Este es el blog. Y esta es nuestra web, está todo más ordenadito, mejor.

17 de noviembre de 2020

Vidas Conspicuas (18) Kamala Harris, tras los pasos de Obama


Retrato de la primera mujer vicepresidenta electa de Estados Unidos: una decidida exfiscal, con una historia familiar digna del mejor "sueño americano". Reportaje de Marjolaine Grappe para ARTE.tv

(Contraseña para ver el vídeo Dailymotion: Roybean)

10 de noviembre de 2020

Vocabulario Fundamental. Maldad (6) Las raíces del mal

¿El criminal nace o se hace? Investigadores en criminología coinciden en atribuir la violencia en el individuo a la combinación de tres factores: la genética, la primera infancia y la situación material, social y/o emocional. El estudio de las biografías de asesinos en masa como Anders Behring Breivik, autor de los ataques de Oslo y Utoya en 2011, es clave. Documental de ARTE dirigido por Gerrit Jöns-Anders y Amrei Topçu en 2020.

2 de noviembre de 2020

25 de octubre de 2020

China, El Imperio del Centro (14) La paradoja de Wuhan


Apenas 9 meses separan estas fotografías. La primera de febrero y las otras dos de ahora mismo, octubre. Las tres de Wuhan. La ciudad que albergaba alguno de los infames
wet markets en los que se vendían numerosas especies salvajes y otras tantas domésticas y desde donde brotó el virus que está colapsando el mundo. 

Del tamaño de Nueva York, este puerto industrial en el río Yangtsé​ es sinónimo de la pandemia de COVID-19 y sus calles fueron las primeras en queda desiertas de vida. Pero en mayo de 2020 el régimen chino anunció su victoria en la batalla contra el virus y comenzó a usar Wuhan como parte de su propaganda. Reportaje de Sébastien Le Belzic para ARTE.tv

 

22 de octubre de 2020

Vocabulario Fundamental. Lobos (23) Los lobos de Lorenzo Shoubridge


Lobos italianos (Canis lupus italicus) buscando presas en el Monte Corchia, en Los Apeninos. 'The herd' es una fotaza espectacular de Lorenzo Shoubridge, fotografo naturalista italiano que ha conseguido el Premio de Honor Monphoto a la mejor instantánea de Naturaleza. Como informa el Facebook de Monphoto, a pesar de formar parte de la Red Global de Geoparques (GGN) reconocidos por la UNESCO, el parque donde se encuentra el Monte Corchia y sus alrededores es atacado todos los días por la industria del mármol. Los constantes e irreversibles cambios del paisaje están destrozando las montañas y contaminando el agua del lugar.

Lorenzo estaba determinado a hacer lo que fuera necesario para fotografiarlos y pasó seis meses para encontrar el encuadre perfecto para ello. Tras asegurar su cámara-trampa en un árbol pasó horas haciendo los ajustes necesarios para incluir el pasaje montañoso detrás. Según los lobos recorrían esa ruta que les era familiar y mientras sus pelajes se mimetizaban con los alrededores pudo  conseguir esta magnífica toma.

En los últimos años la población de lobos italianos ha ido creciendo lentamente, aunque estos icónicos predadores siguen sin ser bienvenidos en muchos lugares debido al miedo ancestral que en el folclore de demasiadas culturas siempre representa el papel de un ser malvado que acecha a los humanos y su ganado. Pero también la ignorancia supina del papel trascendental que juega en los ecosistemas que habita, controlando las poblaciones de herbívoros que sin su presencia devastan la vegetación y plantaciones de los lugares donde permanecen mientras no teman la aparición del gran cánido europeo. 

Lobo vivo, lobo protegido, siempre y en todo lugar donde habite. 

Un mundo mejor es posible (58) Contra la violencia policial y la desigualdad racial en Estados Unidos




Casi cinco meses han pasado desde aquel 25 de mayo en el que el ya tristemente célebre George Floyd fue asesinado tras su detención por parte de la policía de  Minneapolis. Yo pensaba que, tras el brutal impacto social de aquel asesinato, en todas las comisarías y dependencias policiales del país se habrían dado cambios en las 'rules of engagement', los protocolos policiales de actuación, pero parece claro que no. 

De hecho, el tiempo transcurrido desde su muerte no ha hecho más que dar más y más razones a la rebelión ciudadana, pues en este tiempo se han ido conociendo más abusos y asesinatos a sangre fría por efectivos policiales contra ciudadanos afroamericanos.

Tipos que deberían estar ahí para '
to protect with courage, to serve with compassion', para servir y proteger con coraje y compasión, para solucionar conflictos en vez de provocarlos y que, sin embargo, continúan actuando con negligencia criminal y un desproporcionado abuso de fuerza. 

