenes ocurridos y el inminente asesinato a sangre fría institucionalmente ejecutado se añaden a la narración para dotarla de un dolor y una oscuridad que escalofrían e impregnan el ánimo de quien lo ve, hasta tiempo después de haberlo acabado. VER DOCUMENTAL ONLINE



Lecciones de abismo


Este hombre joven, Michael Perry, que parece todavía más joven de lo que es y que tiene un flequillo tieso sobre la frente y mira con la intensidad impúdica de un niño, será ejecutado exactamente dentro de diez días. Las dos paletas prominentes exageran su sonrisa y su risa fácil y le dan un aire de caricatura de dibujos animados. Su palidez malsana es la de quien desde hace mucho tiempo no conoce otra luz que los neones punitivos de una galería de condenados a muerte. Tiene veintiocho años, pero podría tener quince o dieciséis, dieciocho como máximo: como si se hubiera quedado en la edad que tenía cuando una noche de pastillas y alcohol fue con un cómplice a robar un coche deportivo rojo que a los dos les gustaba mucho en el garaje de una casa en una zona residencial de Tejas y acabó asesinando a tres personas: la dueña de la casa y del coche, su hijo de dieciséis años, un amigo de su hijo. Al cabo de menos de tres días de ir atolondradamente de un lado a otro en el reluciente coche rojo, y después de un tiroteo y de una huida insensata sobre el asfalto de una zona de descanso para camiones de gran tonelaje, Perry y su cómplice, Jason Burkett, fueron detenidos. En ningún momento hubo dudas sobre la culpabilidad de ninguno de los dos. Perry fue condenado a muerte. Burkett a cadena perpetua.

Perry es menudo, móvil, con una agitación de ardilla, más visible en el espacio hermético del locutorio donde responde a una entrevista, a través de una pantalla de plexiglás. Viste un mono de prisionero blanco y las paredes y los barrotes y la puerta con rejilla metálica del locutorio están pintadas de un blanco sucio de mugre y desconchones. Burkett es alto, serio, con una cabeza imponente, con ojos claros y lentos. Empezó a cumplir su condena con 19 años. Cuando recapacita que en el mejor de los casos podrá solicitar la libertad condicional dentro de cuarenta le cuesta hacer el cálculo de la edad que tendrá entonces. Cincuenta y nueve años, dice con incredulidad, mirando al vacío, abrumado por el peso de una duración inconcebible.


El interlocutor al que se dirigen permanece invisible para nosotros, aunque escuchamos su voz, que se expresa en un inglés muy correcto con acento alemán. Es la voz de Werner Herzog, que yo escuché en este mismo cine hace siete u ocho meses, en otro documental sobre las pinturas de la cueva de Chauvet, Cave of forgotten dreams. En él las linternas encendidas novelescamente sobre los cascos de espeleólogos alumbraban una oscuridad que se había mantenido intacta durante treinta mil años. El documental sobre Michael Perry y Jason Burkett y el torbellino de sangre que los dos desataron para robar un coche rojo se titula Into the abyss, y la negrura que explora es mucho más difícil de traspasar que la de una gruta prehistórica. La austeridad visual es máxima: una galería de personas que hablan mirando a la cámara o apartando los ojos de ella para romper en llanto o para quedarse ensimismadas; filmaciones de la policía tomadas en los lugares de los crímenes o en el lago en mitad de un bosque donde los asesinos arrojaron los cadáveres; paisajes de pobreza y desolación americanas tomados desde la ventanilla de un coche en marcha: gasolineras en ruinas, anuncios de iglesias apocalípticas junto a las carreteras, las redes de alambre espinoso de una prisión, viviendas en caravanas viejas rodeadas de basuras.

Herzog mira y escucha. Hace preguntas cortas y educadas. El impacto del crimen provoca ondulaciones concéntricas de sufrimiento que nunca se extinguen, ni siquiera cuando uno de los asesinos ha sido ejecutado. La hija y hermana de dos de las víctimas pone sus fotos encima de la mesa para hablar de ellas, y los muertos, al cabo de solo diez años, ya tienen un aire tristísimo de anacronismo, en la melena teñida de la madre, en su sonrisa contra un fondo azul eléctrico; también en el corte de pelo del adolescente que se quedó congelado para siempre en una moda ya obsoleta. Pero para esta mujer que pone delante de la cámara las fotografías de los suyos el tiempo tampoco parece que haya pasado. Aún se niega a tener un teléfono en casa. No quiere que haya un teléfono para que así no exista la posibilidad de otra llamada que corte en seco la vida para anunciar una desgracia.

