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12 de diciembre de 2008

Immanuel Kant. La duda y la oscuridad

David Alhambra nos manda un extracto de una biografía de Immanuel Kant escrito por Manfred Kuehn en la que éste nos cuenta el impacto que tuvieron las teorías filosóficas de Kant en la sociedad de su época.

Algunos de sus contemporáneos se sentían bastante inquietos. Acusaban a Kant de divulgar una filosofía peligrosa. Al igual que hubo gente en Königsberg que llegó a pensar que la filosofía de Kant había vuelto loco a un joven estudiante, hubo también filósofos en otras universidades que extraían conclusiones similares. Meiners escribió en el Prefacio de su Bosquejo de psicología de 1786:

"Todo el que haya tenido ocasión de observar la impresión que los escritos kantianos han dejado sobre los jóvenes podrá comprender la verdad de las observaciones que Beattie expresó con ocasión de similares experiencias: nada es más injurioso para el gusto y el buen juicio que las sutilezas de los antiguos y los nuevos metafísicos, que favorecen las disputas verbales y no producen más que duda y oscuridad. Estas distracciones agotan el poder del espíritu, cuya razón, amortiguando el amor del verdadero aprendizaje, aleja su atención de los intereses de la vida humana, como también de las obras de arte y de la naturaleza, que caldean el corazón y potencian la imaginación. Finalmente, trastocan los poderes del entendimiento, destrozan los buenos principios y envenenan la fuente de la felicidad humana."


No podría negarse que había signos de que todo esto era cierto. En Jena, dos estudiantes llegaron a batirse en duelo porque uno de ellos había acusado al otro de no entender la Crítica, sosteniendo que necesitaría estudiarla durante treinta años antes de poder esperar entenderla, y luego otros treinta antes de poder comentarla.


El propio Kant estaba dominado por la pasión. Su imagen no era la del hombre predecible y regular que sus amigos presentarían más tarde.