Lo que hacen es convertir hechos insignificantes y cotidianos (presuntamente pagar con un billete falso como Floyd, estar borracho y quedarse dormido en el coche como Rayshard Brooks, tener problemas mentales como Daniel Prude, mediar en una pelea entre dos mujeres en el caso de Jacob Blake etc) en desastrosas operaciones policiales con resultados homicidas. 

Los abusos incluso llegaron a los blancos que apoyan las reivindicaciones de los afroamericanos como fue el caso de 
Martin Gugino, el hombre de 75 años agredido por la policía de Buffalo. El presidente Trump hizo gala, una vez más, de su cinismo y falta de escrúpulos. acusándole de pertenecer a la organización Antifa, de espiar a la policía y de preparar un montaje. Mientras tanto, Gugino estaba hospitalizado con una fractura de cráneo.

Debido a estos sucesos la sociedad estadounidense se ha visto cada vez más polarizada y la tensión racial ha alcanzado cotas no vistas desde hace décadas. Las manifestaciones pacíficas que por todo el país han reunido a centenares de miles de personas han sido en muchos casos violentamente respondidas por la policía y otras fuerzas del orden como el Servicio Secreto, el State Patrol o la Guardia Nacional (enviados por Donald Trump) y los distintos altercados que se han ido sucediendo por todo el país han producido decenas de muertos. Los partidarios de los postulados más descaradamente supremacistas están respondiendo con las armas a lo que consideran como una amenaza a la nación blanca que es Estados Unidos. 


De hecho, al caso de Jacob Blake, quien 
a finales de agosto fue disparado por la espalda siete veces delante de sus tres hijos en la ciudad de Kenosha (Wisconsin), se le añade la rabia por la intervención armada contra las protestas ciudadanas de un adolescente armado proveniente de una ciudad cercana. 

Kyle Rittenhouse, de 17 años, amante de las armas desde pequeño, miembro de un grupo de supremacistas blancos y obvio admirador de Trump, vivía en Antioch (Illinois) y recorrió las 21 millas que separaban ambas ciudades para, armado de un fusil de asalto AR-15 (el preferido en los mass shootings del país), disparar contra los manifestantes que protestaban por la agresión contra Blake, matando a dos de ellos e hiriendo a otro. 

Sin embargo,  tras efectuar los disparos y, a pesar de mostrarse con su arma ante los furgones policiales que llegaban, ningún uniformado le identificó ni le detuvo hasta un día después, cuando su criminal actuación ya había dado la vuelta al mundo. 



El diario El País recogía las declaraciones de una de las manifestantes tras lo sucedido: "Mi madre no debería tener miedo por mi vida", decía la pancarta que portaba Jane, una joven afroamericana de la misma edad que Rittenhouse. "No tenía derecho a estar aquí, nadie le pidió que viniera”, explicaba. "¿Qué tipo de país permite a un chico de mi edad ir con esa arma por la calle? Solo piense qué habría pasado si un chico negro se hubiera paseado esa noche con ese rifle.” 

Así es, y ese detalle muestra meridianamente el gran problema de buena parte de las fuerzas policiales en particular y de la sociedad blanca en general. Otro detalle, hace unos días la madre de Kyle fue ovacionada en una convención republicana. Este es el nivel.

El penúltimo escándalo ha sido que, tras la muerte de Breonna Taylor (una joven negra de 26 años asesinada por policías el pasado mes de marzo en la ciudad de Louisville, Kentucky) durante un registro domiciliario, ninguno de los oficiales que provocaron su muerte ha sido imputado por la Fiscalía. 

Esta ausencia de acusación por la muerte de Taylor fue respondida por miles de personas en las calles de Louisville con protestas pacíficas pero también con destrozo y robo de negocios, incidentes con la policía y más de un centenar de detencionesEl más grave, los disparos a bocajarro de un individuo desconocido a dos agentes, aunque éstos se recuperan del ataque y cuyas vidas no corren peligro. 

En el siguiente documental de la productora ARTE titulado 'Un verano en Minneapolis' las realizadoras Sophie Przychodny y Manon Heurtel nos muestran cómo han vivido los habitantes de esta ciudad estos meses de ruido y furia, de  protestas y represión policial reivindicando que las vidas negras importan desde que aquellos policías asesinos decidieran ignorar las súplicas de una persona que llamaba a su madre y sólo pedía poder respirar. 


Militarizando la policía

Las peticiones de los manifestantes van mucho más allá y piden reformar la misma estructura de las instituciones estadounidenses, revisar el pasado esclavista del país, el racismo sistémico y remediar las grandes desigualdades económicas y sociales que afectan sobre todo a la comunidad negra y latina y que dejan a decenas de millones de personas, de todas las razas, en la pobreza.