Los objetos resisten al tiempo con igual contumacia que los recuerdos. El detective que investigó los crímenes y detuvo a Perry y a Burkett señala en un depósito de la policía el Camaro rojo que lleva diez años aparcado allí, entre otros coches relacionados con delitos, coches viejos y estropeados por la intemperie, con cristales o faros rotos, con abollones, con agujeros de balas que se han ido oxidando. El coche rojo ya es una ruina. Lo tuvieron que cambiar de sitio porque un árbol que había echado raíz en una grieta del asfalto estaba creciendo en su interior, entre el desorden de las esquirlas de vidrio y los restos de botellas y recipientes de comida basura que nadie retiró después del tiroteo.

Nadie puede inventar estas cosas. Hay zonas de experiencia en las que la ficción no sabe o no puede aventurarse. No hay película de terror que dé más miedo que esas imágenes rodadas por la policía en el lugar del crimen con una tosquedad de vídeo doméstico, mal iluminado, con movimientos bruscos de cámara: en un salón de distinguido mal gusto todas las lámparas están encendidas y los anuncios y las imágenes de una película se suceden delante de un sofá en el que no hay nadie; el movimiento torpe de la cámara capta la sangre que salpica el dintel de una puerta, la pared, las molduras del techo, como cuando estalla una cafetera o una olla a presión mal cerrada; sobre el mostrador de mármol de una cocina hay una bandeja con pegotes de masa de galletas que alguien estaba a punto de poner en el horno cuando sonó el timbre de la puerta; junto a la bandeja está abierto un libro de recetas; en el suelo de cemento del garaje hay una zapatilla deportiva y un rastro de sangre; junto a cada pista la policía ha puesto pequeñas etiquetas numeradas.

La sala de las ejecuciones por inyección letal es un cuarto de dimensiones mezquinas con las paredes pintadas de verde eléctrico. La camilla sobre la que se tiende al reo tiene dos extensiones laterales para poner los brazos. Atado por varias filas de correas el condenado extiende los brazos como en una crucifixión horizontal. La cortina verde se descorre y los testigos pueden ver la ejecución tan de cerca como si se celebrara en una salita familiar. El formulario en el que se certifica la muerte es una fotocopia de baja calidad. Cuando Michael Perry estaba a punto de perder el conocimiento la hija y hermana de dos de sus víctimas lo miraba a los ojos a través del cristal y vio que por la mejilla se le deslizaba una sola lágrima.

13 de enero de 2014

Estupor y Temblores (30) 'The act of killing', autorretrato indonesio del horror



"Esperaba asesinos y me encontré gente ordinaria a la que puedes querer y por la que te puedes preocupar" Joshua Oppenheimer

Hoy les ofrecemos el ejemplo más escalofriante de aquella célebre 'banalidad del mal' que acuñó Hannah Arendt (y de la que la Historia ha dado tanta casuística) de la mano de 'The act of killing', un documental profundamente perturbador que se desarrolla como una delirante representación bufa de la maldad, la crueldad y la ignorancia humanas. 

Recordemos el momento histórico que quienes hacen el documental quieren recordar. En 1965 se pone en marcha en Indonesia un golpe de estado orquestado por la C.I.A. y ejecutado por el ala derecha del ejército para quitar del poder al general Sukarno, primer presidente indonesio tras la independencia en 1949 del antiguo poder colonial de los Países Bajos, para sustituirle por el general Suharto, que regiría manu militari el destino del país asiático durante más de tres décadas.

La purga perpetrada por escuadrones reclutados y armados por el Ejército entre 1965 y 1966, borró del mapa político al partido (que por entonces, con tres millones de afilados, era el mayor de Indonesia) ejecutando al menos a medio millón de personas en Java, Sumatra y Bali, encarcelando a otro millón de personas e instaurando el terror entre los supervivientes y la minoría china.

Más de cuatro décadas después, aquellos asesinos de masas agrupados en la autodenominada "Juventud Pancasila", viven en la más absoluta impunidad y continúan intimidando y extorsionando a aquellos que sobrevivieron a las masacres y sus descendientes, sin sentir el más mínimo remordimiento por los crímenes, violaciones o torturas que cometieron. 

Es por ello que cuando el director norteamericano Joshua Oppenheimer junto con el alemán Werner Herzog como productor pensaron hacer un documental sobre aquellos desconocidos y terribles hechos, decidieron no hacer un film al uso, con archivo histórico de imágenes y expertos que lo explicaran sino que fuera la propia mirada de los asesinos la que contara lo que ocurrió, ofreciéndoles una cámara frente a la que recrean impunes aquellos días de locura homicida.

