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10 de noviembre de 2012

S.P.Q.R. (2) Trajano, Emperador de Roma

"Soy el primero en cruzar un gran río en más de 100 años. He cruzado el Rhin, el Danubio y el Eufrates... Las únicas ablucciones dignas de un romano. Roma debe seguir creciendo o perecerá. La Urbe hecha Orbe. Ese es nuestro destino. Pero Hadriano no lo siente así..."

En nuestra segunda entrada sobre la Antigua Roma abordamos la figura del emperador Marco Ulpio Trajano, nacido en Itálica, cerca de la actual Sevilla -fue el primer emperador no nacido en la península italiana- el 18 de septiembre del año 53 d.C., hecho emperador a principios de 98d.C. y fallecido el 9 de agosto del año 117 d.C., en plena campaña contra los partos, el gran enemigo de Roma en Asia Menor. 

Con Trajano el Imperio conoce sus dos últimas campañas de conquista y anexión de gran envergadura; tras él la política se tornará defensiva hasta el final del imperio. Es por esto por lo que además se considera con frecuencia que fue el último gran conquistador de la Antigua Roma.

Es en su mandato cuando el Imperio Romano alcanza su máxima expansión, pues amplió las conquistas romanas incorporando las nuevas provincias de Dacia -la actual Rumanía, para cuya conquista y anexión definitivas necesitó dos guerras-, Arabia y Judea, penetrando en el corazón del imperio parto y llegando hasta la ciudad de Susa, al sudoeste del actual Irán, lo que marcaría el límite máximo del Imperio Romano en Oriente. Tras ello tendría que retirarse de la campaña de conquista en Asia Menor ante las revueltas judías por todo Oriente Próximo y moriría en el camino, en la ciudad de Selinus -en la actual Turquía- el 9 de agosto de 117 d.C. Su heredero, Hadriano, renunciaría a la conquista de Mesopotamia que Trajano había iniciado al considerarla indefendible, a consecuencia del excesivo esfuerzo logístico que requería mantener campamentos estables en esa zona.

Como apunta Jesús Pardo, autor del estupendo y recomendable libro "Yo, Marco Ulpio Trajano", al igual que le había ocurrido a Julio César y le ocurriría después al emperador Juliano, conocido como el Apóstata, cuando estaban a punto de realizar una acción militar decisiva contra el gran enemigo de Roma en el este, Partia, como si en la Historia de Roma hubiese algún espíritu siempre vigilante para salir al paso de quienes se propusieran acabar con el Imperio parto, como si éste fuera para Roma un elemento y un contrapeso del que no se pudiera prescindir. Queda pues para la Historia-ficción la ucronía de qué hubiera ocurrido si Partia (luego Persia, actualmente Irán) hubiera sido conquistada y romanizada, aunque desde luego eso podría haber cambiado el rumbo de la historia. 

(1) De la Bética a la Corte de los Césares

Trajano, nativo de la provincia hispana de la Bética, pertenecía a una familia cuyo oscuro origen hizo que el historiador Dión Casio lo calificara de simple ibero. El padre de Trajano sirvió lealmente en todos los frentes, desde el Oriente más lejano hasta su propia provincia de origen. En cuanto pudo se llevó consigo a su hijo, el futuro emperador, al que educó para que continuara y acrecentara la reciente gloria familiar; una gloria hecha de servicios de armas y lealtad al soberano.


Una rebelión de la Guardia Pretoriana en el año 97 casi forzó al anciano emperador Nerva,  a adoptar al popular entre los militares Marco Ulpio Trajano, entonces gobernador de Germania Superior y antiguo comandante de la Legio Setimo Gemina, como su heredero y sucesor. Tras lo que aproximadamente fueron dieciocho meses de gestión, Nerva murió de muerte natural el 27 de enero de 98. Fue quien luego sería su sucesor, Hadriano, quien le traería la noticia de la muerte de Nerva,  por lo que, con inusual tranquilidad, Trajano es elegido emperador como su sucesor. Sin embargo, el nuevo soberano del Imperio no marcha inmediatamente sino que permanece casi dos años en Germania asegurando la frontera del Rhin y fundando Colonia Ulpia Traiana, la actual ciudad de Colonia. 

No fue que marchó a Roma hasta el 99 d.C donde realizó una entrada triunfal, convertido ya en emperador y con el título de Germánico. El nuevo Emperador romano fue acogido por el pueblo de Roma con gran entusiasmo, que justificó gobernando bien y sin el derramamiento de sangre que había marcado el reinado de Domiciano. Liberó a muchas personas que habían sido encarceladas injustamente por Domiciano y devolvió buena parte de propiedad privada que Domiciano había confiscado; un proceso comenzado por Nerva antes de su muerte. Su popularidad fue tal que con el tiempo el Senado Romano le confirió a Trajano el título honorífico de Optimus.



(2) Una nueva Provincia, un nuevo Imperio


Su estancia en Roma fue corta pues el nuevo emperador se lanzó de inmediato a cabo sus sueños de conquista para asegurar las fronteras romanas. La primera oportunidad de gloria se le presentó en la frontera del Danubio, en Dacia, la actual Rumanía, cuya conquista era una vieja ambición romana (ya había sido intentada por Domiciano, siendo derrotado) y Trajano se propuso resolver este tema que Roma tenía pendiente, luchando contra Decébalo, un poderoso rey de gran talento que se había convertido en un temible adversario para Roma. Adentrándose en los bosques que surcan el Danubio, Trajano vivió tal vez los momentos más gloriosos de su vida.

En el verano de 101 Trajano reunió un gran ejército y tras cruzar el Danubio se dirigió a la capital dacia, Sarmizegetusa Regia, mientras otro contingente romano pentraba los dominios desde más al este. La lucha se prolongó hasta el invierno y Decébalo pudo organizar un contrataque pero al no helarse el Danubo ese año, los suministros que permitieron continuar los combates contra el rey dacio pudieron llegar a las legiones y las permitieron continuar su esfuerzo bélico y Trajano consiguió la rendición de Decébalo. Tras la conquista de Dacia, Trajano ordenó erigir un puente de piedra sobre el Danubio para mostrar que Roma no sólo dominaba a los pueblos, sino también a los elementos. Trajano fue recibido como un héroe en Roma, pero la alegría duró poco.

En el año 105, Decébalo invadió las posesiones de Roma al sur del Danubio. comenzando la segunda guerra dácica. Trajano reclutó dos nuevas legiones y se lanzó a la invasión de Dacia para convertirla en provincia. En 106, ante el arrollador avance del emperador, Decébalo fue abandonado por los suyos y decidió suicidarse. Con la riqueza recién adquirida se comenzaron las obras del nuevo foro, que llevaría el nombre del emperador, así como de la basílica, la biblioteca y los mercados. Las campañas bélicas en Dacia serán eternizadas en la formidable Columna Trajana, una columna de granito donde se narran las hazañas de esta conquista. El vértigo de la gloria le hizo cambiar su concepción de sí mismo. Al identificarse con el mítico héroe Hércules, Trajano pretendió que los dioses le habían encargado la misión de restablecer el orden en toda la Tierra. Pero para hacer realidad sus sueños era necesaria la derrota del último gran enemigo de Roma: Partia.




(3) Del campo de batalla al Olimpo de los dioses

Trajano fomentó la realización de grandes obras públicas sobre todo la Via Traiana  y realizó construcciones necesarias para facilitar la romanización y mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. Así, reforzó la red viaria, restaurando las principales calzadas que se expandían desde la Urbe, uniéndola con el resto del imperio.

