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2 de noviembre de 2009

El avispero afgano (4) Sólo queremos Islam

A mediados del pasado septiembre el periodista Gervasio Sánchez respondía las preguntas de los internautas en la lamentablemente extinta web Soitu sobre el futuro de Afganistán (país que conoce bien y al que ha estado viajando como periodista desde 1996) y las posibles fórmulas para que ese país ingobernable pudiera tener oportunidades de constituirse como un estado estable y democráticamente viable.

"Volver a empezar. Impedir que el corrupto de Karzai gobierne. Preparar una transición de dos años con un enviado especial de la ONU que sea respetado por las partes. E intentar que los talibanes participen en el proceso electoral. Multiplicar por tres las tropas extranjeras".
Testigo de excepción de los cambios allí acaecidos recuerda que nadie se quejó cuando los talibanes llegaron al poder e instauraron la paz en un país devastado. "La población prefiere el terror talibán a las bombas occidentales". Además el poder de facto sigue siendo talibán "y las autoridades tienen que aceptarlo para evitar la muerte", apostilla. Pero la población está agotada. "La mayoría de los afganos viven en la pobreza absoluta cobrando salarios miserables de dos dólares al día. No tienen ni para comer mínimamente". Pero la hartura del pueblo no viene solo de la pobreza en la que vive ni de la situación de las mujeres. "El afgano mayor de 30 años no sabe lo que es un país en paz. Muchos afganos han nacido y van a morir en plena guerra".
Apenas quince días después las nuevas elecciones que se iban a celebrarse el próximo 7 de noviembre por el fraude masivo de las anteriores han sido desconvocadas al retirarse el único candidato opositor a Karzai, Abdulá Abdulá. Eso ha provocado que el nefasto Karzai sea reelegido. Y Barack Obama aún no ha decidido si enviará no ya el triple de lo que aconsejaba Gervasio Sánchez sino siquiera más más soldados a luchar por una democracia afgana cada vez más utópica, mientras el resto de países involucrados en la misión de la ONU cada vez son más reticentes a mantener los suyos para luchar y morir en una guerra impopular en sus opiniones públicas.

O sea, el peor de los escenarios posibles, si esa es la democracia que les mostramos no es extraño que cobren más fuerza los que esperan sumergir definitivamente a Afganistán en una edad de oscuridad y fanatismo, los que no quieren ni globos de colores por las calles de Kabul ni cometas en su cielo, los que quieren sólo Islam.

Fotos: Big Picture