Y lo hacen a conciencia, mostrando toda su estúpida maldad, su mal gusto, su ignorancia, su cruel y patética humanidad, de las que conviene alejarse de vez en cuando dejándonos llevar por una risa nerviosa que nos distancie de lo que estamos viendo. 

En fin, les dejamos con el corte definitivo, el Director's Cut de esta inquietante obra maestra del género documental, un surrealista y espeluznante autorretrato del mal que ha roto en Indonesia un silencio de décadas en torno a uno de los más oscuros capítulos de su historia. VER EL DOCUMENTAL EN VK
 



 
'The Act of Killing', el terror visto por sí mismo
En la breve introducción a The Act of Killing que su joven director, Joshua Oppenheimer, ofreció en el pasado festival SXSW antes de su proyección en el Alamo Drafthouse Cinema de Austin, lo más importante fue el permiso que concedió a los espectadores para reír cuando lo pidiese el cuerpo. Sin censuras. El aviso a navegantes puede que suene excéntrico, pero es una necesaria absolución preventiva para cada una de las muchas veces que no se puede refrenar la carcajada mientras se ve este documental sobre asesinos en masa en la Indonesia de los años 1960.

Con un estilo visual que podríamos considerar loquísima mezcla entre Quentin Tarantino, Pedro Almodóvar y Apichatpong Weerasethakul, y heredero de Werner Herzog -que produce la cinta-, Oppenheimer ha creado una magnífica obra documental que ha cosechado desde dicho estreno numerosos premios, incluyendo el Primer Premio y el Premio del Público de Documenta Madrid, y que aspira a ser el Searching for Sugar Man de esta temporada.

La premisa de la película es jugosa. En 1965, el gobierno indonesio del dictador Suharto llevó a cabo una persecución contra el comunismo que dejó un millón de muertos en el país asiático. Esas matanzas fueron perpetradas por mercenarios, por bandas de gánsteres sin inclinaciones ideológicas. En The Act of Killing, Oppenheimer pide a algunos de ellos, héroes en sus entornos cotidianos, que recreen escenas de esas ejecuciones para una película y graba el proceso de producción, a modo de making of.

Oppenheimer vivió en el país asiático y descubrió con sorpresa que uno de sus vecinos había llevado a cabo cientos de ejecuciones. Quería hacer un documental sobre el tema, pero se dio cuenta de que si quería hacerlo de una forma segura tendría que enfocarlo desde la mirada de los asesinos, sin contar con grupos de derechos humanos o supervivientes. Lo que de entrada suena brutal, macabro y salvaje deriva en un acercamiento al misterio del mal que en ocasiones parece un mockumentary por la extravagante ingenuidad de sus protagonistas y el juego entre realidad y ficción con el que se despliega la historia.

"Esperaba asesinos y me encontré gente ordinaria a la que puedes querer y por la que te puedes preocupar", explicaba Oppenheimer. Ordinarios como Anwar Kongo, el principal protagonista y motor de la historia. Se nos presenta al inicio del filme como un tipo dicharachero y normal, que cuenta lo que hizo sin convertirlo en una hazaña, pero con la candidez de quien siente que hacía lo que tenía que hacer.

Esa candidez que es crudeza a la hora de confesar la mecánica para asesinar -the act of killing-, la galería de personajes que acompaña al protagonista y que en ocasiones roza lo freak, y algunos toques de surrealismo en la puesta en escena de la historia que se rueda dentro de la historia, difuminan los contornos de la realidad y permiten que el espectador pueda distanciarse hasta la risa. Y, sin embargo, tras esa rara embriaguez el balance emocional es estupor y turbación.

El crimen lo define el vencedor

A medida que avanza está "especie de anticatársis" para Kongo vamos penetrando en ese misterio, el de "esa completa fantasía de un mundo dividido en malos y buenos, la moral "Star Wars", como etiqueta el cineasta tejano. "La verdad, lo que lamento... Nunca pensé que iba a parecer tan horrible", dice Kongo casi al final de la película, cuando Joshua le muestra el montaje de la recreación de la masacre en un pueblo indonesio que fue borrado del mapa. No era consciente del destino de ese viaje que comenzó tan ufano.


Uno de sus compadres en el crimen, casado y con dos hijas, al que convoca para grabar algunas escenas, es más consciente de lo que aquello puede suponer y se muestra remiso a rodar, critica que lo hagan, confiesa que no le da vueltas al tema y que eso le ha permitido dormir con la conciencia tranquila. "Lo que se considera crimen de guerra está definido por los vencedores", replica cuando la cámara le pregunta si no es consciente de que aquello que considera era un deber puede llevarle a La Haya. "Que me lleven", desafía.