Otra de las grandes demandas de las protestas Black Lives Matter es a través del movimiento "Defund the police" que cuestiona la financiación, el equipamiento y las tácticas de los distintos cuerpos policiales. 

La militarización de las fuerzas policiales en Estados Unidos empezó en la década de los ochenta con el mandato de Ronald Reagan y el comienzo de la war on drugs, la guerra contra las drogas que emprendió el presidente estadounidense y que desde entonces ha gastado billones de dólares y causado miles de víctimas con escasos resultados.

Pero fue sobre todo en los noventa
 cuando nació el '1033 Programcuyo propósito inicial era dotar a las fuerzas policiales de material militar con el que combatir eficazmente a las organizaciones criminales relacionadas con el narcotráfico

Con esta cobertura legal, los departamentos policiales de ciudades grandes y medianas pero también de pequeños pueblos rurales fueron generosamente equipados (a precios ridículos) con material militar como rifles de asalto y de francotirador, lanzagranadas, vehículos blindados e incluso helicópteros, así como sobredimensionando los cuerpos de élite SWAT, lo que cambiaría radicalmente las tácticas policiales en actuaciones rutinarias


Pero fue a raíz de la llamada 'war on terror' (que comenzó en 2001 con Bush Jr). y esta vez con la excusa de equipar unidades antiterroristas por todo el país, cuando el proceso de militarización se acentuó. Sobre todo desde 2011, cuando la progresiva retirada del ejército estadounidense de las guerras de Irak y Afganistán, provocó que las distintas fuerzas policiales recibieran más y más vehículos y armamento pesado.

¿Y qué ocurre cuando las llamadas fuerzas del orden reciben todo ese equipamiento militar? Pues que su propia mentalidad cambiaes fácil que jefes policiales de gatillo fácil, ante la falta de terroristas yihadistas, quieran usar ese material contra quienes consideran enemigos internos, como quienes ejercen su derecho a la protesta. Esto ha producido que amplios sectores de la población estadounidense hayan comenzado a percibir a la policía como fuerzas de ocupación en lugar de como parte de la comunidad.

No es Faluya. Es Ferguson, Missouri

Un punto de inflexión (como ahora ha supuesto Floyd) llegó cuando Michael Brown, un ciudadano afroamericano desarmado fue asesinado por la policía en agosto de 2014 en Ferguson, Missouri. Las protestas generadas por su muerte fueron reprimidas brutalmente con vehículos blindados, francotiradores y gases lacrimógenos, lo que hizo que el presidente Obama frenara el '1033 Program'. Sin embargo, con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca dos años después, se volvió a potenciar el programa con los resultados que se están viendo hoy en día. 

Pero este problema tiene un contexto mayor en el que la militarización de la policía es sólo un elemento más. Y ese es el sistema penitenciario-industrial privatizado que ha crecido por todo el país desde los noventa, prisiones en las que los internos realizarán un trabajo esclavo que dejará grandes beneficios a esas corporaciones penitenciarias. 

                                         Protesta de Black Lives Matter en Nueva York, Mayo de 2020

Este sistema comienza con la penalización del consumo privado de drogas y la dejación de responsabilidades de la comunidades en temas como el absentismo escolar, lo que hace que estos sean enfrentados por la policía, metiendo entre rejas a cualquier persona que haya cometido cualquier mínimo delito. Ello provoca que se recluten más policías y que, en muchos sitios, se les admita con apenas preparación o sin reparar en sus antecedentes por violencia. 

Pero cuando estos policías, a quienes no se les ha hecho el debido escrutinio, cometen abusos o crímenes flagrantes son protegidos por los poderosos sindicatos policiales así que, en muchos casos, sólo enfrentan a una suspensión o una tacha en su récord administrativo. Después vuelven a la calle y todo comienza de nuevo. 

Make America Safe Again?

Como era de esperar y a apenas dos semanas de las elecciones de noviembre, Donald Trump ya está instrumentalizando la polarización y la violencia producida en algunos casos de los disturbios para atraer votos moderados. Él fustiga a los manifestantes como enemigos de la patria, justifica las actitudes discriminatorias y represoras de los cuerpos policiacos y ha reforzado el despliegue de fuerzas federales para enfrentar a los contingentes de quienes ejercen su derecho a la protesta. 

Y mientras tanto se frota las manos cuando salen imágenes de saqueos en tiendas y negocios, presentándose como el garante de la ley y el orden contra "el caos y la anarquía" de los manifestantes y los demócratas. El Make America Great Again de 2016 se ha convertido en Make America Safe Again, como nuevo claim de la América más reaccionaria.



