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21 de enero de 2020

Vocabulario Fundamental. Ballenas (12) Eliane Brum y la boca de la ballena

Un conmovedor texto de la periodista  Eliane Brum publicado en El País en el que narra un viaje al Ártico para ver ballenas. 


Casi dentro de la boca de la ballena

Icebergs con forma de catedral pasan junto a nosotros. Tienen curvas que matarían a Oscar Niemeyer de envidia

Eliane Brum, a bordo del Arctic Sunrise 21 enero 2020

Cuando la avistamos por primera vez, todavía está lejos. Nuestro bote se acerca con cuidado. Todo lo que esperamos es ver algo de ella. El salto, las aletas, la cola. Tiene 12 metros de largo. Por lo menos. Posiblemente algunos más. Es una ballena jorobada, esas que parece que tengan alas. Estamos en la bahía Paraíso. Por primera vez, no puedo imaginar un nombre mejor. A mi alrededor, hay montañas de hielo y nieve en diferentes tonos de blanco y azul. Icebergs con forma de catedral pasan junto a nosotros. Tienen curvas que matarían a Oscar Niemeyer de envidia. En algunos, viajan pingüinos. En otros, leopardos marinos hacen su siesta de la tarde. De vez en cuando, docenas de pingüinos nadan juntos, haciendo saltitos sincronizados, indiferentes a la conmovedora belleza que crean con solo moverse. Cuando sale el sol, el agua azul del mar se convierte en plata fundida. Y brilla. Como no hay noche en el verano antártico, las estrellas se mudan al mar. Y entonces la vemos. La esperábamos. Pero ninguno de nosotros esperaría tanto. En toda una vida, nunca hubiera esperado tanto.


La ballena rodea el bote pequeño, que ahora está parado en el mar. Somos solo cinco a bordo. Y todos nos ponemos de pie, con solemne expectativa. La ballena nos rodea. Y entonces, de repente, sin que nada pueda prepararnos para ese momento, emerge inmensamente inmensa del agua y abre su inmensa boca tan cerca que casi podemos tocarla. Tan cerca de nosotros que podemos oler su aliento de krill y pescado. La boca de la ballena.

Y ahora dicho al revés: la boca de la ballena, tan cerca que si quisiera podría saltar a su interior.

Tres de nosotros llevan cámaras y fotografían o graban. Ninguno consigue un buen ángulo. Las fotos en este capítulo de mi diario son de Tom Foreman, el fabuloso guía británico especializado en los polos de la Tierra, que ha sido el que mejor ha capturado el momento. Tendría que haber alguien por encima de nosotros para cubrir la escena entera.

¿Cómo fotografiar lo que ha sucedido dentro de nosotros, de mí, después de esto? Nos mirábamos y sabíamos que, para siempre, ese momento nos uniría. Dos ingleses, una escocesa, una alemana y una brasileña. Quizás algún día, cuando seamos muy viejos, nos reuniremos en algún lugar del mundo para recordar el momento en que estuvimos casi dentro de la boca de una ballena jorobada. La gente verá a esos cinco viejos contándose historias y esbozarán una sonrisa burleta. Solo viejos contando historias que nunca les han ocurrido.

Una ballena jorobada, vista desde el Arctic Sunrise (Foto: Tom Foreman)

Regresamos al Arctic Sunrise y lo contamos y lo contamos sin parar. “He entendido cómo Jonás fue a parar dentro de la boca de la ballena”, bromea la alemana Carola Rackete, refiriéndose a la historia bíblica. La tercera en la línea de comando del Arctic Sunrise, es parca en sonrisas y palabras, pero nunca en fuerza y solidaridad. El año pasado, se convirtió en una leyenda cuando atracó un barco con 53 inmigrantes de Libia en la isla italiana de Lampedusa, en contra de los deseos del derechista Matteo Salvini. Los había rescatado de un bote a la deriva. Fue arrestada y luego absuelta, porque la jueza dijo que, como capitana, había hecho exactamente lo que debía para proteger la vida de sus pasajeros. Cada uno en el Arctic Sunrise tiene una gran historia. Es casi un barco de batalla por todas las buenas causas del mundo.

Después de haber pasado algunas horas en el océano Antártico, ya no esperábamos encontrar ninguna ballena. Sería excesivo, ya habíamos tenido demasiado paraíso. La científica Kirsten Thompson, una escocesa con intensos ojos azules y una sonrisa permanente, insistió. “Ayer me fui a dormir con colas de ballena dando vueltas en mi cerebro”, dijo. “Puedo sentir en los huesos que vamos a encontrar algo”. Ella lo sabía. Pero ni siquiera Kirsten, que se pasa días escuchando la lengua de las ballenas con un hidrófono sumergido en el océano, podía imaginarse que esta vez podría ver la garganta de una jorobada.

