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18 de febrero de 2015

Vocabulario Fundamental. Cerebro e Inteligencia (24) Bobby Fischer, las dos caras del genio

Hoy abordamos la vida de Bobby Fischer (1943 - 2008) una de las leyendas de la historia del ajedrez, un tipo de inteligencia excepcional que, sin embargo, tuvo una vida muy complicada y errática y que terminaría desarrollando una enfermedad mental y una sociopatía que lo alejaron del mundo y la realidad, y que apenas le dejaron desarrollar su carrera y sus enormes capacidades mentales. Y lo hacemos con el documental 'Bobby Fischer contra el mundo' (Bobby Fischer Against The World, 2011) dirigido por la realizadora estadounidense Liz Garbus para HBO, que narra su apasionante vida, su infancia disfuncional, su explosión a los 14 y 15 años como precoz campeón estadounidense, su ascenso como estrella, la consagración como campeón en su inolvidable duelo con el ruso Spasski, su brusca decadencia y el olvido en el que pasó las últimas etapas de su vida. No obstante Bobby Fischer sigue siendo venerado como uno de los más grandes ajedrecistas de todos los tiempos. Con el genio de Brooklyn y un relato encontrado en el blog Chusmarinista de una fugaz estancia de Fischer en España que describe bien su personalidad les dejamos. 

"Fischer estuvo en Sevilla jugando unas simultáneas, la federación le preparó una pequeña trampa y le puso unos aficionados muy fuertes. Perdió con Eugenio Gómez, única partida que perdió en España e hizo tablas con mi padre, Julián Alonso. Me cuenta mi padre que habían terminado todas las partidas y quedaba solo la suya. Hemos analizado la partida y Fritz da 2,1 a favor de mi padre. Fischer se sentó, puso los pies encima de la mesa, pidió una coca-cola y un bocadillo y se puso a jugar el final apremiando a mi padre para que jugara "al toque". El presidente de la sevillana le dijo: la tenías ganada Julián. Mi padre le contestó: siéntate tú y juega a ver qué haces. No es solo como jugaba sino la presión que lograba transmitirte. Otro gran veterano del ajedrez sevillano, José María Gómez Feria, me cuenta que esa noche llevaron a Fischer a un tablao flamenco para homenajearlo. Según me dice José María había unas bailaoras espectaculares. Fischer se sentó contempló el espectáculo uno o dos minutos y sacó un ajedrez de bolsillo de la chaqueta y se puso a analizar". Para mí Fischer siempre fue un mito, pero creo que su gran drama fue que a pesar de ser algo precioso, en su vida no había otra cosa, solo ajedrez. VER EL DOCUMENTAL EN VK



Fischer, o las dos caras de un genio


Larry Graham estaba muy excitado aquella mañana primaveral de 1991 en un hotel cercano al aeropuerto de Francfort. Iba a comer en secreto con su ídolo, Bobby Fischer, desaparecido de la vida pública durante 19 años. Ese día, Graham conoció a un ser de inteligencia excepcional, pero también se asomó al lado oscuro y sórdido del ajedrecista más carismático de la historia. Hoy, a los 61 años, Fischer, detenido en el aeropuerto de Tokio, pide asilo en un tercer país para librarse de 10 años de cárcel en Estados Unidos por escupir en 1992 sobre un documento del Gobierno.

"¡Bobby Fischer es el nuevo campeón del mundo de ajedrez!". Las radios y televisiones estadounidenses interrumpieron su programación el 1 de septiembre de 1972, mientras Fischer se recluía en su hotel de Reikiavik (Islandia) tras destronar al soviético Borís Spasski. Horas después, el presidente Richard Nixon le envió un emotivo telegrama. Los tableros y libros de ajedrez estaban prácticamente agotados en los cinco continentes porque aquel duelo, en plena guerra fría en la URSS y EE UU, había sido noticia de primera página durante dos meses.

Los aficionados -como el citado Graham, que en 1972 tenía 16 años- llevaban tiempo pasmados por la deslumbrante valentía y creatividad que Fischer exhibía dentro y fuera del tablero. Era el combate de un hombre solo contra la poderosa maquinaria de la URSS, el país más grande del mundo, donde el ajedrez era una pasión nacional. Campeón absoluto de EE UU a los 14 años, cuando ya había abandonado el colegio, Fischer fue gran maestro (categoría comparable a cinturón negro en yudo) a los 15. Tras barrer a sus rivales en el Torneo de Candidatos ante la estupefacción del Kremlin, todo estaba preparado en Reikiavik para que Fischer retase a Spasski en el verano de 1972. Pero el aspirante se negó a jugar hasta que, tras la intervención del secretario de Estado Henry Kissinger, el mecenas británico James Slater dobló la bolsa con 125.000 dólares.

Mal comienzo

Nervioso como nunca, Fischer perdió la primera partida tras arriesgar en exceso, y la segunda, por incomparecencia, en protesta porque las cámaras de televisión y el público le molestaban. En otra sala sin público y con las cámaras camufladas, Fischer ganó la tercera y rompió su bloqueo mental, lo que le permitió proclamarse campeón dos meses después y ser recibido en la Casa Blanca como un héroe, mientras a Spasski le trataban en Moscú como a un traidor.