Trump's war on protestors

Lo que ocurra a partir de ahora respecto al movimiento Black Lives Matter y los derechos civiles depende en gran medida del resultado de las elecciones del próximo mes de noviembre. Son unas elecciones históricas, trascendentalesno solo para el devenir de Estados Unidos sino para el resto del planeta. 

Quien las gane (y esperamos fervientemente que no sea el mil veces maldito Agente Naranja) tendrá una agenda marcada en gran medida por  tres crisis que están golpeando simultáneament
e Estados Unidos: la pandemia, que sigue matando a miles de personas en el país (van más de 220.000...) ayudada por la negligente actitud de quien debería proteger a sus compatriotas, la desaceleración económica derivada de ella, que continúa engordando las cifras del paro y como hemos visto, el malestar ciudadano creado por los abusos de la policía contra los afroamericanos, que esperamos disminuya si el elegido es el tándem Biden / Harris. 

Trump, en la práctica, se ha olvidado ya de la pandemia y dice que es el más capacitado para reconstruir la economía. Ante el debate sobre la justicia racial ha tenido una reacción típica de él, buscando el enfrentamiento en vez de la calma y denigrando el movimiento Black Lives Matter, culpando de la violencia callejera al movimiento Antifa y a los que denomina izquierdistas y/o demócratas radicales y presentándose como defensor incondicional de la policía, lo que tiene impacto en los votantes más moderados, decisivos para su elección. 

Es una baza que al candidato republicano le conviene jugar con su electorado. "Ley y Orden" twiteó tras los incidentes en Louisville, Kentucky, cuando dos agentes fueron disparados en su coche en las protestas por la no imputación de ninguno de los agentes que asesinaron a Breonna Taylor.

Su rival, Joe Biden, lo tiene más complicado. Para no asustar a esos votantes moderados, ha hecho equilibrios entre el derecho a protestar las desigualdades raciales y la condena a la violencia pero también se le ha acusado de ambigüedad por su insistencia en que las protestas "fueran pacíficas". 

Finalizando...

Para terminar, nos quedamos con lo que la abogada Rocío Vélez escribió en un artículo en CNN: "La reforma de la Policía es crucial, pero de suma importancia también son las oportunidades educativas, los programas de desarrollo económico y de acceso a la salud que catapulten a nuestras comunidades desfavorecidas de todas las razas y grupos étnicos fuera de la pobreza. Que haya ya 13 millones de trabajadores estadounidenses con más de un trabajo para poder pagar el alquiler de la vivienda familiar, que aumenta anualmente junto con planes médicos con deducibles ridículos, es algo que no puede convertirse en la norma de una nación que dice ser el líder mundial."

24 de septiembre de 2020

La condena del refugiado (12) Ahora que tememos por los nuestros

Ahora que tememos por los nuestros

Europa, marzo de 2020


Ahora que tememos por los nuestros,
por los padres ancianos que están solos
y no hay cómo abrazar, por nuestros hijos,
sin saber cuándo volverán a un aula,
por la salud de todos y el derecho
a que vivir no sea una amenaza,
europeos, decidme, sí, decidme,


¿podréis volver a condenar a quienes
huyen en busca de la paz, y cruzan
mares y lindes para que sus hijos
crezcan sin daño en una escuela digna,
quienes intentan enviar dinero
a padres que no pueden abrazar?


Europeos, ¿podréis volver, el día
que salgáis sin temor de vuestras casas,
podréis volver a echar y denigrar
y acosar a quien, cual vosotros hoy,
siente, por él y por los suyos, miedo?

Texto: Gonzalo Sánchez-Terán en FronteraD

20 de septiembre de 2020

Vocabulario Fundamental. Revolución (8) Bielorrusia, las protestas hacen tambalear la última dictadura de Europa

Hoy miramos al este, a Bielorrusia donde, a pesar de desaparecer de los noticieros por la omnipresencia de la pandemia vírica, continúan las protestas multitudinarias contra Aleksandr Lukashenko tras el flagrante pucherazo de las recientes elecciones presidenciales del 9 de agosto de este mismo año. ¿Lograrán las protestas ciudadanas masivas tumbar al último dictador europeo?

Primeros años

Lukashenko es el político del continente europeo que más años lleva en el poder. Fue el primero en ganar las primeras elecciones presidenciales democráticas, celebradas el país en 1994, después de la desintegración de la URSS, siendo el único diputado que votó en contra de la independencia de la misma en 1991. Llegó a la presidencia del país haciendo bandera de lucha contra las corruptelas del poder soviético desde la presidencia del Comité Anticorrupción.

