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17 de julio de 2014

Eterno Bob Dylan (1) Intro / 'No Direction Home', de Martin Scorsese

Apuntes sobre Bob Dylan

"Las canciones están ahí. Tienen una existencia propia, y lo único que esperan es a que alguien las escriba"

"Una canción es una experiencia: no hay necesidad de entender las palabras para entender la experiencia. Intentar entender el significado completo de las palabras puede destruir el sentimiento de la experiencia como un todo"

"Cuando yo muera, la gente va a interpretar todo de mis canciones. Van a interpretar hasta la última puñetera coma. Ellos no saben lo que significan las canciones. Mierda, ni yo mismo sé lo que significan"

"¿Que cómo son mis canciones? Pues mire, tengo canciones de cinco, de seis, de siete, de ocho, y aunque usted no se lo crea, hasta de diez minutos"

"Lo que más puedo esperar es cantar lo que pienso, y quizás evocar algo en los demás. No me insultes diciéndome que soy una persona con mensaje. Mis canciones no son más que un diálogo conmigo mismo"

"¿Sabes? todas mis canciones podían estar mejor escritas. Esto es algo que me preocupaba antes, pero ya ha dejado de preocuparme. Nada es perfecto, y por eso no tengo por qué esperar que yo sea perfecto"

"Mis canciones solían tratar sobre lo que sentía y veía. Mis otras canciones, como mínimo, trataban sobre la nada. Las más recientes tratan sobre la misma nada, sólo que vista desde dentro de algo más grande, que quizás se llame ninguna parte"

"Las canciones son justamente pensamientos. Por un momento paran el tiempo. Escuchar una canción es escuchar algunos pensamientos"

"Si yo hubiera sido un fan de Dylan Thomas me habría llamado Bob Thomas y cantaría sus poemas"

"Yo no tengo esperanzas de futuro y solo espero tener suficientes botas para cambiarme"

"Las canciones me llegan cuanto mas aislado estoy en el espacio y en el tiempo"

"Todavía no he escrito nada que me haga dejar de escribir. No he llegado al lugar al que llegó Rimbaud cuando decidió dejar de escribir y se fue a vender armas a África"

"Siempre he pensado que Dylan era un farsante. Desde luego no es un muchachito que canta canciones líricas. Es un oportunista que quiere hacer carrera y sabe muy bien donde va. Además, es un hipócrita. Nunca he comprendido porqué le gusta a la gente, no sabe cantar"
(Truman Capote)

"Dylan ha escrito canciones que tocan lugares de la mente a los que nadie antes había llegado"
(Jerry Garcia)

"Es un pozo sin fondo. Aun tiene mucho que decir"
(Lou Reed)

"Bob Dylan es como Einstein. Como un disparo divino"
(Kris Kristofferson)

"Hay un hueco generacional, porque los chavales de veinte años no tienen Bobdylanes de veinte años"
(Joaquín Sabina)

"Si Elvis liberó mi cuerpo, Dylan liberó mi mente"
(Bruce Springsteen)

Intro 

Inaguramos esta nueva serie de posts sobre uno de los genios absolutos con los que el Juez Roy Bean ha tenido el honor de compartir muchos años de tiempo de vida, un artista fundamental en la historia de la música, un genio en constante reinvención con toda su inteligencia y conciencia puestas en su música y su carisma, su insolencia y su talento. Robert Allen Zimmermann, Bob Dylan. Un ser humano lleno de complejidad y talento, un individuo con inteligencia, sensibilidad y determinación que siempre ha hecho lo que su alma le ha pedido que hiciera, un músico que ha hecho siempre la música que ha querido en el momento en que quería hacerla. 

Aquí en Redacción de Vida y Tiempos del Juez Roy Bean probablemente no hemos escuchado toda su extensísima producción músical, ni nos gustan todas de sus centenares de canciones y versiones de sus propios temas que ha ido grabando a lo largo de más de cinco décadas dedicado a la música, incluso nos deja perplejo algún hecho de su vida como su abrupto acceso de fiebre cristiana en su vida que le duró unos años y un par de discos, ni siquiera entendemos todo en sus muchas veces crípticas letras (recomendamos vivamente la web GodDylan.com, donde pueden encontrarse las letras de sus canciones, también traducidas) aunque con los años y las escuchas hemos ido entendiendo su música mucho mejor, figurando muchas de sus canciones entre en la música que escuchamos en el Juzgado. 

Si al ya algo talludito Juez Roy Bean le dieran a elegir vivir cinco años de la vida de alguien probablemente elegiría los años de Dylan desde su llegada a New York hasta el final de la gira europea de 1966 cuando tuvo un accidente de moto (!) cuyas circunstancias y consecuencias no fueron nunca del todo aclaradas, pero que cambiaría el rumbo de su carrera y su vida. En esos años publicó siete albumes y salvo el primero (que nos parece de tanteo), el resto fueron grandes éxitos le encumbraron como nuevo enfant terrible de la música americanaY como instante supremo escogería el célebre momento del concierto en el "Free Trade Hall" en Manchester, cuando acabada la mitad folk del mismo, Dylan se dispone a interpretar con su banda la parte eléctrica del concierto y el estirado público inglés le muestra, como anteriores ocasiones, su hostilidad hacia esa vertiente de Dylan que no aceptaban, llamándole Judas y tal. Tras contestar llamando mentiroso a quien le había insultado, Dylan se dirige a su banda, y tras mascullar "Play it fucking loud!" se lanza a interpretar con rabia esa obra cumbre de la música de todos los tiempos que es 'Like a rolling stone', gritando al mundo que la era de la electricidad había llegado a su música para quedarse y aportar a su arte musical complejidad y rabia.

En el magnífico documental en dos partes que seguidamente les ofrecemos, 'No direction home', de Martin Scorsese (otro genio contemporáneo) Dylan en persona va desgranando sus recuerdos de adolescencia en su ciudad natal de Duluth, Minnessota y la falta de expectativas de todo tipo que allí se daban. Habla sobre sus influencias musicales que beben del viejo country de los cincuenta pero también del folk, del blues, el gospel y el rock'n'roll. El documental, estrenado en 2006, se centra precisamente en ese periodo efervescente, entre su benéfica llegada al Greenwich Village neoyorquino (meca cultural de la época de todo artista que tuviera algo que aportar) a principios de 1961 y sus difíciles comienzos tocando en los bares, hasta su accidente de moto e incluye también entrevistas con su ex-novia Suze Rotolo, Liam Clancy, Joan Baez (también pareja artística y sentimental suya durante un breve tiempo), el ya difunto Allen Ginsberg y otras figuras cercanas a Dylan en aquella época seminal. 

Sin embargo, y a pesar de la veneración que pronto se le dispensaría, Dylan no quiso ser portavoz ni conciencia de su generación, un profeta o un referente político o social; Scorsese aporta las declaraciones de muchos de los que fueron amigos y compañeros de Bob Dylan, como Joan Baez, que deja claro lo difícil que era convivir con él, dado sus altibajos de euforia-depresión. Muchos, ella también, le reprocharon en aquel momento que después de escribir tantas canciones protesta durante los años de Martín Luther King y la defensa de los derechos civiles, etc, luego no quisiera comprometerse en las manifestaciones en contra de la Guerra del Vietnam ni encuadrarse políticamente en la llamada "izquierda" de su país. 

