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17 de junio de 2009

Estupor y Temblores (2) Corea del Norte, la vivisección de un pueblo



En las últimas semanas Corea del Norte se ha erigido, junto con Irán, como uno de los protagonistas de la actualidad internacional al anunciar el líder norcoreano Kim Jong Il como su sucesor a su hijo, Kim Jong Un -que ya ha sido presentado a las instituciones más importantes del país, instándoles a que le hagan promesas de fidelidad- y salpimientar la feliz noticia con su segundo ensayo nuclear el pasado 25 de mayo y varios lanzamientos de misiles balísticos de corto y largo alcance.

No contento con ello, el pollo-pera de arriba ha desafiado a la comunidad internacional con un lenguaje belicista que advierte de que cualquier intento de bloqueo será considerado una declaración de guerra y que continuará con su programa de enriquecimiento de uranio en inquietante exhibición de fuerza, el clásico averquiénlatienemásgrande pero ya con armas nucleares de por medio y siendo un lunático con unas ganas locas de probar el único logro de su régimen en sus sesenta años de historia, su inmenso Ejército.

En 1949, un año después de la constitución oficial de Corea del Norte, George Orwell publicaba su inmortal libro 1984, obra que podría utilizarse como la Lonely Planet emocional de la Corea que quedó más allá de la sobremilitarizada frontera que transcurre a lo largo del paralelo 38 y que separó ambos países tras el armisticio -que no paz- con el que cesó la guerra que los enfrentó entre 1950 y 1953 (con el apoyo de China y Estados Unidos, respectivamente) y que trataremos en otro post. Así este libro clarividente es usado por dos creadores modernos como inspiradora metáfora en sus dos obras sobre este país, último reducto del marxismo-leninismo y el país más impenetrable de la Tierra.

Les ofrecemos pues la visión de dos personas, el historietista canadiense Guy Delisle y el periodista español Jon Sistiaga, al penetrar en el único país comunista dirigido por una dinastía, que inauguró en 1948 Kim Il Sung, el padre del actual dirigente Kim Jong Il, quien asumió el liderazgo después de la muerte de su padre, en 1994.

Así, en su muy recomendable cómic Pyongyang el quebequés Guy Delisle relata la tragicomedia diaria en que se convirtió su estancia de dos meses en la capital norcoreana para colaborar en una serie de dibujos animados para los niños norcoreanos. 

Es toda una nación la que lleva sesenta años sometida al delirio surrealista y opresor de un régimen que condena a 22 millones de personas a la falta de libertad, al hambre, a la paranoia y la delación, al aislamiento del resto del mundo, a la esclavitud ideológica y moral, al sometimiento a unas doctrinas fuera de los tiempos, un régimen inhumano que lleva seis décadas carcomiendo los cerebros y robotizando las almas de su desdichada población.

El autor canadiense nos presenta con ironía y perplejidad algunos de los delirios e incoherencias de este país paradigma del absurdo pero debido a su contacto (aunque leve y siempre bajo el control de su guía-espía) con los norcoreanos también desliza la compasión que le inspiran estos infelices y oprimidos seres.

Así Delisle asiste ojiplático al esperpéntico culto a la personalidad de Kim Il Sung (el Padre Eterno) y de su hijo (el Amado Líder) que supera el dedicado a otros líderes comunistas como Mao o Stalin y se instala directamente en la extravagancia, como atestiguan las más de 30.000 estatuas -muchas gigantescas- repartidas por todo el país, las fotos de ambos líderes que han de estar presentes en cada habitación, de cada casa o edificio de toda Corea del Norte o las flores nacionales creadas y dedicadas a ambos líderes, la Kimilsungia y Kimjongilia.

Delisle observa inquieto un país en el que todos los aparatos de radio están bloqueados en las emisoras oficiales, que sólo emiten canciones patrióticas y discursos del tarado de Kim Jong Il, un país de televisiones que únicamente ofrecen más anestesia en forma de grandes mentiras repetidas hasta la extenuación, desfiles militares, películas propagandísticas en las que Corea siempre gana, discursos del Amado Líder o los arirang, descomunales y superkitsch bailes de masas que pueden ser realizados por hasta 100.000 personas y que son el orgullo del país. En la redacción de "Vida y Tiempos..." estos superlativos espectáculos con miles de personas ejecutando con increíble maestría disparatadas coreografías llenas de saltos, cintas, flores, componiendo mosaicos propagandísticos con la cara del líder y la bandera nos parecen, simplemente, un descomunal baile de marionetas.


Es un país con autopistas completamente desiertas ya que no se permite el transporte privado, un país cuya capital luce en su skyline un delirio arquitectónico que sirve de perfecta metáfora del país, el Ryugyong Hotel, que con sus 105 pisos de altura y sus 3700 habitaciones fue diseñado para ser el más grande del mundo y recibir a los millones de turistas agradecidos que iban a llegar al paraíso del comunismo, pero nunca fue terminado, y languidece abandonado por la mala calidad de sus materiales de construcción, como una mueca cruel del destino, dominando monstruoso los cielos de Pyongyang.