Bielorrusia es el único país europeo que aún mantiene una economía planificada, muy similar a la de la Unión Soviética, de la que Alexander Lukashenko dice ser un gran nostálgico. Lukashenko aplicó algunas medidas económicas del antiguo sistema soviético, como el control estatal de parte de la economía, manteniendo la sanidad y la educación públicas y gratuitas.

Según datos del Banco Mundial, entre el año 2000 y el 2018 el porcentaje de personas que vivían bajo el umbral de la pobreza bajó del 41,9% al 5,6%. La sanidad y la educación son gratuitas y la tasa de paro es relativamente muy baja, al menos hasta la llegada de la pandemia. El país cuenta con una potente industria de maquinaria agrícola y abundantes recursos carboníferos y madereros. 

En 2001 revalidó la presidencia con el 77,4% de los votos presentándose como garantía de crecimiento y estabilidad. En esos momentos Lukashenko tenía un gran apoyo popular por distintas reformas sociales que, como hemos visto, sacaron a mucha gente de la miseria, pero fue entonces, cuando ya se sentía dueño y señor de Bielorrusia, cuando comenzaron sus ademanes autoritarios, el hostigamiento sobre la prensa independiente y la represión contra la disidencia. Como Chávez en Venezuela, vaya.

José Ángel López Jiménez, profesor de Derecho Internacional Público, sostiene en su análisis "Un régimen en el laberinto: Lukashenko, ¿supervivencia política a la sombra del Kremlin?" que el autócrata ex-soviético ha ido instrumentalizando en su favor dos elementos clave

Uno es la homogeneidad étnica de la República, con el 84% de la población de mayoría bielorrusa, sobre 9,5 millones de habitantes. Ello ha favorecido la convivencia entre minorías y la ausencia de secesionismos relevantes que pudieran eventualmente ser utilizados por Rusia, como en sus repúblicas vecinas (Moldavia, Georgia o Ucrania). 

De esa forma la reafirmación de la identidad nacional propia –mediante la promoción lingüística del idioma– facilitó la construcción de la estatalidad independiente tras la disolución de la Unión Soviética y, por consiguiente, la del propio Lukashenko al frente del mismo. El segundo elemento sería el factor religioso, pues Lukashenko ha ido forjando una alianza importante con la iglesia ortodoxa marginando a la Iglesia católica y atrayendo el voto de sus fieles y su poder social.

La soberbia del poder absoluto

Sobre todo a partir de esas elecciones de 2001 fue cuando Lukashenko dejó de gobernar para el pueblo, haciendo de la mentira y la represión su forma de gobierno, manipulando todos los resortes del poder para hacerse con el control absoluto de las instituciones del Estado, con el objetivo final de garantizar su puesto como ha conseguido su gran mentor y amigo, Vladimir Putin.

Lukashenko siempre se ha mantenido cercano a Rusia, mientras que ha preferido guardar las distancias con Occidente. Moscú ha sido, de hecho, el gran balón de oxígeno del régimen, tanto a nivel político, energético y económico como en el plano militar, incluido un tratado de unión bilateral y también su inclusión en la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), suscrito por antiguas repúblicas ex-soviéticas. De hecho, en las últimas semanas el ejército ruso se ha reforzado en la frontera entre ambos países y se han realizado maniobras militares conjuntas. Así, con el respaldo total de Rusia, Lukashenko tuvo vía libre para manipular elecciones a su antojo.

En marzo de 2016, las terceras elecciones a las que Lukashenko se presentaba, volvió a ganar con el 82,6% de los votos. La oposición denunció fraude electoral. Asimismo, los observadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) afirmaron que los comicios no cumplieron los requisitos necesarios para ser considerados democráticos. 

En su comunicado, destacaron algunas de las "ineficiencias" que se encontraron en Bielorrusia: la declaración del KGB de Bielorrusia (los servicios de seguridad), que asociaban a los grupos de oposición con el terrorismo, así como las restricciones arbitrarias a las campañas de los candidatos de la oposición, la propaganda de los medios estatales a favor del presidente, la obstrucción al trabajo de la prensa independiente, la presión sobre el electorado y la exclusión de representantes de la oposición en el proceso electoral.

A la vista de las pruebas aplastantes, la Unión Europea sancionó por primera vez a Lukashenko por su autoritarismo y las farsas electorales, cada vez más descaradas. Las sanciones, que afectaron al presidente y a sus cómplices en la triquiñuela electoral, incluían una prohibición de visados para entrar en los países de la UE y la congelación de sus fondos en dichos países. Pero a Lukashenko, teniendo a Putin a su lado eso le importó más bien poco.

El documental 'Bielorrusia, una dictadura ordinaria', de la productora ARTE.tv nos lleva a conocer las peculiaridades políticas y sociales bielorrusas bajo el autoritario gobierno de Lukashenko y cómo han surgido y se han mantenido las masivas protestas ciudadanas por todo el país a pesar de la represión policial.
 