Exterminar "de una manera más humana"

"Esto no es lo característico de la Pancasila Youth [juventud paramilitar al servicio del Estado], como si nos gustase beber sangre", justifica en el set de rodaje de la citada masacre el ministro de Juventud y Deporte, que ha acudido a apoyar el rodaje pero que parece también darse cuenta al verse desde fuera lo que están haciendo. "Debemos exterminar a los comunistas, pero debemos aniquilarlos de una manera más humana", dice con toda llaneza.

Gracias a The Act of Killing se habla por primera vez abiertamente en Indonesia de este crimen masivo, gracias a proyecciones clandestinas o reducidas, ya que la censura no permitiría la proyección de un documental cuyo rodaje fue convirtiéndose en algo cada vez más peligroso y en cuyos créditos hay varias decenas de miembros del equipo técnico que están acreditados como "anónimos". "Si queremos prevenir con seriedad que nos matemos unos a otros, tenemos que mirar a los motivos de la violencia frente a frente", defiende Oppenheimer. "¿He pecado... y todo esto vuelve ahora a mí? Espero que no", dice Kongo, cuyo personaje hubiera sido de imaginar por un guionista. "Sé que estaba equivocado, pero tenía que hacerlo".

No es este un acto de denuncia al uso (pero lo es, por muchas carcajadas que el espectáculo provoque, y prueba de ello es que los supervivientes de la matanza son los primeros que quieren distribuir la película en Indonesia). Es, sobre todo, "cómo un régimen de terror se imagina a sí mismo", en palabras del propio director.

29 de enero de 2013

Vocabulario Fundamental. Evolución (9) La cueva de los sueños olvidados', de Werner Herzog


"Un documental típicamente quijotesco en el que grandes artistas desconocidos de hace 35.000 años colaboran con uno del 2011. Profunda, misteriosa y completamente absorbente." (Adam Smith: Empire) 
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"Hasta el punto en que es posible para nosotros caminar detrás de Herzog en esa cueva, lo hacemos (...) " (Roger Ebert: Chicago Sun-Times) ----------------------------------------

"Ve a ver esta película. Te lleva a un lugar que no olvidarás fácilmente (...)" (Michael Phillips: Chicago Tribune) 

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"Herzog describe muy bien el misterio y la belleza que desprenden [las pinturas] (...) Hay que agradecerle a Herzog su audacia para conseguir entrar en lugar tan preciado" (Carlos Boyero: Diario El País) 

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"Werner Herzog logra destilar la fuerza y el sentido de esa escena en un ambicioso trabajo documental que transmite al espectador el vértigo del tiempo" (Jordi Costa: Diario El País)

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"Hermoso material en bruto que, en relieve, nos conecta con una visión cósmica del hombre, y nos hace mirar el mundo de hoy de una manera insólita. (...)" (Sergi Sánchez: Diario La Razón)

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"Magnífico documental de intenciones inabarcables (...) un trabajo mayúsculo" (Eduardo Galán: Cinemanía)

Hoy les ofrecemos un documental excepcional, hipnótico y profundo, un viaje a los comienzos del arte y la religión de manos del cineasta alemán Werner Herzog en su visita a la cueva Chauvet -en el sur de Francia- junto a un grupo de científicos para desvelarnos una maravilla geológica que contiene los restos mejor conservados de pinturas rupestres hechas por los hombres de las cavernas. Durante más de 20.000 años, la cueva de Chauvet permaneció totalmente aislada del mundo debido al derrumbamiento de una pared de roca en su entrada. Su interior, incrustado de cristales, tiene el tamaño de un campo de fútbol y está sembrado de restos petrificados de mamíferos gigantes de la Edad de Hielo.

En 1994, los científicos descubrieron las cavernas y en ellas encontraron cientos de pinturas rupestres en perfecto estado. Obras de arte espectaculares de hace más de 30.000 años (casi dos veces más que cualquier descubrimiento de estas características). Estas obras se remontan a unos tiempos donde los Neandertales -ya en recesión por la competencia con el Homo Sapiens- aún vagaban por la tierra y competían y los osos, mamuts y leones de la Edad de Hielo eran las poblaciones dominantes de Europa. Desde entonces, sólo un pequeño grupo de personas ha tenido acceso a la Cueva de Chauvet en el afán de conservación de la cueva y las maravillas que contiene. Con su filmación, Herzog nos ofrece el asombro y la belleza de uno de los lugares más sobrecogedores del planeta y patrimonio cultural europeo, un emplazamiento que le invitó a meditar sobre sus habitantes originales y quienes hoy la contemplan. Un lugar hipnótico donde asistimos a los albores de la inabarcable creatividad humana.