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3 de mayo de 2009

Infamia y catarsis en el Bernabéu

Sin preámbulos. Lo ocurrido este sábado fue mucho más que un descalabro accidental, un traspié y caída por las escaleras, lo ocurrido este sábado se marcará en rojo como una fecha clave en la historia del Real Madrid, será para todos los madridistas lo que fueron la invasión y saqueo de Roma o la caída de Constantinopla para la civilización occidental. Lo ocurrido este sábado en el Bernabéu significará para todos nosotros lo que supuso para Estados Unidos el ataque sorpresa japonés a Pearl Harbor en aquel lejano 7 de diciembre de 1941 y que desde entonces fue conocido en ese país como "el día de la infamia".

Lo ocurrido en la noche del 2 de mayo del 2009, que ha dejado al madridismo en estado de shock, pasará a la historia del Real Madrid como la lamentable constatación del fracaso de un ciclo nefasto que comenzó con la soberbia e ineficacia del florentinato tardío y siguió con el garbancero, arrogante y lerdo mandato de Calderón y Boluda. Este ciclo horribilis termina con sólo dos ligas conseguidas frente a un Barcelona en construcción -que fermentaba el superequipo que es ahora- y una larga caterva de futbolistas mediocres en plantilla sin el nivel mínimo exigible en un club como el Real Madrid.

Han sido dos ligas de efectos perniciosos que sólo han conseguido poner una venda de fatal autocomplacencia en los ojos de quien debería planificar las temporadas, las altas, las bajas y las renovaciones, confiados en que el coraje de sus futbolistas y el nombre del club valdría para seguir asustando a los rivales y ganando Ligas vacías de candidatos serios, mientras se obviaba el fracaso absoluto, durante cinco años seguidos en la competición que realmente da y quita razones, la Liga de Campeones.

Porque está muy bien ganar 17 partidos seguidos contra el Getafe, al Numancia o al Sevilla tirando de la épica y el coraje pero en cuanto ha llegado un rival de categoría se nos han visto los costurones y las flagrantes carencias de la plantilla. Con el agravante de que cuando al Madrid le da la pájara, el equipo se descose completamente, encajando goleadas de auténtico escándalo, ya que además nos tienen ganas en bastantes sitios y nuestras humillaciones son su orgullo y goce.

El Real Madrid ha de aprender la lección que nos ha dado este resultado ignominioso, esperando que convenza al próximo presidente de la dolorosa pero inaplazable limpia en una plantilla tan cara como falta de calidad, de la necesidad de una regeneración en casi todos los estamentos del club -estatutos incluidos-, de una política de cantera coherente que deje de fabricar jugadores mediocres sólo válidos para clubs de medio pelo.

El Madrid ha de vertebrarse de nuevo, ha de regenerar su médula espinal olvidando los modos rancios y arrogantes de estos últimos años, ha de ser liderado por una directiva moderna y profesional, elegante en las formas y eficaz en el fondo, que imponga un modelo futbolístico, un estilo y una política de cantera acordes con la Historia y el prestigio del club -como hace mismamente el Barça-, haciendo una apuesta irrenunciable por la calidad y la profesionalidad en los jugadores que integren la plantilla, para que quien llegue al club sea consciente de lo que significa ponerse la camiseta blanca y que luche por merecerla. Y todo esto cuenta también para una sección de basket aquejada de idénticos males que la de fútbol.

Después de Pearl Harbor los Estados Unidos se pusieron las pilas para lavar la afrenta que supuso ese ataque terrible y no sólo lo consiguieron sino que salieron de la Segunda Guerra Mundial reforzados y convertidos en la más grande superpotencia que el mundo había conocido. El próximo presidente del Real Madrid ha de saber aprovechar la catarsis de este nuestro particular día de la infamia para refundar el estilo del club y el madridismo y sumar al peso específico de su escudo una irrenunciable apuesta por la modernidad y la calidad que acompañen al mito que su nombre aún evoca. Porque quien tiene ahora ganas de revancha es el Real Madrid.