En 116 d.C., ya sexagenario, Trajano decidió lanzarse a una empresa digna de Alejandro Magno y César: la conquista de todo el Oriente del mundo conocido. Pero murió antes de celebrar el triunfo en Roma. Roma llevaba dos siglos luchando contra este imperio de temibles guerreros que se extendía por Mesopotamia, Irán y Anatolia. Pero a diferencia de lo ocurrido en el Danubio, el emperador no había reclutado nuevas legiones. La facilidad de las victorias iniciales ocultó durante algún tiempo una debilidad de sus tropas, lo que acabaría convirtiéndose en la semilla del desastre. 

Trajano avanzó con audacia y Ctesifonte, la capital parta, cayó sin resistencia y Babilonia también fue capturada. Sin embargo, la revuelta de los judíos de Cirene, Egipto, Palestina y otros lugares de Asia se extendió a las numerosas y poderosas juderías mesopotámicas, a las que se sumaron las ciudades griegas de la región, que preferían el débil dominio parto al pesado yugo romano. En el año 117, Trajano emprendió el regreso a Roma, pero nunca llegó, murió en Selinus. A la muerte de Trajano, cuando volvía de su última campaña contra los partos, su sucesor, Hadriano, ordenó que se abandonaran todas las tierras conquistadas al este del Éufrates. Tras llegar a su zenit territorial Roma comenzaba su repliegue y a la larga, su decadencia.


Vocabulario Fundamental. Placer (3) El placer según Nicolas Guerin


La antesala del placer femenino





Retratos de mujeres desnudas masturbándose o practicando sexo con su pareja. En eso consiste la serie 'Elogio de la sombra', que el fotógrafo francés Nicolas Guérin ha expuesto estos días por primera vez en el 50 rue de Sévigné, como parte del programación off del Mois de la Photo 2012, bienal parisina que celebra este año su decimoséptima edición y llenará la capital francesa de exposiciones con imágenes igual de impactantes que estas.


Un espacio expositivo inusual –habitualmente es un showroom de moda– para un trabajo absolutamente personal y que rompe moldes en todos los sentidos, empezando por el trasfondo emocional del mismo. "Esta serie es el resultado de una carencia", comenta el propio artista a ELMUNDO.es. "La mujer que amo se fue a vivir al otro lado del mundo la primavera pasada y su ausencia se me hacía insoportable. En vez de buscarme otra pareja, decidí proponer a distintas mujeres que vinieran de noche a disfrutar del sexo a mi estudio de Montreuil (afueras de París), solas o acompañadas, mientras yo las fotografiaba. Era mi manera de no olvidar a mi amada ausente, de acercarme a ella".

La extraña terapia debía servir, al mismo tiempo, para realizar un trabajo sobre la gestualidad del placer y la violencia de los cuerpos en los momentos previos al orgasmo. "Aunque el proyecto parecía irrealizable por ser demasiado libre, demasiado atrevido, enseguida encontré quien se prestó a ello", prosigue Guérin. "Hay tanta gente esperando que les propongas algo fuera de norma que les saque de sus casillas".

Durante meses, este fotógrafo especializado en los editoriales de moda y el retrato de estrellas del séptimo arte realizó con la mayor discreción el que es quizá su trabajo más personal y que se puede conseguir ahora también impreso, puesto que la muy 'fashionista' revista 'Khube' le ha consagrado un extenso número monográfico en el que 'Elogio de la sombra' ocupa todo el segundo capítulo, esto es, un tercio del magazine.


Imágenes borrosas o distorsionadas

A medida que desfilaban las modelos por su estudio, el artista fue perfeccionando el ritual de actuación, dejando que la luz roja de la calle fuera la principal iluminación de la sala en semi-penumbra, poniendo música suave para arropar los gemidos y los silencios, trabajando descalzo para que el ruido de sus pisadas moviéndose alrededor no perturbase esos momentos de necesaria intimidad. Ni Steven Soderbergh lo hubiera hecho mejor cuando filmó en 1989 la original 'Sexo mentiras y cintas de vídeo'.

El resultado de todo ello puede verse en el álbum que ilustra ese artículo. Lejos de caer en la tentación del hiperrealismo, el autor ha preferido trabajar con un tiempo de exposición alto para que las imágenes queden ligeramente borrosas o distorsionadas, reflejando de esta forma la convulsión del cuerpo, "los espasmos de esos momentos finales antes del disfrute en que todo tiembla y la pérdida de control es total".

"Cuando las personas se dejan poseer por esa mezcla de emociones que afecta a las ondas sísmicas, la carne casi parece distorsionarse", indica Guérin. "En esos 2 o 3 minutos previos al placer es donde todo sucede y por fin puede sentirse la violencia del amor".



"He querido fotografiar 'la violencia del amor'"



"El gesto del placer no está lejos del gesto del dolor"



"El cuerpo tiene una sombra, el alma tiene la suya, y se la conoce mal"



El deseo está representado por imágenes en claroscuro y color sepia.



"Hizo falta crear el ritual justo, encontrar la distancia, la duración y las palabras que hicieran posible el abandono"

8 de noviembre de 2012

Un mundo mejor es posible (23) Obama y el Juez Roy Bean, ¿está lo mejor por llegar?

Hace cuatro años, al calor de la elección de Barack Obama como presidente USA en sustitución de esa calamidad llamada George W. Bushnacía este blog, aún sin saber muy bien qué ser y qué decir, surgiendo de un deseo algo informe de querer plasmar blanco sobre negro algunas de nuestras querencias mentales y obsesiones. En estos cuatro años más de ochocientas entradas, habitadas por casi trescientos documentales, decenas de películas y muchas, muchas lecturas nos contemplan y nos han servido para aprender mucho, evolucionar y modelar nuestro pensamiento y para intentar entender mejor una terrible crisis sistémica y un mundo cambiante y en evidente riesgo de colapso. 

Mientras tanto, nuestro iniciático compañero de viaje intentaba lidiar con el puesto de poder más influyente del mundo y se daba cuenta de que ello no le servía para poder realizar todos sus sueños. Recibía de manos de Bush dos guerras en curso y la peor situación económica desde el el crack del 29 y durante su mandato veía como un partido republicano (que dominan la Cámara de Representantes) en imparable giro a la extrema derecha guiado por el Tea Party, intentaba sabotear todas sus iniciativas legislativas, empeñados en no dar aire a su carismático y odiado enemigo. 

Así que aquí estamos cuatro años después, Barack Obama y el Juez Roy Bean. Él ha ganado con más holgura de la que se preveía y a nosotros nos causa especial placer el pensar que sentirá el multimillonario Sheldon Adelson que lubricó la campaña republicana con decenas de millones de dólares. Como ya han apuntado muchos analistas, Barack Obama se enfrenta a múltiples desafíos en su segundo y último mandato. Intentará completar la retirada de Afganistán, consolidar la reforma financiera y verá aplicarse al fin su reforma sanitaria que, a pesar de los esfuerzos en contra de sus adversarios y de no conseguir que se aprobara con todo el alcance que pretendía, hará que más de 30 millones de personas en su país tengan un seguro sanitario que garantice su salud. Tendrá asimismo que lograr un acuerdo presupuestario que evite el temido "precipicio fiscal" que amenaza su país, cerrar de una vez por todas esa ignominia llamada Guantánamo y conseguir la prometida reforma migratoria integral, aunque la consolidación del dominio republicano en el Congreso tras estas elecciones mucho nos tememos seguirá intentando bloquear sus iniciativas en los próximos años.  

