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3 de noviembre de 2012

Ciclo de cine europeo (15) 'Los ladrones', de André Techiné



"Si los personajes no son entelequias, sino cuerpos, gente de carne y sangre, la película revelará siempre algo sobre las pasiones humanas" André Techiné

Autor de otras estupendas películas de los noventas como "Mi estación preferida" (1993), "Los juncos salvajes" (1994) Alice y Martin" (1998), el director de cine francés André Techiné reunió en para "Los ladrones (Les voleurs, 1996) " a la misma pareja protagonista de "Mi estación preferida", los magníficos actores galos Daniel Auteuil y Catherine Deneuve, a los que sumaría la estimulante presencia de Laurence Côte para conformar un thriller para seguir indagando en los recovecos del alma humana frecuentes en su filmografía. Es Techiné poseedor de un cine en el que suele partir de un detalle para explicar un mundo, un cine complejo, sobrio y elegante, de guiones densos y significativos, emocionales sin caer en sentimentalismos.

En este film, Auteuil es el policia Alex, la oveja blanca de una familia en la que su padre y su hermano –con el que se encuentra de tanto en tanto en un pub para intercambiar sarcasmos– se dedican al robo y la reventa de automóviles. Una chica marginal, Juliette, que fue amante del ladrón y ahora se acuesta con el policía, es lo único que comparten los hermanos. La estructura de la película es bastante particular, pues tras el comienzo una catarata de flash-backs y flash-forwards torna borroso el tiempo presente, y se impone la sensación de que el thriller asoma al espectador a un cúmulo de conflictos íntimos que ya estaban allí desde antes, y que permanecerán una vez que haya concluido la proyeccion. Esta incluye un feroz atraco que pondrá a prueba las lealtades policíaco-familiares de Alex, y utiliza a unos cuantos personajes como relatores con voz en off, filtrando la trama a través del tamiz de sus diversas subjetividades. 

En fin, cine europeo del bueno con esquemas de film noir que indaga en lo efímero y lo permanente en las relaciones sexuales, la fraternidad, la amistad y, sobre todo, en esa forma en carne viva que brota de ellas y que es el amor.