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24 de febrero de 2009

Sam Shepard, de escritura, moteles y desiertos





Sam Shepard, nacido en 1943 y autor de innumerables obras de teatro y varios volúmenes de relatos, de fragmentos autobiográficos, poemas, todo escrito con su inconfundible estilo on the road, de escritura escueta y seca como los desiertos del suroeste de Estados Unidos en cuyas atmósferas se desarrollan sus historias. Asimismo es guionista, músico y actor. Es también colaborador y amigo de los Rolling Stones, Bob Dylan y Patti Smith. Ha sido nominado tres veces al Pulitzer, consiguiéndolo en una ocasión, así como otros numerosos premios y galardones.

En "Vida y tiempos..." les ofrecemos algunos de los fragmentos de su magnífico libro de relatos "Crónicas de motel". Disfrútenlos, paladeen a Shepard, sus carreteras polvorientas, sus paisajes fronterizos y las encrucijadas vitales de sus lacónicos y solitarios personajes.









Crónicas de motel


me encontré con la doble de la Estrella / al abrirse hacia los lados la puerta del ascensor / y yo salía / y ella entraba / a las cuatro de la madrugada / y vi que estaba absolutamente colocada / le pregunté qué había tomado dijo 6 Valium y Vino Blanco / porque hoy era el último día de rodaje / y le pareció que había que celebrarlo / jodiendo con algún tío del equipo / y colocándose porque éste era su pueblo / y ella iba a quedarse / mientras nosotros nos íbamos / y la tortura de no ser más que una doble / dejada atrás en un pueblo / en el que le dolía haber nacido / estaba destrozándola ahora / de verdad / y eso hizo que volviera a avergonzarme / de trabajar como actor en una película / y provocar ilusiones tan estúpidas / de modo que me la llevé a mi habitación / sin planes respecto a su cuerpo / y ella se sintió desesperadamente decepcionada / intentó arrojarse por la ventana / y le dije que no valía la pena / no es más que una película estúpida
no tan estúpida, dijo ella, como la vida
1/11/81 Seattle, Wa

Ya he visto prácticamente / todas las narices arregladas / todos los dientes con funda / y todas las tetas remozadas / que puedo soportar/ Me voy a de regreso / a la mujer natural
23/11/81 Los Angeles, Ca



Estaba prácticamente a mitad de camino entre San Francisco y Los Angeles. Aparcó el camión en la suave orilla de la Highway 5, pasó arrastrándose por debajo de una alambrada y se dirigió al pastizal de Harris. Más allá de los corrales encontró un campo abierto y se sentó en el centro con las piernas cruzadas. El áspero olor a ganado le inundó el pecho. El sol estaba poniéndose justo entonces tras los cerros de Coalinga, y dos anchas fajas de nubes anaranjadas se extendían por encima del Central Valley como un par de inmensas alas de halcón. Quería hablar consigo mismo pero se lo impidió la quietud del espacio. Se quedó escuchándolo. Un ave de rapiña nocturna. Mugido de reses. El bello gemido de un diesel Kenworth.

Imaginó las dos ciudades simultáneamente, como si colgaran de los brazos extendidos de las nubes anaranjadas. Suspendidas. La pequeña San Francisco oscilando al norte: inocente, rica y un poco boba. Al sur, la reptante y demente serpiente de Los Angeles. Con su colmilluda boca abierta de par en par, los ojos encendidos, paralizada en un ataque de pura paranoia. Aquí es donde debía estar, pensó. Justo aquí. En medio. Aplastado sobre la panza de California, en un lugar desde el que podía verlas a las dos desde lejos. Podía vivir en los intestinos de este valle, y dedicarse a espiar el cerebro y los genitales. Un plan inútil. Las cosas empezaban a empujarle en ambas direcciones. Ya estaba en movimiento cuando sólo buscaba la quietud. Una enorme mano tiraba de él desde su espalda. Una mano sin cuerpo. Le empujó hacia arriba, remontándolo a muchas millas de altura por encima de la carretera. No resistió. Ya no tenía miedo de caerse. La mano penetró limpiamente a través de su espalda y se dirigió directamente al corazón. Se lo agarró. Sin apretarlo. Era un contacto de amor puro. Dejó que su cuerpo cayera y lo vio rebotar contra el suelo sin esperanza. Su corazón permaneció en lo alto, encogido en la palma de un gigantesco puño.