Organizaciones humanitarias acusan con frecuencia al presidente, su gobierno y sus aparatos de seguridad de violar sistemáticamente los derechos humanos. 
Lukashenko ha desplegado por el país un temible aparato policial, pero como hemos visto, también una economía planificada que, mal que bien, garantizaba el bienestar de los bielorrusos.
 

No obstante, en la última década el país ha vivido una serie de crisis económicas que han debilitado su economía y que podrían haber aumentado las cifras de pobreza hasta alcanzar el 29%. Así lo indica el informe 'Poverty Dynamics in Belarus from 2009 to 2016', publicado por FREE Network, una red de institutos de investigación política.

A rasgos generales es en el entorno rural, donde se hallan los koljoses (granjas colectivas bajo control del gobierno), donde se halla el mayor apoyo a Lukashenko. Por el contrario, es en las ciudades (como suele suceder en casi todos los países) donde hay mayor apoyo a la oposición. 

Pese a todo, el descontento ha llegado también a algunas zonas rurales del país y el ciudadano bielorruso se debate entre la sumisión al poder autocrático y una peligrosa resistencia ciudadana.

Porque al hartazgo de la población por los masivos fraudes electorales se suma la terrible gestión de la crisis sanitaria de la COVID-19 en el país, donde en el mismo mes de mayo que mantenía confinado a la inmensa mayoría de los ciudadanos europeos en Bielorrusia se podía ir a bares, restaurantes, conciertos, partidos de fútbol y hockey, incluso a la celebración en mayo de un desfile militar multitudinario en conmemoración del 75º Aniversario de la victoria en la Segunda GM.

Es decir, se podía hacer de todo con la única recomendación de llevar mascarilla. Incluso el presidente se ha permitido el cinismo de aconsejar "ir a la sauna, beber vodka, jugar al hockey y trabajar duro" para evitar el coronavirus. Todos estos factores han ido debilitando la buena prensa del régimen.

A eso se le suma el Internet caído durante días para dificultar la organización de las manifestaciones, las denuncias de torturas y brutalidad policial en comisarías y las huelgas en las principales industrias del país. Este último punto es crucial, pues indica que los sectores sociales que más apoyaron a Lukashenko, la clase obrera empleada en industrias estatales, empiezan a alejarse de él. La inusitada violencia represiva colmó la paciencia de quienes habían hecho oídos sordos hasta entonces.
 

El descontento ha ido calando durante estos años en la sociedad bielorrusa y la espita que hizo explotar la rabia fue el enésimo fraude electoral, esta vez en las presidenciales del 9 de agosto de este año, las sextas a las que se presentaba el actual presidente, con un inverosímil 80% de los votos. Además, con la oposición desbaratada pues uno de sus principales oponentes, Viktor Babaryko, había sido arrestado en junio, otro, Valery Tsepkalo, huyó a Rusia poco después temiendo correr la misma suerte y la más conocida en Occidente, Sviatlana Tsikhanouskaya, estaba ya huída a Lituania desde donde instaba, días después, a la creación de un marco legal que garantice que puedan celebrarse de nuevo unas elecciones justas. 

Las protestas acorralan al gobierno

La reacción de los bielorrusos fue casi inmediata. A los pocos minutos de conocerse los resultados, los residentes de Minsk, la capital del país, y otras ciudades empezaron a concentrarse en las principales plazas y avenidas para manifestar en contra de lo que consideran una manipulación de los comicios. 

Más de 250.000 partidarios de la oposición bielorrusa salieron a la calle en Minsk en la bautizada como Marcha por la Libertad, armados de la bandera blanquirroja, la que representó al país entre 1991 y 1994 y que luego fue sustituida por la que había en la época soviética, aunque sin la hoz y el martillo.

A diferencia de lo que pasó en Kiev en 2013, en las manifestaciones no hay banderas de la Unión Europea, de la OTAN o de Estados Unidos, y entre las personas que conforman la marcha no existe una retórica de confrontación Rusia-Occidente como sí hubo en Ucrania. Pero Lukashenko respondió de la única manera que sabe hacerlo, mandando a los militares a reprimir las protestas y en menos de una semana los manifestantes detenidos ya eran casi 7.000.

El líder reaccionó con la soberbia propia de los déspotas. Se hizo grabar, mientras descendía de un helicóptero con kalashnikov en la mano y chaleco antibalas, dando ánimos a sus militares. Llamó "ratas" a los manifestantes y organizó una marcha a favor de sí mismo y su continuidad en el poder. 