En Corea del Norte la gente puede ser denunciada como espías a las autoridades por el sólo hecho de intentar sintonizar emisoras extranjeras, no hay casi turistas y si los hay están estrechamente vigilados por un guía-traductor-espía que no se separa de ellos, evita que contacte con la gente, controla sus actos bajo pena de su propia libertad, sin acceso a internet, sólo se lee y se ve lo que el onmipresente y omnipotente Partido consiente, es un país que por las noches se queda completamente a oscuras (capital incluida, salvo los focos que iluminan las inmensas esculturas y retratos del Gran Líder) pero que mantiene un ejército de más de un millón de hombres que parasita y acapara casi todos los recursos económicos, recursos que tan necesarios serían para intentar desarrollar, aunque fuera mínimamente, algunas de las infraestructuras necesarias para facilitar algo la vida al resto de sus desafortunados compatriotas.

Delisle también nos introduce en alguna de las aberraciones ideológicas del régimen como el Juche, una adaptación del leninismo a las necesidades norcoreanas en la que se pregona la autosuficiencia del país respecto de países extranjeros, el militarismo, el voluntarismo obligado de la población, un nacionalismo exacerbado, la exaltación de los símbolos nacionales y la defensa de la patria norcoreana ante la amenaza imperialista.

Todo esto cierra al pueblo norcoreano a cualquier influencia externa, los únicos contactos con el exterior son dos vuelos semanales con Pekín y dos con Rusia. Y ya. Con una economía siempre al borde del desastre que provoca recurrentes hambrunas que asolan sobre todo las zonas rurales (la de mediados de los noventa se cree que causó un millón de muertes) y que provocaron que tenga que ser la ONU la que, de forma extremadamente vigilada, proporcione comida a un tercio de la población del país.

De hecho, el régimen utiliza el racionamiento para asentar su poder proporcionando comida según la fidelidad y la utilidad de las personas al régimen. Así,la población es dividida en dos clases básicas, "útil" (cuadros del partido y oficiales del ejército estarían en el primer nivel y los obreros especializados, soldados, diplomáticos y residentes en la capital en el segundo) que recibe la mayoría de los recursos alimenticios e "inútil", conformada por los 200.000 prisioneros políticos, los descendientes de padres "culpables", la mano de obra y otros 5 ó 6 millones de personas son simplemente ignorados por el régimen y abandonados a su suerte en el campo, en zonas remotas que los turistas no pueden visitar. Esta segunda clase social recibe 250 gramos de arroz al día, la mitad de lo que distribuye la ONU por persona en los campos de refugiados de todo el mundo.


Para ilustrar perfectamente el respeto del régimen comunista por la vida de sus ciudadanos, Delisle nos ofrece la frase que el Amado Líder dijo en 1996, al respecto de la muerte de centenares de miles de sus compatriotas de hambre, "para reconstruir una sociedad victoriosa sólo sería necesario que sobreviviera el 30% de la población".

Aquí al lado les ofrecemos la escena en que Delisle pregunta a su guía al respecto de la total ausencia de disminuidos físicos y mentales en las calles de pueblos y ciudades norcoreanas y su sorprendente respuesta

"No hay. Somos una nación muy homogénea y todos los norcoreanos nacen fuertes, inteligentes y saludables."
Se sabe que estas personas son apartadas de las ciudades y recluidos en granjas de trabajo donde son utilizados como mano de obra defectuosa, al igual que hay evidencias de la existencia de campos de reeducación donde encierran -junto con sus familias, para evitar su fuga- a quien suponen espía o que simplemente se apartan o cuestionan un ápice los delirantes dogmas y doctrinas oficiales... En fin, un fiestón.

El régimen militar norcoreano lleva décadas efectuando un gigantesco experimento de vivisección con las almas de millones de personas, obligándolos a renunciar a su individualidad en pro de una gran mentira, bueno, si eso no es un crimen contra la Humanidad stricto sensu ya me dirán qué lo es. Imaginen el desfile de zombies que saldría de ese país siniestro si algún día cae el régimen, esa gente ha estado fuera del mundo sesenta años así que lo iban a flipar.

Para finalizar les ofrecemos, subido por el Departamento de Documentación y Pesquisas el estupendo reportaje de Jon Sistiaga "Amarás al líder sobre todas las cosas" ofrecido por Cuatro en julio de 2007. Parece evidente que Sistiaga ha leído el libro de Delisle, sin embargo su tono incide más en la denuncia, con estilo seco y preciso, de las flagrantes injusticias que le dejan ver y las que se intuyen, en la maldad intrínseca de este régimen y sus cínicos esbirros, con mención especial a Alejandro Cao de Benos, un catalán que es presidente de la Asociación de Amistad con Corea y delegado especial honorario de ese país y que provoca especiales ganas de darle un par de hostias.



En fin, en pocos lugares se ha podido comprobar de mejor forma las muchas similitudes entre el fascismo y el comunismo como en Corea del Norte, un país maldito por una estirpe de hijos de puta "avant la lettre" que llevan sesenta años esclavizando las almas de todo un pueblo más allá del paralelo 38.