Porque Dylan sólo se volcó con fanatismo en su música, rechazando las etiquetas y los compromisos convencionales de la militancia política de los que le preguntaban por qué ya no tocaba canciones protesta, ignorando que, como él decía, todas sus canciones eran canciones protestaSe mantuvo como un hombre de pensamiento libre, celoso de su vida privada y su independencia existencial y artística, atreviéndose a evolucionar su música pese al inicial desconcierto y descontento del público, defraudando a propósito a muchos de sus adoradores. Todo esto lo recoge muy bien Scorsese, la desilusión que causó Dylan en los estadounidenses que le veneraban por sus canciones folk e imagen adolescente pero como expresa muy bien el cantante, ni podía ni quería volver a ser aquel chico de 18 años.

Hoy, con 73 años y tras más de medio siglo deleitándonos con su arte musical, Dylan sigue siendo un fulano hipercreativo de mirada torva y astuta, sigue saliendo de gira y sacando discos magníficos cada pocos años, lo que nos reconforta y nos indica que aún nos queda Bob para rato. No obstante, los dylanitas a veces no podemos evitar pensar que también a él le tiene que llegar su hora algún día y que ese momento puede no estar lejos (It's not dark yet, but it's getting there...), así que antes de que eso ocurra en este blog queremos homenajear a este artista excepcional con esta serie de entradas sobre sus tiempos, sus obras y sus influencias sobre multitud de artistas de todo tipo, desde músicos a escritores y cineastas, agradeciendo el inmenso goce que su legado musical y emocional ha proporcionado desde hace mucho tiempo al Juez Roy Bean. 


‘No direction home [Bob Dylan]’ Martin Scorsese, 2005

Miradas.net No direction home de Martin Scorsese : Aquel muchacho de Hibbing.

En los minutos iniciales de No Direction Home, un Bob Dylan que en apenas cinco años ha pasado del anonimato de una pequeña localidad minera en Minnesota al estatus de ídolo juvenil de toda una generación, interpreta su éxito Like a Rolling Stone en un multitudinario concierto. Es uno de los momentos cumbre del rock, filmado por alguien que se desliza por el escenario como un miembro más de la banda, mientras improvisa las posiciones que le permitirán garantizar la posteridad del evento. Falso comienzo, sin embargo, puesto que en realidad estas imágenes pertenecen al último tramo de la cronología que abarcan los 207 minutos de la película de Scorsese: en su gira de 1966 por Europa, Bob Dylan se enfrenta a los efectos de una fama fuera de toda expectativa. Es aclamado como nunca por el público, pero también es acusado de traidor por aquellos que consideran contaminantes los sonidos eléctricos que ha ido incorporando al repertorio folk con el que se había hecho célebre. 

De regreso a Estados Unidos, Dylan sufrirá un accidente de moto que le mantiene alejado de los escenarios durante ocho años, dedicados a la composición y a la familia (o al menos así lo cuenta la leyenda). En un momento dado de esta actuación —sin conceder siquiera el remate de la frase musical que en ese momento ejecuta enérgicamente el grupo—, un corte seco de imagen y de sonido nos transporta al silencio de un paisaje nevado. Un bosque helado que, en su abstracción, parece dibujado a mano, y que podría asociarse, sin dificultad, a aquel que en el interior de una bola de vidrio evocaba la infancia perdida de Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941). La voz magnética de Bob Dylan comienza entonces a desgranar unas palabras: «El tiempo… Puedes hacer muchas cosas para que parezca que el tiempo se ha detenido, pero, por supuesto, nadie puede detenerlo». El cantautor no ignora que, con el cine, el tiempo ya ha dejado de ser lo que era; que el cine es lo más parecido a un dispositivo de la inmortalidad, capaz de revivir el momento pasado aunque sea de un modo ilusorio, pues lo único que recupera de él es un tenue reflejo sin consecuencias; la impronta precaria de uno de los lados de esa realidad, uno de los muchos posibles. 

El reto de No Direction Home es, precisamente, instalarse en esa dimensión evocadora del cine y de la palabra, confiar en su poder para reconstruir una época —los años de 1941 a 1966 de la vida de Robert Zimmerman— desde la que los pasos recorridos esclarezcan el presente del mito.

El film de Martin Scorsese es una coproducción del canal de televisión público estadounidense PBS, la BBC británica y la NHK japonesa para la serie American Masters. La película se estrenó en septiembre en el Festival de Cine de Toronto, y para su emisión televisiva y su comercialización en DVD ese mismo mes se ha dividido en dos partes. El grueso del metraje está constituido por material de archivo de Dylan y su época —parte de él inédito como filmaciones que Pennebaker realizó en su gira europea de 1966— y por entrevistas a Bob Dylan y a personas cercanas a él en sus primeros años de carrera, realizadas con motivo de esta producción (1). Todos los testimonios fueron filmados en ausencia de Scorsese antes incluso de saberse quién iba a dirigir la película —alguno de ellos alejado en el tiempo, como la del poeta beat Allen Ginsberg, que intervino antes de su fallecimiento en 1997—. La entrevista a Dylan, poco aficionado a hablar ante las cámaras, fue realizada por su agente Jeff Rossen, que durante cuatro días de grabación conversó con él hasta acumular más de diez horas de confesiones.

Scorsese no es un advenedizo en el terreno de las películas sobre música popular. Durante sus primeros años en el cine, se dedicó al montaje de filmaciones de conciertos, como en Woodstock (1970) o Elvis On Tour (1972). Años más tarde, dirigió El último vals (The Last Waltz, 1978), film que recoge el concierto despedida de The Band (la agrupación de Bob Dylan) en San Francisco. Más recientemente, él ha sido el encargado de producir una serie sobre el blues en la que participaron además, como realizadores de sus diferentes episodios, Clint Eastwood, Wim Wenders o Charles Burnett. Parece ser que fue el propio Dylan quien, al ver la contribución de Scorsese a esta serie, sugirió su nombre como la persona idónea para acometer una película sobre él. Ambos artistas se admiran mutuamente desde hace años y el vínculo cinematográfico entre ellos se remonta más allá de la colaboración en El último vals, ya que fue Jonathan Taplin, antiguo manager de Dylan, el productor de la película que consolidaría profesionalmente al cineasta neoyorquino: Malas calles (Mean Streets, 1973). Asimismo, en los filmes en que no aborda directamente la temática musical, Scorsese siempre se ha mostrado partidario de apoyar buena parte del protagonismo dramático de sus historias en las canciones (es bien conocida su costumbre de acompañar con éxitos de la música popular el desarrollo de sus películas). De Eric Clapton y Rolling Stones en Malas calles a R.E.M. y 10.000 Maniacs en Al límite (Bringing Out the Dead, 1999), pasando por los vocalistas melódicos de los sesenta y setenta en Uno de los nuestros (Goodfellas, 1990) y Casino (1995), la canción es menos la ilustración incidental de una acción que el anclaje sentimental de una época.

