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26 de junio de 2013

Ciclo de cine europeo (24) 'Funny games', de Michael Haneke


"Brillante, radical, provocativa... es una obra maestra" Time Out
"Me desasosiega, me da miedo y me repugna. Posee talento, como casi siempre en Michael Haneke, pero es un talento especialmente dotado para lo enfermizo, para describir con complacencia patologías que me ponen malo." Carlos Boyero: Diario El Mundo
"De una terrible lucidez" Ángel Fdez. Santos: Diario El País
"Angustioso e insólito thriller macabro, muy valorado por la crítica" Inma Garrido: Cinemanía

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Jugar a cine sin concesiones


Todo lo que Haneke pretende en Funny Games está resuelto con maestría y virtuosismo narrativo. Un ejercicio de realización impecable tanto en ritmo como en dirección de actores, verdaderamente fuera de lo común. Consigue transmitir ultraviolencia y pánico con explicidad cero, jugando únicamente con fueras de campo, planos estáticos, eternos, impensables en una cinta de terror convencional. El tratamiento del silencio, de cada mirada. Lo inquietante de un conflicto argumental tan verosímil y la sensación contínua por otro lado de que la horripilante situación a la que ha sido gratuitamente expuesta esa familia, debería ser más fácil de solucionar. Pero no. Vaya que no. Estamos ante una prueba de fuego para un espectador que al igual que esa familia no deja de preguntarse “por qué” sin hallar respuesta. Estamos posiblemente ante uno de los tratados de psicopatía más completos de la historia del cine. Por suerte o por desgracia de vez en cuando el cerebro de toda esa carnicería apela al espectador para recordarle que lo que está viendo es ficción y de paso que tiene el control absoluto, casi divino de la situación, control que se materializa en la escena del mando a distancia, uno de los momentos de inspiración más sublimes que he visto nunca. 

Todo en Funny Games son sutiles contrastes que le sirven a Haneke para perfilar más el horror, la tensión, la incertidumbre. El predomino del incorrompible blanco, tanto en la ropa de la pareja de psicópatas (recién sacados del Wimbledon) como en el mobiliario y la luz. El enclave de ensueño, la ausencia de armas por parte de estos dos jóvenes asaltantes, que únicamente usando las palabras y un palo de golf anulan a una familia al instante. La premisa de los inocentes huevos. ¿Qué pasa ahí?. Si la hubiera visto en el cine me hubiera girado para comprobar que la cara y la sensación de la gente era exactamente la misma que la de ella conforme avanzaba la escena de los dichosos huevos. Del mismo modo, en el plano general fijo del salón tras el primer clímax narrativo, el sonido y la imagen desvirtuada y turbadora de las carreras de coches en esa televisión salpicada de sangre, y un padre sucumbiendo a la rotura del alma en un alarido escalofriante y al arrepentimiento más doloroso seguidamente. Más de diez minutos para palidecer, insuperable. Lo nunca visto. 

Funny Games es un triunfo cinematográfico, una joya de realización, ritmo y dirección de actores. Un laboratorio en el que Haneke explora la raíz del verdadero terror psicológico, los instintos más primarios y a la par más irracionales, la entidad amoral, las clases sociales y las clases mentales; la impotencia, la desgracia y la desdicha; la humillación y la injusticia. Siempre en silencio, siempre al acecho y sin concesiones. Así es Haneke, así es Funny Games.