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29 de julio de 2011

Ciclo de cine europeo (9) 'Trainspotting', de Danny Boyle

"Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos digitos. Elige bricolaje y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver tele-concursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida... ¿pero por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?"
Con unos chavales corriendo con desesperación por las calles de Edimburgo mientras suena Lust for life, de Iggy Pop y la voz en off del protagonista recita este monólogo genial, comienza esta película, considerada uno de los mejores films británicos de la Historia y que a la vez hace la octava de las entregas de nuestro ciclo de cine europeo.


Ciclo de cine europeo (8) 'Trainspotting', de Danny Boyle

Dirigida por Danny Boyle en 1996 sobre una novela de Irvine Welsh, Trainspotting es una
politicamente incorrecta comedia negra (con una magnífica banda sonora) que muestra la vida al límite de un grupo de heroinómanos en el agreste Edimburgo del post-tatcherismo y su relación con la droga, el sexo y la violencia. En el grupo hay un violento y alcohólico psicópata (el siempre inquietante Robert Carlyle), un drogadicto desesperado, un mujeriego con un conocimiento enciclopédico de Sean Connery y un entusiasta de las caminatas y obsesivo de Iggy Pop.

La película fue criticada por algunos cortitos de miras por mostrar la vida libre de inquietudes laborales, sentimentales y morales del adicto, mientras huyen de una realidad de alienación y falta de expectativas, sólo preocupados por conseguir una próxima dosis que vuelva a hacer que el placer fluya a cascoporro por su cuerpo y su cerebro:
"Tomábamos morfina, diamorfina, ciclocina, codeína, temazepán, nitrazepan, fenobarbital, amital sódico, dextropropoxifeno, metadona, nalbufina, petidina, pentazocina, buprenorfina, dextromoramida, clometiazol... las calles rebosan drogas que puedes tomar para combatir la infelicidad... y nosotros las tomábamos todas. ¡Joder, nos habríamos inyectado vitamina C si hubiera sido ilegal!"
Sin embargo la película también muestra los pozos de delincuencia, desesperación y autodestrucción que van indisolublemente asociados a la adicción a drogas tan duras y potencialmente letales como la heroína.

De esta forma recorremos junto a su protagonista (el gran Ewan McGregor en el papel que lanzó definitivamente su carrera) su enfermizo camino por su adicción, sus alucinaciones y paranoias y su terrible proceso de desintoxicación
. En fin, un trepidante viaje por los caminos de la drogodependencia y el frenesí, una gran película europea para disfrutar.