Me senté a la mesa de la cocina, detrás de una columna, con una taza de té entre las manos casi congeladas. Mi hipotermia estaba en el alma, y se quedó hasta altas horas de la noche. Acoger esta experiencia requirió todo el calor que tenía almacenado. Ninguna ropa especial podría protegerme no del invencible verano del que hablaba Albert Camus. No. No es eso. Dentro de mí, la boca de la ballena en el verano antártico implantó una especie de invierno. Siento que para siempre habrá dentro de mí un espacio interno en el que no nacerá nada, pero será todo vivo y azul. Es el espacio de la boca de la ballena.


Quienes siguen este diario saben que me estaba preparando para el momento en que la ballena se metiera dentro de mí. Temía que no cupiera. Ahora estoy condenada a vivir profundamente agradecida por albergar dentro de mí seres que no caben. Quizás, cuando ustedes me encuentren, verán una forma extraña, no humana, avanzando más allá de mi cuerpo. Son las aletas en forma de alas de esa ballena jorobada.



La cola de la ballena jorobada. TOM FOREMAN


El sueco Gustaf Skarsgard, el Floki de la serie Vikingos, comentó el domingo, cuando observábamos cómo algunas ballenas mostraban la cola en el océano: “Las ballenas tienen algo”. Sí. Estoy intentando entender qué es. He llegado a la conclusión de que nos lanzan a otro tiempo. A otro tempo. Si tratáramos de convertir el salto de la ballena en una partitura, no tendríamos las notas. O quizás las tendríamos, pero no podríamos reproducir el tiempo en que se tocan. Es algo no humano, que proviene de otro lenguaje y otra cultura. Y lo sentimos en nuestras entrañas, aunque no sepamos explicarlo.

La ballena jorobada se levanta, eleva el dorso, abre las aletas y salta. Está cazando. Es un vuelo en cámara lenta, pero a la vez rompe el compás. Quisiera acordarme más de mis clases de música para explicarlo mejor. Mi canto favorito en la Amazonia, donde vivo, es el de los monos guaribá. Es extraordinario. Pero siento que ellos y nosotros formamos parte del mismo mundo, pertenecemos a las mismas notas. Las ballenas, no. Su escala musical es diferente. Cantan, y su canto es intrincado, complejo. Pero este canto aún no lo he escuchado. Me refiero al tiempo del salto y al sonido que hace.

Ella salta, vuela, y el universo parece que se desplaza. La ballena está aquí y no está. Sabemos que está, porque la vemos, pero, a la vez, es imposible que esté, porque el tiempo y el sonido son imposibles. Y, entonces, nos condenamos al silencio. Porque, antes de sumergirse en la oscuridad del océano profundo, dios estuvo entre nosotros.

(Ahora dejo de escribir para limpiar nueve cuartos de baño. La vida es así. De la garganta de la ballena a la cloaca de la humanidad).

7 de enero de 2020

Vocabulario Fundamental. Asesinato (18) Irán en su laberinto (8) ¿La última victoria de Suleimani?

Un artículo de Mikel Ayestarán en 5W analiza el asesinato del poderoso general iraní Qassem Suleimani (ordenado por el incendiario Donald Trump) y del jefe de las milicias chiítas en Irak 'Multitud Popular' (PMF) Mahdi al-Muhandis, ejecutados con cuatro misiles lanzados por un dron estadounidense el 3 de enero de este año, que recién comienza con esta tremenda sacudida a la geopolítica mundial. 

Suleimani era el segundo hombre del régimen tras el Líder supremo Ali Jamenei y dirigía la fuerza Al Quds, cuerpo de élite de la Guardia Revolucionaria y encargada de las acciones militares iraníes en el exterior. En Irak, por poner algún ejemplo, ha sido responsable de las represalias armadas sobre las manifestaciones populares de los últimos meses y también dirigió la resistencia chií contra las fuerzas norteamericanas en el país sobre todo desde 2006. En Siria, la Fuerza Al Quds ha apoyado decisivamente a la supervivencia del régimen de al-Assad contra las fuerzas rebeldes y los yihadistas surgidos del levantamiento que se inició en 2011. En fin, un personaje de mucha entidad, el arquitecto de la expansión regional del régimen iraní en esta década a lo largo del eje Teherán-Bagdad-Damasco-Hezbollah, extendiéndose también a otros países como Yemen y Afganistán, tejiendo una temible red multinacional chií que ha sido un quebradero de cabeza para Estados Unidos, Israel y Arabia Saudía, sus tres archienemigos.

