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5 de noviembre de 2008

Joveznos asesinos




De "mendiga hedionda" a "señora Endrinal", de cómo iluminaban las llamas sus risas carroñeras a sollozar ante el juez pidiendo un "trato justo". Vale, que se lo den. En la cárcel. Los que los violen.





De 'olía mal' a 'señora Endrinal'

La estética y las expresiones de los dos jóvenes han cambiado radicalmente
Ricard alegó que se estaba preparando selectividad y Oriol que tuvo una infancia dura


Xiana Siccardi

BARCELONA.- Casi tres años han pasado desde que trascendieron las brutales imágenes captadas por el cajero automático de la calle Guillem Tell, donde se puede ver a los tres jóvenes en actitud desafiante y chulesca, lanzando objetos -entre ellos un cono de tráfico- a la mendiga María del Rosario Endrinal. Aquella noche, Ricard P.B. llevaba una estética para muchos agresiva: una cazadora Bomber, y pantalones y botas militares. Por aquellos tiempos él y sus amigos se reunían en un cybercafé de la calle Brusi y escuchaban, entre otros, a un grupo neonazi, llamado Estirpe Imperial. Fumaban porros.

Pero el lunes, las dos personas que se sentaron en el banquillo de los acusados de la Audiencia eran otras, con un aspecto y actitud irreconocibles. Tanto, que de aquella señora a la que atacaron porque "olía mal" al haberse orinado encima a referirse a ella como "señorita" o "señora Endrinal" -como sucedió el lunes- sólo distan los 28 años de cárcel que solicita la Fiscalía.

Con camisa y pantalones impecables, Oriol y Ricard fueron respondiendo con tono tranquilo a las preguntas de las partes.

Su juventud también fue utilizada. Fue el abogado de Ricard quien le preguntó, al final de su interrogatorio, qué estaba cursando en el momento de los hechos. "Cuarto de la ESO", respondió el joven. "¿Y qué estás haciendo ahora?", continuó el letrado. "Me estoy preparando los exámenes de selectividad", contestó el procesado, en una clara voluntad de demostrar al tribunal que, pese a lo desafortunado de los hechos, tienen una larga vida por delante.

Oriol P.B., por su parte, dio una imagen muy alejada a la de un "niño bien". Dijo haber sufrido múltiples problemas familiares durante su infancia. Para empezar, la separación de sus padres y la profunda depresión de su madre, que motivó que sus hermanos pasaran a ser tutelados por la Dirección General de Atención a la Infancia (Dgaia).

Antes de abandonar la sala de vistas con lágrimas en los ojos, Oriol también explicó que fueron sus tíos de Barbastro (Huesca) los que le libraron de la suerte de sus hermanos y lo acogieron en su hogar durante dos años hasta que, también, ese matrimonio terminó separándose.

Desde entonces, quedó a cargo de un tío alcohólico que le obligaba a deambular hasta altas horas de la madrugada, sin tener en cuenta que al día siguiente tenía que asistir al colegio. Por este motivo, decidió trasladarse a Zaragoza, donde durmió en un albergue social. Después se buscó un empleo y un piso. Hasta que el fatídico 16 de diciembre de 2005 decidió volver a Barcelona para salir por la noche con sus viejos amigos.