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27 de julio de 2009

Entrañas, anatomías y otros interiores

En este blog nos gusta importar el conocimiento y la belleza digitalizados que cada día se conforma en Internet, un conglomerado casi infinito de contenidos que abarca muchos de los saberes y talentos del Homo Sapiens Sapiens. Es un momento histórico este en el que vivimos pues todo o casi todo está o se construye en esta federación planetaria de inteligencias que se muestran cada día en la Red.

Así pues integramos en esta entrada dos muestras de esos talentos hechos y aún por hacer, reproduciendo "Interiores", soberbia ilustración de Fernando Vicente (al que ya conocíamos del Babelia y del que recomendamos vívamente sus blogs Vanitas, Anatomías, Atlas y Pin-Ups) y trayendo desde el neonato y magnífico blog de una de nuestras colaboradoras, Lucía Corral, alias Menudinha, su estupenda entrada Anatomía de los cuerpos (en la que además nos cita), sobre las fontanerías de nuestro cuerpo, sobre las comúnmente olvidados engranajes y pulsiones de nuestras entrañas, que a veces nos recuerdan con virulencia su existencia en un hospital o lo hacen amablemente, durante un instante flotando en el mar, mientras marcan con sus secreciones, sus esfínteres y sus latidos buena parte de nuestros caracteres y nuestras vidas.


Lucía Corral Menudinha - Anatomía de los cuerpos

El sol empieza a caer y ya queda poca gente en la playa. Retas a la brisa de la última hora de la tarde y con relativo valor (especialmente al llegar a la altura de las "pudendas") te vas metiendo en el agua. El cuerpo vence el miedo y se acostumbra a la temperatura atlántica con tal descaro que hasta te decides a ponerte horizontal y dejar que flote y que el mar te meza a su antojo.

Entonces, con el color azul como única visión, dejas de oir los ruidos de la ciudad para percibir con los oidos hundidos en el agua un "bum-bum", como si hubiese un corazón submarino en algún punto lejano. Pero el mar no tiene corazón, el mar se vuelve muy negro por la noche, se muere todas las noches.


El ruido viene de dentro, de tu propio cuerpo, de tus vísceras vivas, las mismas que ignoras todos los días pero que conforman el engranaje que hace que estés vivo. Qué desagradecidos somos con las vísceras, que asco nos dan cuando las vemos en la carnicería colgando de los ganchos de acero, o en las fotos de accidentes de tráfico... con todo el servicio que nos prestan... sólo por estar fuera del cuerpo ya reaccionamos en plan "puagh" y ahí se acaba su historia.

Pues estos ojos que algún día se comerán los gusanos se niega a obrar así y miran de forma optimista y curiosa las vergüenzas humanas, esas partes que realmente no se ponen morenas.





Intento pintar aquello que muchos seres vivos como los anfibios llevan a la vista (léanse las etiquetas de "Transparencias" del Juez Roy Bean presente en las listas de blogs) desde un punto de vista romántico, renacentista a lo mejor. Paso del enfoque cruel y gore que tanto gusta en estos mundos del arte moderno. No, no voy de visionaria. Leonardo Da Vinci aka "Ven aquí joven aprendiz que te voy a dar lo tuyo y lo de tu prima" realizó hermosísimos dibujos sobre la anatomía profunda del cuerpo humano que no respondía a ninguna idea macabra.