Partidarios de Lukashenko en una movilización en apoyo al líder autoritario, el 19 de agosto en Minsk.Tatyana Zenkovich / EFE

La afluencia fue escasa, de poco más de 30.000 personas, y en ella Lukashenko dejó claro que prefería morir a entregar al mando: "Hemos construido un bello país, con sus dificultades y desperfectos. ¿A quién queréis entregarlo? Si alguien quiere entregar el país, ni muerto lo permitiré”.

Partidarios de Lukashenko en una movilización en apoyo al líder autoritario, el 19 de agosto en Minsk.Tatyana Zenkovich / EFE

El régimen se vio desbordado por la intensidad y persistencia de los manifestantes. A los pocos días del estallido, Lukashenko se vio obligado a pedirle ayuda a Putin, su tradicional aliado. La relación entre ellos no estaba pasando su mejor racha, pero pese a todo Rusia le prometió una "asistencia integral" en caso de "amenazas militares externas". 

Putin no perdió la ocasión de alimentar la tensión con Occidente jugando la carta de la insidia: "Estas protestas fueron organizadas por figuras oscuras del extranjero". Paradójicamente, pocas semanas antes del inicio de las protestas, Lukashenko anunció la detención de 33 paramilitares rusos que buscaban "desestabilizar el país en periodo preelectoral".

Bielorrusia ha estado sumida en la confusión desde que se conoció el resultado de las elecciones presidenciales. Es la última dictadura en el continente europeo, y la gente lucha por alcanzar la libertad. El reportaje de la productora ARTE, 'Bielorrusia lucha por la democracia', toma el pulso al país al calor de los últimos acontecimientos. Es también un necesario testimonio de la brutal represión que están sufriendo los manifestantes.
 


Las protestas no han cesado desde entonces. Los bielorrusos siguen en la calle y la policía de Lukashenko continúa con lo que Amnistía Internacional ha descrito como "campaña generalizada de tortura". La situación parece estancada y ninguno de los dos bandos da su brazo a torcer.

El desenlace es incierto, pero la comunidad internacional empieza a posicionarse. Parece que la ONU está dispuesta a investigar los abusos policiales contra manifestantes, mientras que la UE ha optado por imponer sanciones a Bielorrusia. La lista de sanciones como la congelación de activos o la prohibición de viajar a la Unión Europea, incluye a viceministros, responsables de las fuerzas especiales, altos cargos del servicio secreto, mandos policiales o directores de prisiones de Bielorrusia, pero no al propio Lukashenko. El derrocamiento del sátrapa podría ir para largo. 

Cerrojo informativo en Minsk

Desde el comienzo de las revueltas, Lukashenko se empeñó en reprimir con la misma saña a los manifestantes y a los periodistas independientes. Y lo hizo, lo sigue haciendo, sin ningún pudor. Tanto ha sido así que incluso la periodista y escritora Svetlana Alexievich, premio Nobel de Literatura en 2015 y activa opositora al régimen bielorruso, tuvo que abandonar el país a comienzos de septiembre. Llevaba semanas siendo acosada, con un intento de asalto a su casa incluido, antes de optar por exiliarse en Alemania.

La autora de "La guerra tiene rostro de mujer" formaba parte del Consejo de Coordinación, creado por la oposición para facilitar una transición democrática en el país. “No queda ninguno de mis correligionarios de la dirección del Consejo de Coordinación. Todos están en prisión o expulsados del país”, denunciaba la periodista, "lo que está sucediendo es terror contra el pueblo". Su caso es solo el más visible de los muchos que están teniendo lugar en el país. 

La misma Alexievich, en una entrevista en El País de antes de que tuviera que marcharse, reconocía “Sentí que vienen largos y malos tiempos (...) No sé cómo, pero con las fuerzas internas y sin ayuda exterior no podemos superar la situación”. “(...) está en marcha una total represión. Despiden a los trabajadores, echan a la mitad de las plantillas. El país se dividió y da igual que hayan salido centenares de miles de personas a manifestarse en Minsk. También han salido en otras ciudades, pero en ellas se trata de kamikazes, porque no son tantos. Nuestra sociedad civil no tiene aún las fuerzas necesarias para lograr la democracia”

Y respecto a la improbable posibilidad de que Rusia pudiera ayudar al movimiento revolucionario Alexievich era tajante:¿Acaso no queda ninguna esperanza procedente de Rusia? “¿Acaso Rusia necesita una Bielorrusia libre? ¿Acaso Rusia quiere nuestra victoria? Si eso sucediera, entonces los rusos se preguntarían sobre sí mismos y (se preguntarían) por qué ellos están así y entonces allí comenzaría lo mismo que aquí. Así que está excluido y no hay nada de que hablar. Por mucho que lo odien, Lukashenko de todas maneras es suyo. Nosotros también pensábamos que se encontraría un consenso en la sociedad y que encontraríamos a un presidente de transición que pudiera gestionar unas elecciones libres, pero no ha sucedido. Entendí esto este domingo cuando vi la enorme cola de vehículos militares en todas las calles de Minsk y los uniformados en su interior. En la ciudad han entrado los militares, y ya lo advirtió el ministro del Interior, que tendríamos que vérnoslas con el Ejército”... 

