Desde la desvergüenza de los bancos que fueron intervenidos por el gobierno USA para evitar su caída, que olvidan lo ocurrido hace sólo unos meses y vuelven a sus antiguas malas praxis hasta las primeras maniobras de la administración Nixon en 1971 con el presidente brasileño general Emilio Garrastazu Médici para intentar desestabilizar, dos años antes de su caída definitiva, el gobierno Allende en Chile y tantear su disposición para que le hiciera algún otro trabajo sucio en América Latina, para finalizar con el gran error que supondría para el alma de la nación afgana el triunfo de los oscurantistas, simbolizado en unas cometas hechas con plásticos que aún pueden volar en un cielo que empieza a llenarse de demasiados rezos y obuses.
Wall Street y la City vuelven a los pagos millonarios dos años después de la crisis
Porque mientras los líderes del G-20 que se reunirán en Pittsburgh en septiembre y el Consejo de Estabilidad Financiera pactan un cada vez más descafeinado código de principios para la remuneración de ejecutivos bancarios, Wall Street y la City londinense han regresado al jugosísimo business as usual (negocio como siempre). Vuelven a repartirse sobresueldos multimillonarios en ambos centros pese a la crisis y los grandes rescates con dinero público.
La justificación en ambos centros financieros tiene una lógica perversa que le encantaría al ambicioso Gekko: el supuesto peligro de fuga de talento. Si los bancos de Wall Street no se muestran generosos consigo mismos, los mejores ejecutivos y operadores se marcharán a Londres; y si la City no hace lo mismo se irán a Wall Street...(...) Seguir leyendo
El 9 de diciembre de 1971, en una reunión con el presidente brasileño, el general Emilio Garrastazu Médici, Nixon planteó la conveniencia de colaborar para derrocar a Allende. También hablaron de Cuba: Garrastazu Médici se ofreció para ayudar a derrocar a Fidel Castro. Y Nixon defendió la necesidad de apoyar a los grupos del exilio cubano para lograr este fin. Pero con dos condiciones. (...) Seguir leyendo
Plácid García-Planas 17.08.09
O el derecho a volar...
Bashir es pastún, como la mayoría de talibanes, pero no es talibán. Estudia Administración de Empresas y votará por el presidente Hamid Karzai.
"Yo de pequeño jugué alguna vez con cometas, pero hice mal", confiesa. Y le pido que me acompañe a una popular elevación donde los niños de Kabul juegan con ellas: siempre hay cometas en el cielo de Kabul.
Es la elevación perfecta: junto a Nadar Khum, el mausoleo de los últimos reyes de Afganistán; dominando el estadio de Ghazy, donde los talibanes ejecutaban y amputaban para las masas y hoy se entrenan los equipos que desactivan minas; bajo el nuevo zepelín blanco que la OTAN acaba de suspender en el cielo de Kabul; entre las lápidas de un cementerio y con tayikos cabalgando al galope como si esta explanada fuera una ruta de seda.
"Los pastunes no jugamos con cometas. Es una cosa de los tayikos", dice Bashir mirando como los niños miran arriba: la mayoría no son pastunes. (...) Seguir leyendo












