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11 de septiembre de 2011

Campanadas de la Historia (7) El instante en que cambió el mundo


Nos sumamos en esta bitácora a las conmemoraciones del décimo aniversario de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 y nos fijamos en un instante, cuando a las 15.03 del día 11 de septiembre el segundo avión secuestrado enfilaba la torre sur del World Trade Center. En ese momento, el mundo se dió cuenta de que, de repente, los tiempos habían cambiado. Porque el segundo avión disipaba las dudas de qué estaba pasando. Estados Unidos estaba siendo atacado y esta vez el terror ocurría en su propia casa.

Porque lo cierto es que los Estados Unidos llevaban décadas creándose enemigos con sus turbios manejos políticos y actuaciones bélicas por el mundo, desde el Plan (u Operación) Cóndor que distorsionó a la medida de Washington la política iberoamericana durante la segunda mitad del siglo XX a las manipulaciones políticas, guerras declaradas y operaciones encubiertas realizadas en el sudeste asiático, Oriente Medio e incluso África durante décadas.

Pero fueron sobre todo la arrogancia e incompetencia criminal de la Administración Bush antes y después de los atentados y la flagrante incomunicación, errores de interpretación e incluso celos entre la C.I.A. y el F.B.I., los que propiciaron que los ataques se llevaran a cabo. Desde la Casa Blanca que tenía que tomar decisiones hasta los que debían haber atado los numerosos cabos que circulaban en los informes y bases de datos, todos subestimaron el peligro del integrismo islámico e ignoraron todas las alarmas y avisos de que algo así podía ocurrir.

Les dejamos con un buen análisis de Marc Bassets sobre la decadencia de E.E.U.U. en este comienzo de siglo XXI desde esta funesta fecha y la mirada de Michael Moore sobre los hechos caecidos antes y después de los atentados, recogidos en su película-documental Fahrenheit 9/11. Éste, al recoger la Palma de Oro del Festival de Cannes del año 2004 se la dedicó "a mi hija, a los niños y niñas estadounidenses, y a Iraq, y a todos aquellos que en el mundo entero están sufriendo por nuestras acciones."

La obsesión del declive lastra a EE.UU.

La Vanguardia Marc Bassets. 04.09.2011


Washington Estados Unidos conmemora en una semana el décimo aniversario de los atentados del 11-S ensimismado, dividido y crispado, y obsesionado con el declive como potencia mundial, mientras el presidente Barack Obama abre una era de repliegue y multilateralismo.

El país asustado del 2001, que por primera vez en décadas se sintió vulnerable pero convencido de que su poderío militar y económico podrían con todo, flirtea ahora con la recesión, duda de su posición en el mundo, a días parece ingobernable, y está atrapado en un pesimismo que desmiente el tópico del optimismo estadounidense.


La década arrancó con un atentado terrorista y una respuesta militar en Afganistán e Iraq. Diez años después, los efectos del atentado terrorista se diluyen y es el golpe de la crisis del 2008 lo que sienten los estadounidenses, y lo que, según los agoreros, precipitará el ocaso del último imperio.

Muerto Osama bin Laden, el enemigo ya no es tanto Al Qaeda como el déficit presupuestario y el paro. Y Washington, donde los demócratas controlan la Casa Blanca y el Senado, y los republicanos la Cámara de Representantes, no encuentra soluciones para relanzar la primera economía mundial. Ensayos recientes como El mundo postamericano, El síndrome de Ícaro o La superpotencia frugal, leídos y estudiados en la Casa Blanca de Obama, definen el espíritu de la época. El autor de La superpotencia frugal, Michael Mandelbaum, argumenta que EE.UU., obligado por las restricciones presupuestarias, será más modesto en sus ambiciones globales.

"Nada dura para siempre, pero los inminentes límites económicos en la política exterior norteamericana durarán un tiempo, porque las obligaciones económicas que estos límites impondrán, como el alto coste de la sanidad y las pensiones para los estadounidenses mayores, continuarán durante décadas", dijo Mandelbaum tras publicarse el libro.