Emparentado necesariamente con el ilustre precedente de Don't Look Back (1967), de D.A. Pennebaker, título clave del cine directo estadounidense que sigue los pasos de Dylan durante los mismos años que la de Scorsese, No Direction Home comprende un lapso mayor de tiempo en la carrera de Dylan y es resultado de una realización bien diferente. Conviene insistir —por tratarse de una circunstancia muy poco habitual para un director— en el hecho de que la intervención de Scorsese, en este caso, se limitó a la selección y a la organización del material filmado, siendo lo normal, como se sabe, que la capacidad de decisión del cineasta abarque tanto la puesta en escena de una filmación como la puesta en serie de lo filmado (algo más lo primero que lo segundo, desde luego, en el modo de producción generalizado en Estados Unidos). El ceñirse el trabajo del director al proceso de montaje, sin embargo, no ha parecido suponer una merma en su facultad para apropiarse de las imágenes e integrarlas en el flujo narrativo que acabe por darles cohesión.

Scorsese alterna con destreza los momentos de distensión —como esas tomas del grupo en el coche después de una noche de concierto, o la escena en que, delante de una tienda en Londres, Dylan comienza a recitar combinaciones posibles con las palabras escritas en la fachada— con las etapas de inflexión histórica en su carrera. En ambos casos, sin recurrir a una expresión demasiado enfática para describir el hecho —es modélico, por ejemplo, el modo en que se cita el asesinato de Kennedy en Dallas, obviando la famosa filmación de Abraham Zapruder en la que Oliver Stone fundamentó la construcción de su JFK: caso abierto (JFK, 1991), y dramatizándolo visualmente a partir de las reacciones de los testigos instantes después de los disparos, mientras escuchamos los acordes de A Hard Rain's a-Gonna Fall.

Scorsese busca siempre el modo más franco de contar lo que quiere. Cuando se trata de dar voz a los entrevistados, el realizador no invisibiliza los cortes en la toma con fundidos encadenados o con planos recurso para que parezca que su testimonio se ha desarrollado en continuidad, por lo que se percibe el salto en la persona que habla. Refiriéndose al modo de trabajar en sus documentales Italianamerican (1974) y American Boy: A Profile of Steven Prince (1978), Scorsese manifestaba una vez que el aprendizaje en estos trabajos le permitió conocer mejor la técnica para ir al grano de lo que quería contar y abordar con mayor sensación de libertad las incursiones en la ficción de, por ejemplo, Toro salvaje (Raging Bull, 1980): «Lo que me gustaba hacer en las partes de los documentales en los que hay gente hablando, más que fundir unas imágenes con otras para suavizar los cortes, era pegar saltos hasta liberarme de la forma»(2). 

Durante el metraje de la película, Scorsese vuelve una y otra vez sobre los conciertos en Inglaterra —y las reacciones a ellos— que la abren y cierran, por tratarse de un episodio dramático para la carrera de Dylan; la escisión entre la vocación íntima del folk y los sonidos del rock que ya había provocado los abucheos de sus seguidores en el Festival de Música folk de Newport, con amenazas de cortar los cables de las guitarras eléctricas incluidas. Es también un modo de volver sobre una preocupación temática que recorre gran parte de la filmografía de Scorsese: el conflicto entre el respeto a los códigos establecidos y la llegada de los nuevos tiempos. Y cómo el individuo supera ese enfrentamiento y termina abriéndose paso en la adversidad de una sociedad hostil. La actitud evasiva del cantautor de Minnesota con los medios de comunicación, en las ruedas de prensa, y su resistencia a politizar su voz en la antesala del 1968, responden a una extraña rebeldía de aquel que trata de salvaguardar la esencia de su trabajo como el más preciado tesoro. Dice Dylan: «Un artista deber tener cuidado de no llegar a ningún sitio donde piense que ya ha llegado… es preciso estar siempre en un estado de tránsito». Porque esa es también la historia que se cuenta en No Direction Home: la del imposible retorno a casa.

15 de julio de 2014

Ciclo de cine de animación (24) 'Is the man who is tall happy?', de Michel Gondry


Is the Man Who Is Tall Happy?: An Animated Conversation with Noam Chomsky' es un documental de animación del año 2013 del talentoso realizador francés Michel Gondry que recoge varias entrevistas con uno de los grandes pensadores de nuestro tiempo, el lingüista, filósofo y activista estadounidense Noam Chomsky, pero sustituye las imágenes de las mismas, el uno ante el otro sentados en dos sillas, con una animación muy original, naïf y de tintes psicodélicos que añade una capa extra de interpretaciones al material rodado y permite ilustrar elocuentemente los complejos conceptos -como la gramática generativa o la continuidad psíquica- que Chomsky va desgranando. Las imágenes creadas por Gondry se convierten en el tercer protagonista del diálogo entre dos mentes lúcidas e inquietas, aunque por supuesto es el pensamiento de Chomski quien lleva la voz cantante.



Chomski y Gondry hacen de la charla intelectual un ejercicio gozoso, diletante y autorreflexivo en el que intercambian ficheritos mentales que abarcan la filosofía, la biología, la infancia, las religiones, los recuerdos, el funcionamiento de la mente humana, la estructura y las redes del lenguaje etc En fin, un documental de gran interés social y antropológico, a la vez denso y ligero, una estupenda forma de aproximarse al conspicuo pensamiento de una de las más grandes personalidades intelectuales de nuestro tiempo a través de la excéntrica mirada de Gondry. Como éste dice, antes de que Chomsky muera...

El Crackómetro (33) Deutschland über alles


Terminó la Copa del Mundo de Brasil y la Alemania de Joachim Löw resultó justa campeona, no tanto por el partido de anoche en la que una rocosa pero poco inspirada Argentina se lo puso difícil, sino porque es indudablemente la selección que más y mejor fútbol ha desplegado, la que más poderío ha mostrado tanto en la fase de grupos como en la fase final del torneo. Ha sido la selección máxima goleadora y con menos goles encajados y sobre todo le dio un baño memorable al Brasil de Scolari, junto a España, los grandes derrotados de este Mundial. Ha sido liderada por grandes jugadores como Lahm, Neuer, Thomas Müller, Bastian Schweinsteiger y Toni Kroos, para el Juez Roy Bean (y el índice estadístico Castrol, con una media de 9,79 sobre 10) el mejor del torneo, quien la ha manejado con temple y sabiduría desde el centro del campo a pesar de su único fallo notable, la cesión hacia atrás en la final que afortunadamente -para el esperamos próximo jugador madridista- no supo aprovechar Higuaín. 

En el otro lado de la final estaba la Argentina de Sabella, que sólo se había mostrado superioridad contra rivales menores, una superioridad basada en la contundencia de su zaga, el incansable bregar y la verticalidad de Di María, el liderazgo de Mascherano desde el mediocentro y los chispazos de genio de Messi en los primeros partidos, pero que ha mostrado sus costuras tras perder a Di María y diluirse Messi, una sombra de sí mismo. En la final los argentinos jugaron con coraje y determinación y aunque tuvieron algunas opciones claras de gol estas fueron marradas por Higuaín (otra vez fallando en los partidos decisivos), Palacio y sobre todo Messi, ganador de un Balón de Oro absurdo que nadie, ni él mismo, entendió, un premio político producto de una FIFA prepotente y corrupta a quien no le importa mostrar sus miserias.