La opinión de la diáspora bielorrusa en nuestro país 

Nuestra compañera en FronteraD Amelia Serraller entrevistó en la revista digital FronteraD a varios ciudadanos bielorrusos residentes en España sobre la situación de su país. Un par de preguntas abordaban precisamente esta asfixia informativa que está imponiendo Lukashenko:

AS: ¿Cuál es la situación de los periodistas independientes?

AY: Casi el 90% de los periodistas que han pasado un mes trabajando en Bielorrusia han sido detenidos. Algunos diez días, otros solo uno: pero hablamos de una cifra oficial. Siempre hay riesgo, contactamos con periodistas internacionales, a veces para interesarles o “picarles”. ¿Conoce a Jalis de la Serna? Su visado fue rechazado, pero aún así irá por su cuenta. Hay muchos periodistas que no pueden entrar con su cámara y equipo de trabajo. Lo hacen de paisano desde Rusia. El régimen les está echando a todos.

AS: ¿Cree que la información que nos está llegando en España es buena?

AY: Ni sí ni no. Los medios le quitan dramatismo, para no añadir leña al fuego. Les pusimos en contacto con 20 personas que habían sido torturadas en la cárcel, dispuestas a contarlo. Y de momento no hemos visto ni una sola, aunque se han hecho. Tienen cierta presión del Ministerio, porque nunca se sabe. Yo creo que España está esperando a que la UE alcance por fin un acuerdo. Eso sí, la ministra de Asuntos Exteriores (Arancha González Laya) nos habló en la ONU: le admira nuestra actividad.

Lukashenko y su policía no hacen distinciones entre los periodistas bielorrusos y la prensa extranjera. A comienzos de octubre, el Ministro de Asuntos Exteriores bielorruso canceló todas las acreditaciones para periodistas extranjeros. Según las autoridades, se trata de una medida orientada a garantizar la "seguridad informativa" del país. "No es como la guerra, pero se parece, presión y más presión cada día", ha dicho Barys Haretski, presidente de la Asociación de Periodistas de Bielorrusia.

Pero Lukashenko no se ha limitado a presionar y denegar acreditaciones. Desde el 9 de agosto, cuando empezaron las protestas, 277 periodistas han sido detenidos en Bielorrusia, según datos de la Asociación de Periodistas de Bielorrusia. Cuarenta de ellos fueron detenidos el sábado diez de octubre en el transcurso de las nuevas manifestaciones contra el fraude electoral.

Las intenciones del régimen están claras, cuantos menos testigos, mejor. Y se está empleando a fondo para conseguirlo. Durante las primeras semanas de protestas, los periodistas bielorrusos denunciaron un apagón informativo que había bloqueado el acceso a más de setenta webs. Entre ellas, varios medios de comunicación críticos con el gobierno de Lukashenko como Masheka.by o Vitebsky Kurier (El Correo de Vitebsk).

La respuesta no se hizo esperar. Reporteros sin Fronteras, una organización que vela por la libertad de prensa en todo el mundo, desbloqueó algunos de esos portales censurados. Lo hizo a través de la operación #CollateralFreedom, un dispositivo basado en la técnica de mirroring que permite evadir la censura en línea. Todo un ejemplo de solidaridad internacional en defensa de la libertad de expresión y contra el autoritarismo censor. 

Pese a todo, la moral de los bielorrusos sigue alta y su decisión de continuar en la lucha es firme. Otra cita de la entrevista de Amelia Serraller en FronteraD con activistas bielorrusos:

Amelia Serraller: ¿Cree usted que tiene Lukashenko los días contados?

Aliaksandr Yurevich: Sí (responde con convicción). Sí, por todo nuestro trabajo. Tenemos un dicho ahora: si eres bielorruso, no duermes. Llevamos más de 100 noches sin pegar ojo. Hacemos el máximo esfuerzo y todos nuestros vecinos que están en el Oriente post-soviético nos echan un cable: Lituania, los ciudadanos rusos, ucranianos, georgianos, armenios… Estamos en ello. Pero hasta el año que viene no lo vamos a ver.

Y para comprender un poco mejor la intrincada relación entre Putin y Lukashenko, dejamos este interesante vídeo de Visual Politik. 

¿Qué quiere Putin en Bielorrusia?