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23 de octubre de 2012

Vocabulario Fundamental. Ballenas (1) "Todo empezó con aquella ballena en mi bañera"


"Son los seres más grandes del planeta y el 95% de la gente nunca ha visto una. Y cuando las ves, no las entiendes. Su aspecto escapa de entrada a nuestra comprensión. Ves trozos, una aleta, un chapuzón, y has de componer el rompecabezas gigante de su verdadera forma"
"Nadie sabe por qué saltan las ballenas. Casi todas las especies lo hacen, desde el delfín más pequeño hasta la más grande de las ballenas azules, cada una con su propio estilo: saltos de espalda, saltos en plancha, saltitos sin mucho impulso o auténticas piruetas. Puede que sea una de las formas que tienen las ballenas de librarse de los parásitos: la fuerza del salto es tanta que las ballenas se dejan trozos de piel, muestras que va muy bien recoger para hacer exámenes genéticos. No hay manera de saber cuándo saltarán, aunque cuando lo hacen, lo más probable es que lo repitan varias veces; a menudo empiezan cuando se levanta viento, como si fueran una especie de Mary Poppins cetáceas cuya mágica aparición convocase un cambio en el tiempo. Un científico razona que puede que estas gimnastas "encuentren más agradable o placentero, o menos doloroso, golpear su cuerpo contra el agua cuando ésta está agitada que cuanto está tranquila."
 Leviatán o la ballena (Philip Hoare)

Hoy inauguramos nuestra serie de entradas sobre otro concepto imprescindible de nuestro vocabulario fundamental, las ballenas. En nuestros posts sucesivos dedicados a estos gigantes del mar entraremos en el mundo de los cetáceos y sus dos géneros, los odontocetos (ballenas con dientes, como la orca, los delfines o el cachalote) y los misticetos (ballenas con barbas, como la ballena azul o la ballena jorobada) y en su contradictoria relación con el hombre, que la persiguió durante siglos y llevó a algunas especies al borde de la desaparición (hasta 1986 en que se prohibió su caza) y ahora intenta protegerla. Aunque algunos países como Japón y Noruega insisten en querer capturarlas con la más cínica de las excusas, "caza científica". Pero de la historia de la caza de la ballena nos ocuparemos en la segunda de nuestras entradas sobre estos animales. 

Y para comenzar nada mejor que una estupenda entrevista en La Contra al ensayista y periodista británico Philip Hoare quien en 2009 terminó de escribir "Leviatán o la ballena", un complejo ensayo sobre su obsesión por las ballenas, su biología, su comportamiento y su relación con los humanos, que ganó el premio Samuel Johnson de Ensayo de aquel año. Sobre este libro recogemos la crítica hecha en el blog El placer de leer que suscribimos plenamente:


"Leviatán no es una novela, es una obra de no ficción incatalogable, no es ensayo, ni ciencia, no es análisis, estudio o documento, no es poesía. Sin embargo, es todo eso y más, a lo que Hoare suma sentimientos, sensibilidad, arte, emociones y una cantidad de información sensitiva mediante datos insólitos. Comienza como si fuera las memorias de su autor, a continuación se desplaza hábilmente hacia la biografía, la crítica literaria, la historia social para finalizar siendo un compromiso por la naturaleza. Todo eso sobre las ballenas, los cetáceos, los cachalotes y todo, absolutamente todo lo que se relaciona con ellos. Para ello Hoare desgrana Moby Dick, desde la vida de Melville hasta muchos de los párrafos de su obra haciendo un profundo estudio antropológico y sociológico de los balleneros y los grandes puertos donde atracaban. Habla de Jonás y de los mitos relacionados con los grandes mamíferos marinos. Pero también pinta melancólicamente la geografía y la vida diaria de todos los marineros, capitanes, armadores y trabajadores del mundo de las ballenas."


En fin, un libro imprescindible para cualquier amante de los animales o para cualquier amante de la literatura, uno de esos libros de los que sales mejor persona. Les dejamos con esta entrevista a un tipo fascinante al que le nadan en la cabeza las ballenas, esos seres tan míticos como fundamentales en el alma del Juez Roy Bean.


"Todo empezó con aquella ballena en mi bañera"


Philip Hoare. Escritor. Tengo 52 años. Nací y vivo en la misma casa donde me crié, en Southampton (Inglaterra). Estoy licenciado en Literatura Inglesa. Soltero. Políticamente estoy muy comprometido con el medio ambiente y con la justicia social. Soy católico practicante y puedo dar la comunión.

Ima Sanchis 10/12/2010

Embrujo

Las críticas a Leviatán... premio BBC Samuel Johnson en todo el mundo son sorprendentes: "Desearías que este tremendo libro fuera todavía más largo" (Literary Review); "Si no puede subirse a un barco este fin de semana, compre este libro" (The Times); "Su embrujo pervivió en mí varios días" (The Observer). Un libro ¿en parte historia cultural, estudio científico y literatura¿ tan personal como su autor, que vive en la casa donde nació rodeado por su propio pasado, del que emergen las ballenas, sobre las que acaba de rodar un par de documentales para la BBC. Pero antes fue punk, mánager de algunos grupos, tuvo su propia discográfica y escribió aplaudidas biografías.



