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15 de abril de 2011

Real Madrid-Barcelona, la agonía y ¿el éxtasis?

Llevábamos mucho tiempo, desde la temporada pasada, sin entrar a considerar la actualidad del equipo de nuestros desvelos y creemos que en este punto de la temporada, cuando el Madrid se enfrenta a sus mayores desafíos, podemos hacer balance.

El Real Madrid de Jose Mourinho es segundo en la Liga española y ha llegado con solvencia a la final de Copa y la semifinal de Champions, algo que desde hace años no veíamos, tan abajo habíamos llegado... El trabajo del entrenador portugués y el rearme realizado en jugadores jóvenes y talentosos han conformado este año una de las mejores plantillas de su historia, haciendo del Madrid uno de los equipos más potentes de Europa, a sólo cinco partidos de alcanzar la gloria. Pero hasta aquí las buenas noticias.

Porque el actual equipo madridista es también un equipo que en demasiadas ocasiones no juega a nada, con algunas flagrantes carencias en mediocampo (verbigracia el transparente Sami Bodoque Khedira..) que le han llevado a perder virtualmente la Liga ante equipos supuestamente menores como Osasuna, Almería, Levante o Sporting de Gijón, un equipo al que a menudo se le ven las costuras sobre todo ante equipos presionantes y ordenaditos atrás, con un entrenador demasiado preocupado por tener siempre razón, por entrar en polémicas absurdas que no favorecen al club y que ha relegado a la cantera y a jóvenes y válidos jugadores como Canales, Garay y Pedro León a un ostracismo casi absoluto. Pero sobre todo porque ahora está el Barça, el equipo de ensueño que ha construido Pep Guardiola y eso lo cambia todo.

Un Barça casi invencible que, recordemos, empezó a fraguarse perdiendo dos ligas ante el Madrid de Capello y de Schuster. Un Barça en el que ya estaba el grueso del gran Barça de hoy en día, estaban Valdés, Xavi, Iniesta, Puyol, Messi, la columna vertebral de la gran plantilla que se iba conformando y que terminaria de encajar Guardiola, pero esas dos Ligas, ganadas con más fé que juego por los blancos, camuflaron el fenómeno que se estaba gestando.


Porque mientras el Madrid fagocitaba entrenadores, directores deportivos, presidentes y estilos de juego, el Barça supo tener paciencia y profundizar en su estilo de juego, cuando cometió flagrantes errores en fichajes
supo corregirlo a tiempo y sobre todo ha cuidado de forma excepcional una cantera que les ha proporcionado la mejor generación de jugadores de su historia y que sigue pariendo grandes centrocampistas como si lo fueran a prohibir. Pero además un Barça que gana también en dos capítulos fundamentales en esta cosa que es el balompié, un sutil pero eficiente apoyo arbitral y estamental en los momentos precisos y la siempre provechosa batalla de la propaganda. Y además tienen a Messi.

El madridismo salió muy escaldado de la infausta noche del 5-0 en el Nou Camp, donde el hasta entonces implacable Real Madrid de Mourinho sólo pudo perseguir sombras y sacar una y otra vez de centro del campo, en un ejercicio de impotencia colectiva difícil de olvidar. Pensamos sin embargo que el factor psicológico tuvo bastante que ver en cómo se produjo esta derrota, la diferencia entre ambos equipos no era tanta entonces y tampoco ahora, aunque pensemos que los azulgrana siguen un escalón por encima en lo conseguido en estos últimos años, su concepción colectiva del juego, algo de lo que adolece el equipo blanco, aún en construcción.

Todo este panorama nos lleva a mirar con cierto pesimismo este apasionante torbellino de clásicos que se avecina y cuyo resultado decidirá la temporada, pues casi todo se sabrá el 3 de mayo. Cuatro partidos en los que la personalidad y decisiones de los dos grandes técnicos en liza, manejando los mejores arsenales del fútbol actual, tendrán una influencia decisiva.

Pero sobre todo serán partidos para que los grandes jugadores de fútbol demuestren que lo son, para los cracks, para tipos con personalidad y gran talento como Messi, Cristiano, Xavi, Xabi, Iniesta, Ozil, Di Maria, Piqué, Alves, Pepe, Casillas, Busquets, Valdés, Benzema, Higuain, Villa, Marcelo y algunos más componiendo dos formas distintas de entender el fútbol de ataque, ambas con personalidad, orgullo y calidad. Disfrutemos pues de ellos.
Como dijo una vez Valdano, el Barça está viviendo un sueño y el Madrid ha de estar ahí cuando despierte. Si no queremos que estos últimos años de sufrimiento y orgullo pisoteado provoquen una epidemia tumoral en toda una generación de madridistas dolientes, esta es la ocasión perfecta para ello.