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5 de octubre de 2009

Crónica de un desastre anunciado (2)

Hace once meses ya recogíamos la frustración que nos suponía el comprobar cómo el Madrid de Schuster y Calderón hacía de la falta de talento y del quiero y no puedo su señal de identidad, lo que unos meses más tarde nos llevaría a los trafalgares contra Liverpool y Barça.Y nos vemos titulando igual que aquel día y con las mismas malas sensaciones que entonces. Porque en el partido de ayer contra el Sevilla, lo que se intuía podía ocurrir, ocurrió, se cruzó un rival serio y motivado y el Real Madrid (sin Cristiano ni Lass) fue desarbolado y descosido por sus costuras más evidentes.

La crónica e inexplicable falta de extremos que afilen el juego de ataque, unos centrocampistas irregulares que no consiguen una posesión eficaz del balón, una defensa porosa por el centro y lamentable en los balones al área, en especial unos laterales sobrepasados en todo momento, indignos del que quiere ser un equipo capital en la jerarquía de los grandes de Europa.
El partido de ayer de Marcelo debería inhabilitarle para volver a jugar en el Madrid, al menos en esa posición (rinde mucho más de interior zurdo, por lo menos se ven menos sus carencias defensivas) aunque claro, mirábamos al banquillo y veíamos a Royston "Barricada" Drenthe para sustituirle y nos recorría el cuerpo un sudor frío.
Pero vamos que no se salva ninguno, con mención expresa a Kaká que apareció tarde, mal y nunca, algo que sorprende en un crack de su talla y al entrenador Pellegrini, que no da con el esquema adecuado, que no gestiona bien la alineación casi por decreto de Raúl, que porfía en sus errores y que sigue sin sacar sinergias positivas del plantel de lujo del que dispone.

En fin, este equipo no puede vivir de la inmensa calidad de Cristiano, tiene que encontrar rápidamente un sistema y una alineación fija que aprenda a entenderse y coordinar sus grandes cualidades para jugar al fútbol y además hacerlo muy bien, en los grandes duelos no podemos depender de
algunos arreones de coraje o de las paradas sobrenaturales de un Iker Casillas, que ayer evitó lo que podía haber sido una goleada muy dolorosa, porque eso ya lo teníamos con Capello y Schuster y es lo que queríamos dejar atrás.