Cuatro años después de Sudáfrica los alemanes actualizaron el modelo de toque de la España con verticalidad y potencia germana, Götze hizo de Iniesta con un gol de crack y se proclamaron vencedores de un torneo con muchos goles, muchas prórrogas y momentos inolvidables como el batacazo español, el 16º gol de Klose, la confirmación de James Rodríguez como crack mundial, el mordisco de Luis Suárez y sobre todo el 1-7 en la semifinal de Brasil contra Alemania.

La selección brasileña que se suponía iba a ser protagonista hasta el final comenzó a cantar el himno a capella y a llorar, pero con el paso de los partidos se fueron quedando sin voz y sin fútbol, pero no sin lágrimas, que volverían como un torrente tras el encuentro con los alemanes, una hecatombe que hizo tambalear el orgullo de la pentacampeona. Esta derrota rompió la tregua que implícitamente se había instalado en el país mientras durara el campeonato, devolviendo a millones de brasileños indignados a los muchos y grandes problemas que sufre el país, las manifestaciones y disturbios, la corrupción desmadrada, las deforestaciones masivas, las reclamaciones de numerosos pueblos indígenas, las penurias económicas y las sangrantes desigualdades. La dura y tozuda realidad que, después de la fiesta, siempre vuelve. 

Vocabulario Fundamental. Mujeres (11) Ellas deciden: El tren de la libertad


El pasado 10 de julio tuvo lugar la primera proyección de la película documental “Yo decido. El tren de la libertad”, el relato de la multitudinaria marcha que, gestada en Asturias en la tertulia feminista 'Les Comadres' de Gijón y en la asociación Mujeres por la Igualdad de Barredos, tiñó de violeta las calles de Madrid el pasado 1 de febrero. Aquel día se reunieron en Madrid miles de personas que habían partido desde diferentes ciudades españolas y europeas para manifestarse contra la vergonzante Ley del aborto del ministro Gallardón y en demanda del derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo y su maternidad. 

La iniciativa de estas mujeres asturianas, cuyo Tren de la libertad recabó apoyos de colectivos de dentro y fuera del país, llevó a la directora Chus Gutiérrez a hacer un llamamiento masivo a compañeras de profesión para documentar una movilización que muchos colectivos feministas han definido como histórica. Además de el de Gutiérrez, en los títulos de crédito de la película figuran nombres como el de Icíar Bollaín, Patricia Ferreira, Gracia Querejeta, Inés París, Ángeles González-Sinde o Isabel Coixet. Y los de decenas de profesionales del mundo audiovisual que han aportado su trabajo en las diferentes etapas del proceso creativo. Desde este blog les mandamos a todas nuestro apoyo y solidaridad, es vuestro cuerpo, vosotras parís, vosotras decidís.

12 de julio de 2014

Vocabulario Fundamental. Amor (17) 'Inertial Love', de los hermanos Alenda

Corto del año 2013 dirigido por César y José Esteban Alenda y premiado con la Biznaga de Plata al Mejor Cortometraje del Festival de Málaga. El amor es una autopista circular que a menudo nos devuelve al kilómetro 0.



Partir de un encargo suele hacer fruncir la ceja a críticos y espectadores, que anticipan un trabajo alimenticio, o al menos una obra por debajo del nivel acostumbrado del artista comisionado. En el caso del cortometraje, esta es una situación bastante infrecuente, por lo que las suspicacias todavía alcanzan una mayor dimensión. Los hermanos César y José Esteban Alenda vienen a hacernos tragar nuestros prejuicios y demostrar que si tras el encargo late una idea original y sugerente, el origen del proyecto no debe hacernos devaluar el resultado final.


Con una considerable filmografía a sus espaldas, siete cortometrajes entre los que se encuentran los celebrados La increíble historia del hombre sin sombra (Goya al mejor cortometraje de animación en 2009) y El orden de las cosas (Roel de Oro en Medina del Campo en 2010), los hermanos Alenda aceptaron el reto propuesto por el propio fabricante de realizar un cortometraje con una LomoKino, como medio para promocionar la nueva cámara. Todos los formatos y cámaras tienen sus cualidades y sus limitaciones, y en el caso de la LomoKino, estas están muy acentuadas. Pero a riesgo de parecer más indulgente de lo debido, el primer mérito que se le puede conceder a Inertial love y a sus creadores es el hecho de haber hecho del defecto virtud y adecuar la historia a las posibilidades de la herramienta, sacando un gran partido a la técnica de la pixilación (técnica de animación stop-motion en la que se emplean personajes de carne y hueso. 



La autopista como metáfora de las relaciones amorosas y de felicidad articula una historia de desajustes y desencuentros, describiendo de forma imaginativa y clara el proceso cíclico que nos lleva del abatimiento a una nueva esperanza. El protagonista y su chica han entrado en una fase de desenamoramiento, que tiene su reflejo visual en las distintas velocidades a las que se mueve cada uno y en el vehículo de la felicidad en el que viajan por el arcén, al margen del ritmo vital de las demás personas que circulan por la autopista. Hasta que ella dice basta y arroja definitivamente a su compañero de su vida, dando lugar a uno de los mejores momentos del corto, en el que el chico sale expelido por el parabrisas.

Lo que sigue a continuación es, como indica el título, mera inercia. Esa fuerza autónoma y automática que te impulsa a seguir adelante incluso contra tu propia voluntad. Inertial love materializa desde ese momento una huida hacia adelante en la que el protagonista, hundido, arrastrado, dolorido va dejando atrás todo hasta quedar vaciado por la experiencia.

La poética de Inertial love reside en la habilidad de sus directores para adaptar esta cíclica historia de amores y desamores a la propia técnica con la que está realizada la obra. La puesta en escena se presenta como una consecuencia lógica de la propia narración y nunca se tiene la sensación de que se ha procedido al revés, tratando de ajustar la trama y su puesta en imágenes a la peculiaridad de la técnica de animación. Y esto sin duda es todo un acierto que consigue que el corto se perciba como una pieza integrada y coherente; muy lejos del encargo del que hemos comenzado hablando.

Crítica encontrada en el blog Cortosfera

10 de julio de 2014

Vocabulario Fundamental. Infancia (23) Los niños de la estación Leningradsky






Los niños de la estación Leningradsky (Dzieci z Leningradzkiego -The Children of Leningradsky, 2004)

Este aclamado documental, dirigido por los realizadores polacos Hanna Polak y Andrzej Celinski muestra la realidad de muchos niños rusos sin hogar, en particular de un grupo que vive en la Estación de tren de Leningradsky en Moscú. De la mano de los realizadores Hanna Pollak y Andrej Celinski, nos adentramos en sus vidas, rutinas y sus sueños rotos. Niños que para sobrevivir tienen que mendigar, robar y prostituirse.