Como ha dicho el mismísimo general estadounidense David Petraeus (ex-comandante de las fuerzas USA en Irak y Afganistán y ex-director de la CIA), "su muerte es más significativa que el asesinato de Bin Laden o el del líder del Estado Islámico Abu Bakr al-Baghdadi". Ahora, tras sus funerales, el mundo contiene el aliento y mira a Irán esperando su respuesta, que podrá ser medida y proporcionada para salvar la cara o busca la sangrienta venganza por la que claman centenares de miles de personas y que podría provocar una (otra) guerra de impredecibles consecuencias en el siempre inflamable Oriente Medio. O si al final esta escalada de tensiones terminan a medio plazo con la retirada estadounidense de Irak, uno de los principales objetivos de Suleimani. 

¿La última victoria de Suleimani? 

El asesinato del general iraní abre las puertas a una retirada de las tropas de E.E.U.U. de Irak

Mikel Ayestarán - Cubriendo conflictos 03 de enero de 2020


Qassem Suleimani no tenía las etiquetas de “mayor amenaza global” o “terrorista número uno” que tenía Abu Bakr al Bagdadi, pero su muerte tiene mayores implicaciones en Oriente Medio que la del líder del grupo yihadista Estado Islámico (EI). Donald Trump ha cruzado una línea roja que sus antecesores no cruzaron y ha ordenado el asesinato del general que ha liderado durante las últimas dos décadas las operaciones de la Fuerza Al Quds, la unidad de la Guardia Revolucionaria de Irán encargada de las operaciones en el exterior. Una figura que, después de años en el más absoluto silencio como arquitecto de la red de milicias y grupos leales a Teherán en la región, salió a la luz pública en 2014 para demostrar que Irán estaba dispuesto a desplegar a su militar más importante en la lucha contra el califato. 


Manifestantes queman una bandera de EEUU en Teherán tras el asesinato de Suleimani. Vahid Salemi / AP

En apenas tres meses, Trump ha ordenado asesinar a Al Bagdadi y a Suleimani. Estado Islámico, derrotado en el plano militar y desposeído de su califato, no ha sido capaz de orquestar una respuesta a la caída de su líder. Ahora la región, y sobre todo Irak, contiene la respiración ante la “venganza” que claman los líderes iraníes. Una venganza que puede ser doble, ya que el asesinato de Suleimani supone una violación del acuerdo entre Bagdad y Washington para el despliegue de soldados de Estados Unidos en Irak, lo que abre las puertas a que el Parlamento iraquí les invite a abandonar de nuevo el país. Esta retirada supondría toda una victoria para la estrategia del difunto general.

WHAT

Un avión no tripulado de Estados Unidos atacó en la madrugada del viernes dos vehículos que salían del aeropuerto internacional de Bagdad. Como resultado de la operación murieron al menos ocho personas, entre ellas el general iraní Suleimani y el número dos de las Unidades de Movilización Popular de Irak, Abu Mehdi al Muhandis, que había acudido a recibirlo. 


Suleimani se había convertido en todo un símbolo en Irán, sobre todo desde que su figura se hizo pública durante la guerra en Siria contra el califato. El líder supremo de Irán, Alí Jamenei, ya ha designado a un sucesor, el general Ismael Gaani, y ha adelantado que el papel de las Fuerzas Al Quds seguirá siendo el mismo que hasta ahora.

Irán y sus aliados en la región claman venganza y la tensión crece un peldaño más entre Washington y Teherán. Trump ha pasado de las sanciones por el programa nuclear a los asesinatos selectivos, y su primer objetivo ha sido la persona que ha diseñado la estrategia de guerra irregular y ha formado a las milicias que han expandido la influencia de Irán en la región en las últimas dos décadas. Suleimani ha muerto, pero su obra, estas milicias, están operativas y son ahora la gran amenaza para Estados Unidos.

WHO

Nacido en 1957 en Rabor, provincia de Kerman, en el centro de Irán, Suleimani estaba casado y era padre de tres hijos y dos hijas, como recogió el periodista Dexter Filkins en el meticuloso perfil que le dedicó en The New Yorker en septiembre de 2013. Un texto “elaborado durante más de cinco meses de entrevistas”, me explicaba el periodista estadounidense en el transcurso de una conversación telefónica, y tan meticuloso como lo permite una figura inalcanzable que se encargaba de dirigir unas brigadas que eran “una mezcla entre la CIA y las Fuerzas Especiales”.