La década del 11-S ha modificado el lugar en el mundo del país que Madeleine Albright, secretaria de Estado con Bill Clinton, llamó "la nación indispensable". La arrogancia imperial de George W. Bush en Iraq ha cedido el paso a la prudencia de Obama en Libia, ejemplo de multilateralismo en tiempos de fatiga bélica.

Esta ha sido, también, la década de China. Ascenso económico, y militar. También político: una parte de las élites occidentales ve con envidia la agilidad en la toma de decisiones del autoritarismo chino respecto al contraste con los bloqueos de las democracias.
"Más que impedir el ascenso de competidores, las intervenciones de Estados Unidos en el extranjero, sumadas a los males presupuestarios y económicos en casa, han colocado a Washington en clara desventaja respecto a sus rivales, notablemente Pekín", escribe el historiador Melvyn Leffler en el último número de la revista Foreign Affairs.
 
Fareed Zakaria, autor del El mundo postamericano, habla del "ascenso del resto". En un artículo en Time, publicado en marzo, recordaba que, en el ranking educativo de la OCDE, los adolescentes estadounidenses ocupan hoy el decimoquinto puesto en ciencias y el 25.º en matemáticas, que la infraestructura de este país es sólo es la 23.ª mejor del mundo, que EE.UU. es el 27.º en esperanza de vida y el número uno en obesidad. "Hace sólo unas décadas, EE.UU. estaba arriba en estos rankings. Ya no", escribe.

La Rand Corporation, el laboratorio de ideas californiano cuyo primer cliente es el Pentágono, acaba de publicar un libro en el que evalúa los éxitos y fracasos de EE.UU. en los últimos diez años. Entre los éxitos, cita el debilitamiento de Al Qaeda, la mejora en los servicios de espionaje y la preparación de los estadounidenses ante un eventual ataque. Entre los errores, "la excesiva confianza en la reconstrucción de Afganistán, el lanzamiento de una guerra en Iraq que hizo poco para debilitar a Al Qaeda, y muchas acciones que ayudaron a los yihadistas a reclutar al fomentar el resentimiento contra Estados Unidos, como los abusos cometidos en la prisión de Abu Graib".
 
"Iraq y Afganistán han sido experiencias muy muy difíciles para Norteamérica. Y espero que hayamos aprendido de ellas. Mi punto de vista es que Estados Unidos debe ir con mucho cuidado con las futuras intervenciones", dice el veterano Lee Hamilton, ex congresista, vicepresidente de la comisión de investigación del 11-S y copresidente del Grupo de Estudios sobre Iraq que en el 2006 propuso una estrategia para acabar la guerra.

Pero Hamilton, como otras personas consultadas, no cree en el declive de EE.UU. "En este país tenemos problemas muy severos pero también tenemos un sistema muy resistente. Y la energía, el genio, la capacidad de emprender del pueblo estadounidense es un factor poderoso. No conozco ningún país del mundo que sea más fuerte que nosotros hoy. Creo que en términos relativos EE.UU. en muchos aspectos sigue siendo preeminente", dice.

La economía norteamericana sigue siendo hegemónica: aunque el producto interior bruto chino supere al estadounidense en los próximos años, en ingresos per cápita puede tardar décadas en igualarlo. Y militarmente ningún país hace sombra a EE.UU., cuyo gasto militar multiplica por seis el de China.
James Thomson, presidente de la Rand Corporation, recuerda que "el sentimiento de declive es una historia muy antigua en EE.UU.". "En los ochenta, Japón era el futuro", dice. Y añade: "Los norteamericanos siempre estamos muy preocupados por ser el número 2, 3 o 4, pero no hay pruebas de que esto vaya a ser así".

Expertos como George Friedman, de la consultora Stratfor, sostienen que es precisamente este estado de alerta permanente lo que le permite prosperar y mantener la hegemonía.
Según Thomson, de la Rand Corporation, el declive, si llega, no llegará por un ataque terrorista sino por el endeudamiento, la recesión y las divisiones políticas. "El gran tema –dice– es el dinero. Lo que está debilitando a EE.UU. es la deuda y el bloqueo político. El partidismo extremo está haciendo que sea muy difícil gobernar EE.UU.".

















Fahrenheit 9/11, de Michel Moore (2004)