Visita nuestra web. Todo más ordenadito, mejor.

3 de septiembre de 2009

Revista de prensa Septiembre 2009 (1)

La nueva tendencia: todo lo que sea 'Good enough!' (que no está mal)

Francis Pisani, en Soitu.es 01/09/2009

Wired (la abuela de las ciberrevistas, de los años 90) dedica un amplio artículo a lo que considera una nueva tendencia que está pegando fuerte: una tecnología que no está nada mal (good enough!) y que tampoco es cara (cheap). Si, además, funciona, entonces ya es todo un éxito.

Primer ejemplo: las cámaras Flip cuestan dos duros (sí, ya sé que los precios reales en Amazon oscilan entre los 90 y los 180 dólares. No vayáis a poneros en plan quisquilloso). En dos años han conseguido ocupar el 17% del mercado norteamericano de videocámaras tipo camcorder..

Wired señala de paso que, en tiempos de crisis, mejor que mejor.

Ésta es la idea de fondo:

"El éxito de The Flip dejó asombrado al sector, pero no tendría por qué haber sido así. Tan sólo se trata del último éxito de lo que podríamos denominar 'tecnología lo suficientemente buena'. De pronto, las herramientas baratas, rápidas y sencillas están por todas partes.Leemos las últimas noticias en blogs, hacemos llamadas a larga distancia con Skype con una cobertura irregular, vemos vídeos en pantallas de ordenador pequeñas en vez de en la tele, y cada vez más de nosotros llevamos encima netbooks de baja potencia que nos valen para conectarnos a Internet y enviar e-mails. Nunca había llegado tan alto lo más bajo de la gama".

Segundo ejemplo: los MP3. El sonido es peor que el de un CD pero podemos atiborrar nuestros iPods de temas y hacerlos circular por Internet. Es más cómodo, con que…Lo suficientemente bueno.

"¡No os creáis lo del mito de la calidad!", exclama Clay Shirky desde su cátedra de Nuevos Medios en la Universidad de Nueva York. Las empresas que juegan a eso se equivocan. Gracias a Clayton Christensen sabemos que las tecnologías perturbadoras siempre se imponen al principio aunque sean de peor calidad que las que dominan y los más profesionales tengan buenas razones para desdeñarlas

Otros ejemplos: Skype y el 'cloud computing'. Los servicios son peores pero ganamos en comodidad y muchas veces podemos hacer cosas que antes eran impensables. Lo suficientemente bueno. En el terreno militar, los Predators son lentos y vuelan bajo pero cumplen relativamente bien con su misión por una mínima parte del precio de los auténticos aviones de este tipo.

Y no olvidemos nunca que en todos estos casos, estas tecnologías perturbadoras, las que hacen peor su trabajo pero aun así lo hacen lo suficientemente bien, nos interesan porque son más cómodas y mucho menos caras. Comparad si no vuestra factura de Skype con la del teléfono fijo.

Esta reducción en los precios es también la razón por la que vemos cómo se van instalando microclínicas en los grandes centros comerciales: llenas de máquinas, con dos doctores y sirven para pasar consulta en 80% de los casos.

¿Os tienta este mundo 'lo suficientemente bueno' entonces?


Escándalo en la embajada de Estados Unidos en Kabul


La Vanguardia 03/09/2009

La seguridad de la
embajada de Estados Unidos en Kabul está en manos de agentes privados que, como muestran las comprometidas imágenes que acompañan esta información, no parecen estar en condiciones de proteger a nadie.

Las fotografías, desveladas por una ONG denominada Proyecto por la Supervisión del Gobierno (POGO, en sus siglas en inglés), han desatado la polémica. Especialmente porque las explícitas instantáneas de los empleados de la compañía ArmorGroup -empresa contratada por el Departamento de Estado de EE.UU. para proteger la embajada- van acompañadas de múltiples denuncias de abusos a empleados afganos y novatadas vejatorias de todo tipo.

El escándalo ha sido destapado por los mismos soldados de ArmorGroup, que han desvelado a POGO cómo sus compañeros comprometen la seguridad de la embajada "con incesantes violaciones de la cadena de mando, de la disciplina y la moral". Además, aseguran que en el recinto de la embajada nadie asume la responsabilidad de las actuaciones de los agentes y los superiores que no participan en los deplorables hechos "optan por hacer la vista gorda".