Suleimani en un evento oficial en Teherán en 2016. Fotografía de la oficina del líder supremo iraní / Archivo AP

Suleimani estaba incluido en la lista de “terroristas más buscados” elaborada por Washington, había sido acusado de planificar atentados en medio mundo y de ser el responsable de la muerte de cientos de soldados estadounidenses en Irak tras la caída de Sadam Husein en las operaciones ejecutadas por las milicias chiíes que armó y entrenó. Apodado el “comandante en la sombra” del régimen iraní, su rostro salió a la luz en 2014 para convertirse en el mejor argumento de la República Islámica en su lucha contra EI.

En octubre, la Guardia Revolucionaria anunció que había frustrado un complot extranjero para asesinarlo. Solo tres meses después, el todopoderoso cuerpo paramilitar anunciaba su muerte en un ataque de un dron de Estados Unidos en Bagdad.

WHEN


El asesinato de Suleimani se produce en plena escalada de tensión entre Estados Unidos e Irán, enfrentados desde que Trump decidiera salirse del pacto nuclear firmado por Barack Obama en 2015 y volver a imponer sanciones económicas a Irán. Este enfrentamiento ha vivido capítulos como los ataques a petroleros en el Golfo Pérsico, aún sin aclarar, o el derribo de un dron estadounidense en el sur de Irán tras violar su espacio aéreo. Otros capítulos de este pulso indirecto se libran en Yemen, donde los rebeldes hutíes son próximos a Teherán; Siria, donde Irán respalda a Bashar al Asad; o Irak, país en el que las milicias chiíes diseñadas por Suleimani desempeñan un papel clave.

Estados Unidos ha urgido a sus ciudadanos a abandonar Irak; aún están muy frescas las imágenes del asalto a la embajada estadounidense en Bagdad del 31 de diciembre, cuando cientos de seguidores de las milicias chiíes consiguieron irrumpir y quemar una pequeña parte del complejo en señal de protesta por un ataque estadounidense contra una de sus bases, en el que murieron 25 personas. Este ataque, según Washington, fue en respuesta a la muerte de un contratista por el fuego de las milicias. La situación de seguridad comenzaba a descontrolarse después de unos años en los que la lucha contra EI había eclipsado el resto de problemas entre chiíes y estadounidenses.

Manifestantes cantan eslóganes durante una manifestación contra el asesinato de Suleimani.Vahid Salemi / AP 

WHERE

Tras superar la invasión de Estados Unidos, la guerra sectaria y la batalla contra EI, Irak teme ahora verse convertida en un campo de batalla en el que Teherán y Washington diriman sus diferencias a golpes. El presidente, Barham Salí, ha descrito como una “agresión” la operación ordenada por Trump y ha alertado de “las consecuencias de seguridad en Irak y en la región”; y el ayatolá Alí al Sistani, máxima autoridad religiosa, ha pedido “contención” en un momento en el que “el país se encamina hacia momentos muy difíciles”. Muestra de ello es que el clérigo chií Muqtada al Sader, otra figura clave en la vida política y militar del país desde 2003, ha llamado a sus combatientes a estar listos para “proteger Irak” y ha tomado la decisión de reactivar al Ejército del Mahdi, la milicia que combatió a Estados Unidos desde 2003 hasta 2008. Aquel año, el clérigo chií dio la orden de congelar las operaciones del grupo, que estuvo también implicado en la brutal guerra sectaria que sufrió el país tras la caída de Sadam.


Manifestación contra el asesinato del general iraní. Vahid Salemi / AP

WHY

¿Cuál es la estrategia de Trump en la región? Es una incógnita tan grande como la respuesta de Irán al asesinato de Suleimani. En pleno año electoral, algunos lo acusan de emplear la carta de Irán como baza para ganar votos, pero este movimiento puede tener consecuencias directas inesperadas como la retirada de sus tropas de Irak. El Parlamento de Irak se reunirá para analizar este asesinato que, según el primer ministro dimisionario, Adil Abdul Mahdi, “viola las condiciones acordadas” para la presencia militar de Estados Unidos en el país. Tras la retirada ordenada por Obama en octubre de 2011, las tropas regresaron con el objetivo de combatir a EI. Pero la operación contra Suleimani está fuera del acuerdo entre ambos Gobiernos, por lo que el Parlamento podría pedir su salida. Y una segunda retirada de Estados Unidos supondría una victoria para Irán, que ha perdido en la batalla a uno de sus generales más simbólicos, pero puede ganar la guerra.

4 de enero de 2020