Aproximadamente, en la parte de Moscú en la Rusia capitalista hay 30.000 niños sin hogar que duermen en escaleras, cubos de basura, estaciones del metro, entre las tuberías del suministro de agua caliente, en túneles subterráneos o en las alcantarillas. Que tienen que buscarse la vida como pueden y sobrevivir al duro invierno. Muchos de ellos huelen el pegamento para contener el hambre y escaparse del violento mundo que les rodea. Con todo, consideran que la vida en las calles es una alternativa mejor a la que ya han experimentado, incluso en sus hogares. Cada año 100.000 menores abandonan sus hogares para vivir en las calles de Moscú. El documental nos muestra la abrumadora crisis a la que se enfrenta la Rusia capitalista, concretamente Moscú, por medio de los relatos de estos niños que viven en condiciones deplorables, y que a su vez en muchas ocasiones se enfrentan a la brutalidad policial y a la muerte, que de forma directa o indirecta se cruza en sus vidas. Nominado al Oscar 2004 al Mejor Documental.

9 de julio de 2014

Ciclo de cine clásico USA (14-15-16) Trilogía de 'El Padrino', de F.F. Coppola

Hoy es uno de esos días de los que te dices qué sueño cumplido es tener un blog, un espacio cibernético en el que poder reunir obras artísticas del calibre de la Trilogía de El Padrino, dirigida por el maestro Francis Ford Coppola. Para el Juez Roy Bean sus tres capítulos, también la por algunos denostada tercera parte, forman parte del corpus nuclear de su cinefilia. Con esta trilogía Coppola inventó una nueva mirada para el cine, ampliando los horizontes de una industria que pedía a gritos savia nueva.  
 
Por supuesto los tres filmes de 'El Padrino' fueron una influencia seminal a la hora de crear los nuevos Corleone del siglo XXI que son The Sopranos, la monumental obra de David Chase; el formato de serie televisiva permitía pasar de las 9 horas del clan de Don Vito a las 72 de los chicos malos de New Jersey, lo que dio la posibilidad de desarrollar las personalidades, las relaciones personales, los traumas íntimos, los problemas cotidianos y las fechorías de una familia mafiosa italoamericana, delatando asimismo la fascinación social por lo que ya se ha convertido en un icono de la cultura estadounidense.

Una trilogía sostenida por el genio de su director, unos guiones soberbios escritos por Mario Puzo (y Coppola) y unos repartos actorales magníficos entre los que destacan tres actores superlativos como son Marlon Brando, Robert de Niro y Al Pacino, todo ello para retratar la historia del clan Corleone desde sus origenes sicilianos, la llegada de un joven Vito Corleone a la isla de Ellis y la forja de su carrera mafiosa, desde la creación del clan en Estados Unidos a la muerte de Vito y su sustitución por su hijo Michael, del fraticidio que lo consolida como cabeza de la famiglia a su decadencia, acosado por la culpa y la búsqueda de la redención. 
 
Estas obras ya son Patrimonio de la Humanidad y como tal aquí las publicamos (gentileza del estupendo blog Cineteca Universal), por si las quieren volver a disfrutar, en calidad dvd y versión original subtitulada. La Trilogía de 'The Godfather', nada menos. 

El Padrino I (1972)
 


Años 40. Don Vito Corleone es el respetado y temido jefe de una de las cinco familias de la mafia de Nueva York. Tiene cuatro hijos: una chica, Connie, y tres varones: el impulsivo Sonny, el pusilánime Freddie, y Michael, que no quiere saber nada de los negocios de su padre. Cuando Corleone, siempre aconsejado por su consejero Tom Hagen, se niega a intervenir en el negocio de las drogas, el jefe de otra banda ordena su asesinato. Empieza entonces una violenta y cruenta guerra entre las familias mafiosas.
 

El Padrino II (1974)

Continuación de la saga de los Corleone con dos historias paralelas: Una, la elección, tras la muerte de Don Vito Corleone, de su hijo Michael comol cabeza de familia. Al tener que negociar con la mafia judía, pierde el apoyo de uno de sus hombres, Frankie Pentageli. Tras escapar por los pelos de un atentado, Michael trata de encontrar al culpable, siendo su mayor sospechoso Hyman Roth, el jefe de la mafia judía. En la segunda, se retratan los orígenes del patriarca, el ya fallecido Don Vito, primero en Sicilia y luego en Estados Unidos, cuando llega a New York a principios de siglo, donde rápidamente, se convirtió en uno de los cabecillas del barrio usando la violencia como medio para solucionar cualquier asunto. Solo al principio, logra levantar un verdadero imperio, origen de la fortuna de la familia Corleone.


El Padrino III (1990)


Estamos en 1979, y Michael Corleone ya es un hombre maduro, de cerca de 60 años, y enfermo. Ha vendido sus casinos y se ha convertido en una persona respetable, digna incluso de ser condecorada por la Iglesia a causa de sus obras filantrópicas - con las que trata de hacerse perdonar sus muchos pecados -. Sus hijos ya son mayores, y no le hacen demasiado caso (sobre todo el chico, que se empeña en ser cantante de ópera en lugar del abogado de la familia). Pero a Michael su pasado mafioso se niega a abandonarle definitivamente, y vuelve de nuevo punzante y doloroso, para recordarle que un Don no se retira hasta que elige a su sucesor. Y ya hay uno de su misma sangre que apunta maneras: Vincent, el hijo bastardo de su hermano Santino, dispuesto a todo por agradar a su medio tío. Mientras, en el Vaticano, la ambición comienza a mover la silla de San Pedro, y Michael volverá a colocarse, o mejor, a ser colocado, una vez más, en el ojo del huracán...

4 de julio de 2014

Vocabulario Fundamental. Droga (18) 'The Substance': LSD, una gota que lo cambia todo


“La experiencia psicodélica es un viaje a nuevos realismos de la conciencia. Los alcances y el contenido de las experiencias no tiene límites, pero su rasgo característico es la trascendencia de conceptos verbales, de las dimensiones de espacio y tiempo, y del ego o la identidad. Experiencias de conciencia agrandada pueden ocurrir de varias formas: privación de los sentidos, ejercicios de yoga, meditación disciplinada, éxtasis religioso o estéticos, o espontáneamente. Más recientemente se han vuelto disponibles para cualquiera a través de la ingestión de drogas psicodélicas como LSD, psilocibina, mescalina, DMT, y otras. Por supuesto, la droga no produce la experiencia trascendente, meramente actúa como una llave química que abre la mente, libera el sistema nervioso de sus patrones ordinarios y estructuras.”


Una fracción de un miligramo y todo cambia. Una molécula que abre las puertas de la percepción. Una vez experimentado, nunca se puede olvidar. Todo comenzó el 16 de abril de 1943 en un laboratorio suizo cuando el químico Albert Hofmann se encontraba trabajando en su laboratorio con sustancias para favorecer la circulación sanguínea con un hongo, el cornezuelo del centeno. Pero aquel día de abril, aislando sustancias, la serendipia hizo de las suyas y le hizo toparse con algo completamente nuevo, la dietilamida de ácido lisérgico, el LSD. Tres días más tarde, el científico decidió experimentar consigo mismo, primero con dosis muy pequeñas. La sustancia resultó ser mucho más fuerte que cualquier cosa conocida por la ciencia por su potente psicoactividad

Su experimento se convirtió en un viaje hacia lo desconocido pero sus efectos no tardaron en despertar el interés de los psiquiatras de todo el mundo para tratar enfermedades como la esquizofrenia y otras psicosis. Durante la Guerra Fría, el LSD atrajo la atención de los servicios secretos internacionales, sobre todo de la CIA en su intento por desarrollar un suero de la verdad. Hofman continuó sus experimentos con el LSD y con los hongos del género psilocybe que le llevaron a contactar con la chamana mejicana María Sabina. 