Sin embargo y a pesar de los obstáculos que le aguardan en su país, esperamos que en su segundo mandato, Barack Obama dedique más tiempo a la política exterior pues tendrá que afrontar la crisis con Irán, la crisis de la zona euro y la guerra en Siria, así a bote pronto. Aunque si hay algo por lo que pasaría a la Historia Barack Obama sería si lograra forzar a israelíes y palestinos (más a aquellos que a estos) a diseñar de una vez por todas una hoja de ruta para conseguir la paz definitiva y la creación de un estado palestino que conviva y prospere al lado del estado israelí. Eso sí que le haría merecer el Nobel de la Paz que, como un regalo envenenado, le fue otorgado en 2009.

Celebramos pues su reelección pues nos sigue pareciendo un tipo extraordinario y esencialmente decente y esperamos que, ahora que no tiene que conseguir otro mandato haga lo que le pide el cuerpo y el alma y como él ha dicho, lo mejor esté por llegar. Estos cuatro años han humanizado el mito, nos han mostrado un presidente de carne y hueso al que los estadounidenses han dado otra oportunidad más para cumplir sus promesas pero que ya no dice que podemos porque ya no sabemos si se puede. Ojalá no se equivoque en sus decisiones porque lo que ocurra en Estados Unidos, nos guste o no, nos afecta a todos. Mientras, en este blog afrontamos también un nuevo periodo en el que asoman algunas incertidumbres y zozobras pero intentaremos seguir jugando nuestras cartas, haciendo lo que mejor sabemos hacer, leer, escuchar música, ver y aprender sobre el mundo en que vivimos y con todo ello seguir construyendo nuestro zigurat de conocimiento, nuestro proyecto vital, nuestro sueño. 

5 de noviembre de 2012

S.P.Q.R. (1) Intro / Están locos los romanos



Intro

Comenzamos una nueva serie de posts sobre la Antigua Roma bajo la clásica insignia S.P.Q.R (Senatus Populusque Romanus, el Senado y el pueblo romano) y lo hacemos con un estupendo artículo de Jacinto Antón en el que pregunta a expertos sobre algunos grandes mitos y errores históricos en nuestra percepción sobre la civilización romana y lo que de ella hemos heredado. A través de documentales y artículos especializados indagaremos en la historia romana, en las guerras y los guerreros que forjaron el imperio y finalmente lo destruyeron y los sistemas políticos que la conformaron, desde aquella alianza de las tribus latinas, sabinas y etruscas que se asentaban en las siete colinas a orillas del río Tiber hasta abarcar desde la actual Gran Bretaña hasta el desierto del Sahara, desde la Península Ibérica hasta el río Tigris. 

La civilización romana constituye un elemento crucial en el desarrollo tanto de Occidente como de Oriente Próximo y Asia Menor. Recordemos que en un principio, tras su fundación en 753 a.C. (según la tradición), Roma fue una monarquía etrusca que tuvo siete reyes, el último de ellos Tarquinio el Soberbio. Cuando éste fue derrocado en 509 a.C. se estableció la República y un sistema de cónsules sustituyó al monarca, hasta la llegada de Julio César que iría acumulando más y más poder hasta convertirse en lo más parecido a un rey de facto. Su asesinato a manos de senadores que pensaban que quería restaurar la monarquía dio paso al posterior advenimiento al poder de Octavio Augusto, quien en el 27 a.C. abolirá la República y consolidará un gobierno unipersonal, centralizado y dinástico en todo el territorio que será conocido como Imperio Romano. 

Al período de mayor esplendor del Imperio se le conoce como pax romana, debido al relativo estado de orden y prosperidad bajo la dinastía de los Antoninos (96-192) y, en menor medida, bajo la de los Severos (193-235) en la que comenzaría su decadencia. Es en este periodo cuando el Imperio Romano, de manos de Trajano (a quien dedicaremos nuestra segunda entrada de S.P.Q.R.) alcanzaría su máxima expansión, llegando hasta la ciudad persa de Susa, al sudoeste del actual Irán.
El deterioro de las instituciones imperiales, -particularmente la del propio emperador- sumiría al Imperio en la ingobernabilidad y las guerras civiles durante el siglo III. Entre el 238 y el 285 pasaron por el poder 19 emperadores, los cuales —incapaces de tomar las riendas del gobierno y actuar de manera concorde con el Senado— terminaron por situar a Roma en una verdadera crisis institucional. Durante este mismo período comenzó una invasión pacífica cuando algunas tribus bárbaras se fueron situando en los limes del Imperio aprovechando la decadencia las otrora invencibles legiones romanas, además de la ingobernabilidad producida en el poder central, incapaz de actuar en contra de esta situación.

De esta forma y a pesar de una breve "estabilización" del Imperio en manos de algunos emperadores fuertes como Diocleciano, Constantino I y Teodosio I, el Imperio se dividiría definitivamente a la muerte de este último en 395 d.C. en Imperio Romano de Occidente, con capital en Roma e Imperio romano de Oriente, éste con capital en Constantinopla. Sin embargo el desgobierno continuó en el Occidente, los emperadores eran cada vez más débiles, las guerras civiles siguieron arruinando las finanzas imperiales, el desorden interno no sólo acabó con la industria y el comercio, sino que debilitó a tal punto las defensas de las fronteras imperiales, que privadas de la vigilancia de antaño, se convirtieron en puertas francas por donde penetraron las tribus bárbaras, propiciando las invasiones que acabarían con la caída del Imperio de Occidente en 476 d.C., lo que daría paso a una nueva era en Europa, la Alta Edad Media. El Imperio Romano de Oriente o Imperio Bizantino continuaría su existencia durante casi mil años más, hasta la caída de Constantinopla ante los ejércitos turcos de Mehmet II, en 1453

Evolución histórica de la Antigua Roma



República Romana
Imperio Romano
Imperio Romano de Occidente
Imperio Romano de Oriente
Estados herederos del Imperio Bizantino

En fin, comenzamos. Jacinto Antón y están locos los romanos. Disfruten. 

Están locos los romanos

Jacinto Antón - El País 22 Mayo 2011

Les debemos mucho, pero nos separan cosas fundamentales. ¿Qué es lo que más nos impactaría de la Roma clásica si pidieramos viajar hasta ella?, le pregunto a la gran y amena historiadora Mary Beard, autora de Pompeya o El triunfo romano (ambas en Crítica). "Oh, la suciedad y el olor pestilente, y la pobreza... detrás de la rutilante fachada de mármol".
Les debemos mucho, casi todo, a los romanos, vale. Recuerden las palabras de Reg, el líder del Frente Popular de Judea, sector oficial, en La vida de Brian -el discurso más celebrado del cine de sandalias después de la arenga del general Maximus (Gladiator) a los frates jinetes de sus turmae y el "¡arre!" de Ben Hur-: "Aparte del acueducto, el alcantarillado, las carreteras, la irrigación, la sanidad, la enseñanza, el vino (eso sí lo vamos a echar de menos), la ley y el orden, ¿qué han hecho los romanos por nosotros?". Roma caput mundi, aeterna urbis, aurea Roma, civis Romanum sum, Romanus sedendo vincit... De acuerdo, de acuerdo. Pero tras la nueva invasión romana que vivimos, la enésima, manifestada en libros de toda clase, películas y series de televisión -hasta La Fura dels Baus se pone romana-, una sospecha empieza a aflorar en nuestros latinos corazones: ¿de verdad nos parecemos tanto?, ¿somos tan romanos realmente?, ¿ese mundo que aparece ante nuestros ojos en páginas, pantallas y escenarios es el nuestro?