Ahí empiezan sus 20 años de desaparición pública, trufada con incidentes significativos. Poco después de volver de Reikiavik rechazó una sustanciosa oferta para anunciar un champú porque le parecía malo. En 1975 renunció a defender el título ante el nuevo héroe soviético, Anatoli Kárpov, proclamado campeón sin jugar, por desavenencias técnicas con la Federación Internacional (FIDE), a pesar de que el presidente filipino Ferdinand Marcos ofreció una bolsa de cinco millones de dólares. En 1976 se vio en secreto con Kárpov en Madrid para negociar un duelo, pero no hubo acuerdo. En 1981 fue detenido, con aspecto de vagabundo, durante dos días, por la policía de Pasadena (California), que le confundió con el atracador de un banco.

Y aquí empieza la inolvidable vivencia de Graham, quien desde 1986 envía cartas al estadounidense en las que no intenta engañarle: "Soy periodista, pero antes fui ajedrecista semiprofesional gracias a usted, que me cautivó con sus partidas en 1972, y tengo un gran deseo de conocerle". Ése es el resumen de aquellas misivas a lo largo de cinco años. Fischer necesita dinero, vive de la ayuda de sus pocos amigos, pero se muestra muy exigente y desconfiado en cuanto a ofertas para reaparecer. En 1991 surgen dos de empresarios españoles. Fischer, que no simpatiza con la prensa, pide a Graham que indague discretamente sobre la seriedad de ambas y sea testigo de las negociaciones, en Francfort y Los Ángeles: todo será estrictamente confidencial, pero, si se cierra el trato, Graham tendrá una exclusiva mundial.

Fischer está muy frío y distante al inicio de la comida en Francfort. Para confirmar que Graham no miente y ha sido ajedrecista, saca de su chaqueta un tablero de bolsillo, coloca las piezas en una posición determinada y le pregunta a Graham cuál es la mejor jugada. El periodista tiene una suerte inmensa; conoce esa posición porque la estudió a fondo en sus tiempos de jugador: "Ésta es la partida Pomar-Fischer, La Habana, 1966".

Más que satisfecho, Fischer se vuelve muy amable y sincero. Graham ve que quienes atribuyen a Fischer un cociente de inteligencia superior al de Einstein no andan descaminados. Pero por la noche, mientras ambos pasean por la parte vieja de Francfort, Fischer vomita un lenguaje soez, no sólo contra "los comunistas", por sus múltiples conflictos con los soviéticos, sino también contra las mujeres, los negros y, muy especialmente, los judíos, a pesar de que su madre era judía. Esa noche, Graham comprende que Fischer es un enfermo mental: es imposible que una persona tan inteligente mantenga esas opiniones profundamente racistas y machistas, si no es por una enfermedad.

Esa impresión se confirma en Los Ángeles, pocos meses después. A veces, Fischer exhibe una lucidez extraordinaria. Otras, habla y se comporta igual que un niño. También surge su paranoia: acusa al ajedrecista y disidente soviético Víktor Korchnói, que sufrió mucho, antes y después de escaparse de la URSS, de ser un espía al servicio del Kremlin. Un día, tras pasear unos diez kilómetros con Graham, le dice: "Ahora te pido que des media vuelta, con el fin de que no veas qué autobús voy a coger para volver a casa".

Fischer no reaparece hasta 1992, cuando acepta la oferta del mafioso yugoslavo Yezdímir Vasílievich para volver a enfrentarse a Spasski, en Sveti Stefan (Montenegro). Es allí, en su primera conferencia de prensa en 20 años, cuando escupe sobre un documento del Departamento del Tesoro que le conmina a no violar el embargo contra Yugoslavia, debido a la guerra de Bosnia. Tras ganar de nuevo a Spasski, que ahora es francés, y embolsarse unos 350 millones de pesetas, Fischer vuelve a desaparecer. Pero de vez en cuando da entrevistas patéticas a la emisora filipina Bombo Radio, en las que justifica el holocausto nazi o el ataque terrorista contra las Torres Gemelas.

Paralelamente se van conociendo detalles ocultos de su vida, que ayudan a entender su mente atormentada de superdotado. Su madre, Regina Wender, de origen suizo, estudió medicina en la URSS, hablaba ocho idiomas y fue diagnosticada de paranoia en 1943 en EE UU; divorciada, cambiando constantemente de trabajo y residencia, apenas pudo dedicar tiempo a la educación de sus dos hijos, Bobby y Joana. Su padre legal, el alemán Gerhard Fischer, fue probablemente un espía soviético que ya no estaba en casa cuando nació Bobby, aunque accedió a darle su apellido, y se refugió después en Chile. Su padre biológico, Paul Nemenyi, fue un eminente científico húngaro que murió cuando Bobby era muy pequeño.

Sin pasaporte

En diciembre de 2003, el Gobierno de EE UU canceló el pasaporte de Fischer, lo que motivó que fuera detenido por la policía japonesa la semana pasada cuando intentaba volar a Filipinas, donde hace cuatro años tuvo una hija, cuya madre es mucho más joven que Fischer. Ahora, 12 años después del delito, el Gobierno japonés, que no concedió la extradición del ex presidente peruano Alberto Fujimori en 2001, decidirá si extradita a Fischer, quien podría ser encarcelado hasta 10 años si se aplica estrictamente la ley de EE UU y no se considera su enfermedad como atenuante o eximente. Millones de admiradores hubieran preferido que Fischer desapareciese como un mito viviente, y muchos aún dudan de que la parte oscura de su vida no sea una exageración de la prensa. Por desgracia, lo único falso de todo lo aquí escrito es la identidad de Larry Graham, un seudónimo del autor de estas líneas para no expresarse en primera persona.