En los sesenta fue descubierta por un reputado profesor de Harvard, Timothy Leary, que la quiso extender de forma masiva en la sociedad norteamericana, convirtiéndola en la droga icónica del pacifismo y el movimiento hippie, alcanzando en el verano del 67, el verano del amor y la psicodelia, su momento cumbre pero también su canto del cisne. Porque cuando decenas de miles de personas invadieron San Francisco buscando la experiencia lisérgica total, las cosas se desmadraron y la policía tuvo que intervenir, dando una excusa a las fuerzas reaccionarias de la sociedad USA para conseguir la ilegalización de esta sustancia. A través de imágenes de archivo y los testimonios de quienes vivieron aquella época y por supuesto el propio Hofman, el documental del año 2011 "The Substance: Albert Hofmann's LSD", dirigido por el suizo Martin Witz, repasa la historia del ácido lisérgico y sus efectos revolucionarios sobre la psiquiatría y los límites de la conciencia y la psique humana.

2 de julio de 2014

Vocabulario Fundamental. Justicia e Injusticia (10) 'Capturing the Friedmans', de Andrew Jarecki



Multipremiado documental que cuenta la historia de los Friedman (Arnold Friedman, Elaine Friedman, David Friedman, Seth Friedman y Jesse Friedman) una típica familia americana. Judíos de clase media-alta, él es un reconocido profesor de informática para niños, ella es ama de casa, y viven con sus tres hijos en Great Neck (Long Island). El Día de Acción de Gracias de 1998, mientras la familia se prepara para la cena, la Policía irrumpe en su casa, la registra de arriba abajo y encuentra abundante material de pornografía pedófila, deteniendo a Arnold, el padre, y a su hijo de 18 años, Jesse. Ambos salen de casa esposados entre una nube de periodistas, con focos y cámaras apostados en su jardín.

El escándalo estalla y se convierte en un circo mediático. Tras numerosas sospechas, los alumnos de Arnold Friedman son interrogados de forma tendenciosa por la policía y todos declaran haber sufrido abusos sexuales por parte de los acusados durante las clases, cosa que ambos siempre niegan. Padre e hijo son acusados de pederastia e implacablemente sometidos a un juicio paralelo que se desarrolla antes y durante el proceso judicial, a pesar de las dudas sobre los interrogatorios a los niños, las inconsistencias de las acusaciones y la flagrante falta de evidencias físicas de los hechos, lo que socaba y desestructura la unidad familiar de los Friedman.  


En este documental del año 2003 el director Andrew Jarecki utiliza las propias grabaciones íntimas de la familia que van desnudando el alma de los Friedman antes y después de aquella noche de Acción de Gracias que cambiaría sus vidas para siempre. Vemos cómo la propia sociedad y los media asocian arbitrariamente el concepto pederasta (Arnold lo era) con el de violador y cómo en un supuesto estado de derecho se puede llegar manufacturar la realidad y la justicia para amoldarlas a lo que el pensamiento social y mediático ha determinado. La autosugestión y el refuerzo de unas creencias determinadas, puede hacer que unos padres, un interrogatorio, unas sesiones de hipnosis o una declaración en un juicio, hagan que algo que nunca ocurrió se convierta en una realidad traumática. Así, de la simple y repugnante posesión de unas revistas de pornografía infantil se dinamita una familia desde sus cimientos, dejando una trágica e indeleble huella en cinco personas.

Como ya vimos con otros posts publicados en este blog sobre célebres casos como Los cinco de Central Park o Paradise Lost, Capturing the Friedmans es un documental que analiza la naturaleza escurridiza de la verdad y lo voluble y permeable que puede ser la Justicia a través de uno de los casos criminales más perturbadores de la historia judicial estadounidense. 





Del rodaje cinematográfico como guerra de desgaste: ', creando Apocalypse Now

 
 
"Mi película no es una película sobre la guerra de Vietnam, es Vietnam. Es tal y como fue, una locura. La película refleja la actitud de los norteamericanos en Vietnam. Estábamos en la jungla, éramos demasiados, teníamos acceso a demasiado dinero, a demasiado equipo y poco a poco fuimos perdiendo el juicio."

Con estas palabras de Francis Ford Coppola en la presentación de su film 'Apocalypse Now' en el festival de Cannes de 1979 comienza 'Hearts of Darkness: A Filmmaker Apocalypse', un documental que cuenta la epopeya que supuso el largo y problemático rodaje de la obra maestra de Francis Ford Coppola sobre la guerra de Vietnam, probablemente la mejor película bélica de la Historia y para el Juez Roy Bean en el Top Five de mejores películas de la historia del cine. 

El título alude a la novela de Conrad "Hearts of Darkness" (El corazón de las tinieblas), en la que se inspira la película y e
stá basado en las grabaciones con una cámara de 16mm. que su mujer, Eleanor Coppola, realizó durante los largos meses de un rodaje que se planificó para 16 semanas y terminó llegando a los dos años.

Este metraje adicional recoge los enormes problemas de producción que tuvo la película desde el principio (eran los comienzos de 1976, con la derrota y el horror desatados en Vietnam aún recientes en la psique de la sociedad estadounidense), la sustitución de Harvey Keitel por Michael Sheen con el rodaje ya empezado, los helicópteros alquilados a la fuerza aérea filipina que eran requeridos en medio del rodaje para combatir a los guerrilleros comunistas a lo que se añadían las severas condiciones climatológicas en la selva filipina, con tifones incluidos. 

A ello se sumaron 
un guión previo de John Milius que Coppola se vio obligado a reescribir sobre la marcha, los serios problemas físicos de varios de los actores, como el ataque al corazón de Charlie Sheen, la obesidad desbocada y los caprichos de Brando o el alcohol y las drogas (consumidas a discreción por buena parte del elenco actoral), a lo que se fueron añadiendo rituales de sacrificio de las tribus locales (que Coppola incorporó sabiamente en su película) entre otras muchas contingencias que convirtieron la filmación en una auténtica locura.

Según la producción iba alargándose y los contratiempos sucediéndose, l
os gastos y las tensiones se dispararon y un Coppola al borde de la desesperación, la locura y la bancarrota se vio obligado a poner varios millones de su propio bolsillo para poder terminarla. Pero afortunadamente y gracias sobre todo a su talento y determinación para gestionarlo todo la película pudo presentarse en Cannes 1979, asombrando al mundo del cine. 

Pero no sería hasta 1990 cuando dos jóvenes realizadores como George Hickenlooper y 
Fax Bahr contactaron con Eleanor Coppola para solicitar todo ese impagable footage grabado y junto a entrevistas adicionales a quienes participaron y un año de edición presentaron en Cannes 1991 este documental, otra vez con la aclamación de público y crítica. 

