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25 de marzo de 2009

De furtivos y tarados

Me lo puedo imaginar. Este año se quedará sin vacaciones pero el dinero está para lo que tiene que estar. Para las cosas importantes. Porque eso luego trae su recompensa, el momento en que, tras su disparo, ve al animal derrumbarse sobre sí mismo, eso no tiene precio.

Y ahí está, se acercan su momento de gloria, su subidón de ego y adrenalina. Ya ha visto a su infortunada presa, que nada teme porque está desperezándose a más de 300 metros, esa mira telescópica para caza nocturna de su nuevo fusil Ruger es cojonuda... Preso de la excitación, con el corazón a mil por hora, relamiéndose con la posibilidad, tantas veces deseada, de meterle un balazo en el corazón a ese animal mítico, arrancado de su tierra para venir a calmar la sed de muerte y autorrealización de tanto puto tarado.




Casi 50 personas, que tenían en su poder centenares de trofeos de especies protegidas capturadas ilegalmente en la Reserva de Gredos, han sido detenidas por la Guardia Civil fruto de la desarticulación de una red dedicada a la caza furtiva en varias provincias (...)

(...) La desarticulación de esta red ha supuesto la detención de 48 personas de las provincias de Ávila -29-, Toledo -9-, Madrid -5-, Cáceres -3- y Ciudad Real -2-, así como la recuperación de más de 350 trofeos de animales, entre los cuales figuran 3 leones llegados de África, junto a otros animales importados desde ese continente.
Además, también figuran 58 machos de cabra hispánica, 95 venados, 92 corzos, 23 gamos, 17 muflones, 16 rebecos y 22 jabalíes, así como avutardas, garduñas, un tejón y un águila, entre otros ejemplares autóctonos de la Península Ibérica.
Asimismo, se han recuperado 28 armas de caza de distintos tipos y calibres, 8 silenciadores, 3 pistolas, 2 revólveres, 3 arcos, 6 armas blancas, 130 precintos manipulados, 17 emisoras, prismáticos, miras telescópicas, focos, linternas y ordenadores, así como 72.100 euros y 21.500 dólares en metálico.
Desde que iniciaron la investigación, los agentes pudieron obtener numerosos datos tanto de los integrantes de la organización como de las personas que pagaban por cazar ilegalmente animales protegidos. Las cantidades oscilaban, en función de la pieza, entre 2.500 y 5.000 euros.
(...) Todo ello hizo sospechar de la existencia de un grupo organizado, por lo que se estableció un despliegue de medio centenar de guardias civiles de Ávila, Toledo, Cáceres, Badajoz, Ciudad Real y Madrid.
El 'modus operandi' de la red consistía en preparar cacerías furtivas a clientes que deseaban cazar un animal prohibido o de unas características determinadas, pagando un precio inferior al que le costaría utilizando los cauces legales.-este año más de 8.000 euros-. Para ello, contactaban con un intermediario muy conocedor del mundo de la caza y de la zona, mediante anuncios, más o menos encubiertos, insertados en revistas especializadas. Este intermediario, una vez comprobada la fiabilidad del cliente, le ponía en contacto con el encargado de organizar la cacería, que era quien le acompañaba durante la misma.
Tras proponer la fecha, lugar y hora, y fijar el precio para cada pieza y trofeo, ponían al cliente en contacto con el 'facilitador', que se encargaba de localizar en el monte las zonas en las que se encontraban las piezas de caza que se ajustaban al pedido. Habitualmente la cacería se producía de noche, con armas dotadas de silenciador y sin numeración para que, en el caso de tener que abandonarlo, no se les pudiera vincular con el arma.
Durante la cacería, algunos de los miembros de la red se situaban en las inmediaciones y en sus accesos, para vigilar el movimiento de las patrullas de la Guardia Civil y de la Guardería Forestal, enlazando entre sí mediante equipos de transmisores y utilizando escáneres de gran potencia para tratar de interceptar las comunicaciones de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Una vez abatido el animal, el cliente y el encargado abandonaban la zona sin portar nada que les vinculara al hecho, mientras que los encargados de la vigilancia recogían las armas y el trofeo, deshaciéndose a continuación del cadáver del animal para que no fuera localizado.
Días después se trasladaban a una taxidermia donde se procedía a su preparación y homologación, utilizando para ello precintos de otros años, ya utilizados o modificados. Cuando el trofeo estaba listo, se le entregaba al cliente previo pago de la cantidad estipulada.