Es difícil identificarse, aceptémoslo, con la hosca facilidad de Quintus Dias, el protagonista de la sangrienta película Centurión, para matar a punta de gladio pictos y brigantes; con el sexo morboso y cruel de las matronas de Spartacus -quien haya visto con su hija adolescente la escena de la serie en que las damas obligan a copular ante ellas a un gladiador y a una esclava tardará en olvidarlo ("pues vaya con la antigüedad, papi"), por no hablar de conseguir que la niña lea luego a Ovidio-. Cuesta, decía, sentir afinidad con la despiadada astucia del resucitado pretor Galba en la segunda temporada de Hispania o con platos como las vulvas de cerdo à la Lucio Vero (envenenadas). ¿Un espejo, Roma? Vae!, ¡ay!.

¿Qué es lo que más nos impactaría de la Roma clásica si pidieramos viajar hasta ella?, le pregunto a la gran y amena historiadora Mary Beard, autora de Pompeya o El triunfo romano (ambas en Crítica). "Oh, la suciedad y el olor pestilente, y la pobreza... detrás de la rutilante fachada de mármol".


Lindsey Davis es otra de las personas que más nos han acercado al mundo romano, ella desde las novelas del detective Falco, la XX de las cuales, Némesis, es novedad, como lo es la indispensable Marco Didio Falco, la guía oficial, una delicia enciclopédica para sus muchos seguidores (ambas en Edhasa). Al interrogar a la autora sobre esa extrañeza que nos provocan los romanos, contesta: "Yo he basado mis libros precisamente en la creencia de que los romanos eran como nosotros. Pero siempre digo que hay dos áreas en que su mundo difiere radicalmente del nuestro: la arena (los combates de gladiadores y con animales) y la esclavitud. Desde luego, hay también otra: la posición legal de la mujer, que tenía que ser representada en muchas ocasiones por el cabeza de familia. Muchas ocupaciones le estaban vetadas: ¡de haber vivido entonces yo no me podría ganar la vida como lo hago!",
Davis, noblesse oblige, aprovecha para criticar que en el filme La legión del águila -basada en la conmovedora novela de Rosemary Sutcliff-, el protagonista porta la espada en el lado izquierdo cuando lo preceptivo en el ejército romano era llevarla siempre en el derecho. Ahí queda el dato.

Aparte de que no existían en el mundo romano el café, el té, el chocolate, las patatas o los tomates, (¡un mundo sin todo eso no puede ser el nuestro!), nos choca mucho lo poco que valía la vida, sobre todo si eras un esclavo, "un animal con habla", como dice que los consideraban la arqueóloga Isabel Rodà, directora del Insituto catalán de Arqueología Clásica (ICAC): cuando uno de los suyos rompió sin querer una copa de cristal, Vedio Polión ordenó que lo echaran al estanque de las morenas, a las que había acostumbrado a comer carne humana (ya ven que la historia no se la inventó Robert Harris en Pompeya).

El gran historiador Paul Veyne dice en Sexe et pouvoir a Rome (Tallandier, 2005) que lo que más nos sorprendería de vernos súbitamente trasladados a la antigüedad romana es la violencia, "una brutalidad que corta el aliento". Violencia no solo en el anfiteatro sino en todas las facetas de la vida. No en balde, señala, en las fasces el símbolo de Roma era un hacha de decapitar rodeada de varas para azotar. La mayoría de los grandes líderes políticos romanos tenían experiencia militar de combate cuerpo a cuerpo y habían matado con su propia mano.

No había nada en aquel mundo similar a nuestro humanitarismo. El infanticidio era habitual. Y el abandono de los niños tan corriente que suponía el principal suministro de los mercaderes de esclavos, por encima de los prisioneros de guerra.

No entenderían los romanos que nos parecieran mal los combates de gladiadores, la atroz hemorragia de la arena (Beard calcula que el número habitual de gladiadores en el imperio ascendía a 16.000, ¡el equivalente a tres legiones!). Así que de prohibir los toros, ya ni hablemos. No existía algo que nos parece tan esencial como los derechos humanos, una conquista muy reciente, conque los derechos de los animales... Augusto envió al circo para su escabechina a 420 leopardos y 36 cocodrilos, según Plinio. César 20 elefantes y 600 leones. Cómodo mató él mismo en un espectáculo cinco hipopótamos, dos elefantes, un rinoceronte y una jirafa. "Nos sorprende de los romanos su prepotente sentido de dominio de la naturaleza", apunta Rodà.

El espectáculo de la violencia y la crueldad resultaba casi anodino en Roma, trivial. Cuando de niño Caracalla prorrumpió en sollozos en el Coliseo asustado por los alaridos de un condenado a las fieras -damnatio ad bestias- que estaba siendo despedazado por un tigre, la muchedumbre se conmovió... del llanto del futuro emperador, no del pobre tipo supliciado. Nunca hubo cosa tal como una campaña para la abolición de los shows de la arena. Ni siquiera protestas. A Marco Aurelio no le gustaban las luchas de gladiadores, pero porque las encontraba aburridas. "Las fronteras éticas de los romanos estaban situadas en lugares diferentes de las nuestras", recalca Beard.

Entre la gran cosecha reciente de libros de romanos -que incluye títulos como La prisionera de Roma (Planeta), en la que José Luis Corral novela la vida de Zenobia, la reina de Palmira; el imprescindible Manual del soldado romano (por fin en castellano, en Akal), de Matyszak o La cosecha por la libertad (Edhasa), con la que Simon Scarrow, el autor de la feroz saga sobre las legiones centrada en los centuriones Macro y Cato, abre una nueva serie ¡juvenil! protagonizada por un gladiador adolescente-, destaca Gabinete de curiosidades romanas (Crítica, 2011). Su autor, J. C. McKeown, profesor universitario de Clásicas en EE UU, ha recogido en un volumen fascinante "relatos extraños y hechos sorprendentes" del mundo romano. Su lectura resulta muy ilustrativa para ver hasta qué punto los romanos eran diferentes de nosotros.

¡Qué cosas creían! Que a las serpientes les gusta el vino, que las cabras respiran por las orejas... El propio Plinio, que se vanagloriaba de su espíritu científico, daba crédito a los prodigios más disparatados, como que cuando fue derrocado Nerón, un olivar del emperador cruzó la vía pública -también refiere la creencia de que si uno se pone una lengua de hiena entre la planta del pie y la suela del zapato no le ladran los perros-.

Hacían mucho caso los romanos, pueblo supersticioso donde los haya, a los presagios y sueños. "Era por falta de una religión intimista", señala Rodà, "la religión oficial era ceremonial y no podía satisfacer las necesidades más profundas, así que estaban pendientes de presagios y se cargaban de amuletos". Artemidoro de Daldis, autor de una Intepretación de los sueños, apunta que soñar que uno es crucificado anuncia al soltero que va a casarse (!). Dión Casio da cuenta del infausto augurio que pareció a César el que cuando perseguía al ejército de Pompeyo sus estandartes aparecieran infestados de arañas. Marco Aurelio, un tipo que parece tan cabal hizo arrojar al Danubio dos leones vivos para propiciar su guerra contra los marcomanos. Para Mary Beard la historia más estrafalaria del mundo romano es la del banquete ofrecido por Heliogábalo en el que la lluvia de pétalos de rosa lanzada sobre los comensales fue tan copiosa que los asfixió. "Es una historia fuerte, pero ofrece una gran advertencia acerca del emperador: ¡su generosidad puede matarte!".