Un film magnífico que muestra claramente los complejos mecanismos de la creación de la ficción y que resume cómo a veces sólo un coraje, una inteligencia y una determinación superlativos pueden llevar a cabo algunos grandes proyectos artísticos. Con ustedes, una maravilla del cine documental sobre una maravilla del cine a secas, 'Hearts of Darkness: A Filmmaker Apocalypse'. 


Música para camaleones (63) Mutual Benefit - Strong swimmer

You were such / a strong swimmer / and you taught me how / to never fear those tall waves / and you stayed / in those deep waters / always inviting / to a bed on the bottom and that current took you away / and it made you pay and pay / when I saw you I didn't know your name it was such / a long winter / when the ice had thawed / there wasn't much that survived it / it takes more / than a strong swimmer / to stay above water / with a body divided and that current took you away / and it made you pay and pay / when I saw you / I didn't know your name / when I see you / they'll give us different names I clear my mind of joy and sorrow / river doesn't know tomorrow / rolls along with such simplicity / you told me you had stashed away / a note that would explain the way / you felt if we would ever find you gone / the river only knows to carry on / the river only knows to carry on 

Vocabulario Fundamental. Cerebro e Inteligencia (20) Jesús Mosterín, la inteligencia compasiva

"Que nuestra curiosidad y nuestra simpatía se extiendan por doquier. No reprimamos nuestro afecto por las criaturas. No pongamos límites a nuestra ansia de conocer, ni diques a nuestra ansia de amar. No convirtamos en un infierno la vida de los animales bajo nuestra custodia. No masacremos a los animales salvajes. Fomentemos el conocimiento, la sensibilidad y la compasión. Compadezcámonos de todos los que sufren, sin prejuicios, grupismos ni fronteras. Trabajemos por el triunfo de la compasión.” 
Jesús Mosterín

Recuperamos otro de los capítulos del estupendo programa (ya extinto) de La2 'Pienso, luego existo' sobre algunos de los grandes filósofos, divulgadores científicos y pensadores de nuestro país, y esta vez es Jesús Mosterín, un filósofo de alma inmensa y diletante, quien nos acompaña. Una persona con auténtica ansia por el conocimiento, un intelectual en el mejor y más amplio sentido, un tipo de mente inquieta y multifunción que navega entre disciplinas, neurociencias, metafísica, cosmología, biología, cuya conspicua racionalidad complementa una honestidad brutal que le ha llevado a interesarse especialmente por nuestra relación con los desvalidos de los desvalidos, los animales, los seres más vulnerables a la crueldad humana, seres emocionales, sintientes y sufrientes que nos acompañan, nos aman, nos alimentan y forman parte vital de la biosfera que sustenta la vida -también la nuestra- en el planeta Tierra.

Mosterín propugna la consideración moral de los animales de forma equilibrada y compleja, pues aunque se opone frontalmente a la crueldad con los animales, adopta una postura realista y multidimensional en las controversias sobre el uso de animales en campos como la investigación o la alimentación. Piensa que la tarea moral urgente consiste en acabar con las formas más atroces de esclavismo (como circos, plazas de toros o acuarios) y maltrato, incluyendo la ganadería intensiva que impide una vida conforme a las pautas de conducta naturales de los animales involucrados, así como con las artes más crueles y destructivas de la pesca. Muy recomendable su libro 'El triunfo de la compasión'. En fin, un gran tipo de los que da gusto compartir pasaporte. 

Jesús Mosterín: La enorme pasión por saber

RTVE.ES 09.12.2011

“La filosofía es una dimensión humana. En la medida en que los seres humanos seamos curiosos y reflexivos y críticos, pues en alguna medida todos somos filósofos”. Quien así habla es el Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia, Jesús Mosterín (Bilbao, 1941), próximo protagonista de “Pienso, Luego Existo”, el programa de La 2 que retrata a los principales pensadores de nuestro país. 

Mosterín, uno de los máximos representantes españoles de la lógica formal y de la filosofía analística, explica durante el programa por qué aunque la gran filosofía tiene que ver con las grandes cuestiones que importan a todos, si uno pretende “hacer gran filosofía” necesita tener el rigor intelectual que pretende tener la ciencia y, por tanto, “uno necesita ser también un científico”. Precisamente, el papel de las ciencias en la comprensión del mundo, la biología y la cultura humana, y, sobre todo, de la relación con los animales y del valor esencial que para él tiene el concepto de libertad serán algunos de los temas que se abordarán durante el programa del próximo domingo.

Enorme pasión por saber

Es definido por sus amigos como un gran intelectual. De hecho, el también filósofo Javier Sádaba, con quien ha compartido viajes y conversaciones, le define en este episodio como “una persona con una gran cabeza, que le interesa todo y aprende rápido de todo”. “Es un hombre con una enorme pasión por saber, enorme. Y sabe de todo. Creo que tiene una cultura filosófica en el sentido amplio de filosofía tremenda. Sin haber perdido nunca, obviamente, es especialista, contacto con la ciencia”, recalca. 

Para el sociólogo Salvador Giner, es “uno de los filósofos de la ciencia españoles más interesantes”. “Tiene una capacidad expositiva extraordinaria, de sencillez envidiable ante problemas complejos. Y tiene una visión del avance de la ciencia, del avance del conocimiento objetivo, que debe de fomentarse”, añade. También Pilar Rahola tiene palabras para Mosterín muy definitorias: “es un bicho rato, es un tipo complicado, difícil, peculiar, de una inteligencia vivaz, muy rápida, de una capacidad de profundizar y reflexionar de muchos niveles, con una cultura amplísima, heterodoxo, un animal salvaje, que no está en ninguna jaula conocida, que no está en ningún territorio definible, que no es políticamente correcto”. Lo resume con un: “es un gran intelectual”.

Vivir con los ojos abiertos

Él no hace más que recalcar que “la vida es muy breve”, y que, precisamente por eso, “una de las cosas más importantes a las que podemos aspirar en esta breve vida es a vivir con los ojos abiertos”, en sintonía con el universo y esa sintonía toma, en gran parte, la forma del “conocimiento”. Su defensa de los animales es uno de los motivos por los que es ampliamente conocido: “los seres vivos son milagros, sin cosas rarísimas, son excepciones totales”. Durante el programa, desarrolla ampliamente ese concepto y esa defensa. Subraya, además, que la aventura intelectual más apasionante de los últimos años ha sido el desciframiento de los genomas y sostiene, durante el programa, que hasta este momento “el cerebro es el sistema del universo que peor entendemos”. Se muestra de acuerdo con Hume en que las dos emociones morales fundamentales son, por un lado, el amor a uno mismo, es decir, el egoísmo, y por otro lado, la compasión”; sostiene que todo el pensamiento filosófico y científico moderno ha consistido en una huida del antropocentrismo y resalta que el valor político fundamental es el valor de la libertad. “El progreso político que tengamos en un futuro próximo se medirá por la capacidad que tengamos de que las cotas de libertad vayan aumentando”, añade. 