Uno de los agentes denunció a la ONG que sus superiores les forzaban a orinar sobre otros soldados y a realizar actividades denigrantes como beber alcohol de un vaso colocado entre las nalgas de otros compañeros o comer patatas fritas sobre sus cuerpos. "Las vejaciones son incesantes", desvela otro agente. Un empleado afgano de la cocina denunció que fue asaltado por cuatro soldados semidesnudos y ebrios, uno de ellos un supervisor, que le gritó "sólo eres bueno para follar". "Me sentí demasiado intimidado para responder", relató.

A raíz de las múltiples denuncias, el Proyecto por la Supervisión del Gobierno ha mandado una carta a la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, en la que expone los hechos e insta a tomar medidas inmediatas y efectivas para atajar el deplorable comportamiento de los agentes.


El mundo en que vivimos

Mario Vargas Llosa, en El País 23/08/2009

El filósofo francés Michel Foucault llegó a la deprimente conclusión de que "el hombre no existe", que cada ser humano no es sino una larga secuencia de simulacros variopintos hechos, deshechos y rehechos por las circunstancias variables de la realidad en la que transcurre su existencia. Todavía más audaz, y acaso más frívolo, Jean Baudrillard fue más lejos y concluyó que aquello que creemos la realidad cuando abrazamos al ser amado o sopamos la pluma en un tintero, tampoco existe, porque la verdadera realidad en la que vive el bípedo contemporáneo no es el mundo que cree pisar sino las imágenes que fingen reflejarlo y que no son sino las interesadas y manipuladas versiones que dan de él los medios audiovisuales al servicio de los poderosos de este mundo.

Estas divertidas, brillantes y falaces fabricaciones intelectuales -así las creía yo al menos- acaban de recibir un sorprendente respaldo, una indicación concreta de que si las cosas no son así todavía, podrían llegar a serlo pronto, dadas las inquietantes características que va adoptando, aquí y allá, la civilización que nos rodea.

Voy a referirlo a mi manera, que no es la del filósofo, claro está, sino la, más modesta, de un contador de historias. Trasladémonos, allende el Atlántico, al centro de la Amazonía, hasta Manaos, capital del Estado brasileño de Amazonas, famosa porque, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, fue uno de los centros principales del boom del caucho, del que queda como recuerdo una ópera barroca donde cantó -o se dice que cantó- Carusso. Hasta hace relativamente poco tiempo el rey de la pequeña pantalla, en Manaos y toda la vasta región amazónica, era un periodista y productor llamado Wallace Souza, que, fiel a su nombre detectivesco, dirigía en la televisión local un programa policíaco llamado Canal Livre. En él se ventilaban, con descarnado realismo, los crímenes, asaltos, violaciones y demás ferocidades cotidianas, con que, tanto en Brasil como en el resto del mundo, los canales de televisión suelen asegurar su codiciado rating halagando el morbo y los peores instintos del gran público televidente.

El éxito del programa era tal que Wallace Souza se hizo célebre y decidió, aprovechando la popularidad de que gozaba, saltar del periodismo audiovisual sensacionalista y truculento a la política (ambos no están tan lejos, después de todo). Lo consiguió con rapidez vertiginosa: en las últimas elecciones salió elegido diputado con la más alta votación en todo el Estado de Amazonas. Este es el momento de máximo apogeo en la carrera pública de Wallace Souza, personaje fortachón, mostachudo y barbado, de ternos entallados y, según la prensa, gesticulador y carismático.

Cambio de escenario, dentro de la misma exótica y asfixiante ciudad amazónica. La policía local detiene a un rufiancillo del lugar, ex policía y asesino a sueldo, de apelativo pomposo: Moacir Moa Jorge da Costa, sospechoso de un rosario de fechorías y hechos de sangre, entre ellos asesinatos. Interrogado y ablandado con los métodos que no es imposible imaginar, confiesa. Sí, ha matado, pero no por maldad ni por codicia, sino profesionalmente, por encargo del flamante diputado y estrella mediática de la Amazonía: ¡Wallace Souza! Después de sacudirse el trauma que semejante revelación les produce, los investigadores comienzan a atar cabos y las piezas encajan, como en un rompecabezas. Todos los crímenes que ha cometido o en los que ha participado Moacir Moa Jorge da Costa figuraron de manera estelar en los programas de Canal Livre y, en todos ellos, las cámaras ubicuas y omniscientes del diputado llegaron al lugar del crimen al mismo tiempo que los asesinos.

