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26 de febrero de 2020

Globalización, capitalismo y otros resortes de poder (68) Propaganda, la fábrica del consentimiento


'Propaganda, la fábrica del consentimiento' es un documental de la productora franco-alemana ARTE dirigido por Jimmy Leipold en 2017. Con entrevistas a intelectuales como Noam Chomsky, este documental analiza la mecánica social de la propaganda recuperando la figura del publicista Edward Bernays (1891-1995), sobrino de Freud y pionero del marketing y de las relaciones públicas, es decir, de las más refinadas técnicas de persuasión. En este blog ya estudiamos hace tiempo la figura de Bernays en los impagables cuatro documentales de Adam Curtis 'The Century Of Self" (El siglo del individualismo). 


Cada día somos asediados por millones de imágenes y mensajes que, conscientemente o no, configuran nuestra visión del mundo y siempre nos piden algo: votos, dinero o atención. El propio Bernays entendía la publicidad como una ingeniería del consentimiento sin la cual, pensaba, no sería posible la convivencia en sociedades tan complejas como las contemporáneas. ‘Las relaciones públicas’, nos dice el narrador del documental, ‘son para la democracia lo que es la fuerza bruta para la dictadura’.

Aunque la propaganda es casi tan antigua como el género humano, su desarrollo moderno tiene apenas un siglo. Al igual que otras muchas instituciones de las sociedades capitalistas, tiene su origen en Estados Unidos. En 1916, el presidente demócrata Woodrow Wilson se ufanaba de no haber involucrado a su país en la I Guerra Mundial. Los estadounidenses no tenían ningún interés en ir a la guerra en Europa, y por ese motivo Wilson gozaba de una altísima popularidad.

Pero el presidente cambió de idea y decidió que era necesario intervenir en la contienda. Con ese fin creó la Comisión Creel, una agencia de expertos, Bernays entre ellos, cuyo objetivo sería influenciar a la opinión pública para que aceptase entusiasmada la idea de entrar en guerra. En menos de un año, explica Chomsky en el documental, ‘convirtieron a una población pacífica en unos fanáticos antialemanes’.

Los miembros de la Comisión partían de las ideas expuestas por el sociólogo Gustave Le Bon en su libro de 1895 ‘La psicología de las masas’. El francés sostenía que las masas son fundamentalmente irracionales, y de nada sirve dirigirse a ellas mediante un discurso lógico y articulado. Según Le Bon, quien quiera influenciar a las masas deberá recurrir a los instintos y las emociones, a la parte más animal del humano.

Esas mismas técnicas utilizadas durante la guerra sirvieron luego a Bernays y a otros para pacificar EE.UU a finales de los años 20, cuando las huelgas y protestas obreras agitaban el país. Esta nueva campaña perseguía “que los obreros aceptasen la sociedad capitalista”. Y tuvo mucho éxito. Por esos años nacía en Norteamérica la sociedad consumista, en la que el ciudadano desaparece para convertirse en un consumidor que compra por deseo, no por necesidad.

Desde entonces casi todo el planeta se ha adherido al credo consumista, y la identidad individual y el prestigio social se construyen en base a los objetos o experiencias que se consumen. Una obra maestra del sobrino aventajado de Freud, que murió millonario y siendo uno de los hombres más poderosos del mundo. ¿Qué no habría conseguido Bernays de haber trabajado con Twitter y Whatsapp?