Los romanos a los que tenemos por tan limpios, no usaban jabón para lavarse sino aceite de oliva. Los retretes domésticos eran una excentricidad (y estaban junto a las cocinas, y no tenían puertas). Lo habitual era usar las letrinas públicas, sin ninguna privacidad. Curioso. Incluso los insultos romanos nos suenan extraños: Domicio Corbulón llamó a Cornelio Fido en el Senado "struthocamelus depilatus", "avestruz pelado", vamos, ni el capitán Haddock. ¿El sexo? "Somos más mojigatos que ellos en relación con el placer y el cuerpo", opina Rodà. "Había menos tabúes. No tenían el concepto de pecado y culpa que es nuestra herencia judeocristiana". A ver quién colgaría hoy en su casa un tintinnabulum, una campanita, con forma de pene...

Hay muchas cosas que damos por sentado de los romanos, pero que no son ciertas. Por ejemplo, apunta Mary Beard, que usaran habitualmente togas. "La toga era una vestimenta formal, no algo para cada día". La historiadora detesta que le pregunten (como le ocurre siempre) qué llevaban debajo de la ropa los romanos. Ahí va la respuesta: subligaculum. Con lo fácil que es decir calzoncillos y bragas...

Eran, parece, los romanos, poco dados a la introspección o al análisis psicológico. La corrupción y la prevaricación reinaban a gran escala, eso nos sorprende menos, pero había un fenómeno que nos resulta estrambótico, el evergetismo: el mecenazgo sobre el dominio público. Los ricos ofrecían servicios a la comunidad -a cambio de clientelismo político-. Los anfiteatros, las termas, la mayoría de los monumentos públicos eran pagados y donados a la ciudad por los poderosos. Como si el metro o la red eléctrica los regalara un particular. No existía una verdadera policía (aunque siempre podías llamar a Falco) y la única manera de conseguir justicia era a menudo tener un buen patrón o una banda de amigos que te echaran una mano: sí, mafiosillo. La serie Roma, que ahora se repone, da una imagen ajustada de eso.

¿Qué decir de la forma en que hacían la guerra los romanos? Salvaje. La guerra total. Las legiones eran una verdadera picadora de carne. Se calcula que la conquista de la Galia por César costó un millón de vidas. El propio Julio anota que en una batalla "casi la totalidad de la tribu de los nervios fue exterminada y con ella su nombre". Como dice Tácito que dijo el cabecilla britano Calgatus, "crean un desierto y lo llaman paz".

"Odio et amo: nuestra visión de Roma puede ser muy ambivalente", resume Isabel Rodà. "Los romanos llevaron al mundo una modernidad y un confort, una calidad de vida, que no hemos recuperado luego hasta el siglo XX, por no hablar del derecho, pero no podemos idealizarlos. Estamos separados: nosotros somos producto de muchas fases intermedias, y del cristianismo". Acabamos con un testimonio de excepción: ¡el del mismísimo Galba! "Me siento bien con la coraza, da empaque", dice Lluís Homar que se ha metido con ganas una segunda temporada en la piel del pretor. Aunque eso no le hace perder la perspectiva: "Los romanos eran diferentes, no te quepa la menor duda; mientras nosotros debatimos sobre el boxeo o los toros, ellos no tenían ningún reparo en emplear la fuerza bruta, ni en convertir la violencia en espectáculo. Los devolvemos a la vida en la ficción, pero su tiempo ha pasado".

Sexus

- Se rumoreaba que la emperatriz Faustina había concebido a Cómodo de un gladiador. Y que Marco Aurelio, siguiendo el sabio consejo de los adivinos, lo había hecho matar, obligado a su mujer a bañarse en la sangre y luego la había tomado sexualmente. Eso no salía en Gladiator...
- Catón de Útica, modelo de virtud romana, prestó su mujer a un amigo (íntimo, este sí) y la volvió a desposar después.
- La homosexualidad pasiva era un delito en un ciudadano, pero en el esclavo era un deber si el amo lo exigía. Ostras y caracoles, ya se sabe.
- No se clasificaba a la gente por el género del partenaire sino en función de si al practicar el sexo se era la parte activa o pasiva. O se tomaba el placer virilmente o se daba servilmente.
- Hacer una felación era un acto vergonzoso. El cunnilingus aún más, infame. La homosexualidad femenina estaba categóricamente prohibida. Tampoco gustaba (socialmente) que la mujer cabalgara al hombre: le molestaba mucho a Séneca.
- El principal sistema anticonceptivo romano era el agua fría. hasta el punto de que una mujer que hacía el amor se denominaba una mujer lavada (puella lauta) y la que lo hacía mucho, una mujer húmeda (puella uda)
- Dión Casio explica el caso de una prostituta que hacía de leopardo para un senador.

Adherencias (12) Death In Vegas - Girls



V.V.A.A. / Dirge (Death in Vegas, 2002)
Gracias, Ana Rodríguez. 

4 de noviembre de 2012

Vocabulario Fundamental. Asesinato (4) "Leo, sumo, resto, multiplico, divido y mato"

“La semana pasada estuve con un chico de 16 años de mi barrio. Estábamos sentados en la calle y él andaba como ansioso. Se movía, se tocaba mucho la pierna”.
—¿Qué le pasa a usted? —le dije.
— Que tengo ganas de matar —me contestó.
“Él mantenía el fierro [pistola] al pulmón, ahí cerquita. Entonces se levantó, se fue, oí pa-pa-pa. Volvió, se sentó y me dijo: ‘Ya me calmé’. Había matado a un pelao que no tenía nada que ver. Al primero que se encontró”.

Un reportaje del corresponsal de El País en Colombia Pablo de Llano nos introduce en el mundo de los sicarios de Medellín, jóvenes de vida breve y gatillo fácil, pistoleros del siglo XXI para los que asesinar es un acto sin importancia en una existencia vacía. Los chicos empiezan a manejar armas poco después de los 10 años de edad. Cuando entran en la adolescencia, mucho ya son pistoleros consumados y han cometido varios homicidios. Normalmente, las mafias proveen de pistolas, revólveres y rifles a los muchachos que usan para proteger su negocio en su inmensa mayoría procedentes de barrios pobres. Las opciones de progreso escolar o laboral son nimias, y muchos, al enrolarse en el crimen, no pueden salir de sus vecindarios, barrios enteros tomados por las mafias y separados por límites urbanos que allí se conocen como "fronteras invisibles". A pesar de los esfuerzos policiales y del ejército en la década de los 2000 la media de homicidios en Medellín ha sido de unos 2.000 muertos al año. Una cifra terrible pero más leve que a principios de los noventa, cuando caían hasta 4.000 en un año. Estremecedor.


"Seguiré hasta el fin. Mato o caigo"

Viaje por el mundo de los sicarios de Medellín, jóvenes de vida breve y gatillo fácil
Para los pistoleros del siglo XXI asesinar es un acto sin importancia en una existencia vacía


Aunque sabía que el muchacho llevaba encima un revólver, y que en el barrio tenía fama de duro, el padre Juan Carlos Velásquez no sintió miedo cuando se bajó del coche al llegar a su casa parroquial y lo vio venir hacia él en medio de la noche.
— Qué hay, brother — le dijo el chico.