Mosterín confiesa en el programa, finalmente, que no tiene mucho interés en que le recuerden, pero que si lo hacen le gustaría que le recordaran como “alguien que trató de vivir bien y de no hacer sufrir a los demás; y que trató de no engañarse a sí mismo ni de engañar a los demás”.

1 de julio de 2014

In Memoriam, Alfredo Di Stéfano


Murió Alfredo Di Stéfano y el madridismo está de luto por ello. Se fue un genio del balompié, un futbolista decisivo para para comenzar la época más gloriosa del equipo blanco y para la conquista de las cinco primeras Copas de Europa del club. Nos dejó quien fuera un jugador excepcional, entrenador, presidente de Honor del club y para siempre una leyenda. Un tipo talentoso y competitivo a quien no le gustaba perder ni al parchís (y de eso tenemos fuentes íntimas que lo confirman), alguien que supo disfrutar de sus 88 años de vida y que hizo también disfrutar a muchas personas con lo que mejor sabía hacer, jugar al fútbol. Les dejamos con dos artículos, uno desde el madridismo, de Alfredo Relaño, y otro desde el sentimiento culé, de Juan Cruz, pero antes el emotivo video homenaje del club madridista al mayor de sus mitos. Descanse en paz Alfredo Di Stéfano. 



Nadie ha pesado tanto en la historia del fútbol como Di Stéfano

Alfredo Relaño 7 de julio de 2014

Se suele decir, con frecuencia y verdad, que Alfredo Di Stéfano fue determinante en la historia del fútbol español. Su fichaje, tantas veces mal contado desde Barcelona, dividió las aguas. Hasta que él llegó, el Madrid sólo había ganado dos Ligas, ambas antes de la guerra, y añadiré que durante la República. Desde que él llegó, ha ganado tantas como todos los demás juntos. ero su influencia no se limitó a eso. Di Stéfano fue el primer jugador que se movió por todo el campo. Hasta su aparición, los once jugadores se atenían a tareas específicas. Especialistas en una zona, en un estilo, en una actividad especializada. A Di Stéfano se le quedó pequeño aquello, decidió moverse por todo el campo. Defendió, armó, atacó y remató. Por eso fue que L’Equipe le llamó ‘L’Omnipresent’ (supongo que no hace falta traducción) cuando le dio el Balón de Oro en 1957. En el 58 le declararon fuera de concurso, tal era su superioridad. En 1959, viendo que era imposible seguirle manteniendo fuera, se lo volvieron a dar. Y ya mucho más adelante le repararon con un ‘Balón de Oro de los Balones de Oro’.

Sacchi me dijo un día de él que fue como el salto del cine mudo al sonoro. También que fue el primer jugador ‘de todo el campo, de todo el tiempo, de todos los campos’. Su llegada al Madrid y su explosión coincidieron con la puesta en marcha de la Copa de Europa, cuyas cinco primeras ediciones ganó. En todas y cada una de las finales marcó al menos un gol. Aquella fue quizá la gran aventura de su vida, pero no la única. Vivió unos inicios ilusionados en River, luego una huelga, la fuga al Millonarios, una primera retirada, el pleito entre el Barça y el Madrid, las glorias en este club, el durísimo episodio de su secuestro en Caracas y una marcha final al Espanyol, tras enfado con Santiago Bernabéu, dos caracteres de aúpa.

No llegó a jugar ni un minuto en un Mundial por una inoportuna lesión en 1962, pero fue el capitán de la Selección del Resto del Mundo que se enfrentó a Inglaterra en octubre de 1963, en celebración del Centenario de la creación del fútbol. Un honor inigualable. Fue un tipo mitad hosco, mitad entrañable. Incapaz de disimular. Vivió con plenitud. Mejoró al fútbol.

Estética del adversario

Juan Cruz 7 de julio de 2014 

Esta fotografía explica una historia. Fue cuando el Madrid enseñó a sufrir al Barça, que aspiraba a apearlo del cetro europeo; la Saeta Rubia explicó fútbol antes y después; lo hizo con pocas palabras, pero con hechos y con ironías, con una estética que lo convirtió en el mejor del mundo, sin otra discusión que la que excitan los ignorantes o los desmemoriados.

Su práctica dejó en el mundo una teoría del fútbol: éste sólo es interesante (para los jugadores, para el público) cuando a ti te divierte; y sólo es bueno si tú mismo lo haces bueno, con esfuerzo, con pasión, pero también burlándote de ti mismo. Burlándose de otros, Di Stéfano aterrizaba el balón donde merecía la pena: en el campito de su niñez. Agrandarse, dijo una vez para prevenirnos contra los fatuos, es de estúpidos; no marcas goles porque tengas más orgullo, sino por sabes meterlos. Y en esa fotografía en blanco y negro está corroborando esa alegría de jugar siempre para ser el que fue en las canchas de infantiles.

Así fue hasta el final, como en esa fotografía que rescata AS cuando lo despedimos. Cuando él avanzaba (alentado por Gento, por todo el equipo) el color blanco cegaba a los demás, a los que estaban en el campo, a los fotógrafos que lo seguían como si él fuera una exhalación implacable, y a los que estábamos en casa, a muchos kilómetros del estadio, abrazando desesperados la pasión azulgrana… Puskas, Gento…, y Di Stéfano. Don Alfredo era la palabra final, la finta decisiva; concentraba en su espíritu (y en su cuerpo) a futbolistas de muchas raigambres, y todos eran él: era portero, defensa, medio, y el delantero que aquí, en esta fotografía, se hace a sí mismo balón y entra en la portería, ante la desolación de su compañero, y adversario, Ramallets. Asisten, también, la desolación de Gracia y de Segarra, y seguramente el silencio o la ovación, según donde se jugara el partido.

Esta fotografía, que tiene un día concreto, un resultado concreto, una competición concreta (la Copa de Europa, que era en ese momento un especial patrimonio madridista) dice mucho más que mil palabras, porque muestra en un rasgo el entusiasmo del futbolista que gana pero también las razones de peso de su calidad: él ha marcado el gol, pero lo ha hecho después de un esfuerzo que se parecía al que Azorín usaba para explicar cómo debe escribirse: haciendo que lo difícil pareciera fácil. Y él, como Messi, como Pelé, como Maradona, como Cruyff, los que le siguen en el podium mundial del fútbol, mostraba su calidad sin efectos especiales: su estética era la del que domina las emociones y concentra toda su energía en la bota, en cómo ésta desplaza al balón hasta convertir ambos en aliados naturales.

Él sentía gratitud por esa alianza entre el balón y la bota, como explicaba Alfredo Relaño en un libro memorable sobre el astro, y la llevaba a las últimas consecuencias, para desesperación de sus adversarios, en primer lugar de sus adversarios barcelonistas. Y eso es lo que dice esta foto: el genio mayor del fútbol, vestido del blanco inmaculado que le llegó al alma y que es parte indisoluble de su definición como futbolista, celebra un gol, uno más, pero lo celebra como si hubiera sido el primer gol de su vida. Él juntó el fútbol, su fútbol, al entusiasmo de jugar; nunca dejó de celebrar el fútbol, y aquí está, celebrando una jugada; gana, siempre ganó Di Stéfano, hasta este último suspiro, cuando deja la vida y entra triunfante en la portería de la gloria.