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2 de abril de 2009

Saramago y los circos

En el blog La crónica verde, leemos la noticia de un león esperando la eutanasia en Perú con su cuerpo destruido tras su paso por un circo. También leemos lo que José Saramago -con quien no estamos de acuerdo en bastantes ocasiones-, escribía el pasado mes de febrero en su blog al respecto de los animales salvajes condenados de por vida a ser maltratados y obligados a hacer payasadas en muchos infames circos que existen por el mundo, mientras su alma salvaje se extingue rápidamente, convirtiéndose en humilladas sombras de lo que fueron. Y esto es ampliable a muchos lamentables zoos de ciudades grandes y pequeñas, como el ejemplo de Barcelona que recoge Saramago.

Solamente algunos zoológicos amplios y modernos en los que se recogen animales en peligro de extinción o maltratados y se les trata con respeto o aquellos en los que los animales viven en semilibertad, como Cabárceno, deberían permitirse.


No sé si fue el año pasado o hace dos que me paseé por los remolques de un circo que estaba actuando en Segovia y pude contemplar un lamentable espectáculo que me amargó el día, tigres, osos y leones languidecían tristes, sucios y hacinados en vagonetas llenas de excrementos, mientras miraban al vacío con una pena infinita en los ojos.

Ni que decir tiene que cuando leo alguna noticia en la que se recoge que alguno de estos animales decide que ya está bien de que ese bípedo esclavista le martirice con un látigo y recuerda cómo las gasta su especie en libertad y le da al domador lo suyo y lo de su prima, pienso en esa cosa de la justicia universal y me digo pues mira qué bien. En fin, les dejo con Saramago y su legítima reivindicación.


Susi


Si yo pudiera, cerraría todos los zoológicos del mundo. Si yo pudiera, prohibiría la utilización de animales en los espectáculos de circo. No debo ser el único que piensa así, pero me arriesgo a recibir la protesta, la indignación, la ira de la mayoría a los que les encanta ver animales detrás de verjas o en espacios donde apenas pueden moverse como les pide su naturaleza. Esto en lo que tiene que ver con los zoológicos.

Más deprimentes que esos parques, son los espectáculos de circo que consiguen la proeza de hacer ridículos los patéticos perros vestidos con faldas, las focas aplaudiendo con las aletas, los caballos empenachados, los macacos en bicicleta, los leones saltando arcos, las mulas entrenadas para perseguir figurantes vestidos de negro, los elefantes haciendo equilibrio sobre esferas de metal móviles. Que es divertido, a los niños les encanta, dicen los padres, quienes, para completa educación de sus vástagos, deberían llevarlos también a las sesiones de entrenamiento (¿o de tortura?) suportadas hasta la agonía por los pobres animales, víctimas inermes de la crueldad humana. Los padres también dicen que las visitas al zoológico son altamente instructivas. Tal vez lo hayan sido en el pasado, e incluso así lo dudo, pero hoy, gracias a los innúmeros documentales sobre la vida animal que las televisiones pasan a todas horas, si es educación lo que se pretende, ahí está a la espera.

Se podrá preguntar a propósito de qué viene esto, y responderé ya. En el zoológico de Barcelona hay una elefanta solitaria que se está muriendo de pena y de las enfermedades, principalmente infecciones intestinales, que más pronto o más tarde atacan a los animales privados de libertad. La pena que sufre, no es difícil imaginarlo, es consecuencia de la reciente muerte de otra elefanta que con la Susi (este es el nombre que le pusieron a la triste abandonada) compartía en un más que reducido espacio. El suelo que pisa es de cemento, lo peor para las sensibles patas de estos animales que tal vez tengan todavía en la memoria la blandura del suelo de las sabanas africanas. Sé que el mundo tiene problemas más graves que estar ahora preocupándonos con el bienestar de una elefanta, pero la buena reputación de que goza Barcelona comporta obligaciones, y ésta, aunque pueda parecer una exageración mía, es una de ellas. Cuidar a Susi, darle un fin de vida más digno que verla acantonada en un espacio reducidísimo y teniendo que pisar ese suelo del infierno que para ella es el cemento. ¿A quién debo apelar? A la dirección del zoológico? ¿Al ayuntamiento? ¿A la Generalitat?

Postdata: Dejo aquí una foto. Igual que en Barcelona hay grupos – gracias - que se apiadan de Susi, en Australia también un ser humano se ha compadecido de un marsupial, víctima de estos últimos incendios. La foto no puede ser más emocionante.