“Pensé que venía a pedirme dinero para drogarse o para alicorarse”, recuerda Velásquez, un cura católico de 38 años con barba y melena negra rizada y brillante que lleva ocho años dedicado a intentar comprender y ayudar a los jóvenes sicarios de los barrios pobres de Medellín.


“Cuando se acercó, le dije de una manera muy seca: ‘Hombre, qué necesitás’. En vez de contestarme fuerte, se reblandeció y me dijo que era su cumpleaños, y que nadie lo había felicitado”.
El cura pensó que el chico lo quería enredar de alguna manera. “Y yo más duro me puse, porque estos muchachos son muy tramadores. Le dije otra vez: ‘Qué necesitás”.
—Padre, necesito un abrazo —le respondió el chico.
“Y yo solté el escudo que tenía y lo abracé. Él lloró unas lágrimas, me dio las gracias y se fue”. “Esa noche”, recuerda, “no pude dormir pensando en ello”.

Aquella madrugada de diciembre de 2009, el cura captó algo que no había comprendido en seis años de relación con los jóvenes de los combos —las pandillas que sirven de comandos de barrio para los capos de la ciudad—. “Allí mismo descodifiqué el conflicto”, afirma Velásquez en el comedor de su modesta casa parroquial, en la Comuna 5 de Medellín. “Yo creía que era un problema económico, pero la solución no es solo de dinero. Tiene que ver con la falta de afectos y con distintas formas de rechazo social. Ellos son seres humanos que merecen oportunidades, y las instituciones, llámense Iglesia, Gobierno o escuela, lo único que hacemos es vetarlos. A los chicos los echan de la casa, los echan de los colegios, y entonces su único refugio es la esquina, el combo, que les da un lugar para ser personas... Entre comillas”.

Una tarde de octubre, en un café de Medellín, un sicario retirado se dispone a contar sus años como asesino a sueldo mientras merienda un pastel de hojaldre y un refresco. Habla en voz baja y de vez en cuando echa una ojeada a su alrededor como si no se sintiera seguro. El joven ha pasado ya de los 20 años de edad, algo que no logran muchos de ellos. Esnifó su primera raya de cocaína a los 10 años. Con 12 cogió por primera vez un arma de fuego. Con 14 ya era miembro de una banda criminal. “Nos juntamos los de mi barrio, los típicos pelaos que en preescolar íbamos cogidos de la mano para la escuela, y montamos un combo de 80 personas”, explica. “Cuando uno cumple una edad y no estudia ni hace nada, las cuchas [las madres] le ven a uno el símbolo del peso en la cara, y le piden que aporte para la casa. Le dicen que es un mantenido, y eso cala. Yo estuve en ese punto: sin trabajo, con la familia presionando, que llegaba a casa y a mí no me ponían ni un plato de arroz, y me miraban mal si abría la nevera. Y aparece un tipo y le pone delante de usted un millón, dos, tres millones de pesos”.

Por lo que cuenta, de los 14 a los 16 años fue un asesino muy solicitado, aunque los detalles que ofrece son inverosímiles. No parece que exagere para presumir, o que esté contando mentiras, sino más bien que su niñez y su primera juventud fueron tan salvajes y lo arrasaron de tal manera que difícilmente puede recordar los datos exactos de aquel caos sin medida. “Cada semana hacía unas ocho vueltas [encargos diversos; no siempre asesinatos], y con eso me ganaba como 10 millones de pesos (4.200 euros). Viajaba en avión, tenía un apartamento, a todas las niñas que quería, mi moto, revólveres, un rifle, la coca… Mire que entre cuatro consumíamos 70 gramos diarios”.

— ¿Quiere decir siete gramos?
— No señor, 70.
— ¿Y cómo no se murieron?
— Uno sí murió de sobredosis, otro se quedó ciego, y a otro un día se le cayó algo blanco de la nariz. Pensó que era una roca de coca, pero era el tabique.

En España, un gramo de coca cuesta 60 euros en la calle. En las barriadas de Medellín cuesta 2 euros, y, sin embargo, por allí no se ven drogadictos decrépitos como, por ejemplo, los de los poblados del extrarradio de Madrid. El testimonio de este sicario retirado indica que esto no se debe a una mayor contención en el consumo, sino a la mera pobreza. Según explica, los jóvenes de ahora no encuentran de dónde sacar dinero, ya no para drogarse, sino para comer o vestirse. Incluso asesinar por encargo, que antes podía ser bastante lucrativo, se ha convertido en un oficio ruinoso. El antiguo asesino a sueldo, que mantiene contacto diario con ejecutores en activo, pone un par de ejemplos: “El otro día, un pelao me dijo que mató a alguien y le dieron 20.000 pesos [8,4 euros] por esa cabeza, y me consta que otros matan hasta por 5.000 [2,5 euros] y que luego usan la plata para comprarle unas arepas a su mamá”.

En Medellín, la oferta de asesinos excede la demanda de víctimas. Tanto, que los chicos más jóvenes llegan a matar gratis para intentar hacerse un hueco en el saturado mercado del crimen. El padre Velásquez asegura que ahora es tan difícil prosperar como sicario que muchos le juran que lo dejarían si pudiesen encontrar otro modo de sobrevivir. “Hay infinidad de jóvenes que quieren salirse de esto”, comenta. “No hace falta ni siquiera que lo veamos desde el punto de vista humano, sino desde el mero punto de vista comercial: hay una sobrecarga de combos y de sicarios”. En la cafetería, el asesino retirado que viajaba en avión dice lo mismo: “Uno sabe que ahora hay más pelaos que nunca metidos en las vueltas”.

En Medellín hay más de 5.000 sicarios distribuidos en unas 300 bandas por toda la ciudad. Y, sin embargo, el número de asesinatos no llega ni a la mitad que a principios de los noventa, en la época del capo Pablo Escobar, cuando había más de 4.000 muertos anuales. En 2011 hubo 1.648, casi 400 menos que en 2010. Aunque el índice de homicidios sigue siendo uno de los más altos de las ciudades grandes de Latinoamérica, la cifra se ha estabilizado en la última década en torno a los 2.000 muertos anuales.


Lo paradójico es que mientras el crimen se reduce, parece que aumenta la disponibilidad de chicos empobrecidos y desocupados dispuestos a asesinar para ganar un poco de dinero. Igual de desconcertante es que en tiempos de menos violencia la relación que tienen ellos con la muerte se deshumanice cada vez más. “Algunos ya matan por deporte”, comenta el exsicario, que siempre que hace una afirmación general, la ilustra luego con un horror particular.


“La semana pasada estuve con un chico de 16 años de mi barrio. Estábamos sentados en la calle y él andaba como ansioso. Se movía, se tocaba mucho la pierna”.
—¿Qué le pasa a usted? —le dije.
Que tengo ganas de matar —me contestó.
“Él mantenía el fierro [pistola] al pulmón, ahí cerquita. Entonces se levantó, se fue, oí pa-pa-pa. Volvió, se sentó y me dijo: ‘Ya me calmé’. Había matado a un pelao que no tenía nada que ver. Al primero que se encontró”.