La investigación produce este pasmoso resultado: Wallace Souza llevaba a cabo espeluznantes crímenes con el único designio de poder filmarlos antes de que lo hiciera alguno de sus competidores, para obtener las primicias que tenían enganchada a la vasta teleaudiencia a la que alimentaba en cada programa con sangre, verismo y pestilencia a raudales. Para ello, había montado toda una infraestructura de colaboradores, diestros en la pistola y el cuchillo, seleccionados entre las propias fuerzas de la policía a la que -otra revelación- había estado asimilado. Quince de ellos están ya en los incómodos calabozos de Manaos, pero no el héroe del macabro aquelarre, pues, siendo legislador y gozando de impunidad, la Asamblea Legislativa tiene antes que despojarlo de aquella para que pueda ser encarcelado y juzgado. ¿Lo será? Paciencia: lo dirá el futuro, y con abundancia de derivaciones y detalles, porque mi instinto me asegura que esta historia tiene para mucho rato. Leer resto del artículo


Afganistán se olvida de las mujeres

Ramón Lobo, en El País 24/08/2009

Tras ocho años de intervención internacional, la discriminación de las afganas es similar a la época de los talibanes - Ocho de cada diez sufren violencia doméstica

Las mujeres afganas son víctimas de una mentalidad medieval. No existen leyes ni justicia, sólo tradición y la voluntad inapelable de unos hombres embrutecidos por 30 años de guerras que se amparan en el nombre de Dios para ejercer la violencia. En muchas zonas rurales se rapa el pelo a los niños durante la celebración de las bodas con la esperanza de que su fealdad les salve de una violación.

Las mujeres afganas son víctimas de una mentalidad medieval. No existen leyes ni justicia, sólo tradición y la voluntad inapelable de unos hombres embrutecidos por 30 años de guerras que se amparan en el nombre de Dios para ejercer la violencia. En muchas zonas rurales se rapa el pelo a los niños durante la celebración de las bodas con la esperanza de que su fealdad les salve de una violación, a menudo por parte de un familiar. Ocho de cada 10 mujeres sufren violencia doméstica y un 60% es obligada a contraer matrimonio antes de cumplir 18 años, según datos de Naciones Unidas y de la Asociación Revolucionaria de las Mujeres de Afganistán. El presidente Hamid Karzai, financiado por la comunidad internacional -incluida España-, aprueba leyes que permiten a los maridos chiíes castigar a sus esposas sin comida si éstas no les complacen sexualmente.

"El burka no es el problema si es ella quien decide libremente llevarlo", afirma Fatana Ishaq Gailani, premio Príncipe de Asturias de la Concordia de 1998 y presidenta de una ONG que defiende sus derechos. "El gran problema de las mujeres afganas es el trato inhumano que reciben. Nadie las protege de la violencia. Ni el Gobierno ni la comunidad internacional han hecho nada en ocho años por cambiar la situación. Es imposible condenar a nadie por violación; los jueces liberan a los acusados tras el pago de un soborno. La mujer afgana apenas tiene acceso a la educación y en las zonas rurales vive en condiciones de extrema pobreza".

Faima tiene 23 años, es de Kabul y afortunada: pudo terminar la enseñaza secundaria, algo vedado al 95% de las niñas que inician la escuela. Aguarda su turno en una sala del centro ortopédico que el Comité Internacional de la Cruz Roja tiene en la capital desde 1988. Es por su hijo Rahnan, con una malformación en el pie. "No me gusta el burka. Me siento en una cárcel y debajo hace mucho calor. El hiyab es la prenda que exige mi religión y es la que llevo sobre la cabeza. Mucha gente piensa así en Kabul, pero sé que en las provincias es diferente. Allí, muchas mujeres tienen que llevar el burka por fuerza".

Salima es una de ellas. Procede de la norteña provincia de Takhan y lleva el burka levantado sobre la frente. Al principio se niega a conversar. Dice que necesita el permiso de su marido. Con la ayuda de una de las fisioterapeutas accede cubriéndose la boca con los pliegues: "Nadie me obliga a llevarlo. Debajo de él me siento más segura. No me gusta que los hombres me miren en la calle". (...) Leer resto del artículo