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11 de diciembre de 2008

Diario de un cólico nefrítico. Capítulo I

El Juez Roy Bean da la bienvenida como colaboradora a Lucía Corral, que nos envía el primer capítulo de su "Diario de un cólico nefrítico". Gloria Adiós conversa con Platón. Nada menos. Esperamos más noticias.


DIARIO DE UN CÓLICO NEFRÍTICO

Capítulo I: “Cuanto más te rascas más te pica”

A estas alturas de la película Gloria Adiós ya se había dado cuenta (no sin antes recibir un sin fin de collejas emocionales) de que su estrategia, el papel que había decidido representar desde los comienzos de su adolescencia, no sólo estaba mal interpretado sino que jamás cobraría relevancia en la función. Bastantes mujeres se dejan ver mientras caminan haciendo sonar a base de bien sus tacones con ese aire de pioneras triunfadoras. Ya había practicado torpemente ese paso riguroso, fiel al ritmo del metrónomo de una pieza que no permite sincopados tropezones. Los tacones de las otras mujeres nunca se torcían, los suyos… sí, por eso cayó en la cuenta de que de nada sirve sortear a los paseantes con cara de superioridad y seguridad si por dentro eres escarcha en invierno y cenizas en verano.

- ¿Para qué seguir creyendo que engañas a tus iguales cuando a estos les importa una gaita lo que hagas o padezcas?- pensó.

Y tras esta reflexión, probablemente la más sensata que hizo en su vida, optó por llevar a cabo el plan b: leer a Platón. Éste, sabido entre sus cercanos como una puta portera de corrala, le contó lo que charlaban los demás colegas con su maestro, le habló de un tal camino de la sabiduría ajeno a las pasiones que podría quizá poner un poco de orden en su despiste personal. “Sabiduría”, que intrigante ¿verdad?, que fascinada quedó por esa palabra porque ¿qué sería eso de la sabiduría que tan bien sonaba? ¿Algo como tener todas las respuestas a todas las preguntas que nadie te ha hecho?, ¿la chuleta para ir tirando y llegar al final de tu vida habiendo sido la sensación de las reuniones de intelectuales?

- “Pero atenta- dijo Platón - follar, drogarse y mezclar Bacardi con Coca-cola como si lo fuesen a prohibir despista, querida, te aparta del camino, de la verdad, de la vida eterna”.

Gloria Adiós asintió y tímidamente le dio la razón. Pero como se le habían roto tantos tacones en su antiguo papel del creer que se sabe y no saber le hizo notar con mucha prudencia y cierto miedo que quizá si se dejase llevar por los vicios tendría oportunidad de llegar a ese fin que era la sabiduría habiendo aprendido de los infortunios, aunque tardase más, aunque se marease y vomitase en las curvas.

Sería como cuando en las películas el héroe coge el camino oscuro lleno de lodazales y ojos de mirada malvada que brillan entre los arbustos y allí le pasan cantidad de cosas emocionantes. Total, al final llega al palacio igualmente, ¿verdad? ¿o acaso alguien ha contado alguna vez la gran odisea del príncipe que eligió el camino verde y soleado, donde recorrido un tramo largo se sentó en una roca a comerse un bocata y estirar las piernas y en hora y media se puso en Palacio?

Platón le contestó: Haz lo que te de la gana, total, hace buena que estoy muerto.