Así es la vida en las comunas. Estos barrios pobres se construyeron sobre las laderas que rodean el centro de Medellín. Cuando se entra en la comuna, la carretera se empina, la calidad de las casas empeora según se sube. En las aceras, los vecinos charlan sentados en las puertas de las casas. Acabamos de traspasar la frontera de un sitio donde no suelen entrar forasteros y donde todo el mundo se conoce. A los lados de las calles principales, el tejido urbano se convierte en un laberinto de callejuelas y casuchas de ladrillo y chapa apretujadas. En ese escenario, dos sicarios hablan de esas extrañas ganas de matar. “Me picaba el dedo”, dice uno de ellos para explicar su pulsión por apretar el gatillo. Es un sicario en activo mayor de lo habitual, cercano a la treintena, y lo acompaña un adolescente callado que a veces sonríe. El chico tiene una actitud extraña, como una mezcla de timidez y suficiencia.

Si se les pregunta por la muerte, el menor no dice nada. El mayor se queda con cara de incomprensión, y al final responde: “Pues señor, eso es algo de lo que no se vuelve, y ya”.


El padre Velásquez sostiene que los chicos de las comunas entienden la vida en presente simple, sin más futuro que las próximas horas. “Tienen una idea muy simple de la existencia. Experimentan la muerte al día. Viven el hoy. Lo que se gana, se gasta en el día. Es como una expresión popular que hay por acá que dice: ‘Volador hecho [cohete lanzado], volador quemado’; o como el título de una canción de Juanes, La vida es un ratico”.


Eso, sin embargo, no significa que vivan a todo trapo, rodeados de las míticas riquezas del narcotráfico, sino que su vida corre rápidamente hacia una muerte inmediata, amarrados a la miseria y sin mejor camino que delinquir. El cura, que conoce sicarios de todas las edades y de todos los puntos de la ciudad, dice que por lo general son personas frustradas, perfectamente conscientes de que han nacido para morir en “la guerra”, como le llaman ellos a lo que las autoridades colombianas y los analistas definen como “el conflicto”.

Federico Ríos, el reportero colombiano que hizo las fotografías que ilustran este reportaje, habló durante meses con los chicos de las bandas para entender su mundo y ganarse su confianza. Le parecieron “serios, apagados, como amargados, ensimismados, sin chispa”. Según Ríos, su día a día consiste en hacer lo que les mandan mientras esperan el momento de que les den un balazo. En una de sus charlas con los sicarios, Ríos le preguntó a un pandillero de 16 años qué le gustaría ser en la vida. “Camellador de busero [ayudante de un conductor de autobús]. Ese es el sueño mío”, respondió el sicario.

Pero el chico, por lo que le dijo a Ríos, tiene claro que no llegará a eso, que su futuro es terminar su vida cumpliendo con sus obligaciones: “Hasta el fin”, dice, “hasta que me maten. O mato, o caigo”. Y lo resume con una idea vacía: “Como dice el dicho, el que muere queda así”.
Para los jóvenes sicarios de Medellín, matar o morir no tiene ningún significado, es un hecho sin más, algo que se hace o se padece por necesidad, una función técnica y un destino obligado. “Es la pérdida del concepto de lo humano”, reflexiona Carlos Ángel Arboleda, de 61 años, sacerdote y profesor de doctrina social de la Iglesia de la Universidad Pontificia de Medellín. Él recuerda que en los primeros tiempos del narco, en la década de los ochenta, los asesinos a sueldo eran adultos de raíz campesina y con un pensamiento católico tradicional —básico pero sólido— que les hacía sentir de otra forma lo que hacían. “El primer sicario tenía una religiosidad popular muy fuerte”, explica. “Era consciente de que matar era pecado, pero le valía para conseguir dinero para la casa y para sacar a la mamá de la pobreza”.


El padre Velásquez entiende que esa correa de transmisión de valores tradicionales se ha ido cortando por la descomposición de las familias humildes, causada en parte por la rápida incorporación de las mujeres al mercado laboral. Según Diego Herrera, miembro del Instituto Popular de Capacitación, una ONG local, en la ciudad se ha producido desde los años noventa una transformación industrial que ha convertido las fábricas tradicionales, de textiles y de alimentos, en nichos laborales de segunda clase para ciudadanos pobres y sin formación: en un 80% de los casos son mujeres, muchas de ellas madres solteras o adolescentes con hijos recién nacidos.


La Personería de Medellín, una oficina pública de defensa de los derechos civiles, alertó en un informe de 2011 de que las mujeres de las barriadas ganan entre uno y cinco euros a la jornada. El paro ronda el 12% en toda la ciudad, pero en algunos barrios pobres llega al 40%, y la mitad de los ciudadanos que aparecen en las estadísticas como trabajadores tiene un contrato informal, sin prestaciones sociales ni derecho a una pensión.

Mientras tanto, la economía formal prospera. Medellín es la ciudad colombiana mejor valorada internacionalmente como destino de negocios, según explica Max Yuri Gil, sociólogo de la Universidad de Antioquia, y tiene éxito como lugar de servicios, desde los turísticos hasta otros más singulares, como la cirugía estética. También es la ciudad colombiana en la que mayor cantidad de riqueza se concentra en un menor número de ciudadanos. Según datos de la Personería, en 2009 la ciudad tenía 2.400.000 habitantes, de los que 900.000 eran pobres, y unos 250.000, indigentes.

Un informe de 2011 de la Veeduría de Medellín, una organización civil, preguntaba por la causa de esta desigualdad social, y a continuación invitaba a la lectura de algunas frases de un manual de inversión publicado en 2006 por el propio Ayuntamiento de Medellín: “El salario mínimo en Colombia es uno de los más bajos de los países latinoamericanos (…). Colombia tiene uno de los regímenes laborales más flexibles de América Latina (…). Con una jornada laboral diurna extendida desde las 6 a. m. hasta las 10 p. m., el empleador puede contratar dos turnos sin necesidad de pagar horas extra (…). Modalidad de contratación de aprendices sin vinculación laboral con la empresa: el empleador no tiene obligación de pagar prestaciones sociales (…). Colombia presenta costes de despido sin justa causa considerablemente inferiores a países como México, Argentina, Guatemala y Brasil”.

Medellín evoluciona, pero no logra incorporar al desarrollo a la mayoría de sus ciudadanos. “Aquí la economía sube y la gente pasa cada vez más hambre”, dice el padre Velásquez.


En ese contexto, las mujeres han dejado de ser amas de casa y educadoras primarias, y sus hijos se han quedado solos, entre un hogar vacío y un ambiente callejero que los atrapa desde la infancia. “Los niños son educados por los combos”, afirma el profesor Arboleda. Es la misma idea que transmite Velásquez, que la función maternal de crianza ha sido suplantada por una socialización criminal. “Para los muchachos, pertenecer al grupo no es un trabajo, es una opción de vida”, dice el cura. “Encuentran el afecto y una identidad. Para ellos, el combo es un lugar en el mundo”.


En los años ochenta, durante el reinado de Pablo Escobar, por el contrario, el crimen era para los sicarios un puesto de trabajo, y su lugar en el mundo era la familia, la madre sobre todo. La religión era el esquema simbólico que amueblaba sus cabezas, un conjunto de creencias en el que la vida y la muerte adquirían un sentido trascendente. Entre el apego a la familia y la fe en el más allá, los soldados de la era de Escobar formaban parte de un mundo pobre pero estable, y esperaban de la vida algo más que un tiro en la sien. “Por entonces no tenían conciencia de vida corta”, dice el padre Velásquez. “Apenas empezaba el fenómeno del sicariato. Ellos entraban en eso con la idea de salirse luego con la plata suficiente para hacerse una casa, o comprarse una licencia de taxi, o montar cualquier otro negocio”.

Antes de que Medellín, la ciudad más católica de Colombia, se convirtiese en una ciudad latina moderna, los asesinos creían en Dios, y hasta pedían disculpas al cielo por lo que hacían en la tierra. “La confesión se consideraba un paliativo”, dice Velásquez. “El sacramento era una catarsis”.

En un municipio de las afueras había un templo que todos los martes se llenaba de gente, la iglesia de Sabaneta, donde se rendía culto a la Virgen María Auxiliadora, La Virgen de los sicarios, como la definió el escritor colombiano Fernando Vallejo en el título de su famosa novela sobre los asesinos de Medellín. Vista ahora, la obra parece un parteaguas de la cultura del sicariato: antes, la Virgen y la mamá, y después, nada.

El libro se publicó en 1993, cuando se iniciaba la transformación social y económica de la ciudad, el mismo año en que Escobar, a quien en las comunas aún llaman Don Pablo, murió en un tejado de Medellín tiroteado por la policía. Vallejo, que atendió a este diario por teléfono, recuerda que en aquel tiempo ya estaba “bajando la devoción”. Unos años después, el escritor volvió a pasar por la iglesia de Sabaneta y la encontró en decadencia.

Por entonces estaban naciendo los sicarios de hoy día, que por lo general ya no van a misa, ni se confiesan. Según el padre Velásquez, su vacío simbólico y sentimental se ahonda a medida que pasan la adolescencia y se afianzan en las estructuras criminales, que es cuando pierden cualquier resto de emoción infantil por pertenecer al mundo del crimen y asumen que solo les queda morir, que, en realidad, solo se merecen morir. “Uno los invita a ir a la misa y ellos mismos no se creen merecedores de la misericordia de Dios”, cuenta el cura. “Es una cosa triste. Te dicen: ‘Padre, yo ya no tengo salvación, yo estoy muy mal, a mí ya ni siquiera Dios me perdona”.

Cuando mueren, las familias de los muchachos de los combos prefieren enterrarlos rápido. Es más económico. Retiran su cadáver cuanto antes de la calle y lo llevan a un crematorio. Evitan así que la policía analice la escena del crimen y que los forenses escruten el cuerpo. Aquel sicario que celebró su cumpleaños en la calle, solo, esperando a medianoche al padre Velásquez para pedirle afecto, tampoco llegó a entrar nunca en su iglesia. Un año más tarde murió tiroteado. El sacerdote recuerda que nadie le hizo un funeral.

La voz de los sicarios

3 de noviembre de 2012

Ciclo de cine europeo (15) 'Los ladrones', de André Techiné



"Si los personajes no son entelequias, sino cuerpos, gente de carne y sangre, la película revelará siempre algo sobre las pasiones humanas" André Techiné

Autor de otras estupendas películas de los noventas como "Mi estación preferida" (1993), "Los juncos salvajes" (1994) Alice y Martin" (1998), el director de cine francés André Techiné reunió en para "Los ladrones (Les voleurs, 1996) " a la misma pareja protagonista de "Mi estación preferida", los magníficos actores galos Daniel Auteuil y Catherine Deneuve, a los que sumaría la estimulante presencia de Laurence Côte para conformar un thriller para seguir indagando en los recovecos del alma humana frecuentes en su filmografía. Es Techiné poseedor de un cine en el que suele partir de un detalle para explicar un mundo, un cine complejo, sobrio y elegante, de guiones densos y significativos, emocionales sin caer en sentimentalismos.

En este film, Auteuil es el policia Alex, la oveja blanca de una familia en la que su padre y su hermano –con el que se encuentra de tanto en tanto en un pub para intercambiar sarcasmos– se dedican al robo y la reventa de automóviles. Una chica marginal, Juliette, que fue amante del ladrón y ahora se acuesta con el policía, es lo único que comparten los hermanos. La estructura de la película es bastante particular, pues tras el comienzo una catarata de flash-backs y flash-forwards torna borroso el tiempo presente, y se impone la sensación de que el thriller asoma al espectador a un cúmulo de conflictos íntimos que ya estaban allí desde antes, y que permanecerán una vez que haya concluido la proyeccion. Esta incluye un feroz atraco que pondrá a prueba las lealtades policíaco-familiares de Alex, y utiliza a unos cuantos personajes como relatores con voz en off, filtrando la trama a través del tamiz de sus diversas subjetividades. 

En fin, cine europeo del bueno con esquemas de film noir que indaga en lo efímero y lo permanente en las relaciones sexuales, la fraternidad, la amistad y, sobre todo, en esa forma en carne viva que brota de ellas y que es el amor.

Un mundo mejor es posible (22) Afrontando la muerte

Afrontando la muerte (Facing death)

RTVE.es / Documentos TV 24.10.2012 

¿Hasta dónde llegaría por mantener con vida a un ser querido en estado terminal? Llegado el momento de tomar una decisión... ¿Cómo cree que respondería? La primera secuencia de "Afrontando la muerte" es una escena demasiado habitual en el Hospital Monte Sinaí de Nueva York. Una familia se enfrenta a la dura decisión de desconectar o no a su ser querido de la máquina que mantiene sus constantes vitales. 

Una decisión en manos de la familia 

La medicina moderna ha logrado tales avances que hoy es posible prolongar la existencia de un cuerpo en estado de animación asistida durante años. De hecho, en Estados Unidos unos 100.000 pacientes crónicos viven enchufados a un respirador. Los expertos confirman que casi el 95% de este tipo de enfermos no puede comunicarse con sus médicos, debido a la gravedad de sus dolencias. Si a ello se le suma, que la mayoría no ha designado a nadie para que dicte sus preferencias acerca del final de sus días, son los familiares los que han de cargar con la enorme responsabilidad de tomar decisiones de vida o muerte. 



Un viaje íntimo al final de la vida

“Afrontando la muerte” es un viaje íntimo al final de la vida, donde enfermos, familiares y el colectivo sanitario cuentan con una inmensa complicidad todas sus dudas y miedos ante estas situaciones críticas, así como la voluntad de lucha y el coraje para decidir el momento. Enfermos que han deseado desde siempre que su final no se alargara artificialmente, cambian radicalmente de opinión en ese instante decisivo. Profesionales que se debaten entre las incertidumbres de las enfermedades y el abuso de las tecnologías, por mantener la vida de sus pacientes a costa de todo. Familiares que tienen claro seguir adelante, o no hacer nada más por su ser querido como decisión trascendental, aparecen en este documental mostrando su lado más humano. 
Pero quizás, lo que más impresiona de “Afrontando la muerte” es la naturalidad con la que se comportan todos ellos ante la cámara. Los momentos más íntimos quedan recogidos con un respeto y un rigor impecable y la lección que se extrae del documental es que cuando se acerca el momento definitivo, es difícil estar preparado para afrontar lo que llega.

1 de noviembre de 2012

Ciclo de cine europeo (14) 'Los lunes al sol', de Fernando León de Aranoa


Hoy cuando se ha sabido que más de un 25% de los españoles demandantes de empleo está en el paro, publicamos en nuestro ciclo de cine europeo la profética y magnífica "Los lunes al sol", dirigida por el madrileño Fernando León de Aranoa en 2002, cuando la economía española aún cabalgaba, invencible, a lomos de la burbuja inmobiliaria gestada por el gobierno Aznar. Diez años después casi 6 millones de personas,  casi 6 millones de dramas íntimos (y subiendo) que apenas podrán hacer otra cosa que intentar buscarse un lugar bajo el sol en un país sin oportunidades, hundido por el peso de la corrupción y la mediocridad. VER LA PELÍCULA ONLINE EN VK