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1 de junio de 2010

Quo vadis Florentino Pérez?

Cuando a principios de la temporada apenas finalizada hablábamos de la ilusionante nueva etapa de Florentino Pérez como presidente del Real Madrid, nos congratulábamos del rearme en todos los frentes que este había llevado a cabo, el cuál permitiría al club blanco al menos competir con el casi invencible que había alumbrado Pep Guardiola, pero también esperábamos que el nuevo presidente blanco habría aprendido de sus errores cometidos en la primera etapa del florentinato, el primero y mayor de todos, despedir a Vicente del Bosque y después a todos los demás. Porque además de la decisión absurda que supone despedir a un entrenador que había conseguido dos Ligas y una Copa de Europa, este hecho hizo que Florentino probara la carne de entrenador, que ésta le gustara y así repetir seis veces más sin pensar en el derroche de dinero y la pérdida de identidad, la mayoría despedidos millonariamente aunque con no muy buenas maneras.

Sin embargo, a pesar del gran salto cualitativo que dio a la plantilla, que hubiera permitido ganar al menos cualquier otra Liga en la que no jugara el actual Barça, el Madrid de Pellegrini fracasó estrepitosamente en Copa del Rey y sobre todo en la Champions, auténtico objeto del deseo de todos los madridistas y siguió estando un escalón por debajo del equipo blaugrana en juego individual y colectivo. Por no hablar de la cantera, o el equipo de basket, que tantas ilusiones nos había despertado y que luego ha quedado también en bastante menos de lo que prometía.

Sin embargo, en lugar de ser conscientes del camino avanzado este año y reforzar el equipo con centrocampistas de calidad, línea por la cual se ha descosido este año el Madrid en los partidos importantes y abundar en el estilo elegido apenas año antes, Florentino Pérez y con él el club blanco ha optado por dar otro bandazo más, quizás el último que pueda, permitirse, al apostar cuatro temporadas por José Mourinho, entrenador tan polémico como inteligente. Y la inteligencia sabe adaptarse a su entorno y sus circunstancias, por lo que esperamos que sepa que entrenar y sobrevivir al Madrid y todo lo que le rodea es la tarea más compleja a la que se haya enfrentado.

Ahora mismo nadie puede asegurar qué ocurrirá en esta nueva etapa de Mourinho en el banquillo madridista, puede ocurrir que el Bernabéu acabe echándole el primer año como a Capello y arrastre en su caída a Florentino o puede ser que, de una vez por todas, el técnico luso (a quien le empezamos a encontrar parecidos razonables con el espíritu del club blanco) dé con la tecla para construir el auténtico equipo que echamos en falta desde hace tanto tiempo, equilibrando la plantilla, dotando al equipo de un estilo reconocible y un juego colectivo eficaz y moderno, que sepa presionar, atacar y defender sin partirse por el medio ni renunciar al juego de ataque que el socio blanco incondicionablemente exige, lo que está claro es que el Real Madrid ha vuelto a hacer otro de los trucos de ilusionismo que acostumbra cada verano, para seguir hechizando a muchos millones de personas en todo el mundo, adeptos y adictos a este club mítico, tan imperfecto como único.