De niño me daba mucho miedo el mar. Mi abuelo pintó una ballena en la bañera, así que yo asociaba el agua a los monstruos marinos.

Ha vivido junto al mar.

Sí, y no aprendí a nadar hasta los 25 años, y lo hice para enfrentarme a mi miedo.

Eso es valiente.

A los 50 me tiré al mar tras una ballena.

Eso es muy valiente.

Fue el día más terrorífico de mi vida. Estaba nadando en las Azores, en aguas muy profundas, donde había monstruos marinos de verdad. Aquel encuentro fue... ... Nadé hacia un grupo de ballenas, una de ellas se separó del grupo y vino hacia mí. Me meé encima.

Valiente, y sincero.

Sentí esos chasquidos que emiten las ballenas cuando te escanean, noté la reverberación en mi propio interior. Es irónico, porque llevaba cinco años intentando describir una, y vi cómo ella me estudiaba y me describía.

¿Estaba muy muy cerca?

Podía tocarla, pero no me atreví a mover el brazo. Ladeó la cabeza para mirarme. En su ojo vi una inteligencia aguda pero insondable. Y lo único que fui capaz de pensar fue: “Perdóname”.


¿Por qué le pidió perdón?

Por lo que la raza humana les hemos hecho y por orinarme en el agua.

¿Percibió que aquel ser enorme es un semejante?

Sí, y sentí humildad ante su placidez y su calma, y percibí su inteligencia, pero no sabría decir si es como la nuestra. Las ballenas son matriarcales y se me acercó la matriarca para ver si yo era un peligro para su grupo; luego volvió a informarles.

Se me antojan gigantes muy generosos, porque nuestra especie las ha masacrado.

...Y ella no me hizo nada, cierto. En California los balleneros apodaron pez del diablo a las ballenas grises porque se defendían con fiereza. Ahora sabemos que básicamente mataban a las crías y a sus madres. Así fue hasta hace dos generaciones. Hoy esas mismas ballenas se acercan a los barcos y permiten que la gente les acaricie la cabeza.

Por algo el corazón de la ballena tiene el tamaño de un coche.

...Y usted podría nadar por sus arterias, y un elefante sostenerse en pie sobre su cola. Que del animal más grande y longevo (vive más de 300 años) sepamos tan poco dice mucho de nuestra arrogancia.

Cierto, sabemos más de la Luna.

A una milla de aquí hay un territorio totalmente desconocido que polucionamos y maltratamos, pero como no vemos los resultados, nuestra conciencia está tranquila.

¿Por qué esa necesidad masculina de vencerlas y masacrarlas?

La caza de ballenas ha sido en la historia demostración de hombría, la conquista de la naturaleza; y es irónico que estos animales sean matriarcales. Parece ser que la historia en la que se basó Moby Dick era la de una hembra que intentaba defender su cría.

Qué triste historia.

Hasta hace muy poco las representaciones de las ballenas eran erróneas porque no las veían en su medio, sino ya muertas, hinchadas de gas; de ahí esa imaginería que las presentaba como un animal grotesco, cuando en realidad son maravillosamente aerodinámicas.

Y su comunicación es asombrosa.

Sí, literalmente se comunican de un extremo al otro del mundo. Su sonido es tan fuerte que cuando los científicos lo detectaron por primera vez pensaron que estaban oyendo terremotos sísmicos marinos.

¿Le ha cambiado escribir este libro?

Ahora me siento responsable, como lo somos todos, del futuro de estos animales. De niño veía normal que el maquillaje de mi madre estuviera fabricado con su grasa; hoy, que Chanel, Givenchy y Dior usen ámbar gris de ballena para hacer sus perfumes me chirría, pero no soy un activista.

Hace documentales, libros, fotos...

Después de la Segunda Guerra Mundial los aliados permitieron a los japoneses alimentar a su población, sobre la que habían tirado bombas atómicas, con carne de ballena. Así los japoneses reconvirtieron su flota en balleneros. Siempre hay un contexto.

Sólo quedan 300 ballenas francas.

Entre otras cosas, porque españoles y británicos han empezado a cazarlas. Pero el 50% chocan con barcos o se enredan en redes de pesca; son animales muy lentos que nadan en una de las zonas portuarias (costa atlántica) más intensas del mundo.

El 99% de las ballenas azules ya han sido exterminadas.

Con la moratoria de la comisión internacional ballenera (1986), la población de la jorobada de la costa australiana está creciendo un 10% cada año. Así que la raza humana se merece una palmadita en la espalda.

Bravo, pues.

Estoy seguro de que la mayoría de las personas no soportaría ver una ballena herida, y es ahí donde yo deposito mi esperanza.

¿Qué hará con las 20.000 libras del premio Samuel Johnson por su novela?

Una fiesta y ahondar en las ballenas.

¿Y todo por aquel dibujo en la bañera?

Sí, lo llevo dentro. Los maoríes dicen ser descendientes de ballenas; y cuando las ballenas embarrancan en sus playas van a dormir con ellas, a hacerles compañía en